Es navarra, cómica, actriz, guionista… E ingeniera agrónoma. Además, tiene una compañía de improvisación, Improclan, gracias a la que ha aprendido a reírse de todo. Ha participado en series como ‘Allí Abajo’ o ‘Cuestión de sexo’ ’ y en películas como ‘El Calentito’ [Chus Gutiérrez, 2005], ‘Lo que queda’ [Lucas Parnés, Jesús Serna, 2017] o ‘Miamor perdido’ [Emilio Martínez-Lázaro, 2018]. Como monologuista, además de ganar el primer premio en el Concurso de Monólogos DYC-Sala Galileo y el segundo en el III Certamen Nacional Civican, ha actuado en  El Club de la Comedia, Comedy Central y Sopa de Gansos. Virginia Riezu, ahora ha vuelto a los escenarios con la tercera temporada de Para ser mujer eres bastante graciosa donde todos los jueves, hasta el 9 de enero, se desnudará (metafóricamente, se entiende) ante los espectadores que quieran compartir con ella sus experiencias, miedos, expectativas e ilusiones en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid.

 

¿Cómo fue el proceso de escritura del monólogo?

No se escribe del tirón, como las obras de teatro, sino que vas probando texto en los open mics… No sé si has oído hablar de ellos… Son bares donde se prueban cinco o diez minutos del texto para ver lo que funciona y lo que no. Normalmente lo que crees que va a funcionar, no funciona y lo que pensabas que va a pasar desapercibido resulta que es una joya… Y nada, vas probando y vas juntando. Normalmente se hace así. Otra cosa es si ya tienes una idea de que el espectáculo va a tener un leitmotiv, pero, igualmente, aunque sepas que va a ir sobre los hombres, las política o lo que sea, tienes que probar el texto así. Y, en este caso, han sido varios años de probar. Y luego, también, vas retirando texto porque te vas cansando de él y quitas un bloque, metes otro…

Es justo lo que te iba a preguntar. Al ser esta la tercera temporada, ¿ha habido cambios porque actualizas, porque te aburres…?

Pues las dos cosas. Lo que pasa es que claro, el nuevo texto también intentas guardártelo para el próximo espectáculo porque habrá que ir renovando en un año o dos como tarde, porque esa es la vida que, más o menos, tiene un espectáculo… Siempre se puede ir de gira con este o explotarlo por otro lado, pero sí, se renueva. Sobre todo porque van pasando otras cosas y con lo que te sentías identificada hace dos años ahora estás en otra totalmente.

En el teatro, los actores dicen que cada función sirve para profundizar, para probar cosas nuevas… ¿En un monólogo cómico también ocurre esto?

¡Y más! En el monólogo, como estás sola, o te jaleas a ti misma para estar a tope… Es que se te cae el espectáculo. Como vayas un día con menos ganas o tengas el típico día malo, tienes que hacer catarsis y, de hecho, suele pasar que a lo mejor vas hundida porque te ha pasado algo y como tienes que remontarte tanto es como un exorcismo. Tienes que hacer que siempre sea diferente; bien porque tiras el texto de manera diferente, por alguna interactuación que haces… Si no te lo pasas tú bien, te acabas aburriendo, entonces, sí, yo creo que pasa más en el monólogo que en una obra de teatro. En teatro, además, tienes a tus compañeros, tienes que dar bien el pie… En el monólogo tiene más cintura el espectáculo, más flexibilidad para cambiar. Hay gente que es muy metódica y lo hace siempre muy igual y hay otros que no, aunque depende también de cómo tengas el espectáculo.

¿Qué requiere de ti la comedia que no te exige un trabajo de interpretación? Porque supongo que en la comedia, de alguna manera, también os escondéis detrás de un personaje…

Bueno, no te creas, no es tan personaje. La comedia es muy verdad. Los que hacemos stand up que lo escribimos nosotros… Si entrevistas a más cómicos, todos te dirán lo mismo, la mayoría hablamos de y desde nosotros mismos. Ese es el rollo de este tipo  de formato, que eres tú, no está esa cuarta pared que hay en el teatro y actúas como si no hubiera público. Aquí es al revés, va para ti, y como la respuesta es tan inmediata… ¿Se ríen o no se ríen? ¿Te atienden o no te atienden? ¿Estás gustando o no? Es muy desde ti, con tus temas… Hombre, siempre exageras, metes cosas que te han contado o lo que sea, pero el 80% o el 90% es muy desde ti.

