La trayectoria de la actriz navarra Mikele Urroz muestra que se mueve tan bien en las obras clásicas como en las contemporáneas. En el Centro Dramático Nacional trabajó con Francesco Saponaro en ‘Yo, el heredero’, de Eduardo de Filippo, y con Ernesto Caballero en ‘El laberinto mágico’, de Max Aub. Con el mismo aplomo, brilló en el Festival de Teatro Clásico de Olite con el texto de José Padilla ‘Marcela, la voz de la mujer libre’, en el Festival de Almagro Off con ‘El examen de los ingenios’, escrita por Alberto Conejero y en el Corral de Comedias del Festival de Almagro con ‘Los brillantes empeños’, escrita y dirigida por Pablo Messiez. Y es, precisamente, con Messiez con quien acaba de abrir la temporada del Teatro Pavón Kamikaze de Madrid de la mano de ‘Las canciones’, una obra en la que “la acción de escuchar le roba el primer plano a la de ver” y con la que Messiez quiere reivindicar “la escucha en un momento en el que imperan el ruido, el discurso irresponsable y la cháchara continua”. También repite con Jonás Trueba en el cine. Después de que, en 2012, la hiciera debutar en ‘Los ilusos’, vuelve a la gran pantalla con ‘La virgen de agosto’, una fábula sobre la búsqueda de la identidad.

¿Quién es tu personaje en ‘Las canciones’?

Mi personaje es Irina. Es la pequeña de los tres hermanos: Olga es la mayor, luego está Iván y después viene Irina. Están basados en los personajes de ‘Las tres hermanas’, de Chéjov. Acaban de perder al padre hace un año, se han quedado huérfanos hace poquito. El padre era muy célebre y debió de cometer un acto un poco trágico y están en el después de todo eso. Irina sobrevive en esa casa con sus hermanos, con su hermana Olga, y tiene un gran deseo de ir al mar como lugar de escape o de salvación de esa casa, de esa situación y de lo que se vive ahí.

La obra habla sobre la música como elemento transformador. ¿Has tenido que pelearte entre cómo te transforma a ti como actriz y cómo transforma a tu personaje?

Eso es superinteresante. Siempre hay un camino que recorrer, que transitar, en el espacio de la función como personaje. Pero creo que Pablo [Messiez] plantea un espacio muy abierto dentro de esa dirección para que la actriz y el personaje puedan dialogar. Pero sí, es muy interesante porque creo que se fusionan en un momento dado. Yo, la persona, puedo tener días, pero siempre transito por esa ficción porque soy la que represento al personaje y hay mucho de mí en eso. Por otro lado, la historia, la ficción y la relación y el contacto con los demás personajes me conectan con lo que le pasa a Irina. Cada día es un viaje distinto, pero siempre hay un diálogo entre actriz y personaje.

No es la primera vez que se da el triángulo Urroz-Messiez-Música, sino que ya en ‘Todo el tiempo del mundo’ se pudo ver. ¿En qué se diferencia el papel de la música en ambas funciones?

Creo que en ‘’Todo el tiempo del mundo’, mi personaje, Amelia, la hija de Flores, utilizaba esa canción porque decía que quería aprender a mirar, ¿no? Aprender a mirar el mundo de otra manera y a nombrar las cosas de una nueva forma. Y creo que la canción de Nico hablaba de eso, de estar en un momento de transición a otro lugar, en un momento de vértigo y de cambio y, en ese cambio, empiezas a ver cosas, en ese caso, de la familia, de tu propio padre. La canción de Nico habla mucho de eso; no sé si me tengo que quedar, no sé si me tengo que ir, no sé que tengo que hacer con todo eso que estoy viendo y aprendiendo a mirar. Esa es la relación con el material musical que yo experimentaba. En ‘Las canciones’ tenemos otro tipo de relación con la música.

Es la tercera vez que trabajas con Messiez. ¿Has notado alguna evolución en él o, como en realidad nunca habéis dejado de estar en contacto, no es tan claro?

Creo que la poética de Pablo gira en torno a ciertos temas como la ausencia, la presencia, el espacio, el tiempo… Esto es muy importante para su poética y creo que, en las obras que hemos hecho juntos, siempre nos hemos vinculado con su mundo, con su universo. ¿Una evolución? No sé, supongo que sí, pero es verdad que me cuesta… Me falta perspectiva, supongo que necesitaría tiempo y distancia.

Otro director con el que has repetido es Jonás Trueba. ¿Con él si has tenido ese tiempo y esa distancia para notar su evolución?

Sí, claro. He tenido tiempo, porque entre ‘Los ilusos’, que fue la primera peli que hicimos, y ‘La virgen de agosto’, ha hecho ‘Los exiliados románticos’ y ‘La reconquista’. Claro, han pasado años… Desde que rodamos ‘Los ilusos’ en 2011 o 2012, pues fíjate… Siete años. Nuestra amistad se ha mantenido y su relación de búsqueda y de experimentación con el material cinematográfico ha sido un viaje para él. Supongo que en cada peli que ha hecho ha puesto la mirada en un lugar muy específico. Creo que dio un salto en ‘Los ilusos’ respecto a su cine anterior y me parece que tenía que ver con una mirada muy poliédrica, profunda y diversa respecto a lo que es el actor de cine. Su experiencia, también, porque trabaja mucho con lo que cada actor y él mismo tiene que contar en la realidad más que en la ficción. Y creo que en ‘La virgen’ dio otro salto. ‘La reconquista’ hablaba del encuentro de una pareja, ‘Los exiliados’ era un viaje, era como una road trip por la amistad, las relaciones… Creo que Jonás siempre juega un poco en torno a eso, pero creo que ‘La virgen’ ha sido un clic, también por el tándem Jonás Trueba e Itsaso Arana. Ella, como guionista y prota, ha dado una mirada… Jonás siempre decía que él se sentía muy femenino con las mujeres, pero que su mirada no dejaba de ser masculina porque él es un hombre y, de repente, con Itsaso.. Esta mirada un poco de que la prota de la historia es una mujer y desde su mirada y de nuestra generación, Madrid, actriz… Tiene muchas cosas que creo que para él ha sido un salto grande respecto a sus películas anteriores.

