Hoy en día hacer buenas fotos significa fotografiar paisajes y personas en tus largos y cortos viajes. También, hoy en día cualquiera puede aparentar ser un buen fotógrafo con un Smartphone medio, un par de Apps embellecedores de fotos y una cuenta de Instagram. Te preguntaras a dónde quiero llegar, porque realmente esto no es ningún problema. Y no, no lo es, solo me hacen querer descubrir cada parte del mundo sin parar, sin trabajar, sin pasear por mi ciudad, solo sueño con el futuro de viaje en viaje y tiro porque me toca. Pero ese es otro tema, en realidad quiero traer a vuestra atención el hecho de que si antes para aprender a hacer buenas fotos podía mirar cuentas de Instagram profesionales, estas se hacen más difíciles de encontrar y básicamente ahora casi todo son chicas y chicos increíblemente guapos, demasiado enamorados y en parajes de ensueño. Claro que sigue habiendo cuentas de otro estilo, pero en los feeds generales, no están a la vista.

Todos queremos mostrar las cosas bonitas o curiosas que vemos a diario y sobre todo, buscamos la aprobación de nuestros seguidores (antes llamados amigos) o simplemente de desconocidos con los que jamás compartiremos enlaces más allá de eso. Una vez más, veo que para la gran mayoría esta transformación no es un problema. De hecho, para mí, las cenas con amigos y familia para mostrar las fotos de mis vacaciones se han convertido en un post al día en mis redes sociales durante el viaje. Las quedadas post aventura ya no son para explicar anécdotas y sugerencias, son más bien “vi esa foto, que guay…” pues eso, que esta es una transformación y nada más. Más y más gente sube stories, fotos, curiosidades e incluso comida, mucha comida.

Es una nueva fase de la globalización, nos basta con abrir nuestras redes sociales, especialmente Instagram para aprender sobre otros países y saber qué hacer y a donde ir en esos países si alguna vez queremos ir. Muchos se animan a convertir todo su esfuerzo en entradas de blogs, y esto también es de agradecer ya que supone más tiempo pero a la vez es una manera ordenada de acceder a información de primera mano.

El postureo vacacional es un arma de doble filo. Por una parte ayuda a expandir conocimientos, pero por otro hace que se hable menos, o por lo menos, de una manera menos directa sobre las experiencias personales más allá de lo que se ve o se come. Sobre todo, el postureo vacacional incrementa el ego de aquellos que se pueden permitir viajar sin parar a sitios increíbles. Hace parecer que algunos tienen una vida increíble mientras los demás tecleamos incesantes nadas desde nuestras oficinas. Pero innumerables veces me han dicho eso de, “no te creas todo lo que ves”, “a ver, que el postureo es el postureo, nada es tan guay en realidad”, “si, es todo muy guay pero duro menos de lo que parece”… vamos, que creamos un alter ego que vive la vida que en realidad queremos vivir y así proyectamos hacia el universo lo que queremos. Es una visualización digna de los libros de autoayuda y espiritualismo. Aunque también puede deprimir tanto a los que proyectan esas vivencias un tanto irreales o a los que ven esas proyecciones y las ansían.

Una vez más, son reflexiones que hago mientras hago ambas cosas; deslizo el dedo mirando vuestros feeds y subo mis propias vivencias para vosotros. El postureo vacacional existe porque para que negarlo, hoy en día, una pequeña parte de nosotros viaja o hace cosas para mostrárselo al mundo y a veces incluso para buscar aprobación. Últimamente he estado desintoxicándome de esto, a veces hago cosas sin el móvil, y me doy cuenta de un silencio y una paz que olvido que existe…y me encanta. Pero luego vuelvo rápidamente al aparato enganchado a mi mano. Probadlo a veces, se disfruta de otra manera. Gracias por vuestro postureo vacacional, espero que lo hayáis pasado en grande este verano.

Por Vibha D.M.