En un principio, ‘Ojos negros’ no iba a ser más que el trabajo de fin de grado que Ivet Castelo, Marta Lallana, Sandra García e Iván Alarcón tenían que entregar para poder licenciarse, pero pronto surgió algo en ellos que los impulsó a querer convertir este proyecto universitario en su carta de presentación a la industria del cine. Y así fue cómo el Jurado Oficial de la sección Zonazine de la pasada edición del Festival de Málaga, le concedió a esta película, que acaba de estrenarse en cines, la Biznaga de Plata a la mejor película española. O, al menos, es la versión resumida de un proceso que ahora cumple los tres años y medio desde su gestación y que, de momento, es el hito más relevante en la incipiente trayectoria profesional de Ivet Castelo y Marta Lallana, sus directoras.

Escribisteis el guion entre cuatro personas y dirigisteis la película entre las dos. ¿Hubo reparto de tareas o primero consensuabais lo que ibais a hacer?

Ivet Castelo: Creo que fue más lo que has dicho de encontrar un consenso. La idea que tuvimos al principio era escribir todos juntos. Sí que hubo un momento en el que, cuando ya teníamos el guion más sólido e íbamos escena por escena, escribíamos algo por separado y lo compartíamos con los demás, pero que intentamos al máximo hacerlo todo juntos. Y luego, en la dirección, también. Al principio nos propusimos… No dividirnos, sino repartirnos departamentos, pero al cabo de unos días nos dimos cuenta de que no acababa de funcionar del todo. Lo que siempre pusimos por delante fue la comunicación, tener muy claro lo que queríamos, sobre todo con las actrices, y a partir de ahí, rodar. Nos interesaba mucho trabajar con las actrices, sobre todo con las niñas, y como era un trabajo un poquito más lento lo pusimos por delante de todo lo demás.

En ‘Ojos negros’ solo hay una actriz profesional y era vuestra primera experiencia también dirigiendo actores. ¿Cómo llevasteis a cabo ese trabajo?

IC: Creo que fue muy bonito cómo lo acabamos consiguiendo. Nos intentamos poner en una posición muy de igual a igual. Partimos del guion, de entenderlo, de compartirlo, de hablarlo mucho, de las experiencias de las chicas y de las nuestras para conseguir mucha confianza y, a partir de ahí, empezar a dirigir. Intentamos basar la relación con los actores en la cercanía y no desde una posición de autoridad porque, al fin y al cabo, también es lo que has dicho tú, era nuestra primera experiencia y nos daba un poco de respeto, aunque tampoco era lo que queríamos. Sí que hicimos un trabajo distinto con Anna Sabaté, algo más tradicional: ir más al detalle, pulir más las entonaciones de las frases, los gestos… Y creo que poder tener ambas partes fue también muy bueno.

El guion estuvo supervisado por varias personas. ¿Cuáles de las recomendaciones o los consejos que os dieron se han quedado en la versión definitiva?

Marta Lallana: Ostras… Hay que ir hacia atrás, porque era 2016 y… Recuerdo que en las tutorías con Mar Coll fue donde realmente encontramos el tema. En la película pasan muchísimas cosas y van subyaciendo tramas, pero el tema principal es ese momento exacto en el que adquieres la conciencia del tiempo, que es un poco el clic hacia la madurez y, sobre todo, la desidealización de los adultos. Y fue con Mar Coll cuando más claro tuvimos.

IC: Luego, cuando estuvimos trabajando con Gonzalo de Lucas… Era ya más en la fase del montaje, pero también creo que tiene que ver con repasar todo el guion. Gonzalo nos habló mucho sobre cómo tratar la temporalidad y poder plasmar esa sensación que queríamos desde el principio de un verano que se alarga, que cuando empezamos a montar no estaba ahí. Nos ayudó a darle un par de vueltas más en la construcción del tiempo.

