Un café con... Hugo Stuven - coffe - alain - hernandez - maria - cappaSe estrenó como director de largometrajes en 2016 con ‘Anomalous’, un film rodado en Nueva York, en inglés y con Lluis Homar como protagonista. Como curiosidad, vale la pena destacar que es una de las pocas películas que motivó a su director a escribir un libro basado en ella, ‘Anómalo’ (que reeditará en octubre Palabras de Agua, la editorial con la que también publicó su primera novela, ‘El faro de las lágrimas perdidas’), para ahondar en los aspectos más interesantes de la historia. El pasado 3 de agosto llegó a los cines su segundo largo, ‘Solo’, inspirado en la historia del surfista Álvaro Vizcaíno quien, hace cuatro años, sobrevivió dos días en el mar con una doble rotura de pelvis y una profunda herida en la mano derecha tras caerse desde un acantilado en Fuerteventura. Es la primera película rodada íntegramente en esta isla y se hizo de manera ‘artesanal’, sin ayuda de piscinas, cromas o efectos especiales, negociando con el mar, las medusas, la marea e, incluso, con la luna. Sin embargo, para Hugo Stuven, lo más complicado de ambas cintas fue tener que esperar la confirmación definitiva de los productores: “Parece que el tiempo no pasa; es como en una de esas películas de los años 80 en la que las que el segundero cae pesada y lentamente; con lo inquieto que soy, eso lo llevo fatal”.

¿Cuál es el mensaje que querías lanzar con ‘Solo’?Solo-Alain-Hernandez-Hugo-Stuven

Nunca escribí o quise hacer la película para lanzar ningún mensaje; eso se lo dije a Álvaro [Vizcaíno], que no quería dar lecciones de nada. Quería hacer una película que traspasase la piel, que emocionara, que contara su historia durante esas 48 horas, pero sin lanzar ningún mensaje. Ahora, a toro pasado, el mensaje que me gustaría que la película transmitiera se puede resumir en una frase: “Nuestras huellas digitales no se borran de las vidas que tocamos”. Es un poco eso, que cuidemos a la gente que nos rodea porque al final todo cuenta.

¿Cómo utilizaste los recursos audiovisuales –desde los planos hasta la fotografía- para narrar esta historia, para potenciar lo que querías contar?

Uno de los pilares que quería para le película es que fuera muy elegante. Sabía que iba a ser difícil, porque uno de los retos que nos marcamos fue rodar en sitios reales; no utilizamos piscinas para rodar debajo del agua ni cromas ni ningún efecto digital. Esto conllevaba mucha dificultad técnica, pero creía y creo que le da un toque más orgánico, más real. Fuerteventura es una isla muy bonita y quería mostrarla así, entonces usamos drones, momentos del día muy especiales como atardeceres y amaneceres que son complicados a la hora de hacer órdenes de trabajo… Pero era todo por la peli, para que visualmente fuera poderosa. Y luego, es verdad que hago planos radicales, paso de planos muy cortos a planos muy generales sin usar ninguno intermedio, que está hecho para incidir en que el paisaje era un personaje más. Además, si te das cuenta, en la película la cámara casi siempre está a la altura del protagonista, lo que también fue una decisión narrativa. Quería hacer una especie de experiencia sensorial; si el actor estaba en el agua o bajo el agua, la cámara, también, si se arrastraba, hacíamos una zanja en la arena para poder meter la vía y que la cámara estuviera lo más a ras posible…

Y al equipo de sonido y al compositor, Sergio Jiménez Lacima, ¿qué les pediste?

El sonido fue otro reto más porque había mucha playa, mucha cala y, con ese viento, el equipo de sonido pensó que podía ser mejor irnos a un lugar apartado para hacer los diálogos, pero yo quería rodarlo en la cala real. Al final, ellos estuvieron a favor de la película, como el resto del equipo, y se trajeron unas planchas especiales insonorizadas que clavaban en la arena, en función de por dónde venía el viento, para poder captar el sonido directo lo mejor posible. Fue un proceso muy complicado que creo que salvaron muy bien. Y, por otro lado, a Sergio -con el que repito después de ‘Anomalous’- más que pedirle, porque siempre le dejo mucha libertad, era saber qué estilo de música