Si hay un elemento que identifique la carrera de Natalia de Molina es su diversidad, no solo en cuanto a proyectos sino por los personajes que ha interpretado. Su salto al cine se produjo en 2013 de la mano David Trueba con ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’, por cuya interpretación ganó el primero de los tres goyas con los que ya cuenta. Tras formar parte de la serie policiaca ‘Bajo sospecha’ y de la comedia ‘Cómo sobrevivir a una despedida’, protagonizó el drama social ‘Techo y comida’, (Juan Miguel del Castillo, 2015) que no solo le proporcionó su segundo cabezón, sino que la convirtió en la actriz española más joven en obtener dos de estos galardones. Y después siguió sumergiéndose en proyectos tan interesantes como radicalmente opuestos: la comedia ‘Kiki, el amor se hace’ (Paco León, 2016), la cinta de terror ‘No dormirás’ (Gustavo Hernández, 2018) o ‘Animales sin collar’ (Jota Linares, 2018), la adaptación al cine del clásico de Ibsen ‘Casa de muñecas’. Sus dos últimas películas estrenadas han sido ‘Quién te cantará’ (Carlos Vermut, 2018), película gracias a la que obtuvo su tercer Goya, y ‘Elisa y Marcela’ (Isabel Coixet, 2019), en la que da vida a una de las dos maestras gallegas que protagonizaron el primer matrimonio entre personas del mismo sexo en España, en 1901, y el único oficiado por la Iglesia. Ahora regresa a la gran pantalla con una comedia dramática de Paco R. Baños, ‘522. Un gato un chino y mi padre’, en la que da vida a una mujer hispano-portuguesa con una agorafobia un tanto peculiar que tendrá que enfrentarse a sus miedos para encontrarse a sí misma.

¿Qué te ha exigido este personaje que no te hayan exigido otros?

Ya de primeras, cuando leí el guion, me pareció un personaje muy complejo porque estaba muy traumado, tenía mucha historia detrás que en un principio no se cuenta y que a lo largo de la película vas entendiendo. También me fascinaba bastante poder investigar la agorafobia. Y a la hora de rodar, lo más difícil y de lo que más he aprendido en esta peli ha sido a nivel técnico. Parece mentira, pero es que el director, para contar el personaje de George, usaba primeros planos. Pero primeros-primerísimos planos, tenía la cámara en la cara. Ya había hecho ‘Techo y comida’ o ‘Animales sin collar’ en las que también tenía la cámara muy cerca, pero te juro que esto era de tener la cámara encima, de chocarme con ella. Tenía que coreografiarme mucho con el director de foto. A nivel técnico ha sido casi como rodar una película de ciencia ficción porque tenerla tan cerca me impedía interactuar con mis compañeros. Me ponían pegatinas alrededor el objetivo y me decían:” Tienes que mirar aquí, que está el personaje de Hao”. Él estaba en otro lado y escuchaba su voz, pero tenía que estar imaginando su cara. Era todo muy difícil. Y, claro, estaba preocupada, tenía mucha inseguridad porque no sabía si lo estaba haciendo bien o mal; me estaba imaginando lo que tenía que ver y no sabía si eso se iba a notar. Pero luego, al ver la peli, nadie diría que tenía la cámara encima y que estaba mirando a un punto verde.

Y en lo personal, ¿qué te ha dejado?

Me he llevado muy buenos amigos, la verdad. Ha sido un rodaje muy familiar y nos ayudamos mucho entre todos porque fue duro. A nivel técnico, pero también climatológicamente; llovió muchísimo, hacía mucho frío, mucho viento… Y al final hicimos mucha piña y fue un trabajo muy de equipo. Y con el personaje, a darme cuenta de que, aunque sea muy poco convencional, el problema que ella tiene, en mayor o menor medida, creo que lo podemos tener todos. El no querer aceptar lo que uno es, el luchar en contra de tu esencia, de dónde vienes, de las mochilas que cargamos, que muchas veces ni siquiera nos pertenecen a nosotros, sino a nuestros padres… Siempre que hablas con un psicólogo, el inicio de todo está en los padres (dice entre risas). Pues me ha permitido reflexionar sobre todo eso, sobre lo importante que es estar tranquila con una misma para poder liberarse y seguir hacia adelante. Es muy intenso porque el personaje lo es, aunque la película es muy naif, pero el fondo que me llevo es ese, el aceptarse y perdonar, también.

¿Cómo es Paco R. Baños como director?