¿Y qué exige de ti la comedia?

Pues… El stand up es muy radical. En una obra de teatro estás más protegido… Tienes a alguien que ha escrito algo, alguien que te está dirigiendo, unos compañeros, una escenografía… Hay muchas cosas que te hacen pensar que la obra funciona por todas ellas. Pero en el stand up estás tú, lo has escrito tú, te lo has dirigido tú y tienes que estás a cara de perro con la gente. Por tanto, requiere más valentía porque es más radical… Radical no significa ser más bruto, sino que te exhibes bastante más. Es el precio que tienes que pagar, pero también es la recompensa. Para mí el stand up es una respuesta como actriz a poder expresarme. Si a veces no te dan los papeles que quieres o estás en manos de bastante gente… Pues aquí estoy con mi creación.

¿Qué papeles te gustaría hacer que no te están ofreciendo?

No quiero que suene como: “No, es que como no he trabajado en el sitio que quería, hago esto”. No, es algo más que eso. Yo lo primero que hice… Estudiaba Ingeniero Agrónomo en la universidad y hacía teatro, pero me presenté a un concurso de monólogos en Pamplona, que gané, en el año 2000, cuando se estaba implantando el stand up, cuando empezaba el Club de la Comedia en España. Me seleccionaron para el Club de la Comedia y estuve un par de años aquí en Madrid, pero lo fui dejando por la interpretación tradicional porque en ese momento no había un panorama claro, acababa de nacer y no se sabía muy bien hacia dónde iba. Y luego regresé, hace como siete años o así, porque siempre se me había quedado la espina clavada de la comedia, era una especie de: ¿quiero o no quiero? Y cuando volví ya estaba todo más definido, ya sabías a lo que ibas. Han sido un poco las dos cosas, atreverme a averiguar si valía para eso y el autoemplearme. Pero lo que me gustaría es que me dieran papeles con peso, que está empezando a pasar ahora, pero hace siete años apenas había papeles en las series que no fueran de hija de, novia de, secretaria de… Y, encima, como no tuvieras ya un nombre no te iban a dar ni ese ni ningún papel porque entre que somos más y hay menos papeles… Así que, mientras, para no perder el tiempo y hacer algo mediante lo que pudiera expresarme fue que volví a la comedia. Pero no es solo porque no me han dado un papel determinado, sino por todo este contexto que te he explicado. Y me gustarían papeles tipo la policía esta de ‘La casa de papel’, mujeres fuertes, con contradicciones… Ahora he visto la serie de Leticia Dolera, ‘Vida perfecta’, que me gusta muchísimo porque tiene tres protagonistas muy diferentes y con muchos conflictos… Es comedia, pero no una sitcom, sino una comedia dramática y son series que me encantan. Y mi sueño final es hacer una serie tipo ‘Fleabag’, no sé si la has visto, en Amazon Prime.

No.

Pues es una chica inglesa que hizo un monólogo de teatro y lo transformó en una serie de seis capítulos de media hora de estas que hay ahora muchas en las plataformas digitales. Otra que se autoempleó. Y mi sueño sería ese, poder hacer mi serie…

¿Y de qué iría? O no lo has pensado.

Sí, sí, pero no lo quiero decir… –estalla en una carcajada-. Hicimos un amago de escribirla en un taller de SGAE y lo tenemos pendiente, otro chico con el que escribo y yo, para hacerla. Es que tenemos tantos frentes abiertos que no da tiempo… Pero bueno, sí que tengo la idea pensada y sería una protagonista femenina… Hasta aquí puedo leer -vuelve a reírse-.

Ahora que se está abriendo la industria a crear personajes femeninos interesante en ficciones donde tienen un peso importante, ¿persiste el estigma de que si eres cómica no puedes hacer otra cosa o también ha ido desapareciendo?

Yo creo que eso no existe ya. Le tenía mucho miedo a eso en mis inicios porque esa división estaba, igual que se decía de los que hacían publicidad o de los de musicales. Pero la comedia es que suma. Después de Dani Rovira, que fue el que abrió la compuerta, podemos acceder al cine, a las sitcom, a programas, a ser colaborador o guionista, reportera… Siempre te suma.

 

Te habrán preguntado más de una vez que si ‘Para ser mujer eres bastante graciosa’ es solo para mujeres… ¿Por qué se da por hecho que lo que escriben e interpretan los hombres sí son para todos?

