Ha participado en más de 30 series de televisión, entre ellas ‘El secreto de Puente Viejo’, ‘El Ministerio del Tiempo’, ‘Cuéntame cómo pasó’ y ‘La casa de papel’. En el cine, ha trabajado con directores como  Daniel Monzón, en ‘El Niño’ [2014], Raúl Arévalo, en ‘Tarde para la ira’ [2016] o Jaime Rosales, en ‘Petra’ [2018]. En cuanto al teatro, ha participado en obras como ‘D. Quijote, Fragmentos de un Discurso Teatral’, que se estrenó en el City Center Theater de New York o ‘La cárcel de Sevilla, gracias a la que ganó el premio al mejor actor en la Feria de Teatro del Sur de Palma del Río. En octubre de 2019 estrenó en el Teatro Kamikaze ‘Ricardo III’, con la que sigue de gira, dirigida por Miguel del Arco y protagonizada por Israel Elejalde. Tres años antes había estado interpretando en este mismo teatro ‘El plan’, escrita y dirigida por Ignasi Vidal, que se había estrenado el año anterior en La pensión de las pulgas y que poco después pasaría al Teatro Marquina. Tres años interpretando a Ramón sobre un escenario hasta que, después de verla, el director Polo Menárguez decidió llevarla a la gran pantalla con el mismo Del Barco interpretando a su Ramón, pero esta vez acompañado por Raúl Arévalo y Antonio de la Torre.

Polo Menárguez te pidió que dejaras atrás lo que llevabas tres años haciendo en el teatro para adaptarte a su visión de la película.

Sí… Como en el teatro todo tiene que ser un poco más grande, sobre todo en un teatro convencional, porque esta función la estrenamos en La pensión de las pulgas, que ahí sí era todo un poco más pequeño, pero luego estuvimos tres años haciéndola en teatros grandes, donde toda la gestualidad y la expresividad tienen que llegar al último espectador. La película exigía todo lo contrario, llegar a lo mínimo, porque tiene mucho plano corto. En el fondo, me costó menos porque lo que hacíamos en La pensión de las pulgas era muy parecido a lo que se hace la película. Yo estaba rodando la película en el salón de un piso, rodeado de 20 personas del equipo y era como estar haciéndola en Las pulgas con 30 espectadores alrededor. El tono, la gestualidad, la intensidad… La función era mucho más cómica que lo que hemos hecho en la película; lo que hacíamos en el teatro igual en cine habría funcionado menos, era un poco vodevilesco y no era la idea.

Ese juego que tiene tu personaje de esconder y sugerir, ¿es más fácil o más difícil de hacer en el cine?

En el cine todo es tapar y tapar… En el teatro, entre comillas, es más fácil porque el personaje hace un arco seguido mientras que en el cine ruedas una secuencia que está siete antes o siete después… La dificultad sobre todo era tener muy claro de dónde vengo, saber qué ha ocurrido antes para que, cuando se monte la película, corresponda porque mi personaje desde el principio va dando datos. Lo que está haciendo es tapar, por lo que tengo que ver en qué situación estoy para saber qué tengo que tapar y eso, claro, no tiene nada que ver con el teatro.

¿Y qué le aportaste tú al personaje, además de lo que ya venía en el texto y lo que te había pedido el director?

Lo que le sumé al personaje, y esto lo hablaba mucho con Polo… Digamos que le aporté en la parte amable del personaje, había que hacerlo de la manera más natural que pudiera y lo hice llevándolo a mí lo máximo posible. No es que yo tenga nada que ver con él, pero, en ese aspecto de personaje mediador que trata de quitar hierro entre los compañeros, dejarme ser lo más yo posible. Por eso hablo como yo hablo… Bueno, todos lo hacemos, no hemos forzado nada, ni el lenguaje ni la gestualidad. Teníamos que conseguir que el espectáculo o la película fuera como si alguien mirara por una mirilla o, como en La pensión de las pulgas, como si alguien estuviera sentado en el salón de tu casa observando esto que está ocurriendo. Para eso, todo tiene que ser cero impostado.

¿Te permitiste jugar a algo distinto, probar algo nuevo, respecto a lo que estabas haciendo en la obra de teatro o a cómo habías concebido a tu personaje?

