Acaba de ganar el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cine de Madrid por su trabajo en ‘Lady Off’ [David R.L.], una película chiquitita en cuanto a presupuesto, pero enorme en cuanto a sus logros, no solo por haber conseguido tener una vida comercial, sino por haberse estrenado en el Festival de San Sebastián. Antes de esto, Marta Fuenar, que se ha formado entre España, Escocia y Estados Unidos, había hecho sobre todo teatro. De hecho, haber estado en durante varios meses en el circuito alternativo de Madrid dando vida a Lady Ana en ‘RIII’ (la adaptación que hizo Xavier Ariza sobre el Ricardo III de Shakespeare), fue lo que le abrió las puertas de este ‘Lady Off’ que tanta satisfacción profesional y personal le ha dado.

La película no tenía guion ni tampoco hicisteis ensayos previos…

Había un esquema. Sabíamos cómo empezaba una escena, qué pasaba entre medias y cómo acababa, igual que en la película en general, pero no estaba guionizado como tal más allá del texto de la escena de Ricardo III y Lady Ana.

¿Cómo te documentaste para algo así?

Vamos a ver… Me cogieron, entre otras cosas, porque había estado haciendo el papel de Lady Ana y, puesto que no iba a haber ensayos previos y que se iban a estar trabajando los dos personajes a la vez (los de Ricardo III y Lady Ana y los de Ricardo y Ana), querían actores que ya hubieran trabajado los personajes de Shakespeare para que fuera más fácil jugar con ellos en el rodaje. Entonces, como yo había estado durante tres meses en un teatro de Madrid con una función de ‘Ricardo III’, tenía muy reflexionado el papel de Lady Ana. Después, con todo ese esquemita que teníamos de cada escena y de la película, también tenía muy reflexionado el papel de Ana: qué le estaba pasando, cómo lo vivía… Pero, claro, estaba en mi cabeza; hasta que no estás con tus compañeros no sabes cómo va a salir. Estaba documentada en el sentido de que todo estaba muy reflexionado. Sí que tuvimos muchas conversaciones. Aunque no conocí a David [el director] hasta el día antes de rodar, sí que íbamos hablando de cómo orientar al personaje, pero hasta el rodaje no se concretó.

¿Cómo diferenciaste a Ana de Lady Ana?

Era una Lady Ana construida por Ana, entonces tenía muchas cosas de Ana… Y las dos tienen muchas cosas de mí, pero, para mí, era el texto de la obra de Shakespeare. Tenía muy claro cuándo estaba haciendo de Lady Ana porque no me flojeaba para nada, entonces ahí podía hacer el cambio, porque en Ana siempre estaba improvisando, con todo lo que yo tenía pensado sobre ella, pero siempre con la improvisación y luego, en función de lo que hablábamos con el director, lo íbamos cerrando. Pero, en principio, en Lady Ana el texto estaba muy cogido y el de Ana, no. Después, cuando se empiezan a entremezclar los personajes… Por ejemplo, hay una escena muy clara en la peli en la que Ricardo le desabrocha el vestido a Lady Ana y después le da el cuchillo. Yo me puse primero el vestido y después cogí el cuchillo. Cuando cortamos, hablando con David, le dije que Lady Ana nunca se habría puesto primero el vestido y llegamos a la conclusión de que esa era Ana, que, durante el ensayo, se sale del personaje. Y así trabajamos a partir de que los personajes se empiezan a entremezclar: cortar, hablarlo, determinar qué funciona y qué tiene sentido para la película y fijarlo.

La película habla de lo borrosa que puede ser la línea que separa al personaje del actor. ¿Tú como la delimitas?

He estudiado en varios sitios y en varios países distintos, por lo que he utilizado diferentes metodologías. Y esto era algo sobre lo que había reflexionado mucho, sobre todo al principio de mi formación. Ves trabajar sobre cosas muy emocionales a tus compañeros y ves que descubren que se pueden emocionar actuando o que llegan a sitios a los que no sabían que podían llegar. Al verlo desde fuera, te das cuenta de que se paraba la escena, pero que ellos no cortaban eso. Y es normal porque trabajas con muchos sentimientos y te quedas en ese estado porque piensas que, si sales, igual no puedes volver. Pero no delimitarlo bien puede ser muy delicado y muy peligroso porque al final estás trabajando con tu cuerpo y con tus emociones; si vas a jugar con eso tienes que saber muy bien con qué y hasta dónde puedes hacerlo y cuándo cortarlo. Tienes que encontrar la manera que mejor te sirva para trabajar, pero sabiendo también dónde están los límites. Por ejemplo, estos artículos que han salido sobre ‘El último tango en París’ [Bernardo Bertolucci, 1972] y sobre cómo se rodaron algunas de las escenas, que habían querido sorprender a la actriz… Yo creo que los actores nos formamos para poder interpretar todo tipo de escenas y siempre es genial tener compañeros que te sorprendan, pero dentro de un juego que está pactado previamente. En ese sentido, durante la película me sentí muy cuidada, tanto por David como por el resto del equipo. Me decían: “Vamos a trabajar esto. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué necesitas? ¿Crees que puedes apretar un poco más por aquí?”. Me sentía muy cómoda y era muy fácil sentir que en un momento estábamos jugando, pero que, cuando se acababa la escena, la historia también acababa ahí.

¿Cómo es David como director?

Deja mucho espacio para que propongas. Es una de las cosas que más me gusto y más en un proyecto que iba a ser tan de creación conjunta, como estaban tan poco fijadas tantas cosas… Y él es muy paciente y, a la vez, tiene muchas ganas de proponer cosas nuevas todo el rato. Además, para trabajar cosas tan internas emocionalmente tienes que congeniar bien. Hay veces que te están pidiendo cosas que no entiendes, como si no hablaras el mismo idioma y eso puede ser complicado, pero con David fue muy fácil.

