Si hacemos un repaso por las comedias que han pasado por la televisión generalista de nuestro país en los últimos años, hay un nombre que se repite recurrentemente: Olatz Arroyo. Ha sido guionista de ‘Aída’, ‘Yo soy Bea’, ‘Maitena: Estados alterados’, o ‘Gran Hotel’, entre otras, además de coordinadora de guion en ‘Allí Abajo’. Su primera película, ‘El mejor verano de mi vida’, es una de las cintas españolas que más ha recaudado en taquilla en 2018. El próximo 15 de septiembre moderará el debate ‘Nuevas tendencias en el guion audiovisual’, organizado por la Cineteca en colaboración con el sindicato de guionistas, ALMA, que se enmarca en el IV festival internacional de cine dirigido por mujeres: Directed by women. ¿Su objetivo? Poder escribir, producir y dirigir sus propios proyectos o, usando sus propias palabras, “ser la Tina Fey española”.

Has coescrito una de las películas españolas más taquilleras del año y eres coordinadora de guion de una de las series con más audiencia de la televisión generalista. Encadenar éxitos, ¿te hace más fácil encontrar trabajo o en tu profesión siempre se empieza de cero?

Depende. A veces, tengo la sensación de que siempre estás empezando de cero. Imagino que sí, que, por un lado, vas acumulando cierta experiencia que hace que la gente te llame, pero… En mi interior siempre tengo la sensación de empezar de cero porque todo trabajo nuevo es un reto distinto y tienes que ser siempre graciosa, dar lo mejor de ti. También tienes la confianza de que has salido de otras antes, ¿no? Y, aunque no sea algo consciente, te da cierto poso, cierta seguridad, lo encaras de otra manera.

Y, si participas en proyectos a los que les va bien, pero haces uno al que no le va bien, ¿te pesa como si nunca hubieras formado parte de proyectos de éxito?

No… Es que, para mí, no pesa tanto el éxito de público porque no depende de ti. El éxito depende de muchos factores. Desde que tú lo escribes hasta que llega a la pantalla y lo ve la gente pasa por muchas manos, hay muchos factores que intervienen en que algo sea un éxito o no. Lo único que puedes controlar es la calidad de tu trabajo. Me pesa más el hecho de que mis compañeros y mi equipo estén contentos con mi trabajo, eso es lo que me pone nerviosa y lo que supone un reto.

¿Qué diferencia una historia en la que la comedia está al servicio de los personajes de otra en la que los personajes están en función de la comedia?

Para mí, la diferencia fundamental es que en la primera la gente conecta mejor con el personaje. Me gusta muchísimo más la comedia que está en función de los personajes y de su estado emocional porque la gente no solo se ríe, sino que también conectan emocionalmente. Entonces, ¿por qué renunciar a una cosa cuando puedes tener las dos? Es más difícil, porque a veces te apetece hacer una situación descacharrante y tú sabes que el personaje no lo haría… Pero bueno, son elecciones, aunque a mí me gusta serle fiel al personaje, porque creo que el público se engancha mejor a ellos y lo suyo es que quieran seguir su historia. Lo ideal es que quieran al personaje y les interese qué le va a pasar, eso me parece lo más interesante, sea cual sea el género.

Hace tres años, en una entrevista, ya pedías que hubiera sitcoms de 20 minutos en España. Ahora, Antena 3 es la primera generalista que ha anunciado que reducirá sus series a 50 minutos. ¿Por qué es tan importante el tiempo? ¿Por qué no funcionan los 70 minutos?

Fundamentalmente porque, sobre todo en comedia, es muy difícil mantener el ritmo y la atención del público durante tanto tiempo. El ritmo en comedia es vertiginoso… Y el de  las sitcoms se mantiene mejor en 20 minutos. Al final, lo que hacemos en España son varias tramas de sitcom juntas en un capítulo. En lugar de ser una píldora de humor, terminamos haciendo varias a la vez que, bueno, funcionan, tienen éxito, pero requieren un gran esfuerzo por parte del guionista, y, además, lo quieras o no, se termina resintiendo el humor. En 70 minutos no se pueden sostener las tramas típicas de sitcom, que están muy centradas en la situación y en la idiosincrasia del personaje. En 20, sí.

