Armando del Río es un creador, un contador de historias. Desde que debutó como actor en ‘Jamón, jamón’ [Bigas Luna, 1992], hemos podido disfrutar de su trabajo en la gran pantalla en títulos como ‘Historias del Kronen’ [Montxo Armendáriz, 1995] o ‘Km.0’ [Yolanda García Serrano, Juan Luis Iborra, 2000]. Además, ha formado parte de algunas de las series más recordadas por los españoles. Desde ‘Hospital central’ hasta ‘Torre de narcos’, pasando por ‘Sin tetas no hay paraíso’ o ‘Gran Reserva’, Del Río ha sido capaz de mostrar infinidad de personalidades, matices y registros, lo que hace de él uno de los actores más versátiles de nuestro país. Desde hace ya varios años, su inquietud artística lo llevó a fundar, junto con su mujer, la actriz Laia Alemany, Cromagnon Producciones para poder ejercer de director y contar sus propias historias. Fruto de este emprendimiento, ha salido cortometrajes como ‘La leyenda del hombre lento’ y ‘Karma’, ambos con una exitosa trayectoria en festivales de todo el mundo. Ahora tiene planes para convertir estas dos historias en largometrajes, además de continuar su carrera como actor. Actualmente, podemos verlo las series ‘El Nudo’, de Atresplayer Premium, y ‘El último show’, de Aragón TV y en la película neerlandesa ‘Penoza: The Final Chapter’ [Diederik Van Rooijen, 2019].

No sé si coincidirás, pero, de todos los contenidos, parece que el cortometraje es el que más se acerca a la expresión “por amor al arte”…

Sí, bueno… Por amor al arte y por visión de futuro, también, supongo. Casi todo el mundo que hace cortos, al final, quiere hacer algo más que dirigir cortos. Es un poco ir plantando semillas. Lo que pasa es que las salidas que tiene un corto son muy limitadas: que te lo compre una televisión o, como me pasó a mí, que me compraron en Japón el corto de ‘El hombre lento’. Pero son excepciones. Y luego que te vaya bien en festivales. Si no, dependes mucho de las ayudas, pero suelen ser a fondo perdido. Una inversión, más que otra cosa.

¿Esta inversión a futuro es el motivo por el que en tu productora, Cromagnon, habéis empezado haciendo cortos?

Sí, y también porque las historias que tenemos son complicadas de realizar porque son largos bastante high concept, ¿sabes? Un poco caros. También los cortos a mí me sirven para hacer de teaser de ventas de los proyectos, presentarlos y ver que, además de que yo puedo dirigir, la historia funciona o, por lo menos, que crea expectativas, ganas de ver la película entera. Los cortos los hago también un poco con esa intención; tanto con ‘El hombre lento’, que estoy desarrollando ahora el guion del largo… Estoy con tutorías de DAMA Ayuda, que son unas ayudas que da la asociación de DAMA… Entre más de 500 proyectos han elegido ocho, entre lo que está este corto, que está guay. Y también me sirve pare demostrar que el corto ha funcionado, que ha ganado muchos premios del público… O sea que es una historia que tiene mucha comedia y que funciona muy bien. De hecho, el feeling que estoy teniendo con la gente está muy bien.

Hace un tiempo le hice una entrevista a Laia Alemany y me decía que Cromagnon, entre otras cuestiones, nace para aportar vuestro grano de arena a la industria. ¿Qué quieres aportar tú con ‘Karma’?

Primero, tengo un concepto como una coproducción. Es una película bastante cara, una historia que sucede a lo largo de más de mil años, con muchos flashbacks a otras vidas… Es una historia complicada de contar porque son tres personajes que van reencarnándose durante cientos de años y hay que hacer un seguimiento tanto de los personajes como de la historia que tienen en común, esa venganza, ese amor, ese odio… Creo que, sobre todo, las historias que se me ocurren y que escribo no son las típicas que estamos harto de ver de comedias románticas, thrillers y poco más, sino que son diferentes, tanto esta de ‘Karma’ como la de ‘El hombre lento’, por lo que hay que encontrar un productor gordo o la televisión que apuesten por este tipo de proyectos un poco más especiales o un poco más en la línea de películas como ‘Ventajas de viajar en tren’ [Aritz Moreno, 2019]. ‘El hombre lento’ sería más Tim Burton, un rollo tipo ‘Big Fish’, ‘Eduardo Manostijeras’, ‘Benjamin Button’… Ese tipo de películas. Y ‘Karma’ es un drama fantástico. Son películas diferentes.

Desde que empezaste con Cromagnon has rodado cuatro cortos. ¿Has notado una evolución?