Supongo que cuando te imaginabas cómo sería hacer una película, este tipo de rodaje no sería el primero que se te vendría a la cabeza…

No para nada… Pero en realidad fue lo mejor que me podía pasar en el sentido de que estoy muy acostumbrada al teatro. Ahí siempre haces el arco completo del personaje, que es algo que me gusta mucho. Y, en cine, siempre estás cortando; por lo general, suelen ser escenas muy cortas, de un minuto, y vuelves a empezar para rodarlo desde otro ángulo o con otro plano… Es decir, que es estás todo el rato cortando y volviendo; es muy difícil que puedas hacer ese arco completo. Y esta película, casi siempre, me permitía hacerlo en cada escena.

¿Qué puede atraerle de ‘Lady Off’ a una persona que no esté vinculada con la interpretación o a la que no le interese particularmente ese mundo?

Creo que, al final, trata del viaje psicológico de una chica joven de hoy en día que intenta luchar por sus sueños. Creo que es un relato que, sobre todo a los jóvenes de mi generación, nos toca. Somos una generación muy preparada que se incorpora al mundo laboral y descubrimos que la realidad no es lo que esperábamos. Llegamos después de la crisis con condiciones laborales precarias que nos frustran porque pensamos: “Pero si estoy muy preparado para hacer esto, si sé que puedo…”. Creo que es un relato que va más allá de la vida de una actriz o del mundo del teatro.

Hablando de gente joven… Se ha incidido mucho en las trabas que tienen las actrices a partir de los 35 años. ¿Te preocupa o te queda todavía muy lejos?

No te creas… Sí que soy joven, pero… Yo empecé a estudiar en España, me fui dos años fuera y luego volví y fue cuando empecé a buscar representante y a pensar en dedicarme profesionalmente a esto. Y, a la vuelta, que tenia 23 años, ya me decían: “Si tuvieras 18…”.  Y yo decía: “Es que si estoy tan formada es, precisamente, porque tengo 23 años; si tuviera 18 no habría podido prepararme tanto”. Había una cosa con la edad que ya era muy extraña. Parece que estos problemas empiezan a partir de los 35 o los 40, pero, no, es algo constante. Pero hay un montón de cosas más aparte de la edad. Ahora ha entrado todo esto de ser instagramer y de las redes sociales, ¿no? Te dicen que no eres lo suficientemente conocida y que prefieren a una instagramer que no es actriz, pero podría serlo y apuestan por ella. Estamos en un momento complicado y, en ese sentido, mi viaje también lo ha sido. He hecho muy pocos castings en los cuatro años que llevo aquí. Y ya no es que no te cojan, es que no te ven; y, si no te ven, no existes para la profesión. Entonces, bueno, te juntas con gente para crear tus propios cortos o tus propias web series para existir porque no hay espacio. Incluso después de pasar por el Festival de San Sebastián o de ganar el premio a la mejor interpretación en el de Madrid, no he hecho muchas pruebas más. Tienes la sensación de que está todo cerrado y te dan ganas de decir: “Oye, al menos, mírame y mira lo que puedo hacer”. Claro, cuando te dicen que tu prueba ha ido genial pero que necesitan a alguien más conocido, te preguntas qué tienes que hacer. ¿En lugar de formarme me dedico a ser instagramer y, con suerte, luego puedo trabajar actriz o cómo? Es un momento muy complicado.

Entonces, ¿crees que el hecho de que ‘Lady Off’ haya tenido un recorrido mucho mayor del que esperabais no va a tener repercusión en tu carrera?

Yo ahora lo miro todo con mucha distancia, sobre todo por decepciones que he ido teniendo o cosas que iban a ocurrir y que a última hora se caen… Soy muy intensa y muy emocional y, si no lo veo todo con cierta distancia, me da un ataque. No me planteo mucho lo que va a pasar con mi carrera. Leo algunas críticas y me alegro de que todo esté siendo tan positivo, pero mi día a día sigue siendo muy parecido. Sí que, quieras que no, a partir de esto he conocido a muchas personas con las que me interesa trabajar, además de con las que ya he trabajado, y sé que con ellas voy a querer seguir desarrollando proyectos tanto en teatro como en cine. Lo que venga más allá de esto prefiero no pensarlo mucho porque al final te puedes acabar frustrando.

O sea, que de tu carrera si estuviéramos en tu mundo ideal ni hablamos, ¿no?

(Sonríe). A ver, realmente lo que me planteo es si un proyecto me interesa; no quiero hacer cualquier cosa. Estaría genial que vinieran ahora cosas como… Sobre todo por una cuestión de estabilidad, porque estás con 800 trabajos, combinando: que si la obra aquí, que si un corto allá, pero a la vez tengo que dar clases de teatro… Entonces, por una cuestión de estabilidad, me gustaría tener trabajos más potentes, pero realmente lo que me gustaría es seguir haciendo proyectos como ‘Lady Off’ a nivel artístico, que creativamente me supongan lo que me ha supuesto esta película. O sea que, en mi mundo ideal, sería una combinación entre un poco más de estabilidad laboral, pero con proyectos de este tipo.

¿Estás con algo concreto ahora?

Hay un posible proyecto de cine, pero depende de subvenciones… Sería a un año vista como poco, así que si al final sale, bien y, si no, pues tranquilamente; hay un montón de proyectos que se caen en el proceso. Y ahora voy a rodar otro corto que he escrito yo, que ya había hecho dos antes, hay una obra de teatro, ‘El Potlatch’, con la que ya estuvimos el año pasado y con la que seguimos esperando a ver si sale algún bolo más… Pero, como inminente, más allá del cortometraje no tengo nada por ahora.

Por María Cappa