Debutó en 1979 acompañando a Lola Herrera en ‘Cinco horas con Mario’. Un año más tarde viajó a Londres a estudiar dirección y producción en la British Theatre Association y, en 1982, fue ayudante de dirección de Ian McKellen en un espectáculo llamado ‘Acting Shakespeare’, a raíz de lo que le ofrecieron trabajar en la Royal Shakespeare Company. Sin embargo, Jorge de Juan decidió venir a España para protagonizar el ‘Edipo’ de José Luis Gómez, trabajo al que le siguieron múltiples papeles en teatro y cine. Tras un paréntesis de casi cuatro años en su carrera en el que se dedicó a organizar El Palenque para la Expo 92, retomó su carrera como actor, director y productor. En 2008 decidió volver a Londres donde, ocho años más tarde, abrió el primer teatro en español de la historia de la capital inglesa, el Cervantes Theatre, del que es su director artístico. A finales de año volveremos a verlo en la pequeña pantalla interpretando al duque de Sessa gracias a ‘Lope enamorado’, una TV Movie de RTVE protagonizada por Jesús Olmedo y Sara Rivero que aborda los últimos años de la vida de Lope de Vega y su relación con la joven actriz Marta de Nevares.

¿Cómo fue el proceso de creación del duque de Sessa?

El duque de Sessa era un mecenas en la época de Lope; le pagaba sus comedias y, sobre todo, le encargaba que escribiera cartas para sus amantes o mujeres que conocía. El personaje que interpreto es mayor que Lope, aunque históricamente era más joven. Tanto el director, Rodolfo Montero, como César [Martínez Herrada, productor ejecutivo de ‘Lope enamorado’] querían que tuviera un punto vicioso, que es lo que se lee en las cartas. Además, como en esa época todo era producto de la imaginación, no había nada, las cartas producían lo mismo que ahora genera en determinada gente el cine porno. Y he tratado de llevarlo por ahí, que no se sepa muy bien de qué pie cojea ese personaje. En principio quiere tener una relación con la actriz de la que está enamorado Lope y ahí se plantea un poco el conflicto, pero el comportamiento que tiene con su entorno es raro. Y eso es precisamente lo que busqué, que no se supiera muy bien qué punto tenía: si le gustan unos, si le gustan unas o si le gustan los dos.

¿Qué fue lo más complicado del rodaje?

Si te digo la verdad, nada. Con todo el tema del teatro en Londres hacía tiempo que no venía aquí a hacer nada y me ha gustado tanto hacer este personaje, reencontrarme con gente del equipo con la que hacía mucho que no trabajaba, que me cuidaran a mí en vez de cuidar yo a los demás, que es lo que hago en Londres… El equipo de producción ha sido estupendo. Esto es algo que normalmente se dice, aunque a veces no es verdad. En este caso sí lo ha sido. Ha sido un rodaje modélico y me lo he pasado estupendamente. He disfrutado un montón con Jesús Olmedo y con el resto de los actores. Desde el punto de vista del personaje, lo que más me preocupaba era no pasarme, que quedara justo en la línea paródica del vicio que puede tener este personaje dentro.

Haciendo la película, ¿has descubierto algo de Lope o de la época que no supieras?

De Lope yo ya sabía cosas porque siempre ha sido un personaje que me ha fascinado. Escribió mil y pico de obras de las que se conocen 300 y algo. Si fuera británico, estaríamos de él hasta arriba: camisetas, libros… De todo, como hacen ellos con Shakespeare, que solo tiene 36 obras. Sí que no sabía nada de esta relación que tenía con su mecenas ni de la última parte de la vida de Lope y la relación que tenía con esta actriz bastante más joven que él y de la que él cuidó hasta el final de sus días. Eso es lo que más he aprendido, su faceta humana.

En 2016 participaste en la película ‘Agente contrainteligente’ [ Louis Leterrier], protagonizada por Sacha Baron Cohen. ¿Cómo fue la experiencia?

