Además de una sólida carrera como montador, Polo Menárguez también ha escrito y dirigido documentales como ‘Eric likes Chicken’ [2011], ‘Invierno en Europa’ [2017] o ‘Dreams without borders’ [2019] y cortometrajes como ‘Son los padres’ [2012], ‘Si tuvieran ojos’ [2015] o ‘Congénita’ [2018]. Ahora acaba de estrenar su primer largometraje, protagonizado por Chema del Barco, Raúl Arévalo y Antonio de la Torre. Hace casi dos años, su amigo, el actor Juan Vinuesa, le recomendó que fuera a ver ‘El plan’, de Ignasi Vidal. Salió del teatro transformado, haciéndose muchas preguntas sobre la realidad que nos rodea y sobre sí mismo. Fue entonces cuando pensó que esa obra había que llevarla a la gran pantalla, lo que, tras pasar por el Festival de Sevilla, acaba de hacerse realidad.

En tu cuenta de Twitter decías que cada vez te cuestan más las películas, las series, las novelas sin un puntito de malicia. ¿Qué tiene de malicioso ‘El plan’?

Malicia en el sentido de que no se instala en lo políticamente correcto, en lugares fáciles. Creo que ‘El plan’ lo que hace es enfrentarte a un lado oscuro que está oculto en lo cotidiano y que duele ver. Y hacerlo mezclando tonos provoca que al espectador le duela más. Si el espectador está relajado, integrándose en un tono de comedia, cuando llega el golpe es más doloroso. Hay algo de malicia en eso, también, hay algo de no buscar lo fácil, de intentar incomodar, porque al final es como la vida misma, ¿no? A mí me gusta entender el cine y la literatura viendo la vida como es, sin intentar suavizar o endulzar lo que nos rodea.

De todas las decisiones que tuviste que tomar como director, ¿cuál crees que fue la más determinante para encontrar la película que querías hacer?

Creo que, precisamente, fue luchar por encontrar un equilibrio entre la comedia y el drama, quitarle comedia a la obra y tratar que ese drama incomodara desde el minuto cero. Añadirle tensión, hacer la película más inquietante y, de alguna forma, oscurecer esa comedia para que cuando llegara el drama entendiéramos mejor de dónde viene. La obra era un poco más engañosa en ese sentido, era más comedia sin ningún tipo de problemas, entonces empecé a quitarle un poco de esa comedia a las secuencias y hacer algunas un poco más dramáticas, precisamente para dar a entender que debajo había una capa de dramas.

Más allá de reescribir el guion, ¿cómo lo hiciste?

Mi apuesta fue trabajar con tonos crudos, ocres amarillos, que todo fuera decadente, elegir una decoración antigua que nos recordara a una España vieja y, sobre todo, mi apuesta fue que la cámara estuviera estática la mayoría de las veces y que cuando la cámara se destrincara y pasara al hombro añadiera tensión. Al trabajar adaptando el trabajo de los actores a la cámara, como si fuera un baile, eso impone cierta rigidez y eso provoca que los actores tengan que pelear entre lo orgánico y lo libre y lo atado que puede imponer la cámara. Trabajamos con una óptica un poco sucia y luego, por supuesto, que creo que es algo que imprime carácter a la peli, el trabajo con el contrabajo, con la música.

Justo te iba a preguntar por la música, a la que también le dedicas un montón de tweets

Sí… Creo que el hecho de elegir un contrabajo, que es un instrumento difícil… Cuando digo “difícil” me refiero a que es un instrumento que cuesta que suene bien. Yo eso lo he aprendido más tarde, que es un instrumento con cuerdas muy gordas y porque Pablo [Martín Caminero] es un virtuoso del contrabajo, si no, habría sido un desastre… Entonces, el hecho de meter cuerda, arco con el contrabajo, aparte del pizzicato, hace que la peli tenga un sonido y una musicalidad oscura y difícil. También lo trabajamos desde ese punto de vista. Y luego hay una cosa respecto a la narrativa que fue un hallazgo y es que, como teníamos poco tiempo para rodar la película, me vi obligado a juntar planos. Para no limitar el movimientos de los actores, lo que hacía era, en lugar de rodar dos planos, hacía uno con travelling. Entonces, en esos encuadres que hacía con el travelling, de repente encontré una narrativa desde el primer día y casi siempre lo tengo puesto. No siempre lo verás en montaje, pero casi siempre lo tengo puesto para poder moverme y hacer varios planos en uno. Y luego, viendo la peli montada, me di cuenta de que al final había una narrativa con eso.

¿Qué les pediste a los actores, especialmente a Chema del Barco, que había hecho esta obra en teatro durante tres años?

