En 1983, Ricardo Iniesta y la actriz Carmen Gallardo decidieron fundar la compañía de teatro Atalaya. Caracterizada por un particular trabajo del cuerpo y la voz de sus intérpretes, la lectura contemporánea de los clásicos y su innegociable compromiso con la realidad y el contexto social en el que viven, esta compañía fue galardonada con el Premio Nacional de Teatro en 2008. Ahora llegan a Madrid con un montaje que ha recibido 12 premios en 12 meses, que ha sido aclamado por la crítica y que pone al público en pie allí donde lo representan: ‘Rey Lear’. Hasta el 1 de marzo podremos ver en el teatro Fernán Gómez esta versión de la que muchos consideran la obra cumbre de Shakespeare en la que la crítica al poder y la búsqueda de la condición humana desnuda, despojada de lo superfluo, se alzan como los grandes temas sobre los que reflexionar. En Tituloriginal hablamos con la protagonista de la obra, Carmen Gallardo, a quien el director de la compañía, Ricardo Iniesta, eligió para interpretar a Lear simplemente por considerarla la mejor para el papel.

De todas las lecturas que se pueden sacar de esta obra, ¿con cuál os habéis quedado? ¿Qué es lo esencial, para vosotros, de ‘Rey Lear’?

Nosotros siempre elegimos una palabra clave para cada montaje y, en este caso, la protagonista sería la ceguera. Esa ceguera de no ver lo que tienes delante, de no ver la traición, no ver quién te quiere más o quién está a punto de traicionarte o de sacarte los ojos. Por ejemplo, a Gloucester le sacan los ojos y justo cuando se queda sin ellos es cuando más ve lo que tiene delante, que es la traición de uno de sus hijos y el amor que le tiene el otro, que ha salido huyendo porque lo persiguen para matarlo. Y también es un canto contra el poder, contra los poderosos y un canto por la esencia del ser humano en su propia desnudez, sin necesidad de nada más que su propio cuerpo.

Este montaje se estrenó a mediados de 2018. ¿Cómo ha crecido o evolucionado desde entonces?

Nosotros solemos trabajar con mucha precisión, entonces cuando el montaje se estrena está, prácticamente, cerrado. Incluso te podría decir que la manera de trabajar el texto sería como una partitura musical -o sea, que siempre se dice de la misma manera-. Y con el cuerpo pasa lo mismo, trabajamos con partituras físicas, también, de manera que hay una partitura de acciones que van como en un engranaje con el propio texto. Lo que sí es cierto es que, al principio, cuando se estrena el espectáculo puede darnos, a nosotros desde dentro, la impresión de mecanicidad, pero lo que cambia en el espectáculo a medida que se van abriendo pequeños matices que te ayudan a encontrar la verdad del momento, que sea más verdad y menos mecánico el trabajo.

Es el primer protagonista, pero no el primer personaje masculino que interpretas. El cuerpo, la voz, ¿se trabajan de otra manera o esas diferencias se establecen más en función del personaje que del género en sí?

Va más en función del personaje. Por ejemplo, una Madre Coraje no se movería igual que una Melibea. Una Madre Coraje tiene los pies más en la tierra y puede parecer muy masculina, pero una Melibea es mucho más grácil en sus movimientos. No, el género no influye en la manera de moverte. A ver, un poco, sí, evidentemente, pero sobre todo es el personaje. Yo he interpretado al niño muerto en ‘Así que pasen 5 años’ y al príncipe York en ‘Ricardo III’ y evidentemente no se mueven de la misma manera.

¿Cuál suele ser el proceso de creación de tus personajes? ¿Siempre es con los demás o hay algo que creas por tu cuenta y que después pones en común para que, a partir de ahí, crezca?

