Quince segundos después de presentártela ya parece como si la conocieras de toda la vida. Risueña, espontánea y divertida, esta actriz murciana acaba de estrenar en el teatro Fernán Gómez de Madrid ‘La Familia No’, escrita y dirigida por Gon Ramos, donde estará hasta el 8 de julio. El teatro es un medio que conoce bien ya que ha participado en más de diez obras, entre ellas “Este sueño compartido que llamamos realidad” y “Aún no consigo besar” de Diego Bagnera” o “Yo, erótica” y “Leche” con su propia compañía. En cine, el medio en el que descubrió que quería ser actriz, ha trabajado con Juan Cavestany en ‘Gente en sitios’ y, sobre todo, con Carlos Vermut. Además de participar en sus dos primeras películas, ‘Diamond Flash’ y ‘Magical Girl’, protagoniza su tercera obra, ‘Quién te cantará’, que se estrenará en el próximo mes de octubre.

¿Qué es para ti la interpretación?

¡Madre mía! Es que se hace tan típico lo que se dice y es tan difícil no serlo… Te diría algo que es muy pasional y que parece muy tonto, pero que para mí no lo es, que consiste en conseguir traspasar la pantalla o el patio de butacas; emocionar de alguna manera al espectador. Yo descubrí la interpretación de la manera más bestia, que es interpretando [habla de su primer corto, ‘Mi novia’, de Jorge Izquierdo, en 2001] y el hecho de tratar de entender ese personaje y lo que le pasaba fue lo que me llevó a querer interpretar. Es un  poco atravesar todas esas vidas que si no fuera actriz no podría vivir. Pero, y esto es importante, no con el foco puesto en el espectador; creo tiene que estar más en tu personaje y en la historia.

Físicamente, ¿hay algún punto en el que centres la composición de tus personajes? La forma de caminar, dónde pones la voz, cómo te sientas…

Cada personaje es un mundo… A veces es una forma de caminar, una forma de hablar, a veces, y esto pasa más en el cine, es una forma de mirar… A veces sí que empieza más por ahí y en otras ocasiones es al contrario, cuando tienes muy claro que tu personaje nada en la tristeza, eso te va a llevar a una forma de caminar… Mira, me estoy acordando de un ejemplo muy claro. Después de hacer ‘Diamond Flash’, la primera película de Carlos Vermut, me llamó Nacho Vigalondo para hacer una coproducción internacional que estaba formada por varios cortos. Era una cosa muy divertida porque eran las diferentes formas de morir de la A a la Z. Y a Vigalondo, que era el único español, le tocó el Apocalipsis. Y recuerdo que trabajé muchísimo el miedo y en un momento me di cuenta de que estaba así (encorva la espalda), con los hombros literalmente pegados a las orejas. Y me di cuenta porque me empezaron a doler el cuello, los hombros, debajo del cuello… Y claro, es que estaba trabajando algo que me llevaba a esa postura corporal.

¿Prefieres trabajar con directores tipo Woody Allen, que dan absoluta libertad al actor, o con directores como Almodóvar, que marcan hasta el más mínimo detalle?

Sobre eso te puedo decir que creo que el actor tiene que ser hábil y no sentirse constreñido. Hay autores que te dicen exactamente cómo te tienes que mover y yo creo que lo inteligente por parte del actor es encontrar su espacio de libertad con todo tipo de directores. En unos casos, como pasa con Almodóvar, será muy pequeñito y en otros muy grande, como pasa, por ejemplo, con Gon Ramos. Pero creo que lo inteligente está en tratar de encontrar en mí algo que tenga que ver con lo que el director quiera contar, algo que yo le pueda aportar, porque si no es verdad que te puedes convertir en una marioneta. Eso sí, ¿quién no querría convertirse en una marioneta en manos de Almodóvar? (dice entre carcajadas) Debe ser muy placentero…

Has nombrado a Gon Ramos y justo quería preguntarte qué tipo de director es.

Es impresionante, nunca he trabajado así. Él es actor y se nota muchísimo. Su proceso es de absoluta libertad. Yo venía a sustituir a otra actriz; ya estaba montada la obra y solo he tenido un mes para ensayar, pero incluso así me ha dado un espacio de libertad y una confianza absoluta y total. Evidentemente, hay una estructura, sabes cómo va la historia y a qué puntos tienes que llegar, pero mientras vayas del punto a al punto b, lo que hagas por el camino, si es honesto, si es de verdad, le vale. Es una maravilla trabajar con Gon, un verdadero placer. No le gusta que le alabemos –dice riendo-, pero, lo siento, lo voy a hacer.

Tú personaje en ‘La Familia No’ es una niña que tiene 6 años y una hora y tus compañeros también interpretan a niños de diferentes edades. ¿Esta interpretación es naturalista o tiene que ser más como una caricatura?

No, para nada, no estamos caricaturizando a unos niños, somos nosotros. Pero en el momento en el que te dicen en un ensayo que eres un niño empiezan a pasar cosas. Y lo primero es que tu mirada cambia. Yo lo noto mucho en Fabia [Castro], que he trabajado más con ella y la conozco más. De repente es una mirada súper pura, súper inocente… Se le cambia la cara, es increíble. Sobre todo lo que hemos trabajado es esa sensación de cuando eras un niño de verlo todo por primera vez, de que todo es posible, de que todo lo que pasa es verdad… El permitirte hacer lo que quieras, decir lo que quieras… No hay una caricatura del niño en absoluto, eso es lo interesante. Somos nosotros transformados y cuando lo ves dices: “Es que son cuatro niños jugando”.

