Un café con... Un café con... Isabel Gaudí tituloriginalEl gran público la conoció cuando interpretó a ‘la Sharon’- papel que le valió una nominación en los premios de la Unión de actores en 2004-  en la serie ‘Ana y los siete’. Antes, había hecho mucho teatro, especialmente clásicos como ‘Doña Rosita la soltera’, ‘Las Melindres de Belisa’ o ‘Una mujer sin importancia’, y había parecido en episodios de series como ‘Querido maestro’, ‘Compañeros’ o ‘Raquel busca su sitio’. Ha trabajado con directores como Luis Sola en ‘La curva de la felicidad’ [2011] o Miguel A. Cárcano en ‘Cruzados’ [2013] y ha participado en varios cortos de David Pérez Sañudo, entre otros ‘Tiempos muertos’, por cuya interpretación ganó el premio a la mejor actriz en los Premios Fugaz o en el Festival de Cortos de Paracuellos. Durante los últimos diez años ha estado haciendo, sobre todo, comedias y vodeviles como ‘Rumores’, ‘Sé infiel y no mires con quién’, ‘Humo’ o ‘Maravilloso fue volver’ (el homenaje a Lina Morgan que ha estado protagonizando hasta finales de mayo). Isabel Gaudí cuenta emocionada que escuchar a los espectadores, tras acudir a estas funciones, contarle cosas como que habían llevado a su madre enferma para que disfrutara una última vez o que era la primera vez que un señor se reía en años y que nunca la olvidaría reubicó a la actriz y le dio una nueva perspectiva sobre su profesión, la de que el foco no debía ponerlo en sí misma sino en quien recibe su trabajo. Y esta máxima la mantiene en la obra que actualmente interpreta, ‘No te vistas para cenar’, con la que estará los viernes y sábados hasta el 13 de julio en el Teatro Amaya de Madrid.

¿Cómo preparaste tu personaje?

Susana es un personaje cómico, es el bomboncito de la función. Tengo la suerte de que, más allá de lo que yo haga, el autor escribió un vodevil con una carpintería teatral excepcional y con un personaje cómico muy bien escrito. Camoletti tenía una mujer que no era una actriz de primera y nunca tenía acceso a los papeles protagonistas, entonces escribía comedias donde había un personaje secundario -que interpretaba la mujer- que estaba tan bien escrito que se llevaba todos los premios. Esa es la ventaja de Susana; luego hay que interpretarlo. Hice una valoración de intuición, de por dónde iría esta comedia, de contraste con mis compañeros; es decir, saber qué van a hacer ellos para hacer otra cosa porque hay dos mundos, el de la clase alta, los que viven realmente el conflicto, y un personaje externo, que soy yo y que lo vive desde fuera sin sufrir. Esa diferencia entre sufrir o no me ayudaba mucho como actriz. Después está la parte técnica: qué necesita está comedia, dónde estoy yo ubicada, qué técnica voy a utilizar, cuándo voy a estar más payasa, cuándo no lo voy a estar, dónde y cómo voy a colocar un chiste… Es una mezcla lo más perfecta posible, dentro de mis posibilidades, entre la intuición que tengo, tras pasar mucho tiempo haciendo comedia, y la técnica pura y dura de sentarse y ser fría y calculadora.

¿Qué le aportas tú a Susana que otra actriz no le pueda aportar?

No sabría decirte… Creo que este personaje, en Madrid, lo hemos interpretado Goizalde Núñez, Aurora Sánchez y yo y cada una de nosotras, al ser tan distintas… Las tres somos buenas cómicas y no sabría decirte qué le doy yo, pero sí que cada una de nosotras lo ha hecho muy diferente. Las conozco bien a ambas y quizá yo pueda ser más maniática en cuanto a lo que te digo de analizar con frialdad. Quizá dar clases me lleva a ser muy analítica y quizá tenga medidos los momentos de manera más fría que ellas, pero no sabría decirte, porque en ellas funcionaba igual de bien. No lo sé, el físico, puede ser, aunque las tres nos afeamos mucho para hacerlo… Es una pregunta muy difícil, no sabría decirte, creo que lo diría mejor el público.

¿Y qué saca de ti como actriz Susana que no haya sacado otro personaje?

Saca la cómica más inteligente. En Susana he puesto en práctica todo lo que sé teóricamente. Casi todo. La economía extrema en la comedia, el payasismo extremo, cuando toca, la colocación de chistes cuando tienen que ser, saber hacer un mutis para que lo aplaudan, el ritmo vertiginoso de la comedia… Me ha exigido que todos los ingredientes que creo que tienen que estar en un buen trabajo cómico los haya tenido que poner aquí. Y me ha gustado hacerlo.