Hablas del montaje, que es una fase que os resultó especialmente complicada…

MC: En nuestro caso, el montaje fue la fase más larga de la película, creo que estuvimos como un año y medio… Cuando empezamos a montar conforme al guion, no encajaba. Había demasiadas cosas y empezamos a quitar y a pulir, a darle muchas vueltas, quizás demasiadas, pero cuando estás dentro de un proceso es muy difícil verlo desde fuera. Así pasamos unos nueve meses y llegó un punto en el que habíamos probado todo, habíamos cambiado muchísimas veces el orden de las escenas, las habíamos quitado, después las habíamos puesto en otro sitio…

IC: Yo creo que una de las complicaciones que tenía era que en la película, claramente, hay dos mundos: el de la casa y la familia y el del exterior y la amistad de las niñas y en montaje nos costaba mucho poder encajarlos ambos y que tuvieran equilibrio.

MC: Llegamos a un momento en el que no estaba funcionando nada de lo que hacíamos, habíamos llegado a un tope con Victor Xavier [Monzó], que es uno de los montadores. Y hablando con Gonzalo, él tenía la misma sensación que nosotras, que quizás alguien que viniera a mitad de proceso le podría dar una mirada más fresca y fue cuando vino Nila Núñez, la otra montadora, y todo adquirió mucho sentido.

En alguna ocasión habéis hablado de que el espectador se puede sentir incómodo viendo la película porque la protagonista, interpretada por Julia Lallana, también lo está. ¿Cómo habéis apoyado esa sensación de incomodidad?

MC: A ver… Cuando hablamos de que el espectador se podía sentir incómodo, no me refería a que no sepa dónde situarse, sino a que me daba miedo que no empatizara con un personaje tan introvertido al que todo le pasa muy por dentro y puede costar entender lo que está sintiendo. Pero era un miedo que teníamos que para nada ha ido más allá. Sí que para nosotras era muy importante remarcar la tensión que se producía entre el personaje de Paula y el mundo adulto. Ella está como una observadora de lo que le va pasando, las sensaciones que le van llegando y que pasan por su rostro. Y también era muy importante el crear esas tensiones a nivel formal, por eso siempre la situábamos a ella aislada, hay muy pocos planos conjuntos… Y también ha ayudado mucho la música; la banda sonora de Raül Refree potencia mucho la parte más mental del personaje. Con la música hemos jugado mucho a crear estas tensiones que junto con los sonidos, los amplificadores, se potenciaban más.

Desde el punto de vista estético, ¿cómo definís vuestra película?

IC: Creo que, en general, es una película con una estética muy naturalista: no hemos utilizado grandes recursos, los planos son muy sencillos, la iluminación también es muy sencilla, casi siempre utilizamos iluminación natural… Lo que teníamos muy claro era que queríamos poner por delante el trabajo de los actores, pero aún así hemos mantenido una estética muy cuidada. Con esto nos ha ayudado muchísimo Jorge [Basterretxea], que ha hecho una fotografía muy sencilla, muy en balance con lo que están sintiendo los personajes.

Viendo la película, ¿habéis descubierto alguna referencia que no fuera consciente?

ML: A mí no me ha pasado porque, ahora mismo, con la peli tengo una relación… La última vez que la vi fue con Ivet en Buenos Aires y, a partir de ahí, no he querido volver a verla más hasta que no sienta que va a ser la última un poco por cerrar. Hay veces que voy a los sitios y empieza o pillo algunos cachos y me viene toda la emoción de haber podido hacer esto y compartirlo con la gente… No es algo que sea muy mental. Y las veces que la he visto estaba tan dentro de la propia peli, me hacía tanta ilusión, que tampoco… No, no me ha pasado.