No… Es que yo tampoco tengo un carácter muy fijo, entonces ruedo también dependiendo de cómo sea la historia. ‘El hombre lento’ y ‘Karma’ no tienen nada que ver, por lo que la forma de tratar visualmente la historia es muy diferente; ‘El hombre lento’ jugaba con más angulares, con luces más contrastadas… Bueno, el año pasado hice un taller inmersivo con Asghar Farhadi del que salió un cortito, ‘La maleta’… Voy aprendiendo porque soy bastante audidacta y voy haciendo cosillas, pero creo que lo principal es tener en la cabeza lo visual, el cuadro que quieres. Luego, cómo lo consigues, ya… –dice entre risas-. Y luego lo que tienes que aprender es que en un corto, sobre todo cuando no tienes un apoyo financiero, lo que tienes en la cabeza y lo que sale no siempre es lo mismo, así que al final tienes que ir adaptándote un poco a lo que te da el equipo, a lo que puedes conseguir con el material que tienes… Hay ciertas cuestiones que te limitan y ahí tienes que echar mano de la imaginación.

En una entrevista dijiste que dirigir te había ayudado a entender lo pesados que sois los actores y la cantidad de cosas con las que tiene que lidiar el director. ¿Crear Cromagnon Producciones te ha ayudado, también, a entender a esa figura tradicionalmente malvada que es el productor?

Sí, un poco sí, en el sentido de que cuando tienes un presupuesto finito, tienes que tenerlo todo controlado antes para que no se te vaya de las manos, porque luego siempre salen partidas que no te esperas, así que tienes que tener un tanto por ciento de remanente por si acaso… Hombre, sí, entiendes un poco más al productor, pero esa es la faceta que menos me gusta, es la menos agradecida.

También escribes las historias que ruedas…

Sí, pero no soy guionista ni escritor. Por eso ahora la peli de ‘Karma’ la estoy escribiendo con Agustín Franch, que es un guionista con el que estamos colaborando. No solo escribiendo esto, sino con una obra de teatro que tenemos entre manos, que en un principio dirigiré yo. Esta semana tenemos una reunión muy importante. Es una comedia y estamos intentando montarla para ponerla en un teatro gordo de Madrid con actores de primera fila. Y luego con él estamos un poco asociados porque estoy también moviendo sus proyectos  y los míos juntos; sus historias no tienen nada que ver con las mías, algunas son un poco más sencillas, entonces eso nos ayuda a tener diferentes materiales para poder venderlas.

Aunque no sea tu faceta, ¿escribir te ha ayudado a entender eso de “no me toquéis el guion”?

Nooo… Mis guiones, por lo menos, se pueden cambiar siempre que sea para mejorarlos. Yo ya sé lo que quiero  decir y si se puede decir de una forma que a mí no se me haya ocurrido y se le ocurre al actor, fantástico. No, para mí los guiones no son inamovibles. Es verdad que a veces trabajas con un guion que está perfectamente escrito y no hace falta tocarlo, pero hay otros que hay que modificarlo todo, dejar solo la idea de lo que quiere contar esa escena y ver cómo puedes decirlo.

Estabas hablando de que tienes planes para dirigir una obra de teatro… ¿En qué se diferencia de dirigir una película?

No tienen absolutamente nada que ver, creo yo. Lo único similar es el trabajo con los actores, lograr que sean el instrumento por el cual cuentas una historia, pero es totalmente distinto. El director de teatro tiene todo el rato la misma escenografía, todo el rato el mismo cuadro y tiene que mover a la gente en ese cuadro. El cine es movimiento, es todo lo contrario; mueves la cámara y mueves a la gente dentro del cuadro mientras estás moviendo la cámara. El teatro es más estático y tiene mucha más importancia la palabra  y el movimiento de los actores en el escenario, que tengan coherencia.

¿El proceso creativo del director es similar al del actor?

Yo creo que son diferentes proceso… Claro, como director, en mi caso, de mis propios guiones, con lo cual el proceso ya es diferente porque empieza un poco desde la nada, con una idea, a veces a partir de ahí se crea enseguida la estructura de la historia, pero hay veces que cuesta más y solo tienes la idea, por ejemplo, de un tío que lo hace todo a cámara lenta, pero ¿qué historia cuento dentro de ese concepto? Luego, como director, una vez que tienes imágenes de la idea que quieres contar, la tienes estructurada y empiezas a crear las secuencias, empieza, también, la imaginación para ver cómo cuentas una escena o cómo cuentas una historia que ya tienes creada visualmente. De pronto ves un plano en la cabeza y te lo apuntas para una determinada escena, por ejemplo. Eso también sucede cuando eres actor porque tienes el mismo guion que tiene un director que no haya escrito la historia. Y, como actor, yo también visualizo la escena; lo que pasa es que lo que yo visualizo y lo que visualiza el director no coincidirá, probablemente. El problema es cuando no hay tiempo para hacer que coincidan ambas visiones, lo que hace que como actor estés un poco descolocado, por eso tienes que ser dúctil para adaptarte a la visión que tiene el director. Claro, para eso hay que ensayar y ese es otro problema, porque en televisión, a veces, no tienes tiempo para hacerlo. Yo creo que el trabajo que hacen el director o el guionista… Creo que ellos siempre tienen que saber más que el actor de la historia; si no, mal vas.

