Uno de los mayores fenómenos que hemos tenido este verano ha sido, sin lugar a dudas, la serie protagonizada por Zendaya. A lo mejor, los más jóvenes la recordáis por ser una chica Disney de rostro angelical. Pues bien, eso no es la visión que vais a tener de ella en ‘Euphoria‘, os lo aseguro.

Muchos aseguran que parte de su fama vienen por la representación tan cercana y sin censuras que se ha realizado durante los ocho capítulos que dura esta primera temporada sobre la Generación Z, las perspectivas vitales de los que pertenecen a ellas y las distintas formas que tenemos de relacionarnos hoy en día debido al excesivo uso que hacemos de la tecnología.

Muchos críticos han señalado esto y se han apoyado en el peso de estas comunicaciones digitales para diferenciar a los personajes de esta serie con los protagonistas de una película dirigida por Larry Clark. No digo que este comentario sea erróneo, pero sitúa a los a los jóvenes drogadictos de ‘Kids’ en el 2019, con un teléfono móvil para poder llamar a su camello y ¡Bingo!, ya tienes a los estudiantes de ‘Euphoria’.

Lo que realmente diferencia a un guion y a una producción como la que ha tenido la serie revelación de HBO con algo que has podido ver anteriormente expuesto por directores como Clark o Harmony Korine son los distintos matices aplicados que la convierten en un producto comercial.

Ojo, esto último no es un comentario peyorativo, todo lo contrario. Creo que se ha conseguido generar un producto de ficción de masas que ha conseguido impresionar tanto al espectador de la Generación Z como a los Millennials y a los más entendidos dentro del cine independiente de adolescentes turbios y marginales.

No sucede lo mismo que en ‘Gummo‘, ni se critica lo mismo. Ahora, contamos con un elenco de actores atractivos que, gracias al trabajo realizado en la dirección de fotografía, te hacen sentir que tener una depresión es algo mágico. Y no me estoy refiriendo a que romanticen cuestiones graves como son los trastornos mentales. De hecho, considero que la forma de tratar con ellos es tan realista (dentro de su propio mundo y sus decorados) que deberían poder existir más contenido audiovisual dirigidos para una mayoría que no censure este tipo de situaciones.

Un problema que se da mucho en la cultura audiovisual es que, cuando intentas alejar la perspectiva marginal y lo que consideramos verdaderamente sórdido de la composición de la imagen y del guion, los trastornos mentales acaban siendo romantizados. Creo que ya es hora de que vayamos aprendiendo de que eso es algo negativo que ya van dando mucha pereza.

Vayamos al argumento.

Rue (Zendaya) acaba de salir de rehabilitación. Su hermana y su madre se la encuentran en su cuarto tras haber tenido una sobredosis. En los primeros minutos del piloto es la propia Rue donde no solo nos cuenta que es drogadicta si no que, desde el momento en el que nació, lo hizo rota. No existe constancia de que es: depresión, TDHA, ansiedad, trastornos de pánico, bipolaridad… Quizás, hasta lo es todo.

En el primer capítulo, tras salir de rehabilitación, pero sin tener intención de desengancharse de la droga, conoce a Jules (Hunter Schafer), una chica nueva que presenta una estética bastante llamativa, en una fiesta.

Durante la serie, utilizando la narración como un medio casi poético para describir sus propios sentimientos, Rue cuenta qué es lo que va sucediendo con los distintos personajes que componen ‘Euphoria’.

Las diferentes tramas de la serie consiguen tocar de forma directa y sin ningún tipo de censura cuestiones: lo que supone vivir con un trastorno mental, con una adicción a la droga, la transexualidad, la gordofobia, el sexting, las distintas orientaciones sexuales, la violencia de género… Y, por supuesto, las gilipolleces que hemos tenido todos de adolescente.

Durante los últimos años, hemos conocido distintas producciones como lo son ‘Skam’ o ‘Sex Education‘ que han conseguido profundizar en muchas cuestiones y han revalorizado el género. Pero, en mi opinión, Euphoria ha conseguido plasmar el feminismo de instituto, la experimentación y las bases de los problemas que, probablemente, arrastrarás posteriormente cuando desarrolles tu vida como adulto sin ningún tipo de tapujos.

Alejándonos del argumento y centrándonos en la parte técnica, Marcell Rév, Ron Leshem, Daphne Levin y Tmira Yardeni se han dejado la piel por conseguir una fotografía con personalidad propia. La profundidad de los colores, la importancia de la purpurina y todos los elementos elegidos por la dirección de arte han dado lugar a secuencias que perfectamente podremos ver en las escuelas de cine dentro de unos años. Ha sido un trabajo de 10 que, acompañados con la banda sonora, compuesta principalmente por Labrinth, no tendría ni por qué haber contado con diálogos para conseguir hablar por sí mismo.

Así que, aquí ando, contando los meses que todavía me quedan para la segunda temporada.

Por Andrea Cay