Ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de cine de Málaga, en el de Alicante y en la Semana del Cortometraje de Madrid por su papel en ‘Madre’ [Rodrigo Sorogoyen, 2017], que, por su parte y entre otros muchos galardones, ganó el premio al mejor cortometraje en el Festival de cortos de Donostia y en los Goya, además de resultar nominado en la pasada edición de los Oscar. Ahora, recién estrenada la película del mismo nombre y dirigida, también, por Sorogoyen, Marta Nieto ya ha sido reconocida como mejor actriz en la Mostra Internacional de Cine de Venecia y (exaequo con Zorica Nusheva) en el Festival de Sevilla. Además de multitud de premios y el reconocimiento unánime de la industria y la crítica, Elena ha sido el personaje más importante de la carrera de Nieto por todo lo que la ha ayudado a crecer y a mostrar como actriz.

¿Cómo abordaste el proceso de creación de este personaje?

Para mí, lo más importante era entender lo que significaba la desaparición. Estos diez años de la elipsis entre el final del corto y el comienzo de la peli no solo requieren imaginar lo que ha ocurrido… Por ejemplo, me hice el recorrido del final del corto; cogí el coche y me fui a Las Landas para tener la experiencia física y tomar decisiones. Y una vez entiendo que la desaparición va de más intensidad a menos, convivir con esa incertidumbre y con esa tragedia… Entenderla bien era una responsabilidad, entonces hablé con gente a la que le había pasado, en asociaciones, leí mucho e intenté habitar ese espacio, que es muy tortuoso. Adelgazar y tener la sensación de esa pérdida era muy lógico; es decir, que mi cuerpo tenía que entender esa tensión. Antes de empezar la entrevista me has preguntado si me fue difícil adelgazar. No lo fue porque estaba ya en el asunto; es verdad que dejé de comer casi de todo y comía solamente proteínas, pero también es verdad que se te cierra el estómago. Investigar este asunto, imaginar las posibilidades, viajar al escenario, los diferentes puntos de inflexión… Te crean unas pocas ganas de vivir y de disfrutar muy físicas.

¿Este es el proceso es el que normalmente haces o ha sido diferente en este caso por el tipo de trabajo que era, porque has tenido más tiempo…?

Ni el personaje ha sido nunca tan profundo y complejo como este en mi carrera ni he tenido tanto tiempo como para dedicarle todo lo que se merece, en realidad. Explicar cómo es un proceso creativo puede ser muy farragoso y muy ambiguo, cada uno lo tiene orientado a su personalidad y también depende mucho del momento que te toque; además tienes unas bases, una escuela… En mi caso es muy sensorial: necesito escribir mucho, tener todo en la cabeza muy armado y entendido para luego volar, dejarme sentir. Pero esta es la primera vez que tengo la posibilidad de tirarme sin red. También porque confío en el criterio del director y eso es muy importante. A veces haces trabajos muy densos y profundos y luego no confías en lo que te dice el otro y no te sueltas, estás resolviendo. Una de las piezas clave para mí es que Rodrigo [Sorogoyen] me dice que vaya por ahí y… Puedo dudar; me ha pasado en algún momento de la peli, que le decía: “¿Seguro?” y él me respondía: “Mira a ver”. Y probaba y, como tenía razón, iba con él. Y al revés, también me he sentido escuchada. Cuando le decía que algo no lo veía de una determinada manera me dejaba probarlo. Y este ejercicio de confianza mutua ha sido bastante extraordinario para mí.

Sorogoyen ha dicho que durante la película estabas incluso mejor que en el corto y que tú coincidías con esta opinión. ¿Por qué? ¿Por una cuestión de tiempo, no tenías todavía la información que tuviste al hacer la película…?

Es que el corto era otra cosa; también tenía que ver con resolver por una cuestión de tiempos. Había que hacerlo en un mes, por las subvenciones, iba a hacerlo otra actriz, pero hice un casting en el último momento, se hizo en mi casa… Fue todo muy deprisa. No tenía tanto trabajo real porque parte de una naturaleza normal, cotidiana y llega a una situación extraordinaria, pero en el período que ves en directo. Podía haber trabajado más, sí, siempre se puede trabajar más, tomar más decisiones y, efectivamente el tiempo es un factor muy importante, pero tampoco daba para mucho más. He visto el corto muchas veces y lo repetiría de manera distinta. Dices: “Ay, esto no, esto tendría que haberlo decidido así…”. Pero no había tiempo y lo resuelves en una semana. En la peli está todo más meditado, siendo que los tiempos en los que la hemos hecho han sido bastante extraordinarios, hemos ido muy rápido. El año pasado estábamos rodando y este año, en los Oscar, ya estaba hecha, estaba montada. Esto es rarísimo, son unos tiempos de cine muy rápidos. Pero aquí, en esta peli, he podido desahogarme.