Hay un momento de trabajo personal y otro de trabajo en equipo. Nosotros partimos de hacer una propuesta, es como poner en escena tu visión del espectáculo donde puedes trabajar con compañeros o bien individualmente, con todos, con algunos, donde eliges música, haces un diseño de luces y donde lo interesante puede ser no trabajar una escena de la obra directamente, sino utilizar textos de otras obras o de un poema. No vamos directamente a trabajar una escena para buscar un resultado, sino que nos perdemos un poco para ver qué encontramos en el camino. Y luego, individualmente, cada uno tiene su propio entrenamiento, donde hay una parte de búsqueda que tiene que ver con los personajes que te toca hacer. Y no solo el personaje, sino que depende también del tipo de interpretación. Por ejemplo, ‘Celestina’ es como más grotesco y ‘Rey Lear’ sería más mayestático, por lo que la interpretación es algo más diferente, aunque Atalaya tenga su propio sello y su manera de trabajar.

Decías, durante la rueda de prensa, que lo que más complicado te había parecido del personaje de Lear era el viaje que hace durante la obra. ¿Cómo lo has resuelto?

Pues con ayuda de Ricardo [Iniesta], porque claro, yo todavía soy más joven que Lear y la energía que tengo la tengo que contener, aunque tiene que estar ahí. Eso es lo más complicado. Y se consigue poco a poco, limando y puliendo asperezas.

Hace ya cuatro décadas que te dedicas a la interpretación. ¿Sientes que has evolucionado, que ahora eres capaz de afrontar cosas que al principio te costaban?

Primero, se crece mucho como persona, porque lo mismo que nosotros queremos cambiar algo en el mundo y en el espectador para que se vaya a su casa reflexionando sobre lo que ha visto, que no solo sea un divertimento… Ese cambio empieza por uno mismo. Quizá en lo que más haya crecido como actriz es que tienes un poco menos de miedo. Aunque el miedo siempre está y el poquito de nervios, que es bueno que esté, además, para que tenga energía y no te acomodes a lo que sabes hacer, supone un poco de riesgo… Pero se tiene un poco menos de miedo, ya no te paraliza tanto. Aprendes también a no juzgarte ni prejuzgarte a medida que se trabaja en el proceso. Cuando era joven era muy exigente. No es que no lo sea ahora, pero no de manera destructiva.

Este año se celebra el 37º aniversario de Atalaya, una compañía con unas veinte personas, todas contratadas, con cinco espectáculos en el repertorio al mismo tiempo, ensayando más de cuatro meses cada obra, permanentemente de gira… Casi al estilo de las compañías de cómicos del siglo XVII…

Sí, nosotros nos sentimos privilegiados por poder trabajar en una compañía o en un grupo estable donde además podemos vivir de esto. No ganamos mucho dinero, pero sí lo suficiente como para vivir de esto. Por desgracia no hay muchas compañías así. De hecho, tengo compañeros que lo están intentando y, claro, para poder dedicarse a esto y dedicarle tiempo a este oficio tienen que tener otros trabajos para poder pagar un alquiler, para poder comer… Y cuesta mucho trabajo. Atalaya es que lleva desde el año 83, entonces… También, aparte de que se mantenga por su propio trabajo y por subvenciones y demás, ayuda mucho la resistencia del equipo para seguir trabajando juntos, porque son muchos años, somos casi una familia. Ricardo y yo, que somos los que más tiempo llevamos, estamos desde el 83, entonces acabas entendiéndote muy bien y, a veces, tirándote de los pelos, pero ahí seguimos. Esa resistencia de seguir con el equipo adelante, con nuestra filosofía de este oficio es lo que hace que también se mantenga el equipo. Y, bueno, que vaya entrando gente nueva, también.

¿Tenéis pensado o estáis preparando ya el próximo proyecto de Atalaya?

Bueno, ahora hay otro espectáculo en el que estoy yo con otras dos actrices de las antiguas de Atalaya. Seguían en activo, pero en las clases de laboratorio y demás, que se llaman Marga Reyes y Aurora Casado. Tuvieron niños y ahora que están más mayorcitos… El mío cumple ya mismo 27 años, pero los de ellas son más pequeñitos y es ahora cuando han conseguido incorporarse de nuevo y hemos hecho un espectáculo que se llama ‘Las brujas de Macbeth’ [escrito por Antonio Álamo]. Y luego, sí, hay más proyectos a la vista, pero de eso ya no puedo hablar –dice entre risas-, no estoy autorizada todavía.

Por María Cappa