José Saiz dirige la obra y también interpreta un papel. ¿Cómo se trabaja cuando tu compañero es también la persona que tiene la última palabra, que es la autoridad? Aunque autoridad no me gusta porque es un trabajo de equipo…

Sí, y aquí es un gran trabajo de equipo. Lo bueno que tiene José como director es que te deja mucha libertad. Yo funciono muy mal cuando hay un director dictador porque, como dices, esto es un trabajo de equipo. Él tiene una visión, pero el material soy yo. Y que no me dejen pensar, opinar, aportar… Lo llevo muy mal. Con José es todo lo contrario. Te da las directrices de lo que le gustaría que fuera el personaje y después te dice: “Búscalo”. Entonces tú le vas ofreciendo y él te va diciendo: “No, más de esto, baja esto otro…”. Lo vas creando con él. Es muy inteligente porque se para a observar con qué material está trabajando. Hay otros directores que se inventan el material, pero, si tienes una vaca, ¿por qué quieres una cabra? Haber buscado una cabra. Pero tienes una vaca, así que busca qué elementos de cabra tiene y haz un híbrido. Y eso es lo que me gusta de José, que busca qué tiene de maravilloso una actriz, lo saca y luego lo va poniendo en la obra. Te ha elegido y confía en ti. Luego, claro, el inconveniente es que lo tienes enfrente, entonces hay muchas veces que le preguntaba qué le había parecido algo que había hecho, pero no lo había visto porque estaba metido en su papel.

¿Que interprete influye en su manera de dirigir?

Yo creo que sí. Totalmente. En el caso de José le va a favor porque comprende lo que tenemos que hacer, pero también he trabajado con actores dirigiendo y les va a la contra. Por ejemplo, interpretan, te hacen lo que quieren ver para que lo hagas como ellos. No lo pueden evitar, no es maldad ni nada. Pero José, desde mi punto de vista, utiliza bien su experiencia. Es muy comprensivo y como a él tampoco le gusta que le constriñan… Otra cosa es que te equivoques mucho, entonces él te ayuda, pero siempre trata de sacar lo que tienes.

La obra lleva más de 20 años, desde que se estrenó, cosechando un gran éxito en los diferentes países en los que se ha estrenado. ¿Esta garantía de que el texto funciona te hace ir a trabajar más tranquila?

Es que el texto es vital, es la base de un trabajo. Y este está tan bien escrito, la primera escena de Susana y Carlos es tan brillante, que lo único que tienes que hacer es subirte al autobús. Hay veces que te dan un texto, de comedia o de drama, y ves que hay que construirla, pero aquí es subirse en un tren de alta velocidad y de lujo. Claro que influye; influye mucho porque la mitad del trabajo está hecho. Siempre la puedes fastidiar, pero ese trabajo está hecho y eso a mí me da una seguridad tremenda.

Ahora que se están reivindicando tanto los textos de los que subyace una reflexión acerca de nuestro presente, ¿por qué es importante ir a ver un vodevil?

Pues mira… Hay una cosa muy curiosa que nos han comentado… Aquí, también, pero sobre todo con el infiel [‘Sé infiel y no mires con quién’]. Había gente que venía a ver esta obra y que había echado sus canitas al aire y se veían reflejados en las infidelidades. Sobre todo muchos hombres. Aparte de esto, es diversión, es olvidarte, es reírte, pero reírte con el estómago. Esto de reírse de verdad, encanarse, que se llama. Y yo defiendo eso también. Y, si me pongo ya un poco profunda… Es un poco raro, a lo mejor, pero es lo que pienso. Parece que estamos obligados a vivir en pareja eternamente. Me caso, a los 20 años se me acaba el amor y no tengo capacidad o valor para separarme y empiezo a hacer estas cosas. El vodevil muestra nuestros miedos, nuestras inseguridades. Hay una cosa en la que no hemos avanzado y es en decir adiós, en soltar. Y de verdad que lo pienso porque a veces veo mucho deterioro en las parejas que me rodean. Y el vodevil creo que es el reflejo de una sociedad que te impone que lo guay es tener pareja y que hay que ser feliz, pero cuando eso se deteriora, como no saben soltar, las parejas pasan a ser potenciales protagonistas de los vodeviles.

Has dicho que Susana era el bombón de la función. Otro personaje-bombón fue el que interpretaste en el corto ‘Tiempos muertos’. ¿En qué se diferencian ambos?

No tienen nada que ver. Aunque tiene momentos cómicos, ‘Tiempos muertos’ no es una comedia. No es un drama tampoco, no sabría definirlo; parece un thriller, parece un drama, tiene momentos muy graciosos… Se diferencian en el código; a la hora de trabajarlos no puedo enfocarlos de la misma manera. La base del estilo es muy diferente y la creación del personaje, también. Hay una cosa que tienen en común y es la austeridad. A mí me gusta ser austera trabajando. En ‘Tiempos muertos’ no paro de hablar, es una metralleta. Cuando vi todo el texto que tenía que lanzar, le pedí a David Pérez Sañudo que me dejara no mover nada. Muchas veces los actores nos apoyamos en las manos en exceso y quitamos valor a lo demás. Eso también lo llevé a cabo y esa inmovilidad también le da valor a Díaz de Haro.

Hasta ‘Tiempos muertos’, habías sido nominada muchas veces, pero solamente habías ganado un premio. Normalmente, se dice que los nominados no premiados que son los “perdedores” cuando una nominación ya es un reconocimiento por parte de los compañeros de profesión. ¿Tú también sentías eso?

