Hace tiempo en una de mis clases los alumnos comenzaron a discutir si ver The Irishman en casa en pequeñas píldoras de media hora era mejor que ir al cine, o si por el contrario, hay películas que aunque no tengan explosiones deberían verse en pantalla grande y de un tirón por muchas otras razones. (Aquí podéis consultar un artículo muy interesante del Wall Street Journal sobre esto). Lo cual me lleva a pensar en, qué películas elijo yo ver en pantalla grande y cuáles me espero a que salgan en alguna plataforma streaming (el tema DVDs sería otro debate).  ¿Qué necesita tener una película hoy en día para que la veas sin falta en la gran pantalla?

Debo admitir que he sido de ir poco al cine si no era como plan social y con un grupo de amigos. Luego, cuando los precios subieron, empecé a ir al cine solo en las fiestas de cine, o los miércoles de cine. Y ya, por último, solo pagaba para ver grandes efectos especiales, que durante unos años significaba ir a salas solo para ver películas de Marvel. Una vergüenza, lo sé. Hasta que descubrí eso de ir al cine sola, simplemente porque me apetecía estar en ese entorno. Qué deciros, me enganché y casi lo prefiero antes de tener que esperar semanas hasta ponerme de acuerdo con el grupo de amigos sobre horarios y dónde. También está el hecho de que ya no duran tanto las películas en cartelera y que desde que salió Avengers: Endgame no han parado de estrenarse películas que se deben ver en pantalla grande.

Tras ver El Faro, el ir al cine para ver películas ha adquirido un sentido mayor. Hay un género de películas llamadas experimentales, ‘mindfucks’, o pelis que cuando sales del cine dices “¡Qué cojones acabo de ver!”. Son esas películas que te hacen pensar, emocionarte, incomodarte, asustarte, y a veces incluso te hacen llorar y se quedan contigo tiempo después. Esta sublime película de Robert Eggers (The Witch, 2015) no es un filme, es poesía, es narrativa, es un experimento…el director está jugando con nosotros a la vez que nos está haciendo ver una parte oscura de su ser, que a su vez, es una parte oscura que tenemos todos nosotros. Es una película que si la ves en casa te sorprende y te perturba, pero no te llega a calar tanto como debería. El formato hostil 1:19:1 que te atrapa, el blanco y negro que acentúa los huesos, los músculos, las arrugas, y las facciones de los actores Williem Dafoe y Robert Pattinson que te miran a ti, sentado en tu butaca. Quienes nos han presentado con una de las mejores interpretaciones de su vida, sobre todo, Pattinson. Y el diseño de sonido, vaya sonido, le vuelve loco a cualquiera. Quizás eso es lo que busca Eggers a través del lenguaje propio de 1890 pero con tonos absurdos, con personajes que no encajan en ningún estereotipo que a cada paso te hacen cuestionar qué es realidad y qué es locura. Por no mencionar la relación con límites difusos entre los personajes Tom Wake (Dafoe) y Ephraim Winslow (Pattinson) y las alusiones a mitologías y libros clásicos.

Ver esta locura en pantalla grande, con sonido envolvente y sin escapatoria cada vez que me sentía incómoda, me hizo recordar varias películas experimentales o thrillers psicológicos que a lo largo de los años he visto desde un portátil que quizás se merecían ser vistas en el cine. De las cuales muchas no me acuerdo de sus nombres. Pero en los últimos años he notado cómo películas como Madre!, Midsommar, Nosotros, Neon Demon se tenían que ver en pantalla grande, aunque solo fuera por la fotografía. Después de ver El Faro tengo muy claro que voy a ir al cine siempre que se estrenen películas un tanto experimentales o de thriller psicológico. También voy a ir a ver películas que tengan una intención de convertirse en clásicos u obras maestras como Once upon a time in Hollywood, o The Irishman. También hay algo especial en ver películas antiguas o ya clásicas en gran pantalla, se está convirtiendo en un vicio. Básicamente, he pasado de ser una persona que quizás veía 5 películas al año a ser una que ve mínimo 5 al mes.

Aunque en lo últimos años hayamos visto el cierre de muchas salas míticas, seguimos teniendo unas 3,518 salas, según FECE. Sorprendentemente también, los españoles seguimos siendo de los que más vamos al cine en comparación con el resto de Europa. Obviamente, Francia sigue siendo el país de referencia en Europa, seguido del Reino Unido. En tercer lugar nos encontramos nosotros, seguidos de Italia y Alemania. El mismo estudio recogió datos de que aunque los que más van al cine tienen una media de 25 años, éstos también prefieren ver series streaming desde alguna plataforma y esto es lo que me preocupaba al escuchar a mis alumnos discutir sobre algo tan natural para mí como ir al cine.

En definitiva, hay que ir más al cine y apoyar otros tipos de cine que no sean solo los blockbusters ideados para las grandes pantallas. Hay otras películas que quizás están destinadas para festivales que logran traspasar las barreras y se plantan en nuestras salas que merecen una oportunidad porque en la gran mayoría de casos, no defraudan porque para llegar hasta allí, han tenido que pasar muchísimos más filtros que una película comercial cualquiera. Es una pena que se esté perdiendo este hábito y que ya películas como El Faro se vayan a ver desde un dispositivo móvil, porque no es esta la experiencia en la que tan duro ha trabajado todo el equipo, ni la que ideó el director. Invirtamos más en ir al cine porque los cines están invirtiendo en que vayamos más al cambiar el estilo de las salas y de lo que ofrecen como el pack experiencia, que de verdad, merece bastante la pena.

Por Vibha D.M.