Con su primera película, el documental ‘La plaga’ [2013], arrasó en los Premios Gaudí y fue premiada en festivales de cine Colombia, Francia, Croacia e Italia, además de estar nominada en los Goya o en los European Film Awards. A pesar del prestigio que estos reconocimientos le proporcionaron, la directora y guionista Neus Ballús lo tuvo difícil para encontrar financiación para su segunda película, esta vez de ficción, ‘El viaje de Marta (Staff only)’, motivo por el que ha tardado tanto en volver a los cines. Ahora que lo ha hecho -acompañada, entre otros, de la debutante Elena Andrada como protagonista y de Sergi López, único actor profesional del film-, los críticos vuelven a ponerse de su lado tras constatar su capacidad para profundizar en la realidad en la que pone el foco con una sencillez y naturalidad que empiezan ya a consolidarse como uno de los rasgos identitarios de sus historias.

¿Sobre qué quieres reflexionar con esta película?

Me interesaba hablar sobre esta primera vez que alguien, cuando está en el paso hacia la madurez, descubre que el lugar donde ha nacido, cómo la han educado y los medios de su familia van a determinar sus relaciones personales. Es decir, que no somos tan libres como creemos para relacionarnos con el resto de las sociedades. Este descubrimiento es el que me interesaba. Para poder abordar esto es que tomé la decisión del lugar donde hemos filmado, de la edad de la protagonista, de los conflictos familiares… Todo ha venido a consecuencia de este tema central.

¿Y por qué crees que este tema también le puede interesar al público?

Creo que todo el mundo tiene algún momento en su juventud en el que descubre cómo funciona el mundo o en el que hace una estructura de cómo funcionan las relaciones humanas. En mi caso y el del coescritor, Pau Subirós, hablando pensamos que el hecho de viajar en esta edad, más si lo haces con familia, te ayuda a entender que el mundo es mucho más grande que tu casa y que tu ciudad… Y es un momento en el que creces y, de alguna manera u otra, acabas formando tu visión de la sociedad, tu ideología y casi tu posición política respecto a las cosas. Es una historia a la vez muy universal por el hecho de que todos hemos sido adolescentes, muchos, aparte, han sido padres… Muchos padres me dicen: “Es que me siento especialmente reconocido porque mi hija era así”. Entonces, creo que este caso o este conflicto todo el mundo lo ha vivido de una manera u otra. Quizás no en este contexto o esto no ha sido lo que ha provocado el conflicto, pero diría que la película tiene muchas capas diferentes y depende de si te interesa o no esta idea de las desigualdades, de los contextos donde se relacionan comunidades o realidades muy distintas, te vas a quedar con una parte de la historia o con otra.

Sergi López era el único actor profesional del rodaje. ¿Era distinta tu forma de dirigir al reparto dependiendo de si ya habían trabajado o no?

Bueno, Sergi necesita menos acompañamiento. Elena [Andrada] necesitó una preparación con una coach aparte, también, y nosotras tuvimos que analizar el guion juntas para buscar momentos de su vida que podrían haber sido parecidos, analizar la relación con sus padres, sus viajes, su relación con sus hermanos, las relaciones de amigas, novios… Todo. Y, a partir de su historia, ver qué podía aportar a su interpretación. Claro, un actor profesional tiene sus propias herramientas para todo esto y yo aquí he tenido que hacer de traductora, aunque en el set, por ejemplo, es muy parecido. Al final, estás intentando comunicarte con seres humanos que tienen que creerse que algo está sucediendo de verdad y yo utilizo las mismas herramientas con todos ellos. Pero hay que decir que luego cada uno es un mundo, no se puede dirigir a nadie igual. Con los senegaleses, por ejemplo, que cada uno era distinto… Vas descubriendo, sobre todo si haces una preparación larga, qué le va bien a cada uno. A mí esa es una parte que me encanta, me gusta mucho.

¿Cómo trabajaste con el director de fotografía, Diego Dussuel, para conseguir esta imagen de África tan distinta a lo habitual?

