Ángeles Martín es, de por sí, una mujer positiva, alegre y risueña, pero cuando habla de teatro se le iluminan los ojos de una forma especial. Fue en este medio donde comenzó su carrera como actriz, con un texto de Antonio Gala, ‘Café cantante’, y hablándole de tú a una de las grandes divas del teatro de este país: Nati Mistral. Perfectamente capaz de dominar el teatro clásico y el contemporáneo, la comedia y el drama, Martín se convirtió en la musa de Francisco Nieva, con el que trabajó hasta en tres ocasiones. Aunque ganó popularidad con su faceta como presentadora de televisión, donde también ha participado en varias series, entre ellas ‘Yo soy Bea’ interpretando a La Chali, es su trayectoria sobre las tablas la que cuenta una historia de tesón, preparación, rigor y talento; tanto, que en la última edición de los premios de la Unión de Actores obtuvo el galardón a la mejor actriz de reparto por los seis papeles que interpretaba en ‘Hablar por  Hablar’, una versión teatral del mítico programa de radio dirigida por Fernando Sánchez-Cabezudo y adaptada por Juan Cavestany, Anna R. Costa, Juan Carlos Rubio, Alfredo Sanzol y Yolanda García Serrano. Y es precisamente con una obra de García Serrano, co-escrita con Laura León, con la que Ángeles Martín vuelve a subirse a un escenario, el de los Teatros Luchana, para interpretar a una de las tres hermanas de las que habla la obra ‘Cuidados intensivos’, dirigida por Blanca Oteyza.

¿Quién es tu personaje?

Es Luz, la hermana pequeña. Es la más mimada; tiene una enfermedad desde pequeña que le complica la infancia, por lo que todos estén protegiéndola desde que nace. Esto la hace débil, temerosa, miedosa… Es una mujer muy buena, con un gran corazón. De los tres personajes es el que más recorrido tiene porque, en estos treinta años, le pasan cosas increíbles… La vida, pasa por ella la vida, que piensa que va a ser de una manera y lo ejecuta, lo ordena, planea que sea así…. Es una mujer clásica; en el 82 quiere casarse y tener hijos y se casa con el mejor del mundo para ella. Pero la vida cambia, surgen ciertas cosas… Y es la que tiene un arco de personaje mucho más potente porque tiene que solucionar cosas… Cosas, la vida.

De todos los personajes a lo largo de tu carrera, nunca habías hecho…

¡Nunca! Además, al ensayo general les pedí y les rogué a dos de mis mejores amigos actores que vinieran a verla y cotejaran luego conmigo qué tal había ido y me dijeron: “Es el primer trabajo que te vemos en este registro, qué barbaridad, qué recorrido haces”. Es que es muy interesante para una actriz empezar una obra con 18 años y acabar con 50. Y cuando ya los tenemos, es muy hermoso. Hemos tenido que rebuscar en el baúl para llegar a las distintas emociones de los distintos años. Mi personaje empieza con 18 años, luego tiene 24, luego 29, luego 43, 45 y 48. O sea, que casi nada.

Te licenciaste como la mejor de tu promoción, empezaste a trabajar en teatro y lo hiciste con los mejores textos, directores y compañeros, trabajaste en la televisión y te hiciste muy popular, luego pasaste una etapa en la que tú misma has contado que no te llamaba nadie y en los últimos premios de la Unión de Actores te llevas el galardón a la mejor actriz de reparto…

