Como fan de Taika Waititi (Lo que hay en las sombras, Thor: Ragnarok) me cuesta escribir esta crítica. Estoy igual de dividida que el público y los críticos. Puedo entender la bella sátira a la que aspira Waititi, pero no la acabo de ver. Por una parte es una película ingeniosa y dulce pero por otro lado, me parece que no ha acabado de llegar al punto álgido que buscaba. Quizás por el tema que trata acabe gustando, y a la vista está con las 6 nominaciones a los Óscar y el premio del público en el festival de Toronto pero no se ha mojado lo suficiente, no ha acabado de marcar ninguna línea, no se ha definido nada. Lo mejor de la película son las alusiones a todas las sátiras Nazis, lo peor, que se queda en la superficie haciéndome pensar constantemente en lo que podría haber llegado a ser y no es.

A nivel estético no me puedo quejar, trabaja bien el vestuario y los paisajes recordándome a Moonrise Kingdom (2012) de Wes Anderson. El imaginario infantil, las similitudes irónicas con los aliados, y a veces alguna frase bien dicha por algún personaje convierten la parte del campamento en lo más divertido de la película. Una pena que solo fuera el desencadenante del resto del relato y que durase tan poco. Todo lo que pasa en la casa queda un poco limitado para ser cine de gran pantalla. El juego de ingenuidad por parte del niño de 10 años fanático del Tercer Reich y con el mismísimo Führer como amigo invisible me recuerda a La vida es bella (Roberto Benigni, 1997). Hay que innovar en la manera de contar la barbaridad que pasó para que nunca quede en el olvido, y la manera de Waititi me gusta. Pero se me hace pesado y largo en momentos por lo masticado, directo, y poco sutil que son los diálogos, quizás no quería que la gente pasara por alto lo que quería decir, pero entonces con media hora menos de metraje también llegaríamos a la misma conclusión.

Tiene destellos de brillantez trayendo a mi mente sátiras bien definidas como El gran dictador (1940, Charles Chaplin), To be or not to be (Ernst Lubitsch, 1942), o incluso Los Productores (Mel Brooks, 1967). Aunque, a diferencia de estas películas que me dejaron con un claro mensaje en el que pensar después y me hacían reír durante, Waititi me ha confundido con el mensaje de que “hay buenos en ambos bandos” y en más de una ocasión me ha hecho sentir incómoda. Como el momento de Rosie (Scarlett Johansson) quien intenta aligerar el ambiente siendo una madre graciosa que le quita el hierro a todo, pero lejos de sentir una relación curiosa como la de Otis y su madre en Sex Education hay algo que me falla. Quizás sean las actuaciones, que no me acaban de, cosa que no tiene que ver con los actores porque Johansson nos ha deleitado este mismo año con una interpretación magistral en Marriage Story. Entiendo  que se está creando un mundo ilusorio pero los cambios de tono no están bien tratados y esto hace difícil entender las emociones que te quiere hacer sentir el director. Sientes más empatía con Elsa la judía que vive en la pared con cualquier otro…y hacia el final de la película el niño me ponía muy nerviosa y dudo que esto es lo que se buscaba. Otra vez, nada que ver con la interpretación ya que veo futuro para Roman Griffin Davis (Jojo). El que me ha encantado y el que tiene el arco de transformación mejor definido es el del Capitán Klenzendorf (Sam Rockwell). Taika Waititi no está mal como Nazi gracioso pero no paro de compararlo con el Hitler de Er ist wider da, lit (David Wnendt, 2015) y es que ese me pareció buenísimo.

Waititi se ha arriesgado y en gran parte le ha salido bien, pero para mi gusto no se ha mojado lo suficiente. Es como quien pretende hacer una superproducción con el dinero de un bajo presupuesto – se queda a medio camino de ningún lado. Entiendo lo que quería hacer y es honorable, pero para mí, no lo ha acabo de conseguir.  Aun así recomiendo verla, aunque sea solo por la lección que quiere dar y porque realmente es una sátira de algo que no deberíamos olvidar jamás y siempre es mejor ver algo con humor que otro drama.

Calificación: 7/10

Por Vibha D.M.