Por casualidad. Así explica Marta Salvador cómo entró en el mundo de la distribución cinematográfica.  Tras estudiar un máster de Gestión Cultural, estuvo trabajando casi un año en la Academia de Cine. Justo después, salió una oferta para alguien dedicado a la gestión cultural enfocado a lo cinematográfico y, según reconoce, acabó allí “sin tener  ni idea de distribución ni de festivales”, aunque pronto se dio cuenta de que era su verdadera vocación. En 2016, comenzó a trabajar en una gran distribuidora en la que comenzó a desarrollarse de manera independiente, probando para ver qué tal podía trabajar ella sola. Fruto de esa experiencia, hace menos de un mes, nació su propia empresa de distribución de cine en festivales, Distribution With Glasses, con la intención de crear algo que se ajustara a las necesidades que, durante estos últimos tres años, había percibido que tenían los directores y los productores con los que estaba en contacto.

¿Qué es una distribuidora de cine?

Puede ser muchas cosas. En el caso de Distribution With Glasses, es una distribuidora de cine en festivales, que es una de las posibles ventanas que tienen las piezas audiovisuales. Y lo que se hace es crear estrategias para las obras que nos llegan en un circuito competitivo. Esto significa que, dependiendo de las características de la obra que te mande un realizador, de sus expectativas para ella, de lo que quiera conseguir y de para qué se ha creado la obra, tú lo vas guiando en el mundo de los festivales. Es un mundo muy extenso, pero normalmente lo que vemos en la mayoría de los realizadores es que, una vez que la obra ya está producida, hay un vacío y no saben muy bien qué hacer, están un poco perdidos. Entonces, el trabajo de un distribuidor, aparte de crear estrategias y estar en contacto con festivales, creo que es guiar al realizador o al productor en ese camino.

¿Cómo se rentabiliza una obra que se mueve por festivales?

Claro, el problema es que este circuito no siempre es rentable. Lo que pasa es que, especialmente hablando de cortometrajes, al final los festivales son la ventana. Es verdad que cada vez más plataformas como Filmin o Movistar están comprando cortos, pero no es lo habitual que veamos en salas comerciales… Me cuentan que hace años se proyectaban antes de los largometrajes en los cines, pero eso ya no pasa o pasa muy poquito. En la tele no se ven los cortos, excepto en algún programa cultural de La2, el concurso de RTVE… Pero son espacios muy concretos y no llegan al gran público. Entonces, la mejor manera de que se muevan los cortos y se vean -porque cómo no vas a querer que se vea una historia que has conseguido montar con todo el trabajo que hay detrás- son los festivales. Pero, sí, es muy complicado hacer rentable económicamente la distribución en festivales. Sí que es verdad que hay muchos festivales, en España, muchísimos, que dan premios económicos, pero el dinero que puedes recibir en relación con la inversión no suele cubrir los gastos. Pero bueno, te da quizá otro tipo de visibilidad, de prestigio para luego acometer otros proyectos, pedir otras ayudas, que se te conozca como realizador…

Pero ¿quién paga a la distribuidora? ¿El realizador o el festival?

Los clientes de una distribuidora son los realizadores o los productores, que son las personas que deciden que quieren invertir en la distribución por festivales.

Los festivales… De hecho, hay alguno de ellos que te cobran por poder enviarles las películas. Cada vez más.

¿Y en qué consiste tu trabajo?

Mi trabajo empieza cuando recibo una propuesta de una obra ya terminada o en las etapas finales de la postproducción. Basándome en lo que he podido ver en festivales o en el tipo de obras que se están moviendo, el trabajo primero es de filtrado. Creo que es muy importante ser sinceros para decirle al realizador que, si es el caso, quizá su obra no funcione muy bien en festivales. También porque si le vas a cobrar dinero por un trabajo que no crees que vaya a tener éxito en ese circuito concreto, le estás engañando. Entonces, ese tiene que ser el primer paso. Pero si crees que puede tener cierto éxito y que se puede mover, empieza la conversación con el director o con los productores. ¿Qué quieres conseguir? ¿Un Goya? ¿Que se te vea en muchos sitios? ¿Que sean sitios pequeños para que tu nombre empiece a sonar porque estás trabajando en otro proyecto más grande y quieres que se te vaya conociendo? Siempre es muy importante tener comunicación constante con el director para que tu trabajo sea transparente, porque, al final, te han confiado a su bebé. Una vez que eso se ha pactado, tienes que respetar esas pautas que habéis marcado entre los dos y, a partir de esto, viene la creación de la estrategia. Esta fase consiste en escoger a qué festivales o a qué competiciones se puede presentar, estar en contacto con los festivales, venderles, en la medida de lo posible, la película -no siempre puedes porque hay algunos que reciben muchas películas- y hacer el seguimiento de los resultados. Y luego ya todo queda en manos de los comités de selección y los jurados de los festivales.