Y sigue sin llamarme nadie. Menos mal que me ha llamado Blanca… Bueno, me llamó Rosa [Fernández Cruz], de producción… Yo me he tenido que reinventar a partir de los 48 años. El teléfono deja de sonar y tienes que tener los pies en la tierra; en mi caso tengo un vínculo precioso que me serena y que me coloca que es mi familia, mis hijas y mi pareja. Y luego yo soy una mujer tremendamente luchadora que tira para adelante… Una de las grandes mujeres con las que trabajé, y en mi primera obra, ‘Café cantante’, de Antonio Gala, mano a mano con Nati Mistral… Imagínate cómo empecé en el teatro. Pues ella decía que tenía un cartel en su casa que ponía: “Conmigo no van a poder”. Y yo se lo copié y eso que tenía entonces 24 o 25 años, quién me lo iba a decir. Pero sí, esta es la vida; tiene altibajos, no solamente profesionales, también sentimentales, físicos… Y yo siempre he tirado para adelante, he luchado, me he sentido muy querida por mi familia y por mis amigos, que tengo muchos en esta profesión, y eso es un impulso maravilloso. Si te caes, ellos están ahí para levantarte. Y es justo lo que pasa en ‘Cuidados intensivos’; lo hermoso de esta función, por lo que animo a todo el mundo a que venga a verla, es que habla de la vida, de la capacidad de salir adelante en las situaciones difíciles, de que unas veces tú eres las que ayuda y otras la que necesitas ayuda… Y luego del vínculo entre hermanas, de los verdaderos amigos que se convierten en tu familia. Con ellos tienes otro código y puedes ser tú misma, que es algo hermoso y que, en esta sociedad, cada vez te lo permiten menos.

Este premio de la Unión de Actores…

Sí, mejor actriz de reparto por la función ‘Hablar por hablar’. Allí hacía seis personajes. Fue una función dirigida por Fernando Sánchez Cabezudo y una producción de Fernando Cornejo, que se arriesgó muchísimo. Esta profesión es muy puñetera, así te lo digo, pero él se arriesgó y puso muchísimo dinero. Llevaba cinco años detrás de esta producción de la SER; conseguir los derechos fue para él muy difícil, pero conseguimos hacer un espectáculo grandioso en el Centro Dramático Nacional. En este caso vino toda la profesión a vernos, porque Fernando es un tío que sabe llegar al alma de la gente y fue el director adecuado para esta obra. Representábamos llamadas reales, todas salidas de los libros que escribieron Mara Torres y Macarena Berlín. Uno de mis personajes, con el que se volvieron todos locos, era de una mujer que llamó para decir que no encontraba su camisón y, al final, resulta que lo tenía puesto.

Que tus compañeros sean los que te den ese premio, ¿ha sido una forma de demostrarte a ti misma que has hecho bien en seguir luchando?

Que me dieran este premio para mí ha sido un sueño; era totalmente impensable… Es que soy una mujer muy individual y esta es una profesión de grupo. Yo he hecho mi vida, he hecho lo que he querido, y lo he pagado. Nunca he estado detrás de nadie ni he estado en un sitio para que me den trabajo… No. Y eso te pasa factura. Al igual que creo que me pasó factura mi época televisiva. He hecho programas de televisión, como presentadora; soy muy alegre y toda esa primera etapa me gustó mucho. Pero aunque en esta profesión, que nos queremos y nos llegamos a convertir en familia, también hay gente que crea envidias, malos rollos… Y esa etapa televisiva pudo confundir un poco, se me vio como una persona frívola y como nunca van a investigar a ver qué has estudiado o en qué has trabajado… Pero, vamos, no me importa. Hombre, doler, duele de vez en cuando porque soy absurdamente emocional y pasional. Pero me he cubierto con otras cosas; papeles estupendos, actores maravillosos, directores extraordinarios y compañeros a los que adoro y siempre mimaré y cuidaré. Y este premio ha sido un colofón hermosísimo a la admiración que he sentido por mis compañeros durante estos 28 años de profesión. Lo dije, cuando me lo dieron, que les adoraba y les respetaba porque esta profesión es dura, ardua, penosa, a veces, pero es la mejor del mundo. Trabajamos los mejores del mundo y así lo defenderé toda mi vida. Así que ha sido un gran regalo… Y luego nadie me ha llamado [dice con una sonora carcajada].

Pero eso no ha evitado que sigas trabajando

No, no, ahora tengo ‘Cuidados intensivos’ y, por otro lado, es lo que te comentaba, que me he reinventado y tengo mi propia productora, Desafora2, que es muy pequeñita. Tenemos una función que se llama ‘No hay papel’, porque no teníamos papeles. Somos dos actrices y mi compañero es el jefe de audiovisuales del Centro Dramático Nacional y así es la compañía. Llevamos cinco años llevándonos unas sorpresas increíbles. Ahora nos marchamos a Ibiza, a La Palma… Hacemos unas ocho funciones al año, que es muy poco, pero lo compaginamos con otras cosas y es nuestra producción, nuestro niño; es teatro social y hacemos lo que queremos, que es lo que llevo haciendo toda la vida.

