Formó parte de una banda de música, Dos Pasos, que incluso llegó a editar un disco, pintaba –por influencia de su padre- y, cuando se siente lo suficientemente inspirado, hasta escribe poesía. Sin embargo, Oriol Tarrasón es más conocido por su faceta como actor, especialmente en televisión, donde lo hemos visto en ‘Los Misterios de Laura’, ‘Seis Hermanas’, ‘Doctor Mateo’ o la miniserie ‘Tornarem’. Hace casi diez años fundó su propia compañía, Les Antonietes, en la que ejerce de productor, director y dramaturgo. Su último montaje, una brutal adaptación del ‘Othello’ de Shakespeare, acaba de ser nominado como mejor espectáculo de pequeño formato en los premios de la revista especializada Teatre Barcelona. Actualmente, se encuentra rodando la nueva serie de Mediaset, ‘Señoras del (h)AMPA’, que protagonizarán Toni Acosta, Malena Alterio, Nuria Herrero y Mamen García.

¿Qué nos puedes contar, tanto de ‘Señoras del (h)AMPA como de tu personaje en esta serie?

La verdad es que la serie es muy divertida y tiene algo diferente. Esto es lo que más me gusta, que te ofrece algo distinto a lo que estamos acostumbrados en la ficción española, sobre todo en la comedia. Hay una especie de cliché, un tipo de humor determinado, y aquí estamos yendo a todo lo contrario. Estamos intentando hacer una interpretación lo más realista posible, pero, al ser las situaciones tan exageradas, se dispara la fractura que lleva a la risa. Es muy divertida; yo llevo cinco capítulos leídos y, sobre el papel, ya me río. Y mi personaje va a estar girando alrededor de las protagonistas. Como ya te dice el título de la serie, todo tiene que ver con este doble sentido de la Asociación de Madres y Padres de las escuelas, pero se juega con la acepción del hampa, de la mafia, digamos. Mi personaje va a estar vehiculando por ahí, pero de esto sí que puedo decir poquito porque me queda mucho por leer todavía.

Cuando anunciaste en las redes sociales que ibas a formar parte de la serie, estabas en Barcelona dirigiendo ‘Othello’. ¿Tuviste tiempo para preparar el personaje o lo vas creando a medida que vas leyendo el guion y rodando capítulos?

Pudimos ensayar… No siempre hay tiempo en la tele, pero sí que pudimos ensayar y construir un poco la idea sobre cómo es el personaje, pero luego las situaciones que se irán descubriendo son las que le van a ir dando forma. Digamos que empiezas la serie con un 50% o así de la visión del personaje, pero luego las tramas concretas… Pero sí, nos dio tiempo de ensayar y, como en ‘Othello’ estoy dirigiendo y me pilló hacia la parte final de las representaciones, he podido encajarlo bien.

Este proceso de primero ensayar y después ir modelando al personaje, ¿es habitual en la televisión?

No, no, para nada. No hay tiempo. Lo que marca mucho el audiovisual es el tiempo. El tiempo es muy caro, en la vida y en la televisión, entonces normalmente se empieza ensayando poco -cada vez, menos- y al final se va grabando cada vez más rápido. Y aquí, la verdad, nos están dando bastante tiempo para ensayar y creo que eso se está notando; es lo que hace que esta serie tenga algo diferente. Y luego tiene una energía de los dos autores –Abril Zamora y Carlos del Hoyo- que son muy jóvenes, tienen muy claro lo que quieren y aportan algo distinto.

¿El tiempo es la diferencia fundamental a la hora de trabajar en teatro y el televisión?

Sí, yo creo que el teatro es un gota a gota. Sabes que tienes un tiempo para construir algo durante uno o dos meses de ensayo, ocho horas cada día, y vas construyendo poquito a poquito. Hay días que no sale nada, que lo que sale no te gusta o que avanzas un poco pero te das cuenta de que te estás equivocando y hay que volver para atrás… Y eso que has construido, aunque no lo uses, ha quedado en algún lado. En televisión, no; cada día que termina un rodaje tienes que haber grabado ocho, diez o veinte páginas y, por tanto, no hay tiempo, porque tampoco puedes decir: “Oye, que no ha quedado bien, mañana lo volvemos a grabar”. Eso no cuela.

Hemos hablado de tu compañía de teatro, Les Antonietes, en la que la mayoría de las veces tu papel es el de director y dramaturgo, en muy pocas ocasiones actúas. ¿Es porque te sientes más cómodo dirigiendo?

Me siento diferente, me siento… No es más cómodo, sino más completo como director porque siento que puedo usar más cosas de mí. La cabeza está todo el rato funcionando, no sé… Hay una parte artística que decido yo a nivel estético, pero también como compromiso vital conmigo mismo, con el arte, con la sociedad, escoges los proyectos… Todo eso hace que sea más visceral. Interpretar está más supeditado a formar parte de un universo, que también es guay… A mí lo que me funciona es combinar las dos cosas. Cuando solo hago una, me falta la otra.

Como dramaturgo, has adaptado clásicos y has escrito obras a partir de textos de diversos autores, como sucedió en ‘Somni americà’, que estaba basada en obras de Arthur Miller, William Soroyan, Tennessee Williams, Eugene O´Neill… ¿Cómo encuentras el equilibrio entre el respeto por el texto original y tu propia mirada sobre esa obra?

