Este 2019 ha estrenado dos películas. Ambas dirigidas por mujeres, la primera película de ficción en ambos casos y en las dos interpreta al padre de una adolescente cuyo inicio del viaje hacia la madurez marca también el principio de los problemas en su relación. A pesar de ello, son radicalmente distintas. ‘El viaje de Marta. (Staff Only)’, Neus Ballús quiso abordar ese momento en el que uno descubre que no es tan libre como cree y que tanto nuestro contexto como nuestra educación determinan nuestra manera de mirar y entender el mundo. Por su parte, en ‘La inocencia’, Lucía Alemany ha querido utilizar su propia experiencia para hablar sobre el aborto adolescente, un tema que, hoy en día, sigue siendo un gran tabú. Por su papel en esta última película (que acumula siete nominaciones en los Gaudí, dos en los Goya y uno en los Feroz) Sergi López acaba de ganar el premio al mejor actor de reparto en la última edición de los Premios de la Academia Valenciana del Audiovisual. En los Gaudí, Sergi López optará, junto con Eduard Fernández, Karra Elejalde y David Verdaguer, al galardón como mejor actor en una edición en la que ‘El viaje de Marta’ también está nominada a mejor sonido, mejor película y mejor dirección. En Tituloriginal hablamos con López para que nos cuente cómo concibe la interpretación y cómo encaró la construcción de su papel en la primera película de ficción de Ballús.

Tu personaje, Manel, ¿cómo lo has trabajado? ¿Trabajas siempre igual, depende del proyecto…?

Es curioso… Es una gran pregunta… El trabajo de los actores es fascinante porque es un terreno… Mira, el otro día Neus Ballús nos contaba que a su hija la llevó al rodaje y vio cómo rodaban, ahora cortamos, ahora tienes que hacer esto distinto… Y nos decía que es alucinante porque ahora en casa ella juega con los muñecos juega a cortar, a parar, a vamos a hacer esto… Pero continuamente. Está comiendo y dice que Antonio, que es uno de sus muñecos, no va al cole porque está enfermo. Neus le decía: “Pero tú sabes que esto es mentira, ¿no? Que es un muñeco”. Y ella respondía: “Sí, ya lo sé”. Es decir, que la ficción, el hecho de ponerse en el papel de otro, el hecho de reflejarse en historias que sabemos que son mentira… En el fondo es una cosa ancestral en el ser humano, muy curiosa… Entonces, trabajar, trabajar… Tengo más la sensación de que nos dejamos inspirar por… Bueno, de entrada hay un guion y después está Neus, la autora, que es la que te inspira y la que… Es verdad que hablamos, pero es curioso porque muchas veces no necesitas ser consciente, que lo somos, de cuál es el arco o qué es lo que este personaje representa dentro de la película, sino que al final son escenas concretas en las que surgen cosas y eso pasa por delante de todo. Es decir que se trata de la capacidad de trabajar la disponibilidad para estar actuando, en este caso, con actores no profesionales. Y a mí esto me inspira mucho, esto de estar en un mercado de pescado donde la gente realmente está vendiendo pescado, no está haciendo una película, no es consciente… A veces mira la cámara, a veces, no y al final se olvida y están viviendo. Intentar pasar desapercibido en este entorno es el trabajo.

¿Y en cuanto al padre de Marta, Manel?

Pues no me resultó un personaje muy lejano. Yo tengo una hija de 23 y un hijo de 21 y he pasado por eso. Pienso que hay algo de universal en el personaje, pero de esto me doy cuenta más a toro pasado, cuando veo la película al final, terminada… Es un padre en el que es fácil reconocerse porque, esta distancia que tiene de entrada con su hija… Cuando has tenido adolescentes hay momentos de distancia, momentos en que ellos necesitan reafirmarse y pasar por eso de pensar que su padre no tiene ni idea de nada, que es un viejo, que lo que vivió en su momento es una cosa, pero la vida de verdad es la que están viviendo ellos. Entonces, esta distancia, que se marca en la película de forma muy clara, al final pienso que todos los padres, las madres igual un poco distinto, pero un poco también… Al final, hacemos lo que podemos, intentamos conjugar lo que creemos que se debe hacer con lo que somos capaces de hacer. La clave de todo, creo, es el amor, intentar que este amor te influya en la relación con tu hijo, sin imponerte, con todas las contradicciones continuamente, pero que cambian todos los días y todos los días te encuentras con soluciones que contradicen lo que has hecho el día anterior… O sea, que no hay una fórmula y que se parece mucho a lo que te decía de los actores, de actuar, que al final no hay una manera de trabajar. Evidentemente, te lo trabajas, pero… Antes te decía que la relación padre-hija, más que hablarla mucho, el hecho de encontrarnos Elena y yo en los ensayos, incluso después de los ensayos, hablando… A Neus le pareció que había algo, una relación que no es de amigos, que había captado eso que tenían Manel con Marta. En general, yo tengo más la sensación de jugar que de trabajar. Vaya rollo que te he soltado, ¿eh?

