Nació en Guipúzcoa, se enamoró de la Real Sociedad, antes de cumplir los diez años se mudó a Bilbao y, desde entonces, ha sido un txuri-urdin en la diáspora. Esta referencia al fútbol podría resultar vana si se tratara de cualquier otro actor, pero, en el caso de Jon Mendía, su existencia, su esencia y su concepto de vida no se entenderían sin su Real. Tampoco, por supuesto, sin su profesión, en la que empezó fruto de una casualidad. Cuando tenía 20 años se enteró de que estaban rodando en su lugar de veraneo, Mundaka (Bizkaia), una producción estadounidense, ‘Open Graves’ [Álvaro de Armiñán, 2009]. Se presentó, le dieron una escena y, esa noche, se fue a dormir sabiendo que la interpretación sería el otro gran amor de su vida… Y que tenía más posibilidades de ser actor que ser futbolista. Así que dejó los estudios de Gráfica Publicitaria que estaba cursando en Bilbao y se fue a Madrid, donde ingresó en el Instituto de Cine. Tras diversos papeles en cine (‘Luna caliente’ [Vicente Aranda, 2009], ‘Estamos embarazados’ [Juana Macías, 2016]), teatro (‘The Hole’, ‘Que nadie se mueva’) y televisión (como la TV Movie ‘Asesinato en la universidad’ [Pedro Ferrer, 2018]), Mundaka volvió a convertirse en un lugar clave para su carrera. De nuevo, Mendía supo que se iba a rodar una serie en este pueblo vasco y le pidió a su representante que le consiguiera una prueba. Fue el germen de uno de sus personajes más relevantes hasta el momento: Pedro, el guardia civil de ‘Presunto culpable’.

¿Qué tuviste que aprender para interpretar a tu personaje en ‘Presunto culpable’?

Para el personaje de Pedro tuve que aprender muchas cosas. La primera, investigar un poco cómo es un policía. Pedro es un ertzaintza, entonces el lenguaje policial también fue digno de estudio. Además, la postura más hierática, el uniforme, que hace cambiar mucho los andares o la postura corporal… Y luego tuve que aprender mucho a saber estar en una serie, porque fue el primer proyecto grande y largo, con continuidad, y tuve que aprender a saber canalizar mi energía, aguantar todo el hilo del personaje en varios meses.

¿Cómo trabajaste todo esto?

Pues para trabajar el lenguaje corporal de este personaje me fijé muchísimo en programas televisivos de policías o me fijaba en los policías que había en la calle y luego siempre intenté, y esto es sencillo de decirlo, no hacer nada, ser muy pequeñito en cuanto a composición del personaje. Los policías tienen todo muy estudiado, sus movimientos son muy sutiles, muy pequeños.

¿En qué se diferencia de tu personaje en ‘Asesinato en la universidad’?

La diferencia es abismal, salvando el nombre –dice entre risas- porque los dos se llaman Pedro. Pero, por ejemplo, en ‘Presunto culpable’, es un personaje noble, que cree en la justicia, es bonachón, aunque tiene sus picos de ira por cosas que ocurren en la serie, pero es buena persona. Y, en ‘Asesinato en la universidad’, es la barra libre del mal. Es un tipo ligado a la Inquisición que, a todo el que esté en contra de su palabra y de su ideología, lo lleva a la hoguera. Y, físicamente, partimos de que Pedro el policía tiene diez minutos de vestuario y maquillaje y Pedro el dominico tiene una hora y tres cuartos. Tenía una tonsura, que es la calva de las órdenes dominicas de la época del 1500, así que teníamos el pelo rapado, los hábitos de monje, íbamos descalzos… Esa diferencia ya es abismal, porque simplemente el maquillaje y el vestuario te ponían en situación sin tener que hablar. Había una energía muy potente que venía del vestuario.

Dentro de poco se va a estrenar ‘Matadero’. ¿Qué faceta tuya como actor vas a mostrarnos que no hayamos visto hasta ahora?

Bueno, en ‘Matadero’, realmente participo en un capítulo, es un personaje episódico, pero también estoy unido a los Cuerpos de Seguridad del Estado, porque es un guardia civil. Soy un ayudante de la oficina y estamos buscando pruebas para ayudar a Pepe Viyuela a esclarecer un asesinato.

Un personaje episódico, ¿lo preparas igual que un protagonista?

No, no… No, pero debería ser igual. Quiero decir que, partiendo del tiempo de trabajo que hay, no es lo mismo un personaje de casi un año que otro de un día. Al personaje de un día lo intentas entender… Es verdad que, al final, el resultado es el mismo, va a salir igual, y a veces pecamos un poco de falta de tiempo para preparar un personaje que creemos que es pequeño. En este caso, si que trabajé un poco el aspecto ese policial del que te hablaba antes, pero creo que le dedicas un poquiiito –dice estirando la “i”- menos de tiempo, pero por lo que es.

Estamos hablando de personajes que aparecen en ficciones que tienen que ver con el suspense, el misterio… Pero, sobre todo en teatro, has hecho comedia y cabaret. ¿Se necesitan diferentes aptitudes o energías para interpretar en los distintos tipos de géneros o no hay diferencia por género y sí porque uno es tele y otro es teatro?

