Se licenció en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, aunque fue la interpretación la que acabó conquistándola.  Nada más debutar en el cine con la película ‘Taxi’ [Carlos Saura, 1996] el Festival de San Sebastián la galardonó con el premio Fernando Rey a la mejor actriz Europea. Casi diez años más tarde, su papel protagonista en ’15 días contigo’ [Jesús Ponce, 2005] le valió una nominación a los Goya y otra a los premios de la Unión de Actores, ambos como mejor actriz revelación. Su talento traspasó fronteras gracias al corto ‘Postales desde la luna’ [Juan Francisco Viruega, 2012] y obtuvo el premio a la mejor actriz en el Canberra Short Film Festival y el International S.F Taranto de Italia. Entre premio y premio Isabel Ampudia ha trabajado en teatro (‘Crímenes del corazón’, ‘Lo último que quiero’, ‘Veneno para ratones’) y en televisión, en series como ‘La ira’ (Daniel Calparsoro), ‘2055’ (Koldo Serra) o ‘Sin identidad’ (Gracia Querejeta). Acaba de bajarse de los escenarios, tras protagonizar ‘Zarabanda’ (la versión teatral de ‘Saraband’, la última película de Ingmar Bergman), y se ha subido a la noria de las presentaciones y los festivales de cines con su última película ‘La primera cita’, que, en palabras de su director, Jesús Ponce, es “un drama amable y una historia de pareja y recuerdos”.

Tu personaje tiene un alzhéimer incipiente. ¿Cómo lo trabajaste?

He leído mucho, he visitado un centro de mayores para alzhéimer, aunque hay casos muy precoces, de gente con treinta y tantos años… Pero yo vi los primeros síntomas. Al principio son pequeños olvidos, pequeñas confusiones… Y eso me obligó a tratarlo de una forma muy natural, no hacer nada más que parpadeos previos a la ausencia, pequeños gestos que no sé si se ven en pantalla o no, pero cada vez que el personaje estaba en uno de esos estados, le daba la entrada con estas cosas que he visto hacer a los enfermos y, si no, simplemente, confundir. Mi personaje, Isabelita, era más vitalista cuando estaba en el pasado o en confusión que en esta vida monótona que le había tocado vivir. La vida le pesa. Pero son instantes, momentos no muy largos. Incluso hay veces que no se sabe si está jugando con el otro.

En esta película se explora la vida emocional de una mujer adulta, algo que es muy poco habitual en la ficción. Eso, para ti, debió ser un lujo.

Claro. Lo ha hecho Albaladejo algunas veces, pero es muy poco habitual, es cierto. Esta generación tan machacada en la que hay tantas mujeres todavía, y jóvenes, algunas, que pasan del padre al marido y sin mucha consciencia de sí o de lo que están viviendo han sostenido muchas casas y les ha tocado vivir una parte muy oscura. Es hermoso hacerles, no un homenaje, pero sí un reconocimiento.

Como actriz, ¿te es más fácil trabajar con este tipo de personajes complejos, con varias aristas, o es más fácil interpretar uno plano?

No me sale lo superficial, no hago tele, no me llaman –empieza a reírse- porque no me sale decir solo el texto y ya. Me gusta más y me siento mucho mejor… Trabajo poco y cuando trabajo, lo hago profundamente. Hacer este tipo de personajes con capas… ¿Quién no tiene capas? Yo no conozco a personajes planos; en la vida, nadie. Incluso aunque vayan de frívolos y planos tienen dolor, alegría… Y falsedad tenemos todos, es parte de la condición humana. Escribir personajes planos, no…

¿Cuándo consideras que un personaje está bien escrito?

Cuando con dos lecturas se me ha quedado el texto. Y los hay. No es que el mundo se adapte a mí, es que, de repente, todo es fácil. A lo mejor me toca ahondar en alguna cosa más, pero si hay mucha literatura… Está bien escrito cuando las situaciones y lo que pasa está claro y cuando se puede ahondar en el. Para mí lo interesante de un personaje no es hacia fuera, sino hacia adentro. Y no me refiero a lo que no se ve, porque se ve. Hablo de lo que no es tan habitual, de lo que se intuye.

¿Y cuándo crees que estás bien dirigida?

