El divorcio no es algo bonito y ninguna de las partes sale bien parada jamás, aun así, hablando de algo tan doloroso, Noah Baumbach ha hecho su primer feel good film. En ‘Historia de un matrimonio’ el director vuelve a impregnar a sus personajes de sus vivencias haciendo eco de su propio divorcio de la actriz Jennifer Jason Leigh. Nos ofrece una visión cruda, realista, y cotidiana de los entresijos que supone el proceso de divorciarse. La película, que dura 2h17min, respaldada por Netflix, tiene una premisa arriesgada de vender. Si hablamos de divorcio, nos esperamos un dramón lleno de tristeza, pero Baumbach consigue engancharte con una humanidad a veces áspera, a veces preciosa. Te pinta un cuadro de los seres humanos de una forma real, sin florituras.

Ya desde el póster, vemos a una familia feliz. Los primeros minutos de la película hablan de amor y te hace preguntarte durante todo el film ¿cuándo se acaba el amor? ¿Qué pasó para que dejasen de quererse? Algo que te va explicando con calma a lo largo de toda la narración. No hace falta haber pasado un divorcio, o ser niño de divorcio, ni haber tenido una ruptura para entender a los personajes, porque son muy cotidianos y reales. Te los crees, y te crees que existen fuera de la pantalla. El divorcio es algo normal, y así te lo explica Baumbach. Pasa por todas las fases que hay que pasar y desde los dos puntos de vista. Es difícil posicionarse ante un despliegue tan equilibrado de la historia. Ambos han cometido errores irremediables, aun así, se siguen apreciando, y seguramente nunca se dejen de querer, pero la pareja ya no existe y hay que salir de esa toxicidad. Esto es lo que más me ha sorprendido para bien de la película. La narración tan poética, con las metáforas visuales esconden lecciones de vida necesarias. En la sutileza de la manera en la que utiliza el lenguaje cinematográfico para explicar algo tan real sin caer en la exageración, está la grandeza de esta película. Con ‘Frances Ha’ me llamó la atención, con ‘The Squid and the Whale’ empecé a darme cuenta que no hace falta pasarse para hacer ruido, pero con ‘Marriage Story’ ha pasado a ser un genio para mí. Vi la película como si estuviera leyendo una novela, disfruté de cada minuto, y no quise que se acabara porque en las novelas, los personajes pasan a formar parte de tu día a día mientras duren las páginas. Al estar en Netflix, mucha gente podrá ver la película en pequeñas píldoras y quizás de más esta sensación.

Lo que la gente quiere saber al final es quién es el bueno, y sí volverán a juntarse o no. Estas cosas son banalidades, no importan. Lo que importa es lo que siente cada uno, las razones que tienen para separarse, la manera en que lo hacen, las cosas que se dicen, y como rehacen su vida después. La elección de actores es sublime. Adam Driver se supera con cada papel que hace…cuando canta “Being Alive”, cada lágrima que deja caer, a cuando grita a su exmujer cosas que nunca se deberían decir…es increíble. Y pensar que lo primero que vi de él era como se tiraba a lo bestia a Lena Dunham en ‘Girls’. Scarlett Johansson articula de manera tan perfecta cada emoción que pude sentir como pasó de ser una niña asustada en el cuerpo de mujer mayor y rota a una joven y feliz actriz tras liberarse de la carga que sentía. A estas magníficas interpretaciones se suman Laura Dern, Ray Liotta y Alan Alda que hacen de abogados del diablo, literalmente. [SPOILER A PARTIR DE AQUÍ] El final se podrá debatir, pero a mí me ha parecido feliz. Está lleno de esperanza ya que tanto el amor, como el odio, y todo el bagaje emocional que comparten, se transforma en algo nuevo que parece que podrán llevar bien, por el niño, que al final, es lo que importa.

9/10
Por Vibha D.M.