Hasta este año, solamente cinco directores habían conseguido ganar dos Conchas de Oro: Francis Ford Coppola, Bahman Ghobadi, Arturo Ripstein, Imanol Uribe y Manuel Gutiérrez Aragón. Pero, en la última edición del Festival de San Sebastián, Isaki Lacuesta ha logrado no solo entrar en esta lista sino ser el más joven en hacerlo con su película ‘Entre dos aguas’ (la primera la consiguió en 2011 gracias a ‘Los pasos dobles’). Con este film, en el que combinan el hiperrealismo y un descarnado retrato de la sociedad actual con una delicada poética visual, Fran Cuesta, Isa Campo y el propio Lacuesta quisieron retomar la historia de Isra y Cheíto y contarle al espectador qué había sido de los dos adolescentes protagonistas de ‘La leyenda del tiempo’ doce años después. Además de por la gran acogida que ha tenido ‘Entre dos aguas’, estrenada el pasado 30 de noviembre, Lacuesta se muestra feliz por la retrospectiva de su obra que acaba de inaugurar el Centro Pompidou de París. Hasta el 6 de enero, quienes la visiten podrán disfrutar de la proyección de todas sus películas, de otra película más que el cineasta ha realizado a modo de autorretrato y la publicación de un libro sobre su obra. Además, habrá una instalación que el Pompidou ha creado sobre él y una exposición sobre las cartas audiovisuales que se han estado enviando la directora y escritora japonesa Naomi Kawase e Isaki Lacuesta.

Durante la última edición del Festival de San Sebastián, antes de ganar la Concha de Oro, decías que el mero hecho de estar allí ya era un mérito enorme para una película con un presupuesto tan limitado. Qué es más complicado, ¿conseguir financiación, publicidad o distribución?

Las tres cosas van muy ligadas. Normalmente si consigues una de las tres… Todo va muy ligado. Depende del tipo de distribución que tengas, más o menos vas a encontrar en la misma escala el resto de las cosas. Más que ligas distintas, son deportes distintos.

Si hubieras tenido todo el dinero que hubieras querido, ¿habrías cambiado algo el modo de rodarla?

Claro, es que uno no lo piensa así, es más bien una cosa más armónica. Vas pensando en los medios que tienes y vas a hacer la película en función de esos medios. Es como si solo tienes pintura azul y piensas en pintar un mar; no lo ves como algo frustrante, no piensas en que te falta un verde para pintar un bosque. La película ya nace en función de los materiales y los medios de que dispones.

O sea, que no imaginas primero la película y, después, al disponer de menos medios, vas recortando de un sitio u otro.

Es un conjunto. La vas haciendo al mismo tiempo que buscas financiación y, al mismo tiempo, ya buscas una financiación adecuada para el tipo de proyecto que tengas. Luego ya son pequeños ajustes por aquí y por allá, pero ya es un tipo de película que desde el principio va a ser factible con los medios que puedas conseguir. Pero sí, es de las cosas que igual se habla poco, pero es importante, forma parte del trabajo creativo el saber qué medios puedes levantar y trabajar para que no sea justo lo que dices, para que no sean películas en las que intentas hacer Laurence de Arabia y acabas haciendo una cosa con unos clips en la arena intentando que sea lo otro, que sería un desastre.

También has dicho que no habías concebido esta película pensando en el tema, sino en los personajes. ¿Es más difícil crear una historia a partir de un personaje o para ti ha sido algo natural?

Creo que no es  una cuestión de dificultad de la película, sino de cuál es el impulso que te mueve a hacer una película. En nuestro caso, ha habido películas que han nacido de un impulso temático, otras que han nacido del impulso narrativo, de querer contar una historia, y otras, como es el caso de ‘La leyenda del tiempo’ y de ‘Entre dos aguas’, que nacen de querer convivir con alguien, de vivir en un sitio… Son películas que hacemos con la premisa de estar muy pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor, empaparnos de ello, escribirlo e intentar transmitirlo en forma de película.

‘Entre dos aguas’ es una película hiperrealista, intimista y de corte social. ¿Qué recursos narrativos has usado para potenciar estos elementos?