No, me parece muy interesante, porque, cuando le pregunta a un actor sobre su proceso de construcción del personaje, sí que insisten en el trabajo con la técnica, el texto, en la documentación, la investigación… Como que lo llevan muy mascado de casa.  En tú caso, no sé si es la seguridad que te da la experiencia, si trabajas así desde el principio…

Más que la seguridad, es el convencimiento de que la seguridad o la experiencia no son la solución. No es que has aprendido a funcionar de una manera y las cosas ya sean así, sino que hay un momento en el que tiras a la piscina y no sabes, te puede salir mal; a veces te siente incómodo, que no funciona la cosa, pero yo intento proteger la disponibilidad, las ganas de jugar, las ganas de cambiar, de no llegar de tu casa con una idea racional y fija, sino de escuchar, dejarte llevar por el director… Yo tuve la suerte… Creo, ¿eh? O al menos yo lo he vivido así. Tuve la suerte de dar con un tipo en Francia [Manuel Poirier] cuyas primeras cinco películas fueron mis primeras cinco películas. Y este es un tío bastante de este rollo. Íbamos a rodar a un mercado, ponía la cámara lejos y el diálogo lo decíamos, pero, a lo mejor, ni se oía y no sabíamos cuándo estaba rodando y cuándo no. En el mercado este que te digo estábamos con gente, ahí en Normandía, que no se daban cuenta de que estábamos haciendo una película. Esta mezcla de meterte dentro de un paisaje, como también pasa en ‘El viaje de Marta’, intentar camuflarte, pasar desapercibido, para mí es un motivo de inspiración muy chulo como actor. Lo ideal para mí, que ya es imposible porque la gente ya te conoce, es que la gente te vea en una película y piense: “¿Este tío que sale quién es?”. Eso sería lo ideal, que la gente pudiera llegarse a creer que estos personajes son de verdad y que están envueltos en un universo que les acompaña, que son no ajenos a él, que no han venido con un trabajo hecho, sino que están viviéndolo.

Estas circunstancias, ese estar dependiendo de la situación, del director, del resto del reparto… ¿Es lo que hace que cada personaje sea diferente entre sí?

Sí. Es que es curioso, es muy curioso porque muchas veces me siento como un extraterrestre con esto… Bueno, a veces, no siempre, porque también hay muchos actores y muchos directores muy buenos con los que he hablado mucho de este tema, ¿eh? Pero esto de que… A ver, a mí el personaje no me preocupa. Si es cojo, pues es cojo. Pero, por ejemplo, cuando te lees un libro, son palabras negras sobre un fondo blanco y, sin embargo cuando te lo terminas, tienes una idea del personaje, piensas muchas cosas sobre él, puedes explicarlo perfectamente, aunque no lo hayas visto. A mí me pasa lo mismo con el guion. Puedes hablar del personaje, pero, luego, la traducción es bastante concreta. Empieza la peli y el tipo baja de un avión y se encuentra con su hija. Entonces, él le da un beso y notas que ella está reacia… Bueno, pues hay que jugar a esto. Se nota que no se han visto hace tiempo y que no hay una relación fluida. ¿Cómo se hace esto? No lo sé. Nos dejamos llevar. Sabemos que la escena es esta, pero al final se va a acabar construyendo con lo que dice cada personaje en cada escena, lo que dice o lo que no dice, cómo se comporta… Es lo que acaba definiendo cómo es el personaje. En esto me siento más a gusto pensando que la responsabilidad no es mía –empieza a reírse-, sino que si está bien escrito es más fácil de hacer, si las situaciones son claras, es más fácil interpretarlas… Y, sobre todo, una cosa que descubrí en Francia y que me pareció reveladora por lo sencilla que era: el placer de actuar. De actuar, no del placer de la comedia, de hacer reír, que también, sino el placer de esta cosa tan infantil que es que tú eres vaquero, yo soy indio y a ver qué pasa. Me lo tomo como un juego sabiendo que no es un juego porque cuesta dinero y todo, pero esta cosa un poco infantil me ilumina mucho, me ayuda mucho. Antes de actuar pensaba que esto hacer teatro era difícil, complicado, que había que trabajar, había que leer, que había que saber mucho de cine… Y yo pensaba: “¿Cómo voy a hacer cine yo, si no tengo ni idea, si no soy cinéfilo?”. Bueno, no soy cinéfilo… Comparado con los amigos de mi pueblo soy el más cinéfilo, pero comparado con la gente que he conocido, periodistas, directores, productores, distribuidores… Saben mucho. Entonces tenía ese complejo de pensar que cómo iba a ser actor si no tenía ni idea de cine. Y luego te das cuenta de que son cosas distintas. Otra cosa es que, por suerte, a través de la gente que he conocido, he descubierto y he visto mucho más cine desde que hago cine. Yo empecé con 25 años… El otro día leí a Trueba y decía que con 17 se iba al cine, veía sesiones dobles y cuádruples… Y en mi pueblo había un cine que costaba… No sé cuánto, pero yo no tenía un duro y no podía ir.