¿Cómo es Rodrigo Sorogoyen como director?

Es muy meticuloso, muy perfeccionista, muy exigente, pero, a la vez, tiene una capacidad de trabajo extraordinaria. Te guía y te pide. Él se nutre de todos los jefes de equipo y tiene mucha confianza con todos para que todos los talentos estén involucrados en la historia, pero con su guía. Esto es bastante guay. Es muy generoso, pero exigente y con el norte muy claro. Luego está en todos los procesos creativos de la película, desde el guion hasta la música, diseño de sonido… Participa en todo, lo guía todo; eso también es muy raro. Y como director de actores… Al contrario de lo que parece, porque alguna persona me ha dicho que si le gusta tenerlo todo muy cerrado… Bueno, le gusta tener lo técnico muy cerrado y tener la planificación hecha y, claro, le gusta saber cómo va a rodar y todo tiene que tener un sentido para él, pero luego en el set es muy libre. No tiene miedo a cambiar el guion, improvisamos cuando hace falta, crea situaciones en las que ocurren cosas extraordinarias delante de la cámara que no estaban ensayadas para que pasen cosas de verdad… Es muy completo.

En alguna ocasión has dicho que uno aprende esta profesión mediante la copia o mediante el ensayo-error. ¿Qué tiene Elena de cada una de estas fórmulas?

Es que creo que todo se aprende por ensayo-error o por copia. Creo que el ser humano aprende de esas dos maneras; igual me equivoco, pero es lo que creo. En el caso de lo artístico, es más la inspiración. Puedes copiar a alguien en alguna interpretación, pero si no hay parte que asuma de tu propia cosecha, al final, se queda en una cáscara. En Elena hay mucha inspiración, hay muchas actrices que admiro, he visto muchas películas de actrices, obviamente, porque la forma es muy importante. El cine tiende a estilizar una realidad y esto no es algo que controle demasiado y aquí específicamente lo he intentado trabajar. Y también son estilos de interpretación; en el cine, la historia de la interpretación se va modificando y hace 15 o 20 años no se interpretaba como se hace ahora. Sí ha habido mujeres, actrices, cuyas películas me encantan y me las he visto dos y tres veces y me inspiran siempre. Y luego la labor de investigación que te contaba antes, de entender el dolor, esto sí tiene que ver con un espacio interno tuyo, tienes que habitar ese lugar y cuidarlo.

Has estado hablando de resolver… ¿Cuál es la diferencia con interpretar?

El proceso de ensayo. No hay tanto proceso de ensayo cuando resuelves. La ficción de la tele que yo había hecho antes tiene mucho que ver con esa técnica de lo inmediato. No hay demasiado tiempo para dedicarle a ninguno de los procesos: ni a la estructura de guion ni al montaje ni a la interpretación ni a nada porque es una máquina que no se puede parar. Mi manera de trabajar como actriz tiene que ver mucho también con reciclarme con cursos de interpretación y ahí siempre hay un espacio donde uno va a ensayar, a equivocarse, porque normalmente este trabajo, si es de resolver, es de intentar hacerlo bien, intentar que cuadre, intentar que cuele, intentar que funcione… Permitirse el ensayo es permitirse el error y me parece más importante todavía que lo otro… Que está muy bien para aprender técnica y ser un actor listo, inteligente y resolutivo, pero te puede viciar, puedes caer en resolver siempre con tus herramientas, por lo que acabas copiándote a ti mismo, haces siempre lo mismo, utilizas siempre los mismos recursos, los mismos matices… Y esto no es algo que me interese mucho.

Ahora estás en el proceso de escritura de tu propio guion. ¿Qué demanda de ti la escritura que no te exige la interpretación?

En la interpretación no me he encontrado con ocasiones en las que tenga que desechar buenas ideas; en la escritura, sí. Siento que el proceso, que estoy haciéndolo con toda mi humildad y responsabilidad, requiere entender que no todo lo que se me ocurre que me parece bueno es bueno para la historia. La historia, en este caso, tiene un corazón que está muy claro, es muy lógico y, de repente, va hablando sola, va desarrollándose hacia un lugar cada vez más determinado y se me ocurren un montón de cosas… Es elegir. También tiene que ver con la interpretación eso de elegir, ¿eh? Pero en la escritura tienes que quitarte cosas a las que les tienes apego porque tienen que ver contigo, con cosas que también quieres contar tú, pero igual para la historia no es lo más apropiado. Y luego ordenar. Yo soy muy desordenada, mi manera de trabajar es muy desordenada, a mí me funciona así, el caos… Para interpretar, también, porque hay personajes que no tienen por qué entenderse, no tienen por qué saber qué les pasa, aunque yo intento entenderme. Pero al escribir me reconozco con la necesidad de trabajar la cosa más meticulosa, más ordenada, más pausada, más leer y releer y releer y releer… Y eso no es algo que haga mucho cuando interpreto, que siento más.

