Escrita en 2005 por Lea Vélez y Susana Prieto, cuatro años más tarde se alzó con el Primer Premio Internacional de Teatro Agustín González para Autores Noveles. ‘Tiza’, que así se llama la obra, trata sobre la confrontación entre los padres y los profesores de un niño de nueve años que no sabe pronunciar la “r” llamado… Roberto Revuelta Romo. Interpretada por un jovencísimo elenco integrado por Clara Galán, Cayetana Oteyza, Marcos Orengo y Jorge Yumar y dirigida por Blanca Oteyza, esta comedia lleva ya tres temporadas en los Teatros Luchana arrancando risas y generando reflexiones en torno al sistema educativo en España y el papel que tanto los progenitores como los maestros juegan en él. En Tituloriginal hemos querido hablar con dos de los intérpretes (y productores) de esta función.

¿De qué trata la obra?

Clara: Queremos reflexionar sobre la educación, sobre la manera en la que la sociedad española, en general, suele educar a sus hijos y sobre cómo los profesores trabajan sobre estos niños, ya sean de la vieja escuela o alguien que acaba de terminar Magisterio.

Marcos: Es un reflejo de la sociedad en todos sus ámbitos, ya sea de la familia, de la educación, de cómo están cambiando las tornas… Ahora es el profesor el que tiene que hacer que el niño aprenda y no el niño el que aprende gracias al profesor. También habla sobre cómo los padres están forzando a sus hijos a ser los mejores en vez de dejarlos ser.

Clara: Es un poco el conflicto que se ha generado durante años en torno a este tema, quién cree que tiene la mejor opinión sobre cómo educar a un niño.

¿Cómo ha evolucionado ‘Tiza’ desde que la estrenasteis?

Marcos: Bueno, es que cuando la estrenamos éramos unos pipiolos…

Clara: Y lo seguimos siendo, ¿eh? Anda que no me queda…

Marcos: Tenemos un vídeo que grabamos cuando estrenamos la obra y es que hemos cambiado hasta físicamente. Nosotros, como personas, hemos cambiado y hemos aprendido un montón en estos años en los Luchana… Pero la obra en sí, creo que ha ido puliéndose, como si fuera una pequeña pelotita para que ruede mejor y hemos ido adaptándonos a lo que mejor le venía.

Clara: Sí, actoralmente, yo noto que, gracias a cómo nos ha dirigido Blanca Oteyza y cómo nos ayuda constantemente, hemos aprendido a llevar la comedia, a coger sus tiempos. Es que, quieras o no, es muy distinta al drama. Tienes al público reaccionando, si entra bien un gag, se ríe, sabes si les ha gustado o no por esa reacción, entonces es un contacto mucho más directo con él. Y sí que creo que desde que se estrenó hasta ahora le hemos cogido ese punto, que considero que no es nada fácil. Luego también hay un actor que ha cambiado; ahora está Jorge Yumar y antes era Álvaro Sotos.

Marcos, tú interpretas al padre de un niño. Clara, tú, a una profesora de casi 60 años que está a punto de retirarse. ¿Cómo habéis hecho para encarnar dos personajes tan alejados de vuestra propia experiencia vital?

Clara: Pues como nos han enseñado a trabajar es, sobre todo, mediante la observación. Yo me busqué mis referentes: la maestra que tuve, mi madre, mi padre, una tía mía… Bueno, gente que se ha dedicado al mundo de la educación y fijándome en cómo opinan ellos sobre la vida; cosas que a mí ni se me ocurrirían… Por ejemplo, Covadonga es una mujer católica, cristiana y yo no, a mí son cuestiones que ni me interesan, entonces con la observación, con la empatía, he tratado de comprender por qué una persona tiene esas opiniones. También hay cosas de Covadonga que no creo que estén mal. No sé, tampoco está bien, pero no creo que pase nada por tirarle una tiza a un niño una vez en la vida –empieza a reírse-. Yo tuve una maestra que una vez me tiró una tiza y no era mala, en ese momento, en el contexto… Son maestras que se empeñan en que un niño aprenda, vocacionales, y si se tienen que pasar un día entero sin dormir para que el niño aprenda una materia, lo hacen. Entonces, claro que pueden tener la libertad para tirarte una tiza en un momento de tu vida.