Todo viene de la elección del tema. Precisamente, la película trata de eso, de cómo en realidad el viaje de catálogo que nos venden, en general, no se corresponde con la realidad. Es como el que contrata un viaje a Barcelona. Barcelona es mucho más que la Sagrada Familia. Los viajes escapan del catálogo quieras o no y, por tanto, para mí era muy importante hacer una película que escapara de la idea del viaje de catálogo africano, pero que, aún así, los referentes estuvieran ahí: ir a una aldea, ver a los niños, ver la pobreza, ver los paisajes… Pero no buscaba lo espectacular. Para mí, lo espectacular está en lo micro. Yo soy alguien, y esto me pasa en la elección de todos los temas, los personajes… Tengo la sensación de que me fijo en aquello más sutil, que en las películas no se ve tanto, y he decidido apostar por esto de no buscar el gran espectáculo, las grandes localizaciones, el gran impacto, la novedad o el exotismo, sino buscar las cosas en común de las relaciones personales, lugares más… No-lugares. Y después había también un juego con la cámara de Khouma, que es la cámara de vídeo… Con Diego Dussuel hablamos mucho de cómo diferenciar estos dos materiales fílmicos, pero que a la vez fueran la misma película. El material filmado por este chico tiene una apariencia documental, parece que nada esté preparado, que está todo muy fresco, pero él es el que intenta buscar esta imagen de África de catálogo y nuestra cámara, la de la película, nuestro punto de vista es el de Marta: hay momentos aburridos, hay mucho conflicto detrás, hay que esperar a que llegue el jeep, hace mucho calor… Y en realidad es ficción, pero tiene una apariencia mucho más documental. O sea, que hay un juego de géneros entre los dos materiales.

Han pasado seis años desde ‘La plaga’. ¿De qué vive o qué hace una directora entre películas cuando el lapso de tiempo es tan grande?

En seis años no puedes vivir de una película anterior y menos de ‘La plaga’, que es una película muy pequeñita. Fue muy bien acogida a nivel de reconocimiento y prestigio, pero a nivel presupuestario era muy pequeña… Pues buscas financiación para lo siguiente que quieres hacer que, en este caso, hemos tardado mucho. Era complicado decir: “Quiero hacer algo distinto de ‘La plaga’. Quiero hacer una ficción de más presupuesto y en África”. Claro, el mercado cinematográfico es conservador, no se arriesga fácilmente a que cambies. Me habría sido muy fácil hacer una Plaga 2, o, al menos, más fácil, y en cambio nos costó levantar la financiación. Y también nos costó mucho escribir un guion a Pau Subirós y a mí. Claro, venimos del documental, entonces encontrar unas palabras, una narrativa que no traicionara la realidad que habíamos visto y que conocemos bien era difícil. Yo soy exigente con esto, con que retrate bien lo que sucede de verdad, aunque sea una ficción. Mientras tanto haces otros proyectos, también; algo de publicidad, dar clases, tuve una hija…

No va a pasar tanto tiempo hasta que veamos tu tercera peli porque el rodaje de ‘Seis días corrientes’ ya ha concluido. A partir de este momento, ¿cuáles son los pasos hasta que llega a los cines?

Primero tengo que montar la película, porque yo soy la montadora de mis propias películas, con lo cual, me tomo mi tiempo. Es una fase que me gusta mucho hacer en solitario, aunque me acompañen los productores y otra gente. Ahora se ha solapado con el estreno de ‘El viaje de Marta’ y tampoco tengo tiempo de estar en una sala muy encerrada, pero… Son películas que tampoco tienen un lenguaje muy clásico, entonces la película se encuentra, o yo la encuentro, en la sala. Y con ‘Seis días corrientes’ me va a suceder lo mismo. Creo que me queda una larga temporada en la sala. Tengo una semana de retakes para filmar cosas que nos falten, porque es mucho más híbrido… Son tres personajes reales, tres fontaneros, tiene un componente documental o de improvisación más grande, con lo cual me espera un largo tiempo así. Cuando tengamos claro qué secuencias nos faltan, las vamos a rodar y volveré una última fase a montaje. Después, cuando esté cerrada la posproducción, buscaremos un festival lo más prestigioso posible para estrenar la película y, a partir de ahí, cuando decidan la producción y Filmax, que en este caso es la distribuidora, se estrenará. Pero los tiempos, ahora mismo son muy abiertos.

En ‘Seis días corrientes’ también has decidido contar con actores no profesionales. ¿Es más complicado trabajar con ellos?

Es que es fascinante… Hay mucha gente que dice que sí… Sí, es más difícil… Es un reto a cada minuto porque ellos no saben qué están haciendo y parte del juego es este, pero también están muy vivos en el set. Es muy imperfecto, pero puedes probar muchas cosas, les pasan cosas de verdad… Cuando consigues un momento exitoso en el que ves que les está sucediendo algo es muy emocionante. Y, por otro lado, el proceso es muy íntimo y con los actores también pasa, tienes que llegar a conectar, hablar de cosas muy personales para llegar a… Bueno, no sé cómo lo hacen otros directores, yo lo hago así. Y es muy bonito, cuando lo haces al lado de gente que tiene otra profesión, como fontaneros, por ejemplo… Bueno, yo tengo la sensación, en mi corta carrera, de haber vivido varias profesiones, de saber muchas cosas sobre muchas realidades y esto te permite vivir otras vidas, tener la sensación de que soy marroquí, que soy fontanero, que estoy buscando curro, que me encuentro con alguien que es racista y qué hace conmigo, qué hago en casa de un cliente… Y eso de ponerme en la piel de otra gente me encanta. Entonces me resulta más interesante hacerlo cuando tengo la vida de alguien enfrente que cuando me tengo que inventar un personaje de ficción. Que también me gusta, pero bebo de la realidad.

