María Cantuel actriz, jose luis garciHablar con María Cantuel es aprender a mirar la vida con otros ojos, tener ganas de profundizar en hechos cotidianos que pasan desapercibidos, recobrar la ilusión por el nuevo día; es reír, soñar, pensar, compartir… Y todo ello, junto con su alma, su mente y su cuerpo, es lo que esta actriz le regala a cada personaje que tiene que encarnar. Fruto de su capacidad para dejarse impregnar por la esencia de cada uno de ellos, hemos podido ver varias de sus múltiples facetas en series como ‘El corazón del océano’,  ‘Isabel’ o ‘La zona’. Mientras se centra en darle vida al primer proyecto teatral de su autoría, que también dirigirá y protagonizará y cuyo estreno está previsto para el año que viene, el pasado 4 de octubre debutó en el cine con ‘El crack cero’, que también supone la vuelta a la gran pantalla de José Luis Garci.

¿Qué faceta como actriz te permite mostrar tu personaje en esta película?

Este es un personaje con mucha luz; es una chica con mucha vitalidad, alegre, con una parte más… No me gusta decir superficial, porque no creo que Adela lo sea, pero sí que estoy acostumbrada a trabajar personajes con una complejidad, con una psicología, con traumas, desde la parte más oscura… Y este personaje era todo luz para contrastar, de hecho, con la parte profesional de Areta, que es donde él tiene toda esa parte de profundidad. Para mí ha sido un regalazo; es un personaje con mucha vida, una mujer muy real, muy como nosotras, muy de piel.

Esta película es el cierre de una trilogía. ¿Esto te ha hecho construir tu personaje de manera distinta a como sueles hacerlo?

No… A mí siempre me gusta investigar sobre el trabajo que estoy haciendo, ya sea histórico, uno de la vida real o de ficción, como es este caso. Me gusta seguir el código, eso sí, y creo que en la película se ve que seguimos la esencia de José Luis [Garci] en ‘El crack’ y en ‘El crack II’. Mi personaje, a diferencia del de Carlos [Santos], no estaba en las otras dos películas, lo que permitió partir de cero a nivel creativo. Siempre en la atmósfera de lo que José Luis quiere contar, del género… Para mí ha sido una creación desde un lugar muy especial, teniendo en cuenta todo esto, pero con mucha libertad.

Durante los ensayos, ¿cambió algo de lo que habías preparado para tu personaje?

Todo el trabajo que llevas hecho, para mí, es el trabajo del actor: llevar tu personaje bien construido, con toda la profundidad… Por muy pequeño que sea hay que darle amplitud y expansión, así tengas una secuencia. En una frase se puede contar un mundo. En ese sentido me sentí también muy libre. Es verdad que cuando llegas al set compartes y te nutres, también, de tu compañero. Bueno, Carlos es un hombre supergeneroso y la trama que rodé con él… Todo lo que yo rodé lo hice con Carlos, no tuve la oportunidad de meterme en la parte más policial o de investigación. Son como los dos mundos de Areta; por un lado, el de la investigación y el asesinato y, por otro, están Areta y Adela y yo pertenezco a esta burbuja. Eso es lo bonito de nuestro trabajo, que tú haces tu parte, tu compañero hace la suya, el director tiene las cosas muy claras –porque José Luis lo tiene clarísimo- y ahí se crea la magia; cuando te pones delante del otro y empiezas a compartir, a dar y recibir, siempre digo que se crea una especie de círculo de energía que se ve en el resultado final.

¿Impone llegar a un rodaje con un director que sabe tanto sobre cine?

Es un gusto. Otras de las cosas por las que estamos tan contentos es porque formar parte de un proyecto así es muy especial para todos. Es la vuelta de José Luis, que decía que no iba a hacer más películas y ahí lo tienes… Y luego es que es una fuente de sabiduría; casi te daban ganas de pegarte a él y decirle: “No, espera, no te vayas, cuéntame más cosas”. Te sientes muy bien y él lo hace muy fácil.

¿Cómo es Garci como director?

Una maravilla. Lo tiene todo muy claro. Otra de las cosas que me parecía muy importante era el silencio. En todos los rodajes suele haberlo, pero nunca he visto tanto silencio. Un respeto… Creo que la palabra es respeto; ese silencio venía por el respeto y la admiración que le teníamos todos y cada uno de los que estábamos en ese espacio. Se creó una atmósfera con mucha magia. Y es un cine que… No sé cómo explicarlo; tocas un cine… Suyo. Estás ahí, en todo eso que hemos visto a lo largo de sus películas y para nosotros es un gusto.

Antes de formar parte del elenco de esta película has trabajado en grandes producciones de la televisión de este país: ‘La zona’, ‘Isabel, ‘El corazón del océano’… ¿Esto acompaña o facilita el trabajo que tienes que hacer?