Tú como actriz, ¿notas cómo has ido evolucionando trabajando con la misma gente o al estar dentro se te hace complicado?

No, no, claro que lo noto. Soy consciente de mi evolución como persona y las vivencias que tengo que me cambian todo el rato y todo el rato estás en diálogo con tu yo anterior, con quien tú eres, con lo que hay de tu niña y cómo la adulta o incluso la actriz, en el espacio artístico, se van desarrollando. Además, cada trabajo te plantea un nuevo universo y un nuevo reto y eso te hace crecer. También tiene que ver con adueñarme cada vez más de mi voz. Pablo y con Jonás, que son los que has mencionado, son dos creadores que se preocupan mucho por la voz de aquellos con los que trabajan. Es muy importante tener ese espacio de desarrollo para dar voz a lo que piensas, a lo que sientes, a la autonomía artística con la que portas, como actriz, la historia de otra persona que al final acaba siendo tuya o acaba siendo una tercera cosa, que es lo que pasa en el encuentro entre el director y la actriz. Pero claro, sí, sí… En cada trabajo me siento de una forma diferente porque yo voy creciendo y me van pasando cosas. Y de repente siento que no sé nada, que también es muy bonito, ¿no? Ver todo lo nuevo que sabes y todo lo que no sabes de nada. Trabajar con todo lo que no sabes me parece un buen lugar y con Pablo y con Jonás es algo muy común eso de trabajar desde cero, estar preguntándote todo el rato qué es esto sin saber muy bien lo que estás haciendo. Y se trata un poco de eso porque la vida también es un poco eso.

Me estás hablando de las semejanzas entre Messiez y Trueba, pero ¿en qué se diferencian?

¡Puf! No sé… Bueno, uno es de cine y otro hace de teatro, aunque creo que Pablo quiere hacer cine. A ver si lo consigue algún día porque tiene un gran deseo de ello. Y a Jonás le encanta el teatro. Trabaja con muchos actores y actrices que venimos del teatro; de hecho, en ‘Los ilusos’, Jonás tenía claro que quería trabajar con gente que no hubiera hecho cine antes. Estoy hablando de cosas que tienen en común, probablemente, ¿no? [comienza a reírse]. ¿En qué se diferencian? Vienen de universos artísticos diferentes, pero… No sé. Necesitaría tiempo para pensar en esta respuesta.

La forma que tienes de crear un personaje, ¿cambia en función de quién sea el director o el proceso es el mismo aunque el resultado sí vaya a ser distinto en función de quién dirija?

No, claro, todo tiene que ver. Te hablo de Pablo ya que estamos ahora con ‘Las canciones’… Con él me siento muy en familia, muy segura, muy en casa. Me hace sentir que… Como dice el personaje de Joan [Solé], que me hace cantar cuando están sonando las canciones: “Canta, canta, que quiero oír lo que sin ti no se oiría jamás”. No sé si esto es una cita de alguien puesta en ese personaje, porque aquí utilizamos muchas citas… Pero la relación con Pablo, en este caso, tiene que ver con eso para mí: “Quiero hacer algo que solo puedas hacer tú”. Y creo que eso, en el tipo de trabajo tanto de Jonás como de Pablo, está. Te hacen sentirte muy en tu esencia, muy auténtica… Otra actriz no podría hacer lo que hago yo, pero simplemente porque somos personas diferentes y tenemos poéticas y universos diferentes y eso es lo interesante al final.

Me parece precioso… Es como un regalo también que tú le das, algo que solo le puedes dar tú y…

Y se lo das y lo haces porque ellos te dan ese espacio, te dicen: “¿Qué es lo que tú eres? ¿Qué es lo que sin ti no sonaría jamás?”. Eso es una cita, yo creo… ¡Vamos a tener que preguntárselo a Pablo!

Acabas de estrenar ‘La virgen de agosto’, estás con ‘Las canciones’ hasta el 6 de octubre octubre, ¿tienes algún otro proyecto donde te podamos ver?

Pues con La Caja Flotante, que es una compañía navarra liderada por Ion Iraizoz, tenemos algún bolo ahora de ‘Catastrofe’, que la dirigió Íñigo Rodríguez-Claro y donde actúa también José Juan Rodríguez [ambos forman parte del elenco de ‘Las canciones’]. Esta obra la estrenamos el año pasado, pero ahora tenemos algún bolo en la Comunidad de Madrid, en Alicante y, en febrero, en Alcalá durante el Festival Iguala Teatro. He rodado algunas cosas de televisión ahora, pero de teatro… ‘Gris/Mar’, que es otra obra que dirigí con Ion Iraizoz también con La Caja Flotante y que estrenamos en el Festival de Olite hace un año. Es un texto de José Padilla que trata sobre el monólogo de la pastora Marcela, del Quijote. Con esto también estamos esperando a que nos confirmen algún bolo, pero lo más inmediato es ‘Catástrofe’.

Por María Cappa