Cuando no hay que hablar mucho. Cuando las palabras son poco necesarias o cuando con una palabra está todo dicho. Cuando hay creatividad, cuando el director sabe exactamente dónde acaba y dónde empieza el recorrido emocional, cuando me permite buscar, ahondar, equivocarme en los ensayos… ¡Por favor, directores! Los ensayos son para equivocarse, para ir descartando, no para acertar.

De todas estas características, ¿cuántas tiene Jesús Ponce?

Jesús escribe muy bien. Tiene un oído para la calle y para lo cotidiano muy bueno y construye unas situaciones estupendas. Y luego, a la hora de ensayar, no lo mata, si no que vamos viendo hacia dónde van las motivaciones, las intenciones… Y te permite hacerlo con texto tuyo. Si hay algo muy literario, algo más retorcido… No bajarlo mucho al cotidiano mío porque cada personaje requiere un habla, pero sí hacerlo mío. Giros que, a lo mejor, son muy andaluces y que se me hacen raros porque yo soy del norte, por ejemplo… Es maravilloso porque, partiendo de una base, lo enriqueces.

No solo has vuelto a coincidir con él en esta película, sino también con Mercedes Hoyos, con quien ya habías trabajado en ‘Todo saldrá bien’.  ¿Esto te motiva más o hace que te relajes porque al ya conoceros todos…?

No. Cada personaje es un mundo. Es mantener el trabajo; yo creo que ninguno nos relajamos. Con Sebastián [Haro] también había coincidido en ’15 días contigo’ [Jesús Ponce, 2005] y no tiene nada que ver el militar que hace aquí con el yonqui que hace allí. Tienes que estar escuchando, no hay relax posible.

Desde que empezaste hasta ahora, ¿en qué has mejorado como actriz?

Creo que conectar con las emociones… Con lo que hay, no con las emociones pertinentes para el personaje o para lo que se cree que debe ser, sino conectar con todo un abanico de emociones mías disponibles. Dejarme un poco en el vacío. Me gusta mucho trabajar desde el vacío, inicialmente, porque me hace estar muy libre para lo que me van diciendo. He aprendido a dejarme de verdad, sin ningún prejuicio. Incluso cuando leo un texto y me digo: “Ese va por aquí”. Pero en los ensayos y en el rodaje voy a quedarme en el vacío y confiar en que sale lo que tiene que salir. Es como vivir en la cuerda floja.

¿Y qué te gustaría hacer mejor o dominar más?

Muchas cosas. El ritmo, la seguridad en mí misma, que soy bastante insegura. Esto es un arma de doble filo, porque lo del vacío puede crear mucha seguridad, pero también mucha inseguridad. ¿Y qué me gustaría dominar más? Creo que la parte social; ir a una fiesta, ser la más guay y salirme con dos trabajos. Es que no entiendo las fiestas, me aburren soberanamente, entonces pienso: “Dios mío, ¡qué mal voy!”. Sí, ese aspecto de venderme socialmente no se me da nada bien. Aunque tampoco me preocupa, ahora que lo pienso.

¿Qué es lo más complicado de tu trabajo y del mundo en el que estáis insertos?

A ver, de la interpretación en sí, encontrar el tono que quiere el director. El tono viene dado por las pausas y por un montón de detalles. Una vez que está claro, bien, pero hasta que se encuentra… Yo, a veces, si no lo sé, pico mucho el texto o me pongo muy… Yo sola, ¿eh? En casa. Luego ya en el primer ensayo cuando ya veo el tono, me relajo. Es la respiración… Es un poco técnico, pero la respiración es la que lleva el pensamiento y el pensamiento es el que marca las pausas, entonces, cuando lo encuentro, ya me quedo más tranquila. Y lo más complicado de este mundo es que es difícil vivir de esto. Es difícil estar relajado, vivimos muy pocos… Bueno, viven, yo voy por años. Viven muy pocos actores de su trabajo. En España es creo que un 7%… Menos de un 10%, seguro. Yo he tenido ahora muy buenos meses: he hecho teatro, he hecho un Bergman y, claro, eso te da la vida. Me ha tenido escuchando como si no hubiera un mañana, he aprendido a escuchar cada día de nuevo. Todo esto es maravilloso. ¿Cómo insertar todo esto en un mundo donde solo hay series Netflix? No lo sé. Pero es que no sé nada en esta vida –dice entre risas-.