Sí, bueno… Al final es hacer tu trabajo como actriz. Parece que antes se diferenciaba mucho entre hacer cine, televisión o teatro. A ver, tiene sus diferencias a la hora de trabajarlo, pero para mí es lo mismo: cuento historias, me emociono, me meto en la vida de los personajes… Esta es mi primera película y para mí es muy especial; hay nervios, también… Estaba muy acostumbrada a trabajar en televisión y me apetecía dar este paso al cine. Pero no, no creo que afecte demasiado. Se puede hacer un proyecto con grandísimos presupuestos que, como público o, incluso, como actor, te puede aportar más o menos creativamente, puede ser un personaje con un registro que estés más acostumbrado a tocar… Depende del proyecto. Puede haber cosas muy pequeñas hechas con muy poco dinero que acaban siendo mágicas, porque en el arte cabe todo. Yo he tenido la suerte, como dices, de estar en grandes proyectos, han contado conmigo desde muy chiquitita para personajes muy complejos que me sacaban de lo que yo llamo “la chavalería”. Siempre estaban todos los de mi quinta haciendo sus proyectos y a mí me pasaban con los mayores, entonces me he nutrido de compañeros que me han enseñado muchísimo. Eso creo que también te deja seguir avanzando o creciendo como actriz.

En contraste con estas grandes producciones, has hecho microteatro y obras como ‘Extafadas’. ¿En qué te ha ayudado a crecer?

Todas las experiencias te ayudan. Al final no deja de ser un trabajo en equipo, de saber relacionarse; todos somos muy distintos y tienes que aprender a ponerte de acuerdo. Cuando hay una gran producción siempre hay alguien que manda por encima de todos y el resto tenemos que aceptar lo que te digan. Otras veces tienes más libertad por las condiciones o porque colaboras con gente diferente e intentas entenderte de otra manera. Este tipo de proyectos humanizan mucho; al menos, a mí. Igual que trabajar en proyectos sociales, que me gusta mucho colaborar con asociaciones a través del arte… Me aportan mucho, creo que me permiten crecer como profesional y como persona.

En los últimos cinco o seis años, ¿en qué has evolucionado como actriz?

Mmm… Interesante… Creo que en abrir el abanico de registros con una seguridad y una entidad como mujer… También va un poco en relación con la edad; justamente los cinco años que me dices me han pillado en un cambio vital, entre los 27 y los 32, más o menos. Ahora entiendo a muchas compañeras. Cuando tenía 20 y empecé, era todo ir hacia arriba y ahora comprendo muchas cosas que cuando eres más joven no entiendes respecto a los personajes, su complejidad… No los abordas de la misma manera. Los personajes que te dan con 30 o con 32 no tienen el mismo empaque, como mujer, que los de 20. Lo que le pasa a una adolescente no es lo mismo que lo que le sucede a una madre; te acercas a otro registro y eso también va con la madurez de cada uno, con tus experiencias, tu aprendizaje… Cada año me ha ido aportando, cada rodaje, los compañeros con los que te cruzas… También aprendes a elegir, a definir lo que te gusta, a conocerte como artista: qué quieres hacer, qué quieres contar… Ahora estoy con mis propios proyectos; tengo una obra de teatro, un texto ahí medio aparcado…

¿Cómo trabajas los matices para que cada personaje sea distinto?

Para mí es lo más importante. Lo que más me gusta de este trabajo es la transformación del actor. Dedico mucho tiempo… A lo mejor es una manía mía y hay otros compañeros que no lo enfocan así, pero no me gusta verme a mí en escena. Evidentemente, soy el canal por el que pasa el personaje, pero cuanto más alejado esté de mí, mejor. Y la clave, para mí, está en la transformación del pensamiento, la emoción, el cuerpo… ¿Desde dónde? Depende. Hay personajes que puedes abordar mejor desde lo externo y te meten en una profundidad y hay otros que tienen tan claro el agujero que con que entres en él ya se te transforman el cuerpo, la mirada… Creo que un actor, siendo capaz de esto, te permite ver mil rostros en una misma cara.

¿El físico condiciona?

Desgraciadamente, la industria es muy comercial en muchos sentidos; en el bueno también, porque esto son negocios… Pero hay productos que buscan algo muy específico que se basa más en lo estético que en otra cosa. A lo mejor me equivoco, pero creo que ese cliché de que es lo que la gente busca cada vez es menos real. La gente busca buenos actores. Todos somos conscientes de que puedes tener un muy buen guion, pero si no tienes actores que te lo sostengan, no sirve para nada. Como mujer… Es lo que te decía antes, que se escriben muchos personajes para una determinada franja de edad y son muy explosivos, mujeres muy bellas… Y luego, a partir de los 30 o los 40, hay una especie de vacío que hace que no todas puedan mantener una carrera. Yo, por ejemplo, cuando intento mostrarle mi trabajo a directores de casting, productores o directores quiero que vean que soy capaz de hacer cualquier cosa. Siempre decía, y he sido muy pesada, que hasta de chico. Es verdad que hay que dárselo muy mascado para que te vean. A mí me apetecería matar gente, hacer de asesina… Y como tengo este físico, creo que les cuesta verme en personajes con más dureza, más desde la oscuridad. Supongo que, con el tiempo, uno va insistiendo y al final se consigue. También por eso uno va creando sus propios proyectos, para poder hacer eso que a veces no se nos permite. Pero sí que está todo un poco condicionado por el físico.

