Cuando pensábamos que no se podía innovar con las películas de guerra, va Sam Mendes y se supera.  Como fan del cine bélico disfruto bastante con este estilo. Desde ‘Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), pasando por ‘Platoon (Oliver Stone, 1986) o ‘Black Hawk Down (Ridley Scott, 2001), este cine nos ha enseñado el lado más emocional y físico del ser humano. Con ‘Dunkirk’ (Christopher Nolan, 2017) pensé que se había llegado a otro nivel que volvía a obligar a la gente a verla en pantalla grande. Me sorprendió ver una película solo sobre la batalla, casi sin diálogo y con una increíble edición jugando con la cronología y un magnifico diseño de sonido. ¿Qué más se podía hacer?

1917‘ cuenta la historia del Teniente Blake y el Teniente Schofield y su misión de atravesar la Línea de Hindenburg o “tierra de nadie” para interceptar un ataque de 1600 soldados Británicos que estaban cayendo en una trampa ideada por los Alemanes. Hay muchas maneras de contar esta premisa y mucha historia que consultar. Mendes apostó por la más personal de todas. Inspirándose en las historias de su abuelo (Alfred H. Mendes) quien combatió en la Gran Guerra y se encargaba de enviar mensajes entre batallones, a quien le dedica el metraje, Mendes construye una narración junto a Krysty Wilson-Cairns (Penny Dreadful) que va más allá de la guerra. Es una historia sobre el deber y lo que aguanta un ser humano para cumplir con ello.

Durante 119 minutos Mendes nos muestra a través de la fotografía de Roger Deakins (Blade Runner: 2049) y el montaje de Lee Smith (Dunkirk) un falso plano secuencia que te mantiene al borde de tu asiento todo el tiempo, hasta que de manera muy poética cierra el círculo. Por primera vez veo un falso plano secuencia sin cansarme porque esta vez está totalmente justificado desde el guion. Un poco como pasando fases de un videojuego los personajes principales Blake (Dean-Charles Chapman, sí, es Tommem Baratheon) y Schofield (una fichaje bastante acertado) van atravesando dificultades y puntos peligrosos de esta tierra habitada por soldados Alemanes y Británicos. Nunca sabes de donde va a salir el próximo peligro ni de qué forma, si un disparo, una avioneta o el temporal. Lo que hace Mendes es darle mucho sentido a cosas que hemos interiorizado como ficción. Ni los disparos y los peligros de la guerra son un juego, ni la guerra es una historia épica sobre héroes. Vemos partes de la guerra que jamás nos han mostrado, casi podemos oler los cadáveres putrefactos a través de la pantalla, y vemos lo menos bonito, lo más real y cruel de la guerra. Todo esto con la producción fascinante de la mano de Dennis Gassner (Blade Runner: 2049), el diseño de sonido, y la banda sonora propia del cine de guerra. Pero sin florituras, porque las medallas no importan, importa el sentido de responsabilidad y de querer volver a casa con los seres queridos.

Es una película crudamente humana que no te deja indiferente, ya no solo por la magnitud de la película en sí, si no, por las emociones que despierta. Como si todo esto no fuera suficiente, disfrutamos de cameos de la talla de Colin Firth, Benedict Cumberbatch, o Richard Madden. Sam Mendes nos introduce en el campo de batalla, nos hace ver el punto de vista de los soldados, y nos adentra en las emociones que sienten al vivir todo aquello. Puede que las películas de guerra sean épicas pero Mendes nos muestra que la guerra es totalmente otro tema.

Calificación: 8/10

Por Vibha D.M.