No sé… Si se lo preguntaras a los autores originales a lo mejor estarían enfadados conmigo porque les he roto las obras. Creo que el respeto se nota en… Por ejemplo, en ‘Somni americà’, había gente que me preguntaba de quién eran los textos que había usado porque querían leerlos. También me pasó con ‘Stockman’ que la gente saliera de la sala con ganas de leerse la obra de Ibsen [‘Un enemigo del pueblo’]. Creo que la muestra de respeto se nota ahí; algo bueno habrás hecho con el texto cuando la gente se quiere leer el original. Además, nunca he adaptado una obra pensando: “Esto no me gusta, lo voy a cambiar”, sino en que algo me gusta tanto que quiero que la gente lo conozca. Y luego que encontrar la manera de hacerlo; primero, pensando en las posibilidades económicas y en las de mi compañía, pero también porque hay obras que, si no las acercas al hoy, cantan mucho. Por ejemplo, con ‘Othello’, que es la adaptación más bestia que he hecho y la más reciente, me interesaba mucho contar la trama entre los tres personajes centrales: Othello, Iago y Desdémona. Además, si presentas la obra tal cual está la original, queda muy antigua. La función de la mujer es un mero recurso; está ahí, esperando que la maten, pero realmente no tiene mucha fuerza. Yo me veo incapaz de hacer esa obra así hoy en día porque no le veo sentido a construir un universo que pretendo que sea cercano al espectador y colocar a la mujer como un mero recurso dramatúrgico que solo sirva para que yo te cuente una historia, pero que no puede incidir en su vida, en su sociedad, en sus relaciones… Si yo, como espectador, veo eso, me alejo, entonces creo que hay que construir el personaje femenino desde el papel que tiene actualmente.

En ‘Othello’ abordas el conflicto desde un punto de vista más feminista que el original, pero no es algo que hayas hecho ahora aprovechando que es un tema del que se está hablando mucho, sino que ya planteaste algo similar hace dos años, cuando adaptaste ‘Un tranvía llamado deseo’. ¿Te adelantaste a la necesidad que tenía la sociedad española de tratar esta cuestión o lo habías visto en la obra de Tennessee Williams desde que la leíste?

A mí lo que me pasó con ‘Un tranvía llamado deseo’ fue que la leí e inmediatamente pensé: “Esta obra habla de ella”. Lo que pasa es que en el imaginario colectivo de todo el mundo la obra habla de él, pero eso es por culpa, o por causa, de que había una bestia parda que se llamaba Marlon Brando que salía en la película. Me puse a investigar e incluso encontré un documental en el que Elia Kazan le dijo a Tennessee Williams –que fue quien escogió el reparto- que no incluyeran a Brando porque se llevaba la obra (porque la hizo primero en teatro y después en cine). Eso ha hecho que, para mí, se entienda mal. De hecho, cuando hicimos la obra, el actor que elegimos para interpretar a Kowalski se dedicaba más al circo que a la interpretación y, en la rueda de prensa de presentación, dijo que no entendía por qué estábamos todos tan fascinados con ese personaje cuando a él le horrorizaba porque es un hijo de puta que pega a su mujer y viola a su cuñada cuando su mujer está dando a luz. Y ese fue el enfoque que le dimos a nuestra versión; estamos hablando de una mujer que es juzgada por no encajar en un mundo que no funciona y que acaba loca porque es la única salida que le queda.

Además del machismo, la violencia de género… ¿Qué otros temas te parecen lo suficientemente relevantes como para que se interpele a la sociedad, al público, desde la ficción?

Uf, es complicadísimo porque… Hay temas que me parecen clarísimos. Por ejemplo, la corrupción; no solo política, sino hasta qué punto el hombre es o puede ser corrupto también desde un punto de vista ético, que es un poco lo que tocamos en ‘Stockman’. Pero luego hay muchos temas… Ahora, justamente, lo que estoy intentando construir para la próxima obra es que no sabemos qué hacer con los residuos. Y no hablo de los físicos, sino de los abuelos, que me parece que se los trata de la misma manera. No sabemos qué hacer con ellos. Estamos en una sociedad en la que nos pasamos toda la vida construyendo, dando, trabajando, entregando… Y, cuando te toca recibir algo a cambio, nadie te quiere y nadie sabe qué hacer contigo, se te aparta. Creo que ahí hay un problema sobre el que deberíamos pensar. Y me gustaría poder hacer una obra sobre esta cuestión con actores mayores, porque con lo actores está pasando lo mismo que con el resto de la sociedad. Como en la sociedad los abuelos no importan, tampoco hay papeles para ellos.

Bueno, esto es un “quiero y no sé si voy a poder”, pero, además de ‘Señoras del (h)AMPA’, ¿qué proyectos a corto o medio plazo tienes?

En realidad, seguir girando con ‘Othello’ porque es una obra a la que le queda mucho recorrido. Aquí tocamos un tema que es el uso intencionado que se hace de los medios y las redes para manipular descaradamente la verdad, que me parece un tema importantísimo. Y esta respuesta también sirve para la pregunta que me has hecho antes. Con esta función abordamos de manera muy directa este asunto porque, al fin y al cabo, Othello funciona a través de un hombre que dice una mentira y nadie la contrasta; se da por supuesta y acaba teniendo unas consecuencias realmente nefastas.

Por María Cappa