Hay algo que me llama la atención de tu formación como actriz y es lo que te has centrado en trabajar el cuerpo: danza, expresión corporal, clown…

Es que el cuerpo habla; tiene un lenguaje propio y acompaña a la emoción. La emoción es acción y eso es lo que también diferencia… Me preguntabas antes por los matices que definen a un personaje. Es el cuerpo. Puedes sentir una ira tremenda y, como público, piensas: “Va a coger una silla y la va a estampar”. Para mí la diferencia está en que no la tires, que la toques con un dedo y que el público sepa que por dentro te mueres de ganas de reventarla. Y eso te lo dan el manejo del cuerpo y la conciencia corporal y es lo que te permite unificar esos dos mundos: el físico y el emocional. Encarnar eso me parece fascinante. Me gusta trabajar así y ojalá me lo permitieran muchísimo más. Estoy deseando que alguien me escriba un ‘Kill Bill’, quiero matar gente… Suena fatal –dice entre risas-, lo sé, pero esos personajes fuertes se los dan a los hombres y a las mujeres siempre nos dan el de víctima y me apetece tocar esa fuerza, encarnarla con el cuerpo.

Y como no te lo permiten tanto como te gustaría, has decidido escribirte una obra de teatro.

Pues sí… Estoy muy metida en la escritura. Siempre he escrito, desde que era pequeña, y ya tenía un par de obras, pero quería que la última que escribí fuera la primera en montarse. Y este año ya me atreví; tengo la pulsión de contar algo mío, muy personal y en eso estoy, en el proceso de reescritura. Hemos hecho un laboratorio de creación, porque me gusta mucho la investigación, incluyendo la documentación de lo que estás contando. Esta es una historia en la que mezclo la parte del arte y la de la ciencia porque me gusta mucho la psicología, el comportamiento humano, el cerebro, cómo funcionamos… Parto de ahí, de cómo mostrar ese mundo interno del ser humano.

¿Vamos a poder ver la obra pronto?

Sí, sí, ya no queda tanto, ya hemos estado ensayando. Creo que para el año que viene podría estar. Iba a hacerlo este año, pero no quiero correr. También hay música en directo; una amiga compositora a la que admiro mucho, Vicky Gastelo, me está echando una mano con eso… Y lleva su tiempo. Para mí todos los elementos forman parte de la historia, creo que el micro es el macro y el macro es el micro, por lo que la música tiene que estar muy acorde con cada personaje, cada momento… Estoy aprendiendo muchísimo, pero también estoy cagada, ¿eh? –empieza a reírse-. Te lo digo. Me he metido en algo que nunca he hecho. Lo que mejor se me da en la vida es actuar y ahora, con esta obra, tengo que escribir, dirigir… Voy a tener ayuda de fuera porque, como también voy a interpretar a uno de los personajes, necesito ese punto de vista externo.

¿Y qué personaje te has dado?

Pues… Sinceramente, ahora mismo, no te lo sé decir –dice entre risas-. Al principio quería la mala, pero un amigo mío me dijo: “¿Te vas a escribir algo y no lo vas a protagonizar tú?”. Y lo pensé y vi que tenía razón, así que cambié. El personaje que iba a hacer yo al principio ahora lo va a hacer Antonia Payeras, que es maravillosa y parece que ha nacido para hacerlo y el mío… Me gusta. A día de hoy no podría haber otro en la obra en el que pudiera encajar más.

¿Va a matar a alguien?

¡No! Es una historia de una chica… Lo que en guion llaman el viaje del héroe; estoy trabajando un poco sobre esa estructura.

Y hasta que se estrene ¿vas a centrarte en la obra o tienes algún otro proyecto pendiente?

No, no, no… Estoy con pruebas de otros proyectos que empiezan ahora y… Mira, justo hace nada estuve hablando con una amiga que me llamó para colaborar en un proyecto que no está tan relacionado con lo audiovisual… Es para el Día de la Mujer del año que viene, para el Museo del Traje, y yo me encargo de la parte creativa: el diseño, toda la parte de guion, estructura, organización, creación del contenido… Me gusta mucho eso y se me da bien. Y es bonito porque vamos a trabajar el traje con una diseñadora como Carmen Pastor que trabaja todo en seda y tejidos naturales. A mí me gustaría hacer una especie de performance, que ya lo hicimos el año pasado con una cosa de vestidos de otra diseñadora. Engañé a una amiga violonchelista para que se viniera a tocar en directo, hicimos las performances, había diferentes pases en los que se mostraba la moda… Fue algo muy loco y me gustaría que esto fuera parecido.

Por María Cappa