Esto de que los personajes no tienen por qué entenderse lo ha dicho también Joaquín Phoenix, que no le gusta trabajar sobre las motivaciones de los personajes porque en la vida real las personas tampoco suelen tener claras las suyas…

Totalmente… Bueno, dependerá del personaje, pero en el caso de Elena está muy claro para mí. Ella no sabe por qué hace lo que hace y no tiene por qué saberlo e intentar dar explicaciones de por qué, de si la relación con el niño es así o asá, no es algo que a mí me… No ha tenido nada que ver con mi trabajo. Es que, efectivamente, las personas reaccionamos a la vida, muchas veces, la mayoría… Tienes que estar muy trabajado para ir ordenando y lidiando un poco más conscientemente todas tus emociones, integrarlas bien, saber que esto viene de aquí… Yo, que siempre intento entender la realidad, soy consciente de que la realidad es salvaje, es instintiva y es sobreviviente a sí misma. Por ejemplo, el proceso de escritura es más racional, tienes que tomar decisiones muy mentales; en cambio, para mí, la interpretación es más de la tripa. Tengo que entender cosas, claro, para saber en qué puntos quiero hacer qué, pero luego es tripa. Y eso, para mí, solo lo puedo hacer si confío en el director, volviendo también a lo de antes, si no te puede quedar algo deslavazado, algo histriónico… Pero si confías y te dejas llevar ese proceso habitado de mezcla de todas las emociones, de todo el desgarro de la resistencia, del odio, del drama, de la alegría que te da… Dejarme llevar por esto, para mí, ha tenido sentido porque no hay otra manera para hacer Elena y porque confío.

Has dicho que tienes la intención rodar la película el año que viene. ¿La vas a dirigir tú también?

No lo sé. Lo que la película pida. Es que estoy en una fase muy… La tengo muy clara, tengo mucho trabajo todavía para escribir, tengo que tener en diciembre escaletada la peli… Estoy en un proceso de escritura muy consciente y también cómo quiero levantarla, porque el objetivo es materializarla. Me encantaría atreverme y prepararme para hacerla, pero no sé si va a ser lo más apropiado para ella o si sí lo va a ser o si voy a tener huevos o si no los voy a tener… No lo sé.

Hace justo diez años, en una entrevista para Fotogramas, dijiste que tu objetivo profesional era trabajar sin parar, sin esos vacíos que muchas veces tienen los actores. ¿Cuál es tu objetivo hoy?

Seguir haciendo personajes como el de Elena. Eso significa trabajar a un nivel… Porque me gustaría seguir asumiendo estos retos. Soy consciente de que hay que tener huevos para asumirlos y que hay que generar confianza en el otro para que te lo proponga, ¿eh? Entiendo que no tiene por qué ser fácil. También, claro, parte de mi evolución tiene que ver con asumir la responsabilidad de los personajes que quiero hacer y por eso, entre otras cosas, estoy escribiendo. Para mí, ampliar la capacidad y los esfuerzos es mi objetivo vital. O creces o decreces, porque quieto no te puedes quedar, así que, crecer.

No solo hacer personajes como el de Elena, sino que en ‘Madre’ también has encontrado LA manera de trabajar porque has podido participar en todos los procesos creativos, además del tiempo que has tenido para prepararte. ¿Crees que va a ser fácil encontrar proyectos en los que se den todas estas circunstancias?

Claro… No. Es que entiendo que no, que cada uno elige cómo es y todo es válido. Cuando digo que he podido participar en todos los procesos de la peli me refiero a que me he sentido escuchada y que he sentido que la peli se hace en equipo. Hay miles de manera de hacer una película y salen bien también, pero, a mí, sentir la familia remando hacia el mismo objetivo, sentir todos los criterios valiosos de cada departamento, sumando con toda la pasión que eso significa es como yo quiero hacer cine. Es escuchar qué opina la persona de vestuario o qué opina el señor que está haciendo la casa sobre cómo es Elena, lo que considera que tiene que verse en este cuadro… Es que el cine es eso. Lo otro también tiene que ver con resolver, muchas veces, o con imponer un criterio, que a veces está de puta madre y es muy valioso también, pero a mí me gusta la comunidad, reivindicar el cine como una comunidad y lo importante de cada pieza, que no es menos relevante que la de otros.

Por María Cappa