El primer papel en televisión de Laura Mañá fue en la serie ‘Vindrem a sopar’. Algún después trabajó con Bigas Luna (‘La teta y la luna’, 1994) o Vicente Aranda (´La pasión turca’, 1994, ‘Libertarias’, 1996). En el año 2000 dio el salto a la dirección con ‘Sexo por compasión’, que también había escrito, con la que ganó el Premio del Público y el premio a la mejor película en el Festival de Málaga o el de mejor guion en el Festival de Cine Hispano de Miami. A esta cinta le siguió el thriller ‘Palabras encadenadas’ (2003), ‘Morir en San Hilario’ (2005), enmarcada en el realismo mágico, el drama erótico ‘La vida empieza hoy’ (2010) y una película basada en la historia del surgimiento de un grupo anarco-feminista en el Buenos Aires de finales del XIX, ‘Ni Dios ni patrón ni marido’. Siguiendo con la temática feminista, Mañá reivindicó en televisión la figura de Clara Campoamor, en 2011, y la de Concepción Arenal un año más tarde. Ocho años después, vuelve a la gran pantalla con la comedia romántica ‘Te quiero, imbécil’, protagonizada por Quim Gutiérrez y Natalia Tena, quien también canta y compone en su banda, Molotov Jukebox. Y es, precisamente, con esta última con quien Mañá comparte espacio y tiempo para realizar esta entrevista. Tena, hija de padres españoles nacida en Londres, se hizo mundialmente conocida por su papel de Nymphadora Tonks en las últimas películas de la saga de Harry Potter. Antes, además de pasar por el teatro, había trabajado con John Irvin [‘El despertar del amor’, 2005] o Stephen Frears [Mrs. Henderson presenta, 2005]. Después, formó parte de series tan destacadas como ‘Refugiados’, ‘Inteligencia colectiva’, ‘Origin’ y, especialmente, ‘Juego de tronos’. A pesar del prestigio y el éxito de todos estos proyectos, el papel que le ha valido un mayor número de nominaciones y premios fue el de Álex en la película española ’10.000 Km’ [Carlos Marquet-Marcet, 2014], con el que ganó la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga, el premio a la mejor actriz en los Gaudí y una candidatura en la misma categoría en los Goya, además de en los Feroz y en los Forqué. Un tándem, el que forman ambas, que parece casi el ideal a juzgar por lo que ocurre tanto dentro como fuera de la pantalla.

¿Qué destacaríais de ‘Te quiero, imbécil’?

Natalia Tena: A Quim [Gutiérrez]. Quim es maravilloso, me hace reír muchísimo. Desde el momento que mira a cámara, esos momentos que tiene son… Además, la vieron mi tía, que tiene sesenta y algo, y mi prima, que tiene casi treinta, y a las dos les gustó. Creo que es una película que funciona para todas las edades.

Laura Mañá: Yo creo que es muy modesta. No solamente hay que verla por Quim, sino porque ella también está maravillosa. Y la película es muy divertida; es una comedia romántica, pero es muy actual y te ríes mucho con ella.

¿Cómo es Natalia como actriz?

[Natalia se empieza a reír, se tapa los oídos y empieza a cantar en alto]

Laura Mañá [entre risas]: Pues, como ya la ves, genuina, arrebatadora, fuerte, sensible… Solo tengo cosas positivas que decirte. Es extremadamente trabajadora, también; no solamente por las tablas que tiene detrás, sino porque ella llega siempre escuchando, atenta, componiendo su personaje… Es muy buena.

¿Y cómo es Laura como directora?

Natalia Tena: Mira, es la energía y poder… Es como que todo el equipo se lo estaba pasando bien, que es muy importante. Aunque a veces, a lo largo del rodaje, alguien se frustre, no importa porque con ella es: “No, no, no, no…”. Le quitaba peso a todo… Lo pasábamos muy bien por su fuerza y por su energía positiva.

Laura Mañá: Bueno, las cosas son en equipo, ¿eh? Pero es verdad que lo hemos pasado muy bien.

Laura, hacía mucho que no dirigías y ahora has vuelto con un guion que no has escrito tú, que no es lo habitual en tu carrera. ¿Cómo te has sentido?

Laura Mañá: No, muy bien. Lo que pasa es que sí que he dirigido cosas que no he escrito yo, ¿eh? Pero, de alguna manera, siempre estás reescribiendo todo lo que te dan porque cuando te llega un guion te lo tienes que hacer tuyo, pero mis dos últimas películas, que fueron ‘Clara Campoamor. La mujer olvidada’ [2011] y ‘Concepción Arenal, la visitadora de cárceles’ [2012], también eran un encargo. Ahora voy a rodar otra sobre Federica Montseny, para televisión, y después rodaré una comedia romántica para el cine… O sea, que voy combinando. No me importa dirigir cosas que no haya escrito yo, estoy muy acostumbrada a hacer cosas de encargo. De vez en cuando, necesito decir algo y otras veces es mejor que me calle –dice entre risas-.

Natalia, cuando estabas haciendo ’10.000 km’ [Carlos Marques-Marcet, 2014] dijiste que primero habías leído el guion en inglés y no te había gustado, pero que luego viste el corto, que estaba en catalán, y te encandiló. ¿Tanto influye el idioma?

Natalia Tena: Si, no sé por qué, debía ser la traducción o… Y, además, cuando vi el corto y me dijeron que la película la iba a dirigir el mismo chico, me encantó la idea. Pensé :”Tiene que ser él”. Había otra opción, no me acuerdo quién era, pero la vi y pensé: “No, no, esto va a ser raro, va a ser una americanada rara”. O sea, hacerlo en español le quitaba eso, aunque también me daba más miedo… Así que lo pedí y cuando el director dijo que sí, pensé: “Shit! Ahora tengo que hacerlo” –recuerda riendo-.

Además de actriz eres cantante y compositora. ¿Qué te aporta la música que no te da la interpretación?

Natalia Tena: Es que es otro tipo de familia… No sé. Creo que, como digo en ‘Te quiero, imbécil’, y es verdad, la música viene de la vagina, viene de otro lado. El actuar es muy mental o, al menos yo, llego a las emociones muy desde la razón, mientras que la música es desde la vagina. Y, además, mientras estás cantando te sientes muy libre… No sé, es otra cosa. Lo que me menos me gusta cuando estoy en un concierto es tener que hablar con el público y presentar las canciones. ¡No me gusta nada! Prefiero solo tocar música.

Laura, desde que empezaste como directora hasta ahora, ¿en qué crees que has evolucionado?

Laura Mañá: En mi manera de rodar. Antes tenía… Fíjate, cuando yo empecé a dirigir dibujaba plano a plano exactamente cómo iba s ser la película. En cambio, ahora, me encanta improvisar, veo cómo fluyen los actores… Ruedo de una forma mucho más relajada. Y creo que es por la experiencia, por confiar en el regalo que te está haciendo la gente con la que estás trabajando. Por eso, por ejemplo, hay muchos planos en esta película que son robados, ellos no sabían que lo estaba grabando.

Por María Cappa