Ha participado en una decena de obras de teatro, más de veinte series de televisión y más de veinte películas en producciones internacionales, pero esto solo son números. Ha trabajado con directores como Orlando Rojas, Pedro Almodóvar, Manuel Gutiérrez Aragón, los Javis o Steven Soderberg, aunque esto podrían ser solo nombres. Son su talento, su compromiso con cada proyecto o su habilidad para emocionar tan solo con una mirada lo que hacen de María Isabel Díaz la prodigiosa actriz que ha enamorado, desde la cómico y desde lo dramático, a una infinidad de espectadores en múltiples países. Su última película es ‘El viaje extraordinario de Celeste García’ [Arturo Infante, 2008] y el próximo 25 de abril regresa a la escena madrileña con ‘El regreso de Nora’, acompañada por Aitana Sánchez-Gijón y dirigida por Andrés Lima. Además, acaba de estrenar el corto ‘Maras. Ver, oír y callar’, un corto producido por La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y Globomedia en el que da vida a la madre de una chica que ha sido violada delante de su padre por miembros de las maras.

¿Cómo fue el proceso de documentación para tu personaje en ‘Maras’?

Yo tenía cierta información porque viví unos años en Estados Unidos, en Miami, y trabajaba haciendo un show en el que a veces teníamos casos reales de gente que había intentado salir de las maras y no podía. Ese fue mi primer choque profundo con este tema. Cuando me invitaron a trabajar en este corto, me metí en Internet porque quería saber en qué punto estaba y no ha cambiado nada, es tristísimo. Bueno, posiblemente ha cambiado para peor. Me estuve informando no solamente de esto, sino también del papel de CEAR, que no sabía exactamente en qué dirección trabajaba, y descubrí un mundo… Dos polos tan contrarios… Y es tan necesario que, por ejemplo, CEAR brinde apoyo y visibilidad al drama que están viviendo en Centroamérica con estas pandillas. Hay una realidad terrible para las víctimas y para los victimarios. El problema es que, una vez que entras, no puedes salir. Y no solo entras porque tu quieras, te obligan a pertenecer, te ponen en una tesitura en la que o estás con ellos o contra ellos y entonces tienes tu vida colgando de un hilo permanentemente. El nivel de enajenación de los muchachos que están en esto, que entran desde jovenciticos… Son personas muy alienadas que vienen de estratos de mucha pobreza, de mucha necesidad, donde desde muy jovencitos están esnifando pegamento, van perdiendo su propia voz y son carne de cañón para que los capten. Después, si a esos mismos muchachos se les pasa por la cabeza dejarlo, saben que sus familias están en riesgo… No, en riesgo, que es una palabra demasiado suave, sino que están sentenciados a muerte. Ellos y sus familias. Es un problema y es muy grave que no se les puedan abrir las puertas a esas personas que realmente no están huyendo de un país porque necesiten mejorar económicamente o porque busquen realizar un sueño, sino porque sus vidas no les pertenecen. Sin haberse involucrado, sin tener nada que ver, que te veas de pronto siendo objeto de manipulación, que tengas que hacer determinadas cosas para preservar lo más esencial, la vida, que ya no te hablo ni de la dignidad. También pienso que en los países en los que ocurre esto tendría que haber una política para erradicarlo y no sé hasta qué punto los políticos o los Gobiernos lo han obviado. Es una opinión que yo tengo, no me baso en ningún dato oficial ni ninguna estadística ni nada, pero creo que se puede controlar o, al menos, luchar contra ello. Y este es un problema dejado de la mano creo que porque afecta a las personas más necesitadas, los sin nombre, los que son números, los que no tienen poder de ninguna índole, entonces a los Gobiernos no les importa solucionarlo. Y, después, ¿quién se beneficia de eso? ¿Quién está detrás de todo eso? Es espeluznante, pero no puedo pensar que los Gobiernos estén al margen, que no lo puedan controlar o que tú no veas que hagan nada. La policía está comprada, el nivel de corrupción llega a unos niveles tan brutales… Y ¿qué pasa cuando un legislador o un diputado le pone cara a esto? Simplemente o no cuentan con él o lo desaparecen. Esto es otro tipo de terrorismo y hay que ayudar a los que están con la vida pendiendo de un hilo y, sobre todo, a la gente que es carne de cañón dentro de su propio país.