Pues porque nos hemos adaptado todo este tiempo. Cuando empezó el stand up en España estábamos todos muy desconcertados y ya en esa época había muy pocas mujeres. En Madrid, por ejemplo, éramos como tres o cuatro, no había más, y muchos tíos, por lo que tanto ellos como nosotras, estamos muy acostumbrados a ver a hombres. No había referencias, no había HBO, Amazon o Netflix para ver especiales… Había varias, pero no nos llegaban. Y las cómicas en aquel momento imitaban a los hombres porque como no sabíamos hacer comedia, ibas imitando un poco lo que podías y lo que veías. Con el tiempo, las mujeres nos hemos adaptado a eso y, ahora, no sé si por prejuicio o no, vienen más mujeres, aunque al teatro, en general, también van más mujeres… Y el hombre viene acompañando a la chica, alguno hay por ahí suelto…

¿Y les acaba gustando?

 ¡Sí! Luego salen muy contentos. Es que el humor es humor bien hecho o mal hecho. ¿Que el punto de vista de una mujer es distinto al del hombre? Sí. ¿Que eso significa que es solo para mujeres? No, es para todos, solo que creo que en un primer momento las mujeres se pueden sentir más atraídas por identificación. Espero que eso sea solo una primera barrera que se va ir derribando, que la comedia hecha por mujeres va a poder trascender, que es cuando un espectáculo triunfa. Por ejemplo, cuando vinieron estas cómicas argentinas, Malena Pichot y Charo López, que son superfeministas, había muchos hombres en la sala. Cuando un espectáculo funciona, no importa quién lo haga; te gusta, tienes ganas de ir a verlo y lo buscas, que al final es lo que queremos, no convencer a nadie de que venga, sino que nos busquen. Y en esas estamos, lo que pasa es que si somos menos, va a haber menos espectáculos hechos por mujeres y va a ser más difícil que se nos conozca y, por tanto, que podamos gustar.

¿Por qué le va a interesar a la gente tu espectáculo?

Esto es un horror de pregunta porque ataca directamente a nuestro síndrome del impostor, que hablo con un montón de cómicas y lo decimos todas, eso de pensar que lo que haces es una mierda… Nos pasa mucho al principio, pero luego vas ganando confianza y empiezas a pensar que no está mal y acabas diciendo que es la hostia, te vas animando. ¿Por qué tienen que venir a verlo? Porque es un espectáculo sincero, valiente, hay una generación que se puede sentir identificada. Yo tengo 44 años, pero la gente de 25 a 55, por poner una edad, a los 60 también te puede pasar… De hecho hay gente mayor a la que le gusta mucho mi espectáculo y yo encantada. Hay muchas situaciones que hemos vivido muchas mujeres, pero todavía no se había bromeado sobre ello. Creo que como mujer te vas a sentir identificada y como hombre te va a interesar y te lo vas a pasar muy bien.

Además de ser tú hablando, tienes un montón de elementos con los que jugar, ¿no?

Tengo canciones, hay vídeos, hay parte de mi pasado televisivo, momentos locos de mi pasado… No quiero hacer spoiler… Soy yo hablando, pero hay otros elementos que suman. Estoy con un organillo, al final, y también lo interpreto mucho. Quiero decir que hay personajes… Hay cómicos que están ellos solos con el micro de pie y no se mueven. Yo interpreto mucho. Que tampoco se piense nadie que esto va a ser como ‘El rey león’, con mogollón de medios… Pero bueno, que lo importante al final es el texto.

Estás con ‘Para ser mujer eres bastante graciosa’, estás colaborado en Todo Es Mentira… ¿Tienes algún otro proyecto más, aparte de tu serie a medio plazo?

A medio, a medio, sí… Soy de una compañía de improvisación que se llama Improclan, que estamos en los Luchana actuando con un espectáculo que se llama ‘Improvisa Tío!’… Y en realidad estoy ahora con el monólogo girándolo también, porque tengo bastantes bolos fuera de Madrid y, de momento, esto. En la radio estoy en Carne Cruda y en A vivir que son dos días, de Javier del Pino, hablando de actualidad cómico-política, que como están pasando cosas todo el rato… Y de momento esto es lo que hay.

Hombre, no está mal…

No, no, si ya con esto no doy abasto, o sea que para que entre algo tiene que salir algo, así que lo que entre tiene que ser más interesante que lo que hay. A ver qué pasa con la ficción, que es lo que tengo pendiente…

Por María Cappa