Marcos: Sí, yo creo que la clave está en lo que has dicho de la empatía. Cuando empezamos a ensayarla, yo era profesor de tenis y trataba con situaciones muy parecidas a las que provoca mi personaje, Juan Carlos. Padres con niños pequeños y entre ellos competían: “Mi hijo el otro día marcó cinco goles”, “Mi hijo el otro día hizo no sé qué examen”… Un poco los comportamientos que luego te ayudan a actuar si los observas atentamente. Yo no puedo encarnar a un padre… Sí puedo, pero, por mis vivencias, no sé qué siente un padre por un hijo, estoy más cerca del niño que del padre, pero puede llegar a entenderse mediante la observación y la empatía.

La obra sirve como crítica amable, como forma de pensar en cómo estamos llevando como sociedad la cuestión educativa, pero si tuvierais que defenderlos, y ya que hemos hablado de empatía, ¿cómo defenderías tú, Marcos, al personaje de Clara y Clara al de Marcos?

Clara: ¿Yo al suyo? Es que a su personaje le tengo mucha tirria –vuelve a reírse-. Es que tiene gracia, porque al principio, antes de estrenar, hubo un cambio de actores. Antes no estaba Cayetana Oteyza y yo interpretaba a Candela, la mujer de Juan Carlos. Y en la lectura de texto ya me pasaba que no podía con ese personaje… [siguen riéndose ambos]. Llegaba la tercera escena y me decía la directora: “Clara, aún le quieres, ¿vale? No te vas a divorciar, por favor no le grites”… Pero es que no entendía qué hacía Candela con este hombre…

Marcos:  A ver, yo creo que como Juan Carlos ha sido educado en la forma en la que educa Covadonga, en el fondo siente que esa es la forma correcta de hacer las cosas. Lo que pasa es que como ahora las cosas han cambiado y tiene que estar por encima del profesor y quiere lo mejor para su hijo siempre pues tiene este antagonismo con ella, pero en lo profundo de él, entiende que las cosas de antes funcionaban mejor.

Clara: Yo creo que sabe que Robertito no es el mejor del mundo, pero su ego supera a la realidad…

Vale, Clara, eso sería lo negativo. Y lo positivo sería…

Clara –entre risas-:  No, hombre, a ver… Ante todo, lo que le mueve es el amor por el hijo y creo que los padres quieren tanto a sus hijos que todo lo que hacen lo hacen a buenas. Yo llegué a hacer siete actividades extraescolares y no he salido tan mal, jolín… No por eso voy a matar a mis padres. Ellos hacían lo que pensaban que era lo mejor para mí y Juan Carlos hace lo que cree que es mejor para su hijo y por eso le costará reconocer que, en cierta manera, tiene parte de culpa, que no toda la culpa es nuestra.

Además de interpretar, todos los miembros de la compañía estáis involucrados en la parte técnica y en el montaje. ¿Ayuda esto a desarrollar mejor a los personajes?

Clara: Sí, yo creo que son cosas que… Bueno, esto se lo tenemos que agradecer a nuestra directora, que nos ha enseñado a trabajar en el teatro así, a hacer que todos los proyectos sean realmente nuestros y, ya que estamos empezando en este mundo, que sepamos tocar todas las ramas, no solo interpretar. Y creo que es algo que suma; actoralmente a mí me da más seguridad porque sé cómo se ha colocado esa mesa, sé cómo están puestos los biombos exactamente… Yo trabajo en otras producciones como ayudante de dirección o regiduría y pienso que si yo estuviera actuando ahí me daría palo no haberme asegurado de cómo está todo porque es así como estoy aprendiendo. También hemos tenido que aprender a entrar en el personaje casi automáticamente porque los Luchana tienen cuatro salas y casi cuarenta funciones cada fin de semana. ¿Qué pasa? Que acaba una función y entra otra, acaba esa y entra la siguiente y tenemos que ir con mucho tiempo antes, hacer nuestro trabajo de personaje y entrar ya a montar con la mente en lo que vamos a hacer. Desde fuera parece muy difícil, pero después todo este tiempo es algo que ya lo tenemos bastante incorporado. Es un poco complicado, pero a mí me gusta. Es que me encanta trabajar en un teatro, como si es moviendo cajas, me lo paso genial.

Marcos: Sí, es cierto lo que decía Clara, que nos han enseñado así, a amar el teatro en todas sus ramas y en todos sus espacios. El actor no tiene que ser la persona que suelta su texto y luego se va a casa. Nosotros nos pasamos en los Luchana horas con ellos, cenando…

Clara: Bueno, pero también porque hemos hecho buenas migas con ellos, nos hemos caído bien.

Marcos: Sí, sí, pero en la propia obra… El que sea todo una piña, estar pendiente de la técnico, saber si está todo bien, es todo un proyecto que es tu bebé en todos los aspectos: en que la mesa esté bien, que la luz esté bien, que el técnico esté bien, que los de la sala estén contentos y puedan abrir con tiempo… Es todo un proyecto que hace que la obra funcione mejor.