Cuando te topas con un tema así de duro, ¿cómo haces para digerirlo?

Mira, en realidad, cuando te tropiezas con este tipo de cosas, el personaje es una herramienta porque la realidad es tan brutal que vives con ello, no te lo puedes quitar. Es verdad que no lo tienes todo el tiempo en tu mente, pero, por ejemplo, cuando vas al supermercado a comprar queso latino, te puede venir a la mente qué estará viviendo ese hombre, el que lo prepara o lo vende en su pequeño comercio en El Salvador, o qué estará viviendo su familia. Es muy duro porque esto no es una ficción, es real. Yo te digo sinceramente que lo maravilloso, lo grandioso de este corto, ‘Maras’, es que tiene un discurso que está más en la imagen, en lo que está pasando, que en los actores. Este corto logra abarcar esta realidad, logra contar realmente lo que está ocurriendo. Está hecho de una manera tan inteligente, es tan directo a la sensibilidad… Sin nada, sin ningún tipo de artificio, con la pura verdad. Yo, sinceramente, no me puedo quitar de la cabeza no el personaje, que ni siquiera tiene nombre, sino esta realidad.

Hace más de treinta años que trabajas como actriz. ¿Tu personaje en ‘Maras’ te permite mostrar algo diferente de ti o con una carrera tan extensa y tantos papeles diferentes llega un momento en que no se puede sacar nada nuevo?

Siempre se saca. Siempre. Los personajes o las circunstancias de los personajes siempre te van enseñando cosas. Por ejemplo, a mí este personaje me caló mucho desde los silencios, desde ese dolor, ese pudor del dolor, ese mantener el tipo y no ya por fuerza, sino porque es tanto lo que están viviendo, es tan fuerte… Es demasiado grande y con mucha gente alrededor, por lo que esa madre tiene que tratar de darle soporte a esa hija, a ese marido que se siente culpable ante el hecho de que pueden perder la vida, perderlo todo. Entonces, a mí, como actriz, este personaje me ha enseñado que hay una cosa que es el pudor del dolor, el dolor interno, ese que uno cuando está solo… Cuando eres actor tienes que poner tus sentimientos ante la cámara o ante los espectadores en el teatro, te abres en canal para que todo salga. En este caso, es saber que existe ese dolor que yo como María Isabel tengo cuando veo estas cosas de la realidad frente a las que me siento impotente y que lo vivo desde un lugar íntimo, como cuando tengo un problema personal. Entonces es colocarte en esa posición que es la que uno nunca muestra, pero que aquí sale; es ese dolor interno, profundo, verdadero.

También estás ahora a punto de estrenar en el Bellas Artes de Madrid ‘La vuelta de Nora’. ¿Qué otra faceta de ti vemos en esta obra?

Creo que lo que más se acerca a mí de este personaje es el sentido de la maternidad. Yo no he sido madre, pero creo que tengo una relación con la vida de… Con la vida, fíjate, maternal. Lo mismo puedo ser madre de una viejita, que de un perrito, que de un niño, que de mis amigos… Creo que es una vocación frustrada. En su momento sufrí mucho el no haber sido madre, pero ahora que no hay remedio he sabido encauzar este sentimiento por algún lugar. Y creo que mi personaje, Anne Marie, que sí lo es, no solamente ha sido madre de los niños que dejó Nora durante esos quince años sino también de Nora cuando era pequeña, de Torvald y ha sido madre de su propia hija a la que también abandonó. Este hecho la coloca en un plano de igualdad con Nora por haber abandonado a su hija, pero por razones muy distintas y esto le da una profundidad a la hora de cuestionarla; le da una proyección totalmente distinta porque ella tampoco está exenta de crítica y de autocrítica y eso es muy rico porque no hace al personaje de una sola cara, no es una madre coraje que se entregó a los hijos de Nora. Ese punto le da una vulnerabilidad tan bonita…

Hacía diez años que no participabas en una obra de teatro. ¿Hay que reaprender a actuar sobre un escenario?