Lo que hacemos con Fran Araujo y con Isa Campo es un trabajo de estructura narrativa en el que usamos herramientas muy clásicas y muy tradicionales. Es un tipo de dramaturgia clásica por actos, por subactos, por escenas y con arcos dramáticos. Intentamos que queden muy camuflados, que parezca que esa estructura narrativa no es un armazón que hemos construidos nosotros y en el que intentamos encajar las vidas de los personajes, sino que responde a una ordenación de momentos vividos. Intentamos ser conscientes de qué elementos de la estructura dramática nos son útiles para que se entienda la historia y que tenga forma de relato, pero al mismo tiempo que las causas y los efectos no sean tan evidentes como en películas de ficción más habituales.

Rodando, ¿tienes claro qué planos quieres conseguir y hasta que no los tienes no paras o cuando los actores estaban bien el plano te servía?

 De nuevo, vuelve a ir muy ligado. Si están muy bien, pero el encuadre no funciona, tampoco me sirve de nada y al revés. Entonces, vamos repitiendo y probando cosas hasta que sale. Es una mezcla de las cosas que tienes muy claras sobre cuál va a ser la forma y cómo va a ser el contenido y de cosas que vas descubriendo y que vas aprendiendo a medida que ruedas. Hay un margen de descubrimiento en el propio rodaje que me gusta que esté.

¿Qué tipo de director de actores eres?

Pues… No lo sé.  Creo que… Nos complementamos mucho con Isa en la parte de dirección de actores; es de las cosas que Isa trabaja mucho. Creo que una característica, si tenemos que destacar una, igual sería la flexibilidad a la hora de… Lo mismo que te decía antes, vamos, de poder cambiar y reaccionar en función de lo que haya delante. Por ejemplo, intento no contar mucho las ideas prefijadas. Llego al rodaje con una idea clara, pero no la cuento para ver qué ocurre porque como cuentes mucho tu idea luego todo el mundo se esfuerza en hacerlo como tú has pedido y se cierran otras posibilidades. Entonces, lo cuento de forma más vaga, intento provocar que ocurran cosas e intento dejar que nos sorprendan a ver si aparece algo mejor. Y, si aparece, lo tomo y si no aparece nada siempre estoy a tiempo de recuperar esa idea que tenía. Intentamos no empeñarnos en cosas que van contra natura. Si va mucho mejor por otro lado y nos sirve, preferimos cambiar el guion a forzar el junco y que se nos rompa.

¿Qué dice esta película de ti como director?

Pues eso tendrá que decirlo alguien desde fuera, no lo sé… Sí creo que es una película que se me parece mucho. En general, creo que el tipo de películas que hago sí se corresponden mucho con cómo soy. Que es una cosa curiosa, ¿eh? Que sea un trabajo muy colectivo y en el que todo el mundo aporta ideas y aporta formas y estás entre mucha gente y que, sin embargo, se acaben pareciendo mucho a uno es extraño. Es una de las cosas mágicas del cine.

¿En qué has evolucionado o mejorado desde que empezaste a dirigir?

Quiero pensar que en todo. El cine tiene tantas posibilidades, tantas capas, tantas formas que nunca acabas de aprender. Por resumirlo mucho, te diría que yo me sentía más seguro como montador, es donde me sentía más fuerte, y las primeras películas, sobre todo en ‘Cravan vs. Cravan’ e, incluso, ‘La leyenda del tiempo’, estaban muy centradas en el montaje. Por ejemplo, cuando hacía ‘Cravan’ yo no sabía rodar, no había rodado, así que pensé: “Bueno, voy a ir a rodar, a tener el material y a construirla en montaje”. Y es a partir de ‘La leyenda del tiempo’ que empiezo a preocuparme más por las posibilidades del rodaje, por hacer que las cosas ocurran también ahí. Por ejemplo, para mí, lo más complicado del cine es el control del ritmo interno del plano; hacer que las cosas ocurran dentro de un plano, que tengan un ritmo natural. Son cosas que he ido aprendiendo un poco más a lo largo de los años.

¿Estás trabajando ya en tus próximos proyectos o aún estás centrado en ‘Entre dos aguas’?

Estamos trabajando en varios proyectos, sí. Siempre conviene que los proyectos se solapen porque, si no, enseguida te pasan veinte años sin hacer nada y no te has dado ni cuenta. Y, si tienes quince proyectos, catorce se te caen y te queda uno. Así que, sí, estamos con varias cosas y a ver cuál o cuáles acaban llegando a buen puerto.

Por María Cappa