Es muy meticuloso. Muy meticuloso. Rodamos millones de planos y millones de tomas  y muchas veces te pedía una cosa y la siguiente quería todo lo contrario; tenías que dejarte llevar mucho por su universo… A veces pasa con la gente que tiene universos muy personales o que es muy autoral; si no eres su cabeza no sabes muy bien… Tienes que confiar mucho. Y él es muy de los detalles, todo tiene un significado. Es una persona muy especial.

¿En qué se plasma esta meticulosidad en la película?

Todos los detalles, los objetos. No es una película en la que haya demasiados diálogos y todo significa algo. Si hablas con él, hasta el mínimo encuadre tiene un significado en la historia o en el personaje.

¿La música te ayudo a componer tu personaje o a entender mejor la película?

El fado es muy importante, la música portuguesa. Yo con todos los personajes hago una lista de reproducción que creo que escuchan y sí que con George tuve mucha música portuguesa, que tampoco conocía tanta. Y sí que… Para mí, en general en la vida, la música es muy importante… No podría vivir sin música.

Desde ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ hasta hoy, ¿en qué te notas que has crecido como actriz?

(Piensa durante unos segundos) Obviamente tengo más edad y eso, como mujer, te hace tener otra madurez. Y, como actriz… Creo que desde ‘Vivir es fácil’ hasta ahora, como he hecho cosas tan diferentes y tan opuestas… A veces digo: “Madre mía, qué cosas más raras haces”. A veces estás haciendo una comedia muy loca y te metes en un personaje muy oscuro y traumado y luego haces una película de miedo… Que me gusta. De hecho lo que me gusta de mi trabajo es poder hacer cosas tan diferente y que no se me etiquete, que a veces, en esta profesión, es muy fácil etiquetar a la gente en colores, ¿no? La actriz que hace tal o cual… Y más cuando eres joven. Pero siento que he crecido y que quizá tengo una seguridad… Soy muy insegura, ¿eh? Eso va a ir conmigo toda la vida, pero sí que siento que tengo más seguridad en el set, a la hora de rodar, y he aceptado partes de mí que intentaba tapar, incluso en las promociones. Siempre he sido muy tímida y al principio me costaba mucho dar entrevistas, no sabía qué decir, me daba miedo decir lo que pensaba… Y con el tiempo, con la experiencia, con la edad, con las cosas que he vivido me siento un poco más segura, no tengo miedo a decir lo que pienso

¿Y qué te gustaría mejorar?

No sé, hay tantas cosas… No sabría decirte. Pero me encantaría poder hacer un personaje que fuese muy físico porque todavía no he hecho algo que me exija físicamente, algo de acción o algún personaje que tuviera que bailar… Algo que requiriera trabajo físico, que todavía no he hecho algo así.

Me has dicho que, hasta ahora, tu carrera se ha basado en participar en proyectos y hacer papeles muy diferentes. Dentro de 30 años, ¿cómo te gustaría que hubiera sido tu carrera?

Me gustaría sentirme orgullosa y ver que todo lo que he hecho ha sido porque he querido hacerlo. Me gustaría seguir haciendo películas muy diferentes pero conectadas con la realidad social. Me gusta el mucho el cine que ayuda.

Esto, dentro de 30 años, pero a corto plazo, ¿dónde vamos a poder verte?

El año que viene o este… No lo sé seguro, pero creo que el año que viene se estrena ‘Adiós’, de Paco Cabezas, que es un thriller dramático que rodamos en las Tres Mil Viviendas. Es una peli muy dura y me atrevo a decir que es el personaje más duro que he hecho nunca. Luego tengo también ‘Operación Camarón’, de Carlos Therón. Es todo lo contrario (dice entre risas), es una una comedia muy loca con Julián López… Nunca había hecho algo así, me lo he pasado superbien. Acabo de terminarla ahora de rodar y ha sido una locura. Es muy musical, también, porque es sobre un policía que se infiltra en un grupo de flamenco-trap. Yo soy la manager del grupo y es un personaje muy divertido. Y ahora empiezo el rodaje de la opera prima de Pilar Palomero, ‘Ama a las niñas’. Es una peli intimista, más pequeñita; un retrato generacional de todas las niñas que crecimos y nos desarrollamos en la época de los 90. Es una sociedad llena de contradicciones porque, por un lado, había una cultura muy conservadora, había una educación en la que las niñas tenían que ser ‘señoritas’, pero a la vez estaba empezando a llegar mucha información de fuera. De repente veías lo que estaba haciendo Madonna o ponías la tele y estaban las mamachicho… Una época muy contradictoria en la que muchas de nosotras hemos crecido.

Por María Cappa