Has hablado de que no te llaman de la tele porque no sabes actuar desde lo banal, hablas ahora de Netflix como el epicentro del trabajo… ¿No te atrae por el formato en sí o por el tipo de ficciones que se están haciendo? Porque, por ejemplo, el proyecto para HBO de Reese Witherspoon, ‘Big little lies’, ha sido muy aclamado.

Claro, pero es que estamos hablando de Reese Witherspoon y de la industria americana que no tiene nada que ver con España. Antes hablábamos de la profundidad. ‘Big little lies’ tiene algo que contar con profundidad y con un tono determinado. Aquí todavía estamos aprendiendo. O, más que eso, creo que hay tanto miedo a fracasar  con la audiencia que ni se intenta. Entonces, es todo lo mismo: sitcoms. Que están muy bien, ¿eh? Yo muchas veces me río como una loca con los chistes, pero no me dejan esa cosa de: “Jo, qué capítulo he visto, aún me está dando vueltas en la cabeza…”. No, es más de consumir y tirar.

¿Y series como ‘Vis a vis’ o ‘La casa de papel’?

‘La casa de papel’ me gustó al principio y después me desinteresé porque ya lo veía como una repetición, me pareció una mini-serie alargada. Y en ‘Vis a vis’ hay unas interpretaciones maravillosas de mujeres. Todas. Pero mira lo que pasó, que la última temporada tuvieron que hacerla en Movistar. Eso no puede ser… O sí y a lo mejor es por ahí por donde va el camino, pero la audiencia ya no fue la misma. Ni la repercusión. Y mira que están bien todas. El trabajo de Najwa, el de Maggie Civantos, el de la maravillosa Inma Cuevas… Es que están brutales todas, pero la tiraron. Y luego, algo pasa con los guiones. No sé, creo que no crecen o que están más tiempo del que deben estar, porque los guionistas de verdad que se esfuerzan, pero el resultado acaba siendo más planito. Puede ser también por falta de tiempo o de recursos… No lo sé.

Hablabas del miedo a fracasar con la audiencia y que por eso no se arriesga. ¿Qué implica arriesgar en un proyecto de ficción?

Para mí, arriesgar es ir a lo desconocido. Hombre, deberíamos basarnos en algo conocido porque saltar al vacío con dinero ajeno no te lo va a permitir nadie. Pero, teniendo los pies en algún sitio, saltar lo desconocido debe estar muy bien. Recuerdo una serie que se llamaba ‘2055’. Originalmente, transcurría en el año 2050 como en una especie de luna, en atmósfera cero… Algo de mucho riesgo. Y llego la cadena, Telecinco, creo que era, y en vez de ponerlo en 2055 y en una luna, lo puso aquí al lado y 2020 o algo así; ya no era un futuro distópico. La cadena no arriesgó y con toda la razón, a lo mejor, pero la serie se quedó mutilada en cuanto a riesgo. Y todo tiene que ver con lo económico. Desde las cadenas, los ejecutivos consideran que se va a ganar dinero con algo y eso les pesa más que un criterio más artístico o más arriesgado. Y los dueños de las cadenas o de las productoras juegan tanto como el director o los guionistas. Ni te cuento la cantidad de versiones que tienen que hacer los guionistas para pasar filtros y que no se los echen abajo… Vamos, ni en la época de Berlanga, porque en esa época era una cosa más ideológica, pero hoy es una mezcla entre lo ideológico, lo neoliberal… Acaba quedándose todo en tierra de nadie, con los mismos intérpretes siempre… Pues me voy a leer un libro, qué quieres que te diga. Y la pena es que hay tantísimos guionistas, administrativos, incluso de parte de los CEO o los ejecutivos que sí que quieren arriesgar… No sé quién es, en último término, la persona que decide no hacerlo, pero hay tanta gente que lo busca, que trata de hacer algo creativo y comunicarlo, decirle a este mundo tan complicado que se puede hacer arte, que se puede pensar, que se puede aspirar a la belleza incluso en la tele, claro. Pero, al final, cuesta mucho por miedo. Es que el mercado manda, ¿eh? Y manda mucho.

Por María Cappa