Por una vez el algoritmo de Netflix ha funcionado y me ha hecho toparme con una obra maestra de serie. Con un elenco lleno de cómicos, muchos de ellos de ‘Saturday Night Life‘, creado por el escritor de ‘The Office‘ americano y salido también de SNL (1997), me imaginaba una serie de bromas baratas y ritmo rápido. Pero lejos de la verdad, una noche a las 23:30 buscando algo ligerito y corto que ver antes de dormirme, me encontré binge watching unos cinco capítulos seguidos, y si no tuviera que madrugar para ir al trabajo, lo más probable es que me hubiera tragado la primera temporada de golpe.

Para mi esta serie se ha convertido en una pieza esencial en mi lista de series que hay que ver. Está cargada de filosofía, humor que parece absurdo pero que, si te paras a pensar, también es filosófica y de actores muy divertidos que no te dejan indiferente. Tienen mucha química, sobre todo a partir del final de la primera temporada, como debería ser cuando unos desconocidos se convierten en tu familia. Lo primero que me atrajo de la serie fueron los personajes. Son malos, son torpes, son humanos amargados o tontos. Pero se supone que han llegado al cielo. Cosa que ya te hace pararte a pensar en el más allá y tus acciones aquí. El sistema por puntos para determinar quién va al good place y quién al bad place se supone que es infalible, pero poco a poco a lo largo de tres maravillosas temporadas, descubrimos que es un sistema fallido porque los que lo crearon no tienen en cuenta muchas de las circunstancias y vivencias de los humanos en la tierra. Te hace poner en perspectiva el tema de las lecciones que debes aprender. ¿Cuántas veces tienes que toparte con el mismo sufrimiento hasta que aprendes la lección? ¿Cuántas veces te puedes enamorar de tu alma gemela? ¿Existen almas gemelas o son circunstancias? ¿Somos todos tan bueno o malos como nuestras acciones o todo depende de la motivación detrás de cada acción?

Es difícil vender sobre papel una serie que va sobre ética, moralidad, el más allá y cuestiones complejas. Me hubiera gustado estar en el pitch y saber qué dijo Michael Shur (también creador de ‘Parks and Recreation‘). Como fan de sus series, se puede ver que es un hombre de ideas complejas sobre el día a día, la amistad, el bien y el mal y la filosofía en general. También se puede apreciar que plasma todas estas ideas de manera brillante porque si se plasman mal, pueden ser un tostón.

En IMDB tiene un 8, los fans de Rotten Tomatoes le dan un 91% y los críticos un 92%. Yo le doy un 9’5 porque no he podido dejar de pensar en ella mientras la veía y ahora estoy ansiosa por la llegada de la cuarta temporada. No explico demasiado de que va porque todo sería un spoiler. Cada capítulo te deja con un cliffhanger y el final de cada temporada, boquiabierto.

Tenía miedo de que la tercera temporada, al ser acogida por Netflix, bajaría el nivel. Sí que es cierto que, en cuanto a diálogos y guion en sí, nos dan todo mucho más mascado, mientras que en las primeras dos temporadas daba más lugar a que cada uno cavilásemos acerca de lo que pensamos sobre el universo, las almas, la vida y la muerte. Pero no ha defraudado y esperemos que se pueda mantener varias temporadas más.

‘The Good Place’ es una serie con varios Emmys a sus espaldas, pero no me atrapa por ello, me tiene enganchada porque nunca nada, ni un libro, ni una película, ni una serie, se ha acercado tanto a mi teoría de las almas y el más allá. La serie se centra en Eleanor Shellstrop (Kristen Bell) y el momento en el que se despierta en el más allá y conoce a Michael (Ted Danson) quien le muestra el regalo utópico de vida que se ha ganado por ser buena. El problema es que ella no ha sido buena persona, pero le gusta muchísimo ‘The Good Place’ y quiere hacer lo posible por quedarse allí. Allí conoce a sus compañeros de viaje: Janet (D’Arcy Carden), un no-robot, no-mujer que sabe todo sobre todo, Jason Mendoza (Manny Jacinto) un chico muy muy tonto, Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil), una egocéntrica empedernida y Chidi Anagonye (William Jackson Harper), un profesor de filosofía que no puede tomar ni una decisión sobre nada. A este reparto ya explosivo se unen nombres como Adam Scott, Maya Rudolph o Stephen Merchant para acabar de dar las notas de humor a esta brillante fantasía filosófica.

Por Vibha D.M.