Yo no, pero te hacen sentir así. Me pasó con la Unión de Actores. Jamás pensé que me nominarían por ‘Ana y los siete’, jamás. Eso ya me pareció una marcianada, pero cuando no lo gané –que sabía que no lo iba a ganar porque estaba Alicia Hermida-, la gente me decía: “Ay, qué pena, no te lo han dado…”. No. Estaba nominada. ¿Crees que me habría imaginado que me iban a nominar por esa serie? Pero muchas veces es el entorno. Te dicen mucho eso de: “Finalmente no te lo han dado”, cuando en realidad deberían decirte: “Oye, enhorabuena por la nominación. ¿Cómo te has sentido?”. Y ya, automáticamente, te ponen el cartel de perdedora. De todos modos, con ‘Tiempos muertos’, que es un corto que se vio mucho, me he ganado el respeto de mis compañeros porque era un papel muy difícil, era una metralleta, no te permitía pensar. Para mí con eso ya está, eso me llena de alegría.

Además del reconocimiento de tus compañeros y del público, ¿qué es lo que más te gusta de la profesión?

Hombre, los premios me gustan mucho, claro, porque con todo lo que me he esforzado…  Llevo desde los 18 años subida a un escenario y tengo 52. Y que, de repente, un grupo de gente decida que tu trabajo ha sido el mejor de todos es muy bonito. Pero lo que me está pasando con la gente me está conmoviendo mucho. Vengo de hacer de Lina Morgan en Valencia y creo que, después de ‘Hamlet’ con Coraza, es el reto más grande al que me he enfrentado en mi vida. De verdad. Estaba cagada de miedo. Y ver lo que me está devolviendo el público creo que es lo más importante y lo más maravilloso del mundo porque, de repente, nuestro trabajo tiene sentido. Es que se nos olvida. Nuestro trabajo es entretenimiento y el que no lo quiera ver así se equivoca. Entretenimiento culto, radical, revolucionario, que haga pensar… Lo que queramos. Somos el ocio de la gente. Es cultura, pero somos ocio. Tenemos una responsabilidad y es hacerle un regalo a esa persona que se sienta a mirarte. Puede ser de muchas maneras, pero tiene que haber un regalo. Descubrir eso y que la gente me haga saber que se lo he dado… En Valencia, de verdad, lloraba todo el rato, ya me daba hasta vergüenza porque me emocionaba mucho ver que alguien que se ha sentado a ver mi obra salga conmovido, emocionado, maravillado… Más allá de la admiración, ¿eh? Quiero que a la gente le pase algo con mi trabajo, que es para lo que estoy.

¿Y lo peor?

Muchas cosas… No creo que todavía tengamos industria en España, sinceramente. Hay una pequeña industria que, muchas veces, decide lo que se hace y quién lo hace con unos baremos que a mí no me interesan mucho: esta cosa de los seguidores, de ver quién está de moda, los estudios de mercado que analizan quién consume un determinado producto para ver qué se hace… Y luego, a nivel personal, lo duro es la inconstancia. Esta especie de suerte, a falta de una palabra que aún no hemos inventado para definir lo que es, esa veleidad de que uno sí trabaje y otro no… Eso es muy duro verlo desde fuera y vivirlo porque hay grandes actores y actrices que no trabajan y otros con una calidad, digamos, respetable que trabajan mucho. Otra cosa es que las mujeres de mi quinta andamos un poco pingadas, sobre todo en audiovisual. Se escribe mucho para mujeres más jóvenes cuando las que tienen poder adquisitivo, ya que hablamos de marketing, son las de 50 años y ellas también quieren ver reflejadas sus movidas, no las de una de 30. Y me da rabia porque somos una generación de actrices espectaculares y trabajan dos o tres. A los hombres no les pasa. Y me da coraje. Necesitamos más mujeres en los puestos de mando.

Además de estar hasta mediados de julio en el Teatro Amaya con ‘No te vistas para cenar’, ¿qué otros proyectos tienes? ¿Seguiréis de gira con esta obra?

Con esta función ya llevamos un año. Haremos bolos, pero José –que también es el productor- siempre ha querido traerla a Madrid, aunque en un horario de tarde y todos los días. Nosotros vamos a las diez de la noche y solo dos días, no da tiempo a que se cree público, a que funcione el boca a boca. Esta función en Valencia empezó normal y, al poco tiempo, llenábamos gracias al boca a boca. Y eso aquí no sé si va a ocurrir. La idea de José ha sido siempre traer esta obra a Madrid y, ahora que ya estamos aquí, no sé si volveremos… Creo que ‘No te vistas’ está llegando ya al final. Por otro lado, el homenaje a Lina Morgan volverá al teatro Flumen de Valencia en noviembre, vamos a hacer allí las Navidades. Mientras, tengo un corto en el País Vasco con la misma productora de Pérez Sañudo, con la que trabajo mucho allí, e iré compaginando todo con el doblaje, que también lo hago.

Por María Cappa