¿Te ha costado librarte de tu parte adulta?

Creo que los actores estamos muy en contacto con nuestra parte de niños, pero sí es verdad que si el proceso hubiera sido más largo me hubiera costado mucho más librarme del juicio. Como he tenido tan poquísimo tiempo, he tenido que hacer así [chasquea los dedos] con el juicio porque no tenía tiempo. Hay una especie de resistencia a dejar de juzgarte por el hecho de ser adulto, pero hemos tenido que vencerla. Por otro lado, es un placer ponerte a jugar y a gritar todo lo que quieras… Que te digan: “Dentro de esto, haz lo que quieras, que eres una niña” es muy liberador.

En octubre estrenas ‘Quién te cantará’ [Llorach sonríe y lanza un pequeño grito de emoción]. ¿En qué se diferencia Carlos Vermut de Gon Ramos?

Bueno, en todo… Carlos tenía un guión y con Gon se ha hecho una obra de creación colectiva; no tiene nada que ver. Yo llegué tarde al proceso de ‘La Familia No’, pero la obra se ha creado entre los actores y el director. Hay textos marcados que ha escrito él y toda la estructura es suya, pero hay otras partes que han nacido de las improvisaciones de los actores, supervisadas siempre por el director, claro. Y yo, aunque he llegado para sustituir a otra actriz, he tenido tiempo de aportar un poquito de mi propio mundo gracias a la generosidad de Gon. En el caso de la película de Carlos hablamos de un guión cerrado y de un director que tiene muy claro lo que no quiere. Hay cierta libertad porque te deja hacer, pero en el momento en el que no es lo que tiene en la cabeza, te dice que por ahí no. El proceso también ha sido distinto, en cine siempre hay menos ensayos, tuvimos menos semanas…  Y todo eso hizo que fuera un proceso muy diferente; ni mejor ni peor, ¿eh? Disfruté muchísimo de ambos.

¿Qué queréis contar con la película y cómo contribuye Violeta, tu personaje, al relato?

Sobre esto puedo hablar poco… Creo que ya se ha dicho de qué va a ir la película… Bueno, uno de los temas más importantes que aborda es la pérdida de la identidad… Ya sabes que el personaje de Najwa [Nimri] pierde la memoria y tiene que reconstruirse de alguna manera. Y en ese proceso es donde entro yo para ayudarla y acompañarla. De lo que quiere hablar la película, creo, es de cómo se construye la identidad una vez que la has perdido; de qué materiales te nutres, en qué te conviertes, qué parte de esa identidad realmente tenía que ver contigo y qué parte con cosas externas, qué pasa una vez que te has desprendido de ella… Y poco más puedo contar (ríe).

Hace tiempo Lola Dueñas dijo en una entrevista que mientras estaba rodando ‘Volver’, con Almodóvar, de repente se dio cuenta de que era actriz. ¿Has tenido tú algún momento en el que de repente dijeras: “Ostras, si es que soy actriz”?

Mira, te voy a contar dos cosas. No sé si lo sabrás, pero yo he hecho mucho cine independiente. Mucho. Y en ese mundo la diferencia entre actores y equipo técnico no es demasiado grande. Yo he hecho de todo en el cine porque me apasiona el rodaje, es uno de los sitios en los que más feliz soy. Este personaje [Violeta] realmente era el primer protagonista en una p-e-l-í-c-u-l-a (dice remarcando la palabra). Y hubo un momento… Creo que iba andando por la calle, estábamos en Rota, y yo iba con una ayudante de producción con una sombrilla, porque no me podía dar el sol, y de repente me di cuenta y pensé: “Madre mía… Yo en esta película soy importante”. Siempre tenía gente detrás porque si te pasa algo todo se va a pique… Y de repente te conviertes… No en un producto, pero sí en algo importante para la película y ahí es cuando dices: “Vale, vale, parece que… no sé, que esto va en serio”.

Y luego me pasó una cosa que para mí fue muy bonita. Terminamos de rodar ‘Quien te cantará’ en abril del año pasado y ese verano lo pasé en un rancho de Estados Unidos. Fui a cuidar caballos, no te lo pierdas; me fui por el inglés, pero también me apetecía estar en contacto con la naturaleza. Estaba en un pueblito situado a una hora de las cataratas del Niágara. Y la primera vez que fui recuerdo… (se le humedecen los ojos). Ahora me voy a emocionar y todo contándolo… Me recuerdo mirando las cataratas del Niágara y empezar a llorar, llamar a mi madre y decirle: “Mamá, me acabo de dar cuenta de que estoy aquí gracias a mi trabajo como actriz”. Estaba contemplando este espectáculo tan grandioso y no podía parar de llorar pensando en todo lo que me había llevado hasta allí, me venían a la cabeza todos los momentos difíciles, los momentos en los que te dan ganas de abandonarlo todo, en fin… Fue muy emocionante.

Por María Cappa