Lluís Quílez no es un director que aspira a contar historias, sino un creador, un artista que pretende que esas historias que necesita compartir estén a la altura del calificativo de “séptimo arte” que se ha ganado el cine. En total, con sus cinco cortometrajes, ha ganado más de 140 premios. El primero de ellos en conseguir una preselección a los Oscar fue ‘Avatar’ [2005] (su segundo trabajo), aunque fue ‘Graffiti’ [2015] -con el que, además una preselección en los Oscar, logró una nominación a los Gaudí y otra a los Goya- el trabajo con el que ganó popularidad en España. El año anterior había rodado su primer largo, una producción estadounidense titulada ‘Out of the dark’ en la que pudo dirigir a actores de la talla de Julia Stiles, Scott Speedman o Stephen Rea y que se estrenó en más de 50 países entre los que no se encontraba España. Cinco años y otro corto después (la distopía medioambiental titulada ‘72%’), Quílez acaba de terminar el rodaje de su segundo largo. Protagonizada por Javier Gutiérrez, Karra Elejalde y Luis Callejo, esta película, a caballo entre el thriller y el cine de acción, se estrenará a finales de este año o principios del 2020 con el título de ‘Bajocero’. O no.

Acabas de terminar el rodaje de ‘Bajocero’. ¿Por qué la has títulado así, con una sola palabra?

Empezó siendo un título provisional y no sé si la peli acabará llamándose así, pero me gustan los títulos que sean una sola palabra. Creo que son contundentes. Además, aparte de describir las condiciones en las que ocurre la historia, de alguna forma también hace referencia a los personajes, a su estado emocional en algunos momentos.

¿Sobre qué quieres reflexionar con ella?

(Sonríe con picardía) Es que responder a esto es como contar el tesoro que esconde la película antes de verla. Es un poco spoiler, pero… Bueno, no, la película es un thriller de acción trepidante, bajo una capa de entretenimiento y con algunos giros que esperemos que pueda interesarle a mucha gente. Yo quería reflexionar sobre la ley y la justicia y, sobre todo, sobre la indefensión que tiene el individuo ante el sistema.

Lo que sí que no es un spoiler, porque de esto ya se ha hablado, es que parte del rodaje ha tenido lugar en un espacio muy reducido. ¿Cómo fue la experiencia?

La verdad es que no fue tan difícil, pero porque estaba bien preparado. El equipo de dirección artística construyó un decorado que estaba muy pensado para todas las necesidades que teníamos y, pese a ser un sitio pequeño y claustrofóbico, tenía todos los trucos para poder rodar ahí dentro. Era el epicentro de la película; unos 50 o 60 minutos transcurren dentro de un cubículo cerrado, un furgón de traslado de presos, entonces lo preparas a conciencia para poder adaptarte a ese espacio. De hecho, planifiqué toda la película antes, casi, de que se diseñara el furgón y algunas fases en paralelo, por lo que ese diseño se adaptó a las necesidades de cada escena. Es un poco rompecabezas, pero, bueno, todas las pelis tienen su dificultad y esta era una de las de ‘Bajocero’. Para ser una película española y de un presupuesto medio, técnicamente era muy ambiciosa, había una serie de retos… Por ejemplo, rodar tanto tiempo en un espacio cerrado con tantos actores. Ya se rodó ‘Buried’ [Rodrigo Cortés, 2010] en un ataúd, pero el reto aquí era tener a seis actores coreografiados dentro de un espacio muy pequeño y donde, de hecho, hay secuencias de acción, que es uno de los elementos narrativos de la peli.

Este es tu segundo largo. El primero, ‘Out of the dark’, fue uno de encargo y, como muchos otros llamémoslos autores de cine -para recalcar que son personas que privilegian su propia visión artística- has constatado la falta de libertad creatividad que supuso esto. En ‘Bajocero’, ¿has podido ser más libre o nada como en los cortos?