Se están emitiendo ahora tres trabajos tuyos como actor: ‘El nudo’, ‘El último show’, y la película neerlandesa ‘Penoza’. ¿Qué ha sacado de ti cada uno de estos personajes?

Creo que son absolutamente distintos… El primero es un tipo bastante resentido con un punto de soledad muy agravado y con muchas inseguridades, un enorme sentimiendo de inferioridad, resentimiento hacia su madre, porque le abandonó de pequeño, que le hace ser bastante retraído y asocial. Quiere ser algo que no es, ese profesor brillante al que todos sus alumnos admiran, un poco como Robin Williams en ‘El Club de los Poetas Muertos’ [Peter Weir, 1989], que sería su ideal. Ha cometido muchos errores y al final eso le va cerrando, pero sobre todo es un tipo con un gran resentimiento y que, además, está enamorado de alguien que no le corresponde, por lo que es un tipo que se pone una mordaza a sí mismo. El de ‘El último show’ es todo lo contrario, es un tío para afuera. Es tan para afuera que, si le entran ganas de llorar, sea donde sea, se pone a llorar como un loco, o se pone a bailar de repente… Es un viva la vida de disfrutar, comer bien, viajar, ir con la moto… Por ejemplo, no tiene ningún problema en ponerse un kimono japonés o una chilaba, porque ha estado en Marruecos… Es totalmente otro rollo y tiene mucho más humor. Y el de ‘Penoza’ es un policía corrupto narcotraficante que tiene lazos con familias de narcos, por lo que es un mal tipo, aunque con elegancia.

También, en verano, se estrenó ‘Bellezonismo’ [Jordi Arencón, 2019] que te permitió hacer un tipo de personaje muy surrealista que has hecho pocas veces.

Sí, es que la película en sí es muy surrealista, es un humor muy absurdo, muy chorras y el personaje es un loco, un pasado de la vida… Lo que pasa es que de tan loco que está, tiene puntos tan desfasados que están dentro ya de la comedia. Es un personaje que no lo había hecho nunca porque está muy en el límite.

¿Como director te inclinas más hacia un tipo de género?

Bueno, me gusta el fantástico, pero con historias que contar… Creo que hay que contar historias que sean un poco de superación, ¿no? Que tengan un punto de enseñanza; sin moralina, pero de enseñanza. ‘Karma’, por ejemplo, habla del perdón, de la reconciliación para dejar atrás las deudas kármicas, las agresiones que has sufrido, tienes que dar un paso para adelante; la reconciliación entre el agresor y la víctima. ‘El hombre lento’ habla de un tipo que es diferente, especial, pero que quiere ser como los demás y al final tiene que descubrir su papel en el mundo. Bueno, parece que son historias… Me gustan las historias de gente diferente, no sé… Ideas que siempre se me vienen a la cabeza son las enfermedades raras de gente que lees en el periódico y piensas: “Qué tipo de vida tiene que tener alguien con este tipo de dolencia”. Cómo te transforma lo que te ha tocado vivir.

Con ‘Karma’, además de un largo, también tenías pensado hacer una serie. ¿Hay mucha diferencia a la hora de concebir ambos?

Creo que es todavía más complicado aún hacer una serie, al menos desde el punto de vista del guion, de tener que desarrollar… A ver, creo que también es más agradecido porque puedes desarrollar a los personajes mucho más a conciencia y durante mucho más tiempo, hacer que el público se enamore de ellos más fácilmente porque los van conociendo. Pero, claro, tienes que crear toda una trama que te dure muchas horas de visionado, más las tramas para una potencial segunda temporada, mínimo… Y luego jugar con muchos personajes; la historia que yo tengo, al menos, es incluso más complicada que ‘Karma. La película’ porque viene desde los Neandertales. Como proyecto está ahí, vamos a empezar con reuniones, pero entiendo que es bastante complicada, es para hacerla con pasta y, probablemente, con plataformas o con una productora gorda que se meta y que apueste.

¿Y algún proyecto inmediato, además de tu intención de dirigir teatro?

Tenemos dos cosas de teatro; esta y otra más para la que también tenemos una reunión esta semana. Ahora mismo estamos cerrando cosas para el trabajo con la productora: estas dos obras de teatro, proyectos de series… Ahora mismo no tengo curro como actor, así que estoy aprovechando para meterle caña a lo otro.

Por María Cappa