Estás hablando de un proceso vivo en el set… ¿Has pensado en dirigir teatro?

Es un lenguaje que no domino para nada. Lo que a mí me gusta es rodar mucho, probar muchas cosas y la película la construyes después. Hay mucho material que no sirve, que sirve como ensayo, como pruebas… En el fondo hay menos presión en ese momento. Y también es otro registro. A mí me interesa mucho también cómo el rostro y el cuerpo muestran lo que sientes y lo que piensas de verdad en ese momento y, para mí, el cine es un privilegiado. Puedes ver un destello en los ojos que te remite a otras mil cosas. Me interesa tanto el cine como lenguaje que… Además, siento que estoy al inicio de un aprendizaje que creo que no va a terminar jamás.

‘La plaga’ obtuvo mucho reconocimiento, la premiaron en el Festival de Cine de Cali, en los Gaudí, en el Colegio de Directores y Directoras de Catalunya y estuvo nominada no solo en los Goya sino en varias ediciones de premios europeos. ¿Cómo te relacionas con esto? ¿Te impulsa, te da seguridad en ti misma, te marcas las mismas expectativas para el resto de tus trabajos…?

Es un poco complicado… Bueno, nos pasa a todos, que como algo te vaya muy bien, qué haces después… Yo lo considero un privilegio que haya ido muy bien, aunque no me ha facilitado excesivamente la financiación, eso tengo que decirlo, pero sí que a nivel de experiencia sientes que has probado cosas y, para mí, ‘Staff Only’ era de forma natural un paso más en probar cosas que inicie en ‘La Plaga’. Como tengo la esperanza o quiero creer que voy a hacer muchas más películas, sé que las cosas pueden ir mejor o peor. En realidad lo que pasa es que la gente conecta o no conecta, depende del momento, las circunstancias, de qué pase políticamente, qué pase dentro de cada uno… Es algo que no puedes prever. Para mí lo importante es ser honesta con la propuesta, no hacer algo para gustar, sino porque crees de verdad que es la mejor película posible que podrías hacer sobre un tema concreto tal y como eres en ese momento. Si estás tranquila con eso, qué más puedes hacer, ¿no? Todavía me llevo sorpresas con ‘La plaga’, porque a nivel de cine tuvo muy poca repercusión, no hay mucho público que la haya visto. Y todavía me sucede, seis años después, que me llega un mail diciendo: “He descubierto esta película por azar y es fascinante porque esto me ha permitido no sé qué…”. Las vidas de las películas van mucho más allá de las semanas de cine que tengan y yo tengo la esperanza de que ‘El viaje de Marta’ tenga una vida larga; más que muy intensa al principio, que sea larga, que se aguante bien, que la gente la descubra dentro de diez años, a ver qué pasa. Ahora somos mucho del consumo rápido y yo no pienso en estos términos, generalmente, por lo tanto intento no dejarme influenciar, ni positiva ni negativamente, por lo que sucede muy de repente. Soy un poco escéptica.

Estás con la promo de ‘El viaje de Marta’ y con la posproducción de ‘Seis días corrientes’… ¿Piensas ya en un cuarto proyecto o con esto tienes suficiente?

A ver, los proyectos… Cuando te gusta el tema, no paras de ver situaciones, gente, cosas que te despiertan, con lo cual siempre hay temas latentes. De convertir un tema latente o una inquietud en un proyecto es donde hay que ir con cuidado, porque te tiras cinco años de tu vida con un proyecto, entonces tienes que amarlo profundamente y estar segura de que con ese tema vas a poder ir hasta el final. Yo siempre busco: pienso situaciones, observo lo que sucede… Es una actividad que no para porque ya como actividad me gusta. Lo que se va a convertir en un proyecto o no, no lo sé e intento no empujarlo. También me han hecho propuestas que no están mal… De momento estoy buscando ‘Seis días corrientes en la sala’, que es lo prioritario. Además, tampoco me gusta tener muchas cosas abiertas; prefiero cerrar un tema y después abrir otro. Me concentro mucho más cuando estoy solamente con un tema.

 

Por María Cappa