Clara: Sí, nos enseñan a respetar y a ser conscientes del trabajo de cada uno para que la obra salga bien.

Además, vosotros dos os encargas también de la parte de producción. ¿Qué tareas añadidas os supone esto?

Marcos: Todo lo que tenga que ver con el dinero, con nóminas, que eso es más de papeleo…

Clara: De eso se encarga él.

Marcos: Y luego todas las necesidades que tenga la obra. Desde que tenemos que grabar un nuevo teaser, que se nos ha roto no sé qué, vestuario, maquillaje… Es que al fin y al cabo es lo que hablamos antes, que todo lo que tiene que ver con la obra parte de nosotros y es para nosotros, entonces es como cuidar a tu pequeño bebé.

Clara: Otra cosa que tenemos también, que es como Blanca nos enseñó, es que tenemos que buscar gente que tenga influencia y a la que sepas que le puede gustar esta obra y conseguir que venga a verla para ver si puede durar más tiempo en cartel. El tema de moverla, marketing, redes sociales… Yo he aprendido a utilizar el Adobe Premier Pro, él el Photoshop… Hemos aprendido un poco de todo.

Lleváis tiempo queriendo que esta obra salga de gira. ¿Cómo os ha ido?

Marcos: Por ahora, hemos tenido dos bolos…

Clara: Sí, pero dos muy guais.

Marcos: Sí, uno en Denia, que era benéfico, para Manos Unidas, y otro en Guatemala que fue muy chulo. Por desgracia, no hemos entrado en las redes de Madrid, Castilla-La Mancha o Castilla León, pero lo volveremos a intentar para finales de 2020 y 2022 a ver si sale una gira guay.

Clara: Sí, además que ya está comprobado. Cuando la hicimos para Manos Unidas… Además, era muy guay porque todo el dinero iba recaudado para construir una escuela para niños en Ruanda, algo relacionado con el tema de la obra, que molaba un montón. Y se llenó. Y cuando fuimos a Guatemala, que eran tres funciones, se llenaron también las tres. O sea, que sabes que funciona.

¿Notasteis diferencias entre el público guatemalteco y el español?

Clara: Muchísima. Totalmente. Mira, hubo cosas que, por el hecho de que íbamos a Guatemala, quisimos cambiar. Por ejemplo, hay un momento en el que mi compañera, Cayetana Oteyza, que interpreta a la madre, Candela, recita los 59 ríos de España. Bueno, no los llega a decir todos, pero unos 30 sí que dice. Entonces, la autora cambió estos ríos por los volcanes de Guatemala y Caye se los aprendió. Y cada vez que los recitaba, el público se levantaba aplaudiendo, aclamaba… Una locura.

Marcos: Teníamos miedo porque como esta obra habla de España, está hecha desde las experiencias de las autoras en la educación, que tenían niños, pero puede ser muy distinta según los países. Pero en Guatemala, donde la situación es algo parecida, aunque no sea igual, funcionó también. La gente se veía identificada con cómo son los padres, cómo es la educación, lo privado y lo público…

Clara: Luego sí que tuvimos que tener el cuenta el tema técnico, el tema de la dicción. Parecía una chorrada, como tenemos acentos distintos sí que tuvimos que masticar mucho más el texto para que se entendiese mejor. Y también que era un teatro mucho más grande. Al final no tuvimos ningún problema, la verdad.

Además de con la gira, lleváis tiempo amenazando también con el segundo proyecto, que hasta ahora habéis mantenido en secreto. ¿Se puede contar algo ya?

Marcos: No sé si podemos decir quién lo va  a escribir…

Clara: Sí, hombre, yo creo que sí, ¿no? Si ya la están escribiendo.

Marcos: Bueno, de hecho, va a ser en cuestión de meses. La directora ha empezado a hablar de abril para estrenarla… Bueno, pues la van a escribir Yolanda García Serrano y Laura León.

Ah, las autoras de ‘Cuidados intensivos’.

Marcos: Correcto, sí. Y nada, están ahí debatiendo con Blanca para ver cómo perfilan sus ideas y poder hacer una obra, pero todavía no…

Clara: Yo creo que podemos decir hasta el tema, ¿no? Aunque a lo mejor me cae una llamada… –dice entre risas-. Bueno, no, mejor cuando terminen de escribirla. Pero lo que sí te digo es que las autoras son top. Yo estoy encantadísima de que sean ellas.

Por María Cappa