IC: No, a mí tampoco. Creo que aún estamos en el proceso de tomar un poco de distancia, sobre todo porque ha sido todo muy reciente y aún… Es que es lo mismo; cada vez que la veo… Es algo que me parece muy bonito, que aún nos emocionemos. Por ahora es todo más emocional que racional, pero quizás sí que cuando la volvamos a ver puede que nos encontremos con algún referente…

¿Tenéis algún otro proyecto, juntas o por separado, ya pensado o estáis todavía centradas con ‘Ojos negros’?

ML: De momento estamos con esto aún bastante metidas, nos quita bastante tiempo y energía acabar con… No solo es la peli, la parte de creación, guion, dirección que hicimos sino que la película llegue a buen puerto, ahora estamos con el tema de promoción, arreglar cosas de producción, distribución… Lo que sí que sé es que me gustaría mucho seguir dirigiendo y tengo ganas de tener un poco de calma para ver qué me apetece escribir, qué me apetece hacer… Tengo algunas ideas, pero no he tenido tiempo de que me puedan bajar para darles forma.

IC: Es que ha sido un proceso tan intenso que hemos llevado con nosotras tres años… Al haber empezado el proyecto solas, cuando todavía no estaba Nanouk Films, llevamos mucha carga de producción y hoy en día también estamos controlando muchos aspectos de la película, entonces aún hay una carga importante de trabajo y queremos poder cerrarlo hasta que ande totalmente sola la película. Yo, por ejemplo, me he dado cuenta de que me interesa más la parte de producción y distribución; me gustaría hacer un máster de producción y luego ya veremos qué proyectos encontramos.

ML: Y cuanto a la respuesta que no hemos respondido de trabajar juntas, sí, claro…

IC: Justo lo estaba pensado, que me gustaría producir algo tuyo…

Pues mira, os iba a preguntar que si habiendo hecho ya una primera película sería mas fácil encontrar productores para una segunda y resulta que ya tienes una.

ML: ¡La mejor! Yo creo dos cosas. Primero, que tiene sentido y lógica que habiendo hecho una primera peli que ya tiene un recorrido, que si la Biznaga, que si no sé qué, sea más fácil situarla y recibir ayudas o subvenciones… Entiendo que tendría sentido que lo fuera, aunque no sé si va a pasar. Pero, por otro lado, creo -y esto lo he hablado con gente que se dedica a esto- que, aunque te parezca que ha costado mucho, no hay una peli más fácil que la primera. Y también creo que… Porque ya no es una cuestión de subvenciones; esta peli la hemos hecho porque nos lanzamos a la piscina; había que entregar un trabajo final de grado, empezamos entre cuatro compañeros a escribir y luego ya era que queríamos seguir llevando más lejos, pero si no hubiera tenido esta gestación, creo que no habríamos tenido las fuerzas para hacerlo. O al menos no de esta manera.

IC: Yo me encuentro también con gente que conozco que dicen: “Claro, pero es que cómo empiezas”. Para nosotras fue un momento muy especial que nos dio la oportunidad de poder empezar, pero, si no… Ahora sabemos los pasos y tenemos un poco la idea, pero igual es muy distinto cuando realmente empiezas a hacer una película con un gran… Con un presupuesto… (empieza a reírse).

ML: (Riendo) Sí, dejémoslo en “un” presupuesto.

IC: Sí, con ayudas del Estado y todo lo demás.

ML: Estoy hablando ahora con directoras que ya han podido hacer la primera peli, pero más de guerrilla, como puede ser ‘Ojos negros’, y ahora están tomándose el tiempo para poder hacer las cosas bien, ir a laboratorios, aplicar para determinadas ayudas… Es un proceso que, si ya nos ha parecido largo los tres años y medio que llevamos, para conseguir todo lo que es necesario para hacer una película en condiciones, igual eran cinco años. Entonces, por un lado debe ser más fácil, pero, por otro, hay que mentalizarse de que las pelis no siempre se hacen como la hemos hecho, que tienen otros tiempos y otros recorridos; en ese sentido, me imagino que será un poco más difícil.

Por María Cappa