Mira, aunque hagas teatro todos los días, el escenario es, justamente, el lugar de reaprender día tras día. Es tan maravilloso terminar la función y pensar: “Hoy hice esto y me ha encantado” o no, pensar: “¿Hoy qué me pasó, que hice esto?”. El teatro es una cosa viva. En el momento en el que hagas dos funciones iguales ya estás mecanizando, estás perdiendo el sentido de lo que… Tienes al público ahí, lo sientes toser, su respiración, sus silencios o sus risas; hay una energía que va dominando la escena. El teatro es la casa a la que uno llega no solo para reaprender del personaje con el personaje con la obra y en la obra, sino reinventarte, reciclarte como actriz. Por ejemplo, hice ‘Las mujeres de verdad tienen curvas’; fue una gira muy larga, de tres años y pico por toda España y nos fue muy bien. Era una comedia maravillosa, muy profunda, que hablaba sobre la inmigración en España. Por supuesto, te puedes imaginar en tres años cómo navegamos. Es como irte de crucero, pero en uno en el que de repente te diviertes, de repente se convierte en una patera porque estás pasándola mal… Lo vives todo. Después hice una obra en Madrid en la que solo estuvimos alrededor de un mes o mes y medio en los Luchana, ‘Mariquita aparece ahogada en una cesta’, y ahí cometí un error porque se me pasó. Lo viví con tanta rapidez que no pude disfrutarla, pero fue otra experiencia. Y cuando vine a hacer ‘La vuelta de Nora’, tenía mucho susto porque estamos hablando de trabajar con un elenco poderoso, Roberto Enríquez, Aitana Sánchez-Gijón y Andrés Lima como director. Ha sido de las cosas que más he disfrutado últimamente; al mismo nivel que ‘Vis a vis’. Trabajar con Andrés es volver a la escuela, jugar, disfrutar aunque sufras, crecer. Cuando estrenamos la obra en Alicante sentía que mi personaje todavía estaba muy verde, que lo tenía muy poco incorporado y ahí empezó eso que tú me has dicho, reactivarte, revivir y lograr cosas distintas cada día hasta llegar a un punto en el que dices: “Ahora sí está”.

Hace relativamente poco has estrenado ‘El viaje extraordinario de Celeste García’, que trata sobre una mujer que se escapa de lo que conoce para ir en busca de una vida mejor para sí misma. En ese sentido, tiene resonancias de tu propia vida.

Exactamente, sí. ‘El viaje extraordinario de Celeste García’ es el viaje extraordinario de María Isabel Díaz. Es una parábola de lo que vive uno todo el tiempo, como los que nos vamos de nuestros países a buscar un cambio para bien o esa es tu idea. Y, ya te digo, el viaje, el proceso antes de llegar al lugar donde uno quiere ir, tiene tantas dificultades… Y esto se cuenta en la película. Es una comedia de ciencia ficción deliciosa, pero lo que mueve a esta mujer a emprender el viaje es una realidad dura. Es una mujer maltratada, víctima del machismo, una mujer que perdió su profesión por circunstancias que tienen que ver con este machismo. Entonces emprende este camino tortuoso hasta que llega el momento de irse del planeta, pero el viaje se frustra y se queda en la Tierra para saber que también hay posibilidades de felicidad donde tú habitas.

¿Es más difícil buscar o crear un personaje cuando tiene muchos elementos en común contigo?