Quería que Chema, sabiendo que tenía la obra metida hasta el hipotálamo, porque la había representado durante tres años, quería que se despojara de esa comedia del teatro e incorporara a su personaje más tormento, que ese tormento que tiene estuviera presente. Para eso se tenía que olvidar, prácticamente, de todo lo que había hecho en el teatro porque la película es muy diferente. Raúl y Antonio venían frescos y hacía mucho tiempo que habían visto la obra. Yo lo que les pedí es verdad, les dije que todo lo que sintiéramos allí tenía que doler y que se tenían que olvidar de la comedia, que estaba en el texto, pero no en los personajes, que tienen un drama enorme encima y tenían que sentirlo de verdad. Cuando nos enfrentamos al final, que fue muy difícil, ya empezamos a usar cosas, intentamos jugar con la sorpresa. Ellos ya sabían el final, obviamente, pero intentamos que, en los planos cortos, cuando no sale el que está dando la réplica, pasaran cosas que le sorprendieran. Intentamos que Antonio y Raúl vivieran ese momento como algo absolutamente sorprendente.

¿Qué crees que has aplicado en este rodaje de la experiencia que tenías de hacer documentales?

A mí lo que más me gusta de los documentales es que los vas descubriendo, los vives, de alguna forma, y a mí me encanta vivirlos. Te llevan a los lugares y, en primera persona, experimentar lo que está pasando delante de la cámara. Creo que los documentales me han dado libertad y, como lo que pasa delante de la cámara solo pasa una vez, te obliga a estar muy atento y a tener esa especie de intuición, práctica. También me lo ha dado la tele eso, ¿eh? Que he currado mucho en tele y hecho mucha tele en directo y esa es una de las cosas que te da la tele, el no quedarte parado. Eso es lo que creo que más he ha aportado a nivel profesional. A otros niveles, cada uno te afecta de una manera. ‘Invierno en Europa’ a mí me afectó muchísimo por mi manera de ver el mundo, que no sé si tiene que ver con la película en este caso concreto.

¿Y qué has aprendido durante el rodaje de ‘El plan’?

Yo lo estoy aprendiendo todo en esta película porque vengo muy novato… Todo lo que he hecho antes no ha tenido ni la mitad de la mitad de interés mediático, con lo cual ya es un aprendizaje estar aquí hablando contigo… Hasta sentarme en una mesa a hablar con Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Chema del Barco y pensar el primer día de ensayos: “Hostia, me voy a sentar en una mesa con dos tíos que han trabajado con los mejores directores de este país y algunos son de los mejores directores del mundo… ¿Qué van a pensar?”. He aprendido a olvidarme de eso y ellos me han ayudado mucho, muchísimo. Con ellos he aprendido muchísimo porque trabajan desde la amistad, son muy espontáneos e intuitivos y ahí nos entendimos a la primera. Ellos trabajan desde la intuición, yo también, yo soy muy de escuchar… Tengo muchos amigos actores y he trabajado con ellos y tenía miedo de no poder traspasar eso que tenía con mis actores, sin ningún tipo de presión: “Olvidaos de la película, estamos jugando”… Y ellos lo tienen, también. De cada proyecto se aprende. Con este he aprendido también a narrar en un solo espacio, que es muy difícil, porque te obliga a constantemente a estar preocupado, no puedes dejarte llevar por la inercia, siempre tienes que saber dónde estás, y a estar pendiente… Antonio explota en el rodaje, en cada toma te da algo diferente, por lo que te obliga a estar pendiente de lo que está haciendo porque hay regalos que tienes que saber ver para que no se te escapen. Y a todo lo demás, a estar en un teatro y presentar la peli… Ese tipo de cosas… Enfrentarte a la crítica, asumir lo que has hecho, que es jodido… Es algo que estos días estoy reflexionando, el miedo a lo que la gente puede pensar de la película, sabiendo que es una película difícil, y estos días he pensado que esto es parte del juego, que no hay medias tintas, no hay escudos, estás ahí y a mí, que me afecta mucho lo que diga la gente, me lo tengo que trabajar y saber qué lugar quiero tener en esto.

No sé si estás aún rodando ‘Dreams without borders’ o si ya está terminada…

Está terminada y la tiene Al Jazeera en una lata esperando a emitirse, no sé nada…Es una serie documental que me encargaron dirigir y fue una experiencia brutal rodando en Senegal, en África, en Francia, aquí, en España con personas maravillosas. Aprendí mucho… Es lo que te decía, que el documental te aporta, sobre todo, vivir.

¿Y ya tienes pensado cuál o cuáles van a ser tus próximos proyectos?

Lo que tengo en mente es una historia generacional, de ficción. Ya está escrita y estamos intentando levantarla. Es un proyecto que espero poder rodarlo el año que viene y afecta a temas generacionales de gente de 30 o 35 años… Conflictos vitales que tienen que ver con las relaciones personales, con nuestras responsabilidades en el mundo… Son temas grandes.

Por María Cappa