¿Hasta qué punto te ha hecho evolucionar como actriz el hecho de haber trabajado con algunos de los mejores actores, directores y dramaturgos del país?

Hombre, me queda un largo camino, por lo que espero trabajar con algunas personas a las que admiro mucho y que todavía no me han llamado; no puedo decir sus nombres porque quedaría feo. Pero esos grandes de los que hablas me… Mira, incluso durante esa etapa en televisión, mi fijación era el teatro. Fíjate si me gustaba que lo dije cuando tenía cinco años: “Yo quiero ser actriz… de teatro”. Y, con todo el éxito que tenía en televisión, cuando tuve una oportunidad hice una sustitución a Carmen Conesa en ‘Los padres terribles’. Me dirigió Juan Carlos Pérez de la Fuente y sentía que era ahí donde tenía que estar… Como dijo Paco Rabal en un curso que hice con él: “Eso de que si el actor nace o se hace, no lo sé, es un cóctel”. Y creo que sí, que trabajar con los grandes, con gente tan potente como Amparo Rivelles, Amparo Baró –con la que también tenía un mano a mano-, José Pedro Carrión, Chema de Miguel… Todo esto te ayuda a ir descubriendo por dónde quieres ir, qué es lo que quieres hacer y cómo quieres continuar estando encima de un escenario. Es extraordinario.

¿En qué momento de tu desarrollo como actriz estás ahora?

Pues mira, te voy a confesar que sí que creo que en estos ocho últimos años soy mejor actriz. Y eso ha sido por lo que me han proporcionado los directores, los compañeros en escena y luego, también, por mi trabajo. Soy una persona muy trabajadora y muy disciplinada; hago un trabajo muy exhaustivo, muy elaborado para cualquier producción en la que esté, sea cine, televisión o teatro, da igual. Incluso si es para presentar un programa, soy muy obsesiva. Actuar siempre me ha hecho muy feliz, pero ahora creo que estoy con una chispa y con una serenidad… Ahora soy muy consciente de las cosas. Hija, la juventud… Puedes hacer un trabajo muy minucioso, pero a lo mejor no controlas y el control es maravilloso. Es una gozada. Y eso es lo que hace que una se sienta bien, que digas: “Voy por el camino que yo deseaba, se está cumpliendo lo que yo quería”. Ese es el sueño que tienes en tu cabeza.

¿Hay algún personaje o alguna obra que te haga decir: “Esto lo tengo que hacer”?

Antes, sí; ahora ya no. Ahora tengo que vivir y trabajar. Antes sí que tenía… Me gustaba mucho Shakespeare, Chéjov, Molière… Quería hacer cualquiera de estos clásicos. Te puedo hablar del premio que me dio Francisco Nieva cuando me convirtió un poco en su musa. Trabajar con ese artista, con ese esteta, es lo más grande del mundo; esas palabras que te llevan a un mundo onírico, de poesía, de pura estética imprevisible… Hice tres obras con él: ‘El manuscrito encontrado en Zaragoza’, ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’ y ‘Salvador Rosa’, que me dio el protagonista… Fue horroroso que se fuera, pero bueno, ahí está José Pedreira, su pareja, su compañero de viaje, que estoy convencida de que conseguirá hacer cosas hermosas como él. Entonces, claro, yo quería hacer funciones así. Es que a mí me gusta… Por ejemplo, si estoy en un Chéjov, me gusta entrar en el alma del ser humano. Al principio estuve estudiando psicología y creo que esa parte de ahí me motiva también un poco. En mi infancia me crié en un hostal de 40 habitaciones con gente de todo el mundo y mi madre nos enseñó a ser buenos anfitriones, a que la gente se sintiera bien. Y la psicología de unos y de otros, cómo se comportaban… Me interesaba muchísimo. Y ahora lo que me gustaría es trabajar con muy buenos directores, buenos compañeros y estar en calma, reírme mucho y disfrutar.

Por María Cappa