Y 50 minutos, ¿son el punto medio o sigue siendo mucho tiempo?

No. Para mí, en comedia, 50 minutos sigue siendo mucho. A no ser que sea más dramedia, que ahora hay muchas series así, que son dramas con cierta ironía y comicidad, sin tener la exigencia permanente del ritmo de comedia y que se permiten momentos más pausados y contemplativos. Esas se sostienen fácilmente en 50. Pero ¿el tempo de una sitcom? Vamos, claramente, necesita los 20 minutos.

En los últimos años parece haber resurgido la censura en la ficción, en general (el caso de los titiriteros, en Madrid, o del rapero Valtonyc), y en la comedia, en particular. ¿Te condiciona a la hora de escribir?

Yo procuro que no me condicione lo externo. Me condicionan mi ética y mi escala de valores, básicamente, pero no la opinión de los demás. Yo creo que la libertad de expresión es fundamental para la creación, para el arte, para la ficción… Libertad de expresión para exponer tus historias y luego para recibir críticas, también. Todo el que vea algo que le ofende, le molesta o le parece racista o machista está en su derecho de decirlo. Tú, como autor, eres responsable de lo que escribes y tienes que estar abierto a las críticas, pero de ahí a que una no pueda expresarse libremente… Eso me parece muy peligroso. ¿Quién decide dónde está la línea? Cada uno tiene su criterio y, si quieres meterte en según qué temas en comedia, adelante. Eso sí, recomiendo hacerlo muy bien, asegurarse de que va a ser muy gracioso; peor que un chiste ofensivo, es un chiste malo, poco inteligente y sin gracia. Pero, por encima de todo, libertad total.

¿Y has visto que a compañeros tuyos sí les haya condicionado este auge de la censura?

Cuando escribes para cadenas generalistas tienes presente que hay cosas que no te van a aceptar porque necesitan agradar a todo el mundo, no quieren meterse en polémicas. Tú sabes quién es tu cliente y sabes qué es lo que no puedes hacer. Lo inteligente es colar cierta crítica de forma sutil y que todo el mundo lo reciba riéndose sin ser consciente de que lo está recibiendo. Sobre todo, en temas de feminismo, yo procuro siempre meter muchas cosas, a mi manera; que la gente reciba la crítica, reciba esa visión, sin ser totalmente conscientes de ello porque, si lo fueran, a lo mejor se pondrían a la defensiva. Lo que te permite la comedia es derribar esas barreras, los prejuicios.

Repasando tu carrera, casi siempre has hecho comedia, incluidos tus cortos. ¿Es auto-encasillamiento o es que empezaste en comedia y las ofertas que te han hecho te han ido llevando por ahí?

No, es que yo siempre tengo ese tono. Incluso cuando intento escribir un drama, termino escribiendo comedia. No me sale de otra manera, es mi forma de enfrentarme a la vida. Y, sobre todo, también me pasa que me resulta muy duro sentarme delante de un ordenador y dedicarle muchas horas a un guion para encima concentrarme en dramas, a mí me mata mucho. Yo necesito pasármelo bien y la comedia es una forma de hacerlo; buscar situaciones, reírte contigo misma… Creo que es la clave para divertirme con el trabajo porque, si no, se me haría muy duro. Pero bueno, también he escrito drama histórico, en ‘Gran Hotel’… Es divertido cambiar de género de vez en cuando y aprender; se aprende mucho escribiendo drama. Pero si me tengo que sentar delante del ordenador a pensar en mi película o mi obra de teatro, siempre va a ser comedia.

Desde que empezaste a trabajar, ¿has notado avances a la hora de reconocer el papel de los guionistas en la industria del cine o audiovisual o el papel de la mujer dentro de este campo?

Sí. Poco a poco, se notan avances. Sobre todo gracias a ALMA, el sindicato de guionistas, que siempre está machacando para que en las noticias de series nuevas o de estrenos de películas se nombre a los guionistas. Y gracias a CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas, que pelea para que haya más mujeres en el mundo audiovisual, incluido el de toma de decisiones, para que no exista ese filtro que impide que salgan a la luz historias diferentes con otras miradas que no sean el punto de vista androcéntrico de siempre. Sí, hay avances gracias a la pelea, a la lucha y a que estamos siempre encima, si no, no los habría.