¿Por qué decidiste formar parte de ‘El viaje de Marta’?

Por Neus. Al final todo empieza y acaba en Neus. Pau Subirós, que escribió el guion con ella… Hicimos una película con Marc Recha [‘Un dia perfecte per volar’, 2015], que rodamos en cinco días, que era un señor y un niño de ocho años. El niño no era actor, es el hijo de Marc Recha, no se había aprendido un papel, era un niño de ocho años. La cosa es que yo le contaba un cuento que él conocía de su padre y era un cuento extravagante, muy largo, pesado… Yo tenía que, no solamente contar el cuento, sino estar con él. El niño tenía una capacidad brutal, pero a veces se aburría, miraba a la cámara, decía que no quería rodar… Pero si tú le decías: “Rob, el gigante salió por la ventana…”. Y como estaba en una edad en la que todavía se dejaba… Había algo ancestral, de los niños, de imaginarse el gigante, aunque no lo viera y se lo creía y le daba cuerpo… Como en el equipo éramos cinco, era muy pequeñito, Neus vino a ayudarnos, a traer los bocadillos y tal… Y después me habló del proyecto este que tenía y que, como iba a rodar con actores no profesionales, le interesaba mucho ese lado que tenía yo de actor-autor, de mensajero o de intermediario entre el director y los actores. Por ejemplo, en vez de cortar la toma si estaba saliendo mal, estar más pendiente de empatizar con el niño para que estuviera vivo y me siguiera el rollo. Y le dije que sí.

Menos mal que cuando leíste el guion, te gustó.

¡Claro! Cuando le dije que sí, que me mandara el guion, pensé: “Espero que me guste” porque, aunque el planteamiento esté muy bien, si luego lo lees y no te gusta o ves que no cuadra, que… Es difícil de explicar, con los libros pasa lo mismo, pero tiene que ver con si, cuando lo estás leyendo, notas que hay algo que te llega y que te agarra, lo notas. Y cuando ves que no, que hay cosas que chirrían, que tienes que volver a atrás para porque has perdido el hilo o notas el estilo, notas demasiado la fuerza del autor, que ha querido poner no sé qué o la escritura es demasiado grandilocuente… Pero en este caso, me encantó el guion; lo noté sencillo, muy simple, una historia muy local y a la vez muy universal porque trata de una chica que está descubriendo qué es ser mujer, qué es tener un padre al que no conoce y que es un poco particular…

¿Qué crees que le puede interesar a la gente de esta película?

Quiero creer que le puede interesar esta cosa tan difícil de explicar… Eso tan potente que tiene el cine de hacerte volar, el meterte en una historia. Pienso que es fácil reconocerte. Bueno, de entrada todos hemos sido hijos. Además, tiene una estructura que pienso que se reconoce fácilmente y que es fácil transportarse al interior de esta chica. Pienso que, como cine… El cine tiene esta cosa tan brutal que ves una película… No sé, una cosa tan tonta como una película que va de un hijo que va a buscar a su padre con un tractor. Pues así contado, es una tontería. Y, sin embargo, el cine tiene algo hipnótico, mágico… Bueno, mágico ya sé que es un término un poco gastado, pero tiene esta capacidad de hipnosis, de abducción.

¿Tienes algún otro proyecto en el que te vayamos a poder ver pronto?

Sí. Además, es curioso porque también es de una directora joven, Lucía Alemany, es su primera película… Esta de Neus es la primera ficción que hace, pero la de Lucía es su primera película. También hago del padre de la protagonista, que tiene 15 años. Se llama ‘La inocencia’. Es una peli que ha estado ahora en San Sebastián y que no es autobiográfica, pero está basada en recuerdos y en cuestiones emocionales que la han construido a ella. Se ha rodado en el pueblo donde vive, con toda la problemática de las fiestas, con jóvenes, con drogas y una chica de 15 años que está creciendo, que se está haciendo mujer y que está descubriendo el poder de la femineidad. A la vez, está con un mundo rural, con un padre mucho más cerrado que este, mucho más violento, también, y mucho más áspero.

Por María Cappa