Los cortos siempre son el terreno donde tienes más libertad porque te juegas menos a nivel económico. En los cortos, por cómo están financiados –con dinero público o con inversores que son mecenas más desinteresados-, es donde he sentido que tenía más libertad creativa. Sobre todo en los de ‘Graffiti’ y ‘72%’ porque los producía yo, por lo que ya los diseñaba pensando en el dinero que tenía y no paraba de buscar financiación hasta que pudiera rodar lo que quería rodar y como lo quería rodar. Por ejemplo, ‘Graffiti’; si no lo rodaba en Pripyat [Ucrania, donde vivían los trabajadores de la central nuclear de Chernobyl], no lo rodaba. Es decir que la creación del proyecto y su diseño económico iban a la par. En una película en la que el productor es otra persona tienen que converger los intereses. El primer largo que hice era una peli americana rodada en Colombia donde el guion no era mío y que tenía que ceñirse a una serie de estructuras y mecanismos muy establecidos dentro de una industria en la que hay muy poco margen para que el director imponga su sello y su visión. En ‘Bajocero’ la experiencia ha sido completamente diferente. Es un guion que escribí con Fernando Navarro, pero que nace de una idea mía. Además, yo soy el iniciador: yo busco al productor y le ofrezco el proyecto. Por tanto, cuando se acepta, ya hay un dibujo muy claro de cómo es la película y es más fácil llegar a un acuerdo de cómo queremos que sea en su forma final. He tenido libertad creativa, sobre todo porque los socios que ha ayudado a financiarla me la han dado. En ese sentido, me siento un privilegiado.

Tus trabajos, hasta ahora, tienen en común que hay muchos silencios, mucha parquedad en los diálogos y nada de grandilocuencia en la forma de expresarse de tus personajes. ¿Te sale así o tiene un propósito artístico buscado?

No, no es una decisión que haya tomado de manera consciente. Es cierto que, a medida que vas haciendo trabajos, te das cuenta de que vas repitiendo un patrón parecido. En mi caso, me interesan las historias con poco diálogo. O, más que con poco diálogo, que cuenten mucho visualmente. Los directores que más me han influido en los momentos en los que ves cine de forma menos racional, que es cuando eres niño… De niño no piensas las películas; las recibes y las disfrutas. Cuando te has formado ves las pelis de forma distinta, tu relación con ellas es más intelectual. El cine que veía de niño, cuando mi relación con él era más emocional, supongo que iba por esos derroteros.

Bueno, ¿cuáles son esos directores?

No soy nada original: Hitchcock, Lynch, Tarkovsky, más adelante… Son directores que se apoyan mucho en lo visual. Y, para mí, el reto es contar con imágenes porque, ¿qué aporta el cine respecto al resto de las artes?  Al final, es el arte de contar algo con la suma o la yuxtaposición de unas imágenes. Eso es lo que más me llama la atención. Supongo que un director que venga de la actuación o del mundo del teatro se sentirá más cercano a contar historias con la palabra; yo me siento más cercano a hacerlo con la imagen.

Obviamente, tiene que haber un un equilibrio, pero ¿qué es lo que más te interesa como director: el qué o el cómo?

No te sabría decir. Está claro que estoy muy preocupado por el aspecto formal; creo que salta a la vista en todos los trabajos que he hecho. Quizás estaba más preocupado antes, es algo que voy perdiendo… Pero una película se basa en lo que estás contando, si no, no tiene sentido. Como director, inviertes dos, tres, cuatro años en defenderla, levantarla, mostrársela a la gente… Y, para mí, no es una cuestión económica, no lo hago por ninguna otra motivación que por querer contarle algo a la gente. Puede llegar de forma más directa, más indirecta… Pero eso es lo mágico y lo bonito del cine, entonces lo que más me interesa es el qué. Ahora, creo que hay que encontrar la mejor manera de contar cada historia y ahí está el cómo. Me preocupan ambos aspectos, pero la esencia, por lo que quiero hacer una peli, es por lo que está contando. Sin duda.

Repasando tus trabajos, ¿has descubierto algo de ti, como director, en lo que no cayeras mientras rodabas?

Que soy frío (dice riendo). Tiene que ver con la pregunta que me hacías antes de los diálogos. Mucha gente me ha dicho que tengo una manera de contar fría. No sé… (Vuelve a reír). Es algo que, una vez te lo dicen, te lo planteas porque es muy difícil verte desde fuera. Y, descubierto… No sé. En cada trabajo aprendes cosas, te vas haciendo como cineasta, vas creciendo. Quizás hay un factor de reto. Igual parece banal, pero a mí me funciona como motor. Necesito que cada historia me suponga un reto distinto al de la anterior. Y en ‘Bajocero’ también ha sido así. Si no vas a rodar con miedo, no sé si tiene sentido hacerlo.