Sí, yo veo una diferencia muy notable. En teatro, partiendo de que cada día es diferente y tú entras a una hora y en esa hora y media o dos horas no sabes lo que va a pasar, la energía para mí es muchísimo más exigente en el teatro. Pero esa es mi opinión, habrá gente que diga lo contrario. Pero por concentración, por saber estar a lo que sucede, por improvisación y… Bueno, por la dicción teatral y por el ritmo. En la televisión y en el cine se puede parar si te equivocas, pero en el teatro hay que seguir.

¿Y por género?

Sí, sí, también, totalmente. Para mí, el mundo oscuro, digamos, de los malos, me genera… Es curioso porque te acabo de decir, pero para mí es más hierático, más clavado, pero es verdad que en la comedia el cuerpo siempre es como más flexible, lo veo más de calle. Y, por ejemplo, un papel de malo sí que lo veo más tieso, más soso, hay que intentar no hacer una mueca mía, de Jon, por lo que hay que vigilar el rostro.

Cuando hiciste ti primer papel, no solo no tenías experiencia sino que aún no habías estudiado nada relacionado con la interpretación. Ahora que ya lo has hecho, ¿crees que es necesario tener una formación actoral o con el talento y la experiencia basta?

Para mí es fundamental tener estudios. Para mí. ¿Por que? Porque la interpretación no es decir una frase. Decir una frase en tele, con todo el cariño del mundo, te diré que lo pueden hacer miles de personas. Creo que las escuelas existen para que la gente aprenda a nivel técnico lo que es un rodaje: el mundo marcas, el racord, llegar a emociones, tener herramientas para poder resolver, porque al final nos están pidiendo que contemos historias, pero que resolvamos situaciones. ¿Hay un don natural? Obviamente. Y, por qué no, si una persona que no tiene estudios ha nacido para esto y, no seré yo el que lo juzgue, sino el pueblo, digamos, o las productoras, pues adelante, ¿no? Hay casos de gente que no ha pisado una escuela y que cuentan historias mejor que muchos actores y actrices que sí lo han hecho.

Desde esa primera experiencia hasta hoy, ¿ha cambiado tu concepto de lo que significa el trabajo del actor?

Bueno, yo me imaginaba que iba a ser un caos, pero pensaba que era un perfecto caos el que había elegido dejando Bilbao y viniendo aquí. También estoy en una situación que no hubiese imaginado. Dices: “Voy a trabajar, voy a pelear”, pero coger algo tan grande no lo hubiese imaginado. Esto es creo que como en todos los trabajos, una vez que has podido defender algo, tienes en tu currículum ese “algo” que te puede abrir otra puerta. Entonces, todo suma y es más fácil tocar esas puertas que hace años estaban cerradísimas. Luego, es más divertido de lo que pensaba y, a la vez, hay que ser mucho más responsable de lo que podía pensar. Me refiero a que estamos sacando algo adelante, son unos ritmos laborales muy serios, es un equipo muy grande, entonces es una perfecta cadena y, si todos remamos en la misma dirección, sale una cosa tan grande como es llevar una serie a antena. Me parece un trabajo con mucha responsabilidad, un trabajo serio dentro de que es divertido y lo que uno ansía hacer.

Y tú, como actor, ¿en qué has cambiado desde que empezaste?

Pues yo, como actor, lo que sé a día de hoy es lo que no tengo que hacer nunca más. No sé si he mejorado o he empeorado, pero sí sé qué es lo que no tengo que hacer. Cuando tienes la oportunidad de verte durante semanas dices: “Esto no, esto sí, ay, este vicio, este nervio…” Son pequeñas cosas que solo en nuestra mente, en nuestra enferma mente –dice sonriendo- que tenemos lo vemos, pero es verdad que dices: “Voy a intentar limpiar, voy a intentar mejorar esto y aquello”. En ese sentido sí, por la autocrítica de poder verte y porque te pueden ver también amigos que te conocen desde pequeño. Al final es aprender; creo que se mejora haciendo porque estás viendo qué funciona y qué no y porque eres más hábil para el siguiente proyecto.

¿Hay algún próximo proyecto en el que estés involucrado del que se puede hablar?

No, todavía no se puede hablar… Es una prueba que está en el aire y es para un proyectazo, algo brutal, así que estoy esperando respuesta…

Esa espera, ¿lo más duro de tu profesión?

Uy, eso es terrible -vuelve a sonreír-. Es terrible. Mi padre me dice: “Jon, no hagas el todo o la nada”, como diciendo que no me voy a morir, que no estoy en el médico esperando unos resultados a vida o muerte, pero… Yo todavía ahí estoy aprendiendo. Aprendiendo a vivir, fíjate lo que te voy a decir, a saber vivir mientras estás esperando una noticia de esas porque es verdad que hemos rodado mucho, hemos rodado muchas publis, hemos hecho mucho teatro… Pero cuando alcanzas una prueba y estás esperando, porque además es que no tienes nada que hacer, tienes la opción de torturarte o seguir andando por la vida. Y muchos decidimos torturarnos porque empezamos… No a fantasear, pero sí a imaginarnos el poder defender ese personaje o poder formar parte de ese proyecto. Y en ese caso es un proyecto muy grande, así que ojalá… Ojalá.

Por María Cappa