Igual que ocurre con los largos, ¿hay festivales de cortos comerciales, independientes, experimentales…?

Hombre, hay cortometrajes que, en cuanto los ves, sabes que van a funcionar en festivales porque son historias muy cerradas, muy de público… Sabes en que en un determinado momento en la sala se va a oír: “Oooohhh…” o se van a reír… Y luego los hay también un poco más experimentales. Lo bueno que tienen los festivales, creo, es que, en los programas finales, suele haber una mezcla de todos los tipos de cortos. Se programan cortos más vendibles, más agradables, pero no se dejan de programar otro tipo de obras más polémicas, cada vez más de denuncia social, quizá más experimentales para contar otras realidades o contarlas desde otro punto de vista…

Las distribuidoras, igual que las productoras o los directores, ¿tienen una personalidad, una identidad definida?

Esa identidad muy marcada es más propia de productoras, pero creo que las distribuidoras en festivales son más ambiguas, todo está más mezclado y depende más del criterio que tenga el personal para seleccionar el trabajo que mueve. Quizá haya algunas que solo muevan películas con un elenco conocido, que saben que va a funcionar muy bien porque llevan nombres muy sonados o hay otras que sí que se especializan en cine femenino -cosa que me parece muy positivo y creo que son iniciativas muy importantes-, pero no creo que tengan demasiada identidad respecto al tipo de trabajo que seleccionan.

¿En qué medida depende de la distribuidora el éxito de una película?

Pues depende, porque, en el caso de los cortometrajes, es muy sencillo que se queden parados porque no se sepa qué hacer con ellos si no tienen una buena distribuidora detrás. Por ejemplo, el famosísimo corto de Sorogoyen, ‘Madre’ [2017], ha estado en todos los festivales habidos y por haber. De España, seguro, e internacionales, también. Bueno, y llegó a los Oscar. Y eso es, en parte, porque se confió en gente que sabía por dónde moverlo… Claro, el nombre ayuda, la fama, el efecto llamada también es muy importante porque en el momento en el que estás en sitios muy importantes te llaman de otros porque les interesa ver ese trabajo… Obviamente, el trabajo tiene que ser bueno y eso es mérito del realizador, de la productora y demás, pero que alguien te ayude y te guíe por ese mundo de los festivales, que es un poco desconocido si no estás dentro, es muy importante.

¿Cuál es la relación de la distribuidora con la publicidad?

No siempre hay relación y, además, la publicidad muchas veces sale por parte de los propios festivales que, al anunciar sus programas, hacen publicitan los trabajos… Hay empresas dedicadas específicamente la marketing cinematográfico, pero no suelen estar unidas a las distribuidoras porque eso requiere un coste extra. Muchas veces el problema con el que se encuentra la distribución en festivales -y supongo que cualquier tipo de distribución, pero te hablo de la que conozco yo- es que todo el presupuesto se ha invertido en las etapas previas, hasta la producción, y una vez lo tenemos terminado no hay dinero, no hay idea de qué hacer con esto… Entonces, cada vez más hay concienciación de que la distribución en festivales es importante, especialmente en el caso de los cortos, pero, claro, el marketing es como un paso más, por lo que no suele ser tan habitual en este campo. Si se lo pueden permitir o pueden pedir ayudas es estupendo, pero aún así, ambas partes no tienen por qué funcionar juntas.

¿Qué películas estáis moviendo ahora?

Bueno, yo estoy especialmente orgullosa de dos cortometrajes de animación de Diego Porral, que es un talento de la animación brutal que tenemos en España y que ojalá encuentra la manera de volver aquí a trabajar porque ahora mismo está estudiando en una escuela de animación en Francia. El año pasado estuvo nominado a los Goya por su corto ‘Un día en el parque’ [2017]. No lo ganó, pero fue una pasada porque ver a un estudiante que está sentado compitiendo en los Goya con grandes estudios y grandes producciones… Claro, el talento no siempre depende los medios, aunque a veces sea difícil encontrar las oportunidades. Así que estoy distribuyendo ese corto desde hace casi un par de años ya, y sigue funcionando estupendamente, y a eso se ha añadido el siguiente corto de Diego, ‘Monsters walking’ [2018], que es muy cortito, de un minuto. Es en 2D, un poco más experimental, más polémico por la temática, y también nos está dando bastantes alegrías. Diego fue mi primer cliente, por así decirlo, y me siento muy orgullosa de que confiara en mí para empezar. Y también tenemos largos, documentales. Uno sobre laicos en Oriente Medio, uno sobre la prostitución contra la trata de personas, ‘El proxeneta’ [Mabel Lozano, 2018]… Van entrando poco a poco más clientes, pero un poco de todo. Es lo que te decía antes de que no hay que elegir solo un tipo, sino que tienes que confiar en una historia que merezca la pena contar.

Por María Cappa