Al hilo de esto, de todo lo que has hecho hasta ahora, ¿qué te ha servido para aplicarlo a ‘Bajocero’ y qué has aprendido en este rodaje?

Pues mira, mi segundo corto, ‘Avatar’, era muy a lo Hitchcock, en el sentido de que tenía una planificación medida en la que cada plano solo lo puedes montar con el siguiente y que ya está montado en rodaje. Fue una planificación de hierro en la que hice una apuesta que creo que funcionó, porque el corto tiene una enorme tensión y todo se cuenta con imágenes, es minimalista. Pretendía ser capaz de, con un formato thriller, que me gusta mucho, contar un drama con una narración puramente visual. En ‘Yanindara’ me propuse trabajar con no-actores. Y mira si no serían actores que los niños protagonistas nunca habían ido a una sala de cine. Los llevé yo el día antes de empezar a rodar para que tuvieran la experiencia de ver una peli en pantalla grande; solo habían visto películas en televisión.

¿Qué película elegiste?

Pues mira, les llevé a ver ‘Slumdog Millionaire’ [Danny Boyle, 2008]. Ellos no entendían casi español, no entendían inglés y tenía que llevarlos a ver una peli que se entendiera muy fácil de forma visual. Y la que gana el Oscar suele estar bien contada y se puede entender incluso si la pones en silencio. Claro, ellos fliparon. Pero esa experiencia… No sabían el idioma, era muy difícil comunicarse con ellos, no eran actores, por lo que hubo todo un proceso de preparación con ellos, de ensayos… Pero creo que salió guay, yo estoy muy contento con el resultado. Y ahí perdí el miedo a ciertas cosas con los actores. En ‘Graffiti’, el reto tenía más que ver con la producción. Era la primera vez que me auto-producía, el primer trabajo de mi empresa, Euphoria Productions, como productor. Además, estaba el reto de aguantar una historia sin diálogos durante treinta minutos y los retos físicos de rodar en Pripyat. Y en ‘72%’ quería hacer una historia que me apeteciera; el reto era hacerla sin pensar mucho en el espectador -algo que sí había hecho con mis otras historias-, sino en lo que yo quería.

Bueno, sin pensar en el espectador, pero adelantándote a sus preocupaciones, porque justo este año, gracias a la activista Greta Thunberg, la cuestión medioambiental ha sido muy debatida social y políticamente.

Bueno, ya hace años… Es un tema que me preocupa y creo que es un foco de conflicto muy interesante, pero no quería abordarlo desde un punto de vista realista. Quería hacer una especie de fábula, sueño, pesadilla… Algo más onírico. Una distopía sobre cómo podíamos acabar. Y, de alguna forma, he usado algo de todo esto para hacer ‘Bajocero’. La peli combina escenas en las que hay mucha improvisación, unas interpretaciones basadas en un realismo absoluto, yendo a buscar lo que nos daba el estado de ánimo de ese momento y partiendo de una premisa muy básica de guion. Pero también hay escenas de coreografías de acción, de persecución y de cosas que no quiero desvelar, pero que eran técnicamente complejas y dependían de una planificación muy pensada y muy rígida. Y es una película que, al haber hecho ‘Graffiti’… Haya quedado mejor o peor este corto, a mí me fortaleció como director; salí de ahí pensando que había ido seis días a rodar a -16º en un sitio donde hay radiación y ya me daba igual todo. Y en esta película hubo retos físicos importantes; rodamos muchos días de noche con mucho frío, hay una secuencia larguísima, como de siete minutos, que es submarina, que no sé si en el cine español se ha hecho algo así hasta ahora… Enfrentarte a cosas complicadas a nivel logístico hace que, si las superas, les pierdas el miedo y cada vez vayas a más.

¿Y qué has aprendido con este rodaje?