Sobre todo, lo que más probé… La relación de energía con Antonio y con Raúl era diferente porque son actores diferentes a los otros dos actores que estaban en el teatro. También todo, en la película, es mucho más cercano. Y luego, sí, dejarnos… Estos dos son unos gamberros, los dos, y tienen muchas tablas en el cine, así que aprovechamos su experiencia cinematográfica, la de Antonio y la de Raúl como actores y Raúl, además, como director, para hacer esas cosas que se pueden hacer en el cine cuando estás fuera de cámara para ayudar al compañero. Me ayudaron mucho en esas cosas que en el cine tienes que dar sin hablar y casi sin hacer nada a las que igual no es fácil llegar de manera natural, pero si hay una ayuda externa para llegar a un resultado… Ellos en eso me ayudaron mucho e hicimos bastante camarilla. También yo les hice a ellos, porque hicimos más complot y llegamos a secuencias donde utilizamos una serie de artimañas fuera de plano para que el actor llegara a lo que el director quería ver en ese momento. Y creo que lo conseguimos bastante.

El proceso de creación de este personaje, ¿fue similar al que sueles seguir o para cada proyecto hay un proceso distinto?

Va en función del proyecto y del medio. Ahora mismo estoy haciendo una función de ‘Ricardo III’ con Kamikaze e interpreto como diez personajes diferentes y es en base a lo que proponga el director… Yo he hecho teatro con unos quince o veinte directores diferentes y con estilos absolutamente distintos y me adapto a lo que pidan. Y, bueno, doy, desde mi punto de vista, lo que creo que puedo aportar, pero en ese aspecto soy muy dúctil.

¿Cómo es Polo Menárguez como director?

A mí me parece un director magnífico porque tiene una sensibilidad tremenda. Nosotros ensayamos solo una semana, adaptar el texto y ver nuestras relaciones y demás, y él te deja mucho campo libre para proponer, pero por otro lado tiene muy claro lo que quiere, por lo que llega un momento en el que sí toma una decisión. Pero deja mucho campo libre a la improvisación; de hecho, improvisamos bastante. Ensayamos algunas cosas y dejaba improvisar, meter cosas de texto que en ese momento nos venían… No era un director tajante y, sobre todo, tiene mucha sensibilidad. Además, en su cabeza, también porque es montador, tiene muy claro cómo quiere rodar las cosas para que luego funcionen porque tiene el montaje en la cabeza. Eso es fundamental, que un director sepa montar… Hay directores que ruedan y luego no saben cómo montarlo, pero si ruedas ya sabiendo lo que quieres montar después, es más fácil a la hora de poner las cámaras y de ver los planos.

¿Crees que se ha notado su experiencia rodando documentales?

Bueno, creo que eso le tiene que haber ayudado bastante, pero, como te decía, también el período que ha estado trabajando como montador. Esas dos cosas, creo, le han ayudado mucho a la hora de hacer su primer largo de ficción. Y te digo que estoy seguro de que va a hacer muchos más porque es muy joven y tiene un talento enorme.

A la gente que sí ha visto la obra en el teatro, ¿qué le puede atraer de la película?

A ver, la trama es la misma, pero si esa gente la ha visto en un teatro grande, no habrá apreciado muchas cosas que sí se aprecian en la película. Ir a verla al cine les va a dar la oportunidad de averiguar cómo habría sido de interesante ver la función estando a un palmo del actor. Volviendo a lo que hablábamos antes, sería la experiencia de La pensión de las pulgas. Cuando hacíamos la función ahí, yo tenía en la mesa dos espectadores sentados conmigo. Comía pipas sentado con dos espectadores como ahora mismo estoy contigo aquí. Y esa experiencia la pueden tener en el cine porque tú serías la cámara y, por tanto, pueden tener el privilegio de estar dentro de esa función que veían de lejos, en la que igual no apreciaban bien la gestualidad, la mirada o lo que se le podía estar pasando por la cabeza al personaje en ese momento. Creo que es bastante más impactante poder hacer, como si dijéramos, un zoom a la cara de los personajes y verlos desde esa otra visión.

Además de en ‘Ricardo III’, ¿en qué otros proyectos te vamos a poder ver?

Bueno ahora estoy haciendo una cosa para Movistar, una serie que está haciendo Javier Sierra, ‘Otros mundos’. Estoy interpretando a Antonio Rivera, que fue un ufólogo muy famoso en España que escribía libros de ovnis. Luego voy a tener una participación en una película de una directora joven, también, Júlia de Paz. La película se llama ‘Ama’ y está basada en un corto que se hizo… Y luego tengo unas pruebas que he hecho y que no sé si saldrá algo de alguna serie, no sé… Igual ahora después de la peli a lo mejor a alguien le interesa más. Y con el ‘Ricardo’ es que tenemos gira hasta diciembre, así que lo del teatro está cubierto hasta final de año.

Por María Cappa