Hay un punto en el que hay una sensación de pudor donde tú a veces no quieres ni confesarte a ti misma que un personaje está atravesando una situación similar a la tuya. Pero los actores tenemos que jalar de nuestra realidad, de nuestra verdad, de nuestra vivencia e, incluso, de las de otros, de lo que has escuchado, lo que has leído, para armar un personaje. A veces es muy doloroso y a veces descubres cosas de ti misma a través de un personaje, descubres que tienes un punto mezquino y es terrible darte cuenta de que en algún momento has sido egoísta o que has tenido cierta envidia porque somos una amalgama de cosas. Los personajes a veces te llevan por el camino más oscuro que tú no quieres saber de ti, pero después lo agradeces mucho, porque si no sabes cómo eres, no puedes trabajar en ti. Creo que es la mejor terapia de conocimiento de uno mismo y creo que es bueno en todos los sentidos, hasta cuando hace daño.

 

Hay actores que, cuando hacen un personaje muy largo en televisión, tienden a acomodarse y llevárselo a sí mismos en lugar de seguir buscándolo. ¿Cómo evitaste esto en ‘Vis a vis’?

Bueno, no, no, es que yo le he prestado muchas cosas a Sole, pero ella tiene su propio camino, sus propias características, un bagaje que yo no he tenido nunca. Sole, además, termina con un alzhéimer que yo no… Tuve que buscar, informarme y que ella me hablara. Yo no me llevo a ningún personaje para mi casa. Yo le presto mi sensibilidad, mi cuerpo, para poder llegar a lo que yo, investigando, he visto, pero hasta ahí. Le tengo un amor profundo, eso te lo tengo que confesar, pero ella y yo tenemos caminos distintos a pesar de que, ya te digo, toda esta cosa de la maternidad, de ser protectora… Todo esto tiene mucho que ver conmigo. La mirada, quizás, la sensibilidad, quizás sea mía… Se las dejé o ella me las robó, no sé bien cómo es este mecanismo, pero las cosas que vive Sole son muy distantes de mi vida. Está presa por haber asesinado a su marido y a la amante, vive en una prisión… Mi investigación ha sido la mejor de las que he hecho para un personaje porque fue a partir de una persona real que prácticamente vivió lo que le ha pasado a Sole. Era una mujer a quien la situación que vivía con su marido la llevó a una desesperación tal que un día cogió el arma de su marido y le disparó. Y fue presa. Después salió, retomaron su relación y vivieron felices hasta que se murieron.

Ah, entonces, ¿no lo mató?

No, no, lo hirió de gravedad, el hombre estuvo 18 días en coma. La perdonó porque sabía que la había cagado mucho. Y, después, ella también fue coherente con lo que había hecho; lo perdonó y se perdonó y vivieron juntos hasta que se murieron de viejecitos. Y era una pareja sobre la que todo el mundo decía: “Qué bonitos son, qué amor tan bello”. Yo los conocí sin saber esta historia y nunca tuve la sensación de que ella fuera una mujer sumisa o que se sintiera culpable. Jamás. Era la madre de una compañera mía. Muchos años después, mi compañera me contó por encima que habían pasado cosas muy duras. Cuando me ofrecieron hacer este personaje, fui a Miami, donde vivían ellos, y le dije a mi amiga: “Esto me lo ha puesto alguien en mi camino”. Había muerto ya la madre de ella, pero el padre estaba vivo, así que nos sentamos con él y me contó toda la historia. Una historia de amor.

Estás con Nora, ‘Maras’ está iniciando su recorrido por festivales, no sé si la película continuará, también…

Sigue en festivales, también, pero yo no puedo ir porque, claro, al estar con la obra…

¿Y tienes algún otro proyecto más?

Ya empecé a rodar otra cosa, pero no puedo decir nada. Es una serie para una plataforma muy potente y tengo un personaje pequeño, de esos personajes de silencios y de presencia muy bonito, pero por ahora no te puedo contar más.

Por María Cappa