He tenido la sensación, en muchos momentos, de estar construyendo la película, de romper ciertas cadenas que tenía. Yo soy muy controlador y, por primera vez, he hecho algo que sabía que era bueno, pero me daba miedo hacer, algo tan simple y tan complicado como escuchar la película mientras la hacía y reaccionar a lo que la película quería en la propia ejecución. El rodaje lo puedes tomar como una etapa de creación o como una de ejecución. Para mucha gente, la preparación de la película es la etapa de creación y durante el rodaje se ejecutan una serie de ideas. Y hay otro tipo de cine en el que en el rodaje hay mucha creación. Yo estaba más apegado al primer modelo y, en esta peli, pese a que había mucha parte que técnicamente era compleja, me he liberado. Empecé a escuchar a la peli en el propio rodaje, el lugar de ejecución, para reaccionar a la verdad que estaba pasando. Hay una frase de Lynch -creo que es de Lynch, igual es de otro y se la estoy adjudicando a él- que me encanta: “Las películas acaban siendo como quieren ser”. Me parece que describe muy bien algo que en el rodaje tienes que ser capaz de hacer: escuchar a la película. A veces puedes ser muy tozudo y querer que la película sea una cosa, pero la película de forma natural se está yendo hacia otro lugar. Creo que es inteligente escucharlo y aprovecharlo para ayudar a la peli a nacer.

¿Porque tienes más seguridad como director después de todo lo que has hecho?

Seguramente. También tiene que ver con la personalidad de cada uno. Ya te digo que parto de ser un director muy controlador y de tenerlo todo muy planeado, entonces, para mí, esto es un gran cambio. Igual hay otros directores que en lo primero que ruedan ya tienen mucho de improvisación y de ver qué encuentran. El gran reto era, sobre todo, ser capaz de hacer esto es una película que tiene mucha acción, no tienes a dos personas sentadas y hablando en una habitación. Ahí tienes todo el margen para improvisar porque tienes muy pocas ataduras, pero en una peli donde hay acción, thriller, una serie de giros y secuencias complicadas con determinados efectos digitales… Ser flexible o incorporar la improvisación ahí, para mí, ha sido una de las cosas más positivas de este rodaje y es algo que me gustaría mantener.

Esta película se estrenará a finales de este año…

No sé si a finales de este año o a principios del que viene.

 Y lo hará, presumiblemente, con el título de ‘Bajocero’, por lo que estarás trabajando en la postproducción. ¿Estás también con algún otro proyecto, vas a rodar por fin ‘El ocupante’, que ya lo tenías en mente cuando estabas promocionando ‘Graffiti’…?

Sí, sí, sí… Es una peli de terror que tengo con una productora que se llama Rodar y Rodar. Tampoco sé si se llamará así finalmente (dice entre risas), pero, sí. Aunque estoy trabajando en varios proyectos, porque si te apegas demasiado a uno, puedes quedarte sin nada. Tengo este proyecto, tengo otro proyecto de un largo, ‘El salto’, que es un drama social, pero con thriller que ocurre en la valla de Melilla, en el campamento gurugú, y trata sobre un grupo de migrantes que quieren saltar la valla y llegar a Europa, pero no sé cuándo saldrá. Es un guion de Flora González Villanueva.

¿Con Euphoria Productions?

No, no, con otra productora. Lo que estoy haciendo con la mía es producir a otra gente. De hecho ya produje un corto rodado por otro director, ahora en verano rodaremos otro corto que se llama ‘Gigi 33’, cuyo director es Pol Armengol, y estamos en desarrollo de un largo que se llama ‘Relato de un crimen’ con Alex Lora de director. En esos proyectos yo estoy jugando el papel de…

Del que limita la libertad creativa de los demás.

(Se ríe). ¡No! Bueno, intento no ser ese tipo de productor. Intento apostar por proyectos de gente que me gusta lo que hace y que igual yo no haría o, al menos, no lo haría bien, pero que me gustaría ver. Son proyectos bastante más arriesgados que los que yo dirijo y, también, más pequeños económicamente hablando. Es un cine más indie. Además, hace bastantes años que doy clases y es una manera de seguir en contacto con ex-alumnos que buscan sus primeros trabajos profesionales fuera de una escuela. Yo también fui ese chaval que necesitaba que alguien le ayudara a producir un corto cuando no sabía cómo hacerlo y ahora me gusta jugar ese rol, me parece bonito, así que con mi productora hago ese tipo de proyectos pequeños y, en paralelo, tengo mi carrera como director con otras productoras con proyectos más comerciales o más grandes.

Por María Cappa