¿Por qué tiene el guionista ese papel tan ingrato?

Pues no lo sé, pero es verdad, ¿eh? Es que clama al cielo, porque la idea empieza en el guion. Luego cada equipo lo coge y hace su trabajo con él; lo mejoran y le dan otra dimensión, le dan vida. Pero el germen es el guion y no entiendo que esté tan ninguneado. Puede ser porque el guionista trabaja solo, entonces parece que el guion aparece de la nada en la productora y ya lo cogen los diferentes equipos, que trabajan codo con codo y hay como sensación de grupo, frente el guionista que está en su casa, escribiendo solo y en pantuflas. Es muy ingrato cuando se nos ningunea tanto porque todo el trabajo de los demás ha surgido de ahí; todo parte del guion.

En el caso del guion de ‘El mejor verano de mi vida’, al escribirlo junto al director, que era Dani de la Orden…

Vale [interrumpe], tengo que aclarar que el director no la ha escrito. La película fue coescrita por Daniel Castro, Marta Suárez y yo. El director no tiene crédito de guion. Él nos ayudó a ver su idea de película y nosotros la plasmamos en el papel y ha quedado una película estupenda. Pero es importante aclarar que Dani de la Orden no escribió el guion. Él dirigió la película y muy bien, por cierto.

No, no, es importante aclararlo. Lo que te iba a decir es que, en esta ocasión, al escribirlo junto con el director, se te garantizaba que se iba a respetar lo que habías escrito…

No, pero, incluso aunque sea una peli de encargo, el director siempre tiene que plasmar su mirada porque él es el que pone en pie la película y el que la lleva a término. Su visión siempre es importante, al igual que lo es que esa mirada potencie la historia que está contando el guion y no se desvíe de lo que se está contando. En general se agradece que haya sintonía por las dos partes para sacarle todo el potencial a la historia desde ambos lados.

El próximo sábado, 15 de septiembre, estarás moderando un debate sobre las nuevas tendencias en el guion. Para quien quiera ir, ¿sobre qué nuevas tendencias os vais a centrar?

Se va a hablar de algo muy importante, que está aquí, que ya ha llegado, que son las plataformas: Netflix, HBO, Amazon, Movistar… Está cambiando muchísimo la forma de consumir, de producir y de encargar series. Y eso afecta al guion de muchas maneras. Por ejemplo, ya no hay una televisión generalista que quiere que una serie guste a todo el mundo, sino que ahora cada serie está pensada para distintos nichos. También afecta a la duración; por fin se pueden hacer comedias cortas. La emisión de la serie ya no te va pisando los tiempos de rodaje, sino que se produce la serie del tirón; se escribe y se rueda seguido y luego se pone entera en la plataforma. Eso mejora muchísimo los tiempos de producción. Afecta a muchos niveles. Todavía estamos en pleno proceso de cambio, pero a mí me parece una maravilla y creo que se va a empezar a hacer una televisión mucho más variada y se van a enriquecer muchísimo los contenidos.

Ahora estás desarrollando una serie para Movistar +, junto con Marta Sánchez, y escribiendo el guion de tu segundo largo. ¿Qué nos puedes contar de estos proyectos?

Pues está todavía todo muy en el aire, pero ambas son comedias con protagonistas femeninas. Estamos intentando hacer un tipo de comedia que no sea lo que se entiende como “comedia femenina” con los tópicos femeninos. Es un tipo de comedia con mujeres payasas que no tienen miedo a hacer el ridículo, que están tratadas exactamente igual que si fueran personajes masculinos. En el sentido de crear personajes más profundos, complejos y “reales”. Parece que en este género siempre se le tiende a dar la comedia a los hombres y las mujeres son como el apoyo, la figura de autoridad, como la pesada que siempre está llamando al orden a su pareja. Y nosotras estamos intentando darle la vuelta a eso; que haya mujeres que tengan todo el peso de la comedia, que se permitan equivocarse, ser torpes, incluso caer mal a ratos… en definitiva, que tengan muchas capas. Que sean personajes ricos. Eso es lo que nos motiva y lo que estamos intentando hacer en estos proyectos.

Por María Cappa