Fue muy rara… Me contrataron para hacer del director general de la OMS. Tenía que dar un speech en un centro de convenciones con 500 extras entre los que estaba el personaje de Baron Cohen. En un momento de la trama se encuentra por fin con su hermano, que es un agente secreto, y me matan. Cuando leí el guion, sabiendo que era una película de acción, pensé que mi texto era demasiado largo. Y encima, me habían contratado para cinco días, que tampoco entendía por qué… –dice riendo-. El primer día no rodé nada, pero, como tenía una roulotte para mí solo con televisión y demás, estaba encantado; en comparación con lo que son los rodajes aquí, era otro mundo. Ya el segundo día vi que su manera de rodar era con varias cámaras; además, como no tenían muy claro si Penélope Cruz y Daniel Radcliffe iban a aceptar el trabajo, había una doble de ella, uno de él y, por si no aceptaba ninguno, una doble de la reina de Inglaterra, así que tuve que rodar todo por triplicado. Repetí ese texto en los dos días más que filmé, sin exagerar, unas noventa veces; mientras lo hacía, pendiente de que no se me olvidara nada, porque era bastante largo, me decía: “Si es que esto no lo van a sacar, es demasiado largo; si lo normal es que salga, diga dos cosas y me maten”. Y, efectivamente, salgo, digo dos palabras y me matan. Eso sí, me divertí muchísimo y tengo fotos con la reina de Inglaterra –dice entre risas-… Bueno, con la doble. Nunca había estado en un rodaje así en Inglaterra y fue una experiencia muy bonita.

Desde que empiezas a trabajar como actor hasta el año 2008 no paras de trabajar en televisión, cine, teatro… Y luego parece que te tomas un pequeño respiro. ¿Fue entonces cuando empezaste a gestar la Spanish Theatre Company?

No, no… La década de los 80 fue una época en la que el cine empezaba a cambiar y empezaban a entrar directores nuevos como Almodóvar, Trueba, Martínez Lázaro, Gutiérrez Aragón… Me acababan de premiar como actor protagonista por ‘El mejor de los tiempos’ [Felipe Vega, 1989] y ‘El País Semanal’ me nombró actor del momento en el 89. Pero me llamaron para la Expo 92 y acepté pensando que recuperaría lo que tenía cuando volviera. No fue así. Tuve que empezar otra vez de cero y lo hice, fundamentalmente, con papeles pequeños en cine y cosas de teatro que iba produciendo. Justo antes de irme a Londres no paré de hacer teatro en España: ‘La mujer de negro’, ‘Los 39 escalones’… También estuve en la película de Gerardo Herrero, ‘Silencio en la nieve’. Pero, en general, si no me lo montaba yo, no me llamaban. Así que, aprovechando que mi hija estaba en Londres, que era donde yo empecé, fui a ver qué se podía hacer. Cuando llegué, me di cuenta de que no había nada español en lo que yo pudiera integrarme y decidí montarlo. Recuerdo que Jorge Eines me dijo que estaba pagando una deuda que tenía con Londres, porque rechacé ser ayudante de dirección en la Royal Shakespeare Company para venir aquí. José Luis Gómez me contrató para hacer Edipo [1983], luego me llamaron para hacer cine y ya me quedé, pero siempre me quedó la duda de qué habría pasado si hubiera seguido allí.

El hecho de montar algo relacionado con la cultura española y latinoamericana, ¿tuvo que ver con el repunte de interés que ha habido en el Reino Unido por nuestro idioma?

No, me enteré cuando había decidido hacerlo. Sabía que no se hacía prácticamente nada de teatro español y latinoamericano en Londres; alguna obra de vez en cuando, pero ni había nada continuado ni había habido nunca un espacio para nuestro teatro. De hecho, el Cervantes Theatre es el primero en español en Londres de la historia. Cuando estrenamos ‘Bodas de Sangre’ [como es costumbre en este teatro, se hizo un montaje en inglés y uno en español], justo cuando abrimos, nos dimos cuenta del interés que había porque nos empezaron a llamar los colegios para venir a ver la obra en español. Después, cuando hicimos ‘Bernarda Alba’, vinieron del orden de tres mil y pico estudiantes de un total de 236 colegios británicos a ver el montaje en español. Hoy en día, esta labor educativa es una de las patas fundamentales de nuestro trabajo allí.

¿Hay diferencias entre el público británico y el español?

¡Sí! Primero que van mucho al teatro. Mucho. El año pasado se vendieron 19 millones de entradas en Londres; eso significa que están muy acostumbrados a ir y les gusta ver todo tipo de obras. Por ejemplo, ahora está Ian Mckellen haciendo ‘El rey Lear’ en el West End, que vale ciento y pico euros la entrada, y hace tiempo que está todo vendido. Y ya no es porque sea él haciendo una obra de Shakespeare, sino que cualquier obra que la crítica… Allí la crítica es muy importante; aquí existen algunos, pero la calificación que se le da a una obra no tiene la relevancia que tiene allí. Si ponen cinco estrellas a una obra, como ha pasado en el National Theatre con ‘Pericles’, o compras ya entradas o te quedas sin ellas. Es decir, que también están muy acostumbrados a dejarse guiar por lo que opinan los expertos. Pero, fundamentalmente, como están muy acostumbrados a ir y porque en los colegios se les enseña teatro, el texto lo entienden muy bien. A veces ves que el público se ríe, pero no porque lo que ocurre tenga más o menos gracia, sino por lo bien que está escrito o por la ocurrencia que ha tenido el autor desde el punto de vista del texto. Y son, también, espectadores de teatro nuevo, de los nuevos autores, que en Inglaterra son muy importantes y los siguen mucho.

Por tu experiencia, ¿el público británico acoge mejor los clásicos españoles o a lo autores contemporáneos que habéis llevado tipo Mayorga o Guillem Clua?

De momento, los clásicos. Bueno, hasta ahora, solo hemos hecho Lorca, aún no hemos hecho teatro clásico español; evidentemente, me encantaría, pero son muchos personajes. Ya en ‘Yerma’ los he tenido que reducir a nueve… Pero el público inglés se interesa bastante por nuestro teatro contemporáneo, por los autores jóvenes y ahora espero que por los no tan jóvenes como Paloma Pedrero o Sanchís Sinisterra. Pero ha sido anunciar ‘Yerma’ y empezar a recibir llamadas para reservar entradas, mientras que con los autores contemporáneos tienes que hacer un trabajo extra para explicarle a la gente qué va a ver. Espero que, con el tiempo, se iguale el interés por los dos tipos de propuestas.

Ahora que le has cogido el gustillo de nuevo a interpretar, ¿te vamos a ver en algún otro proyecto en España?

Pues tú lo has dicho –dice mientras comienza a reírse-, le he cogido el gustillo… Ahora mismo estoy muy cansado de todo aquello. La Spanish Theatre Company es una charity, que es como una fundación aquí, pero mucho más controlada. Además, tiene mucho prestigio el pertenecer a una. Los patronos, trustees como se llaman allí, tienen en control de la institución que es algo que yo quise que fuera así, que cualquier dinero que entrara fuera para el teatro. Entonces, somos solo tres personas trabajando allí y el resto son voluntarios y algún Erasmus que viene a echarnos una mano. Pero cuesta mucho vivir en Londres y cobramos poco. Y levantar un proyecto como este de la nada, construir un teatro de cero, que es lo que hicimos… Así que, una de dos: o conseguimos una ayuda para poder mantenerlo –no pedimos mucho, solo mantenerlo- para que yo pueda dejar de estar las 24 horas del día pendiente del teatro o algo hay que pensar. Y eso de venir aquí de vez en cuando a hacer un trabajo como el de ‘Lope enamorado’ no es una mala idea. Creo que lo voy a hacer más. Si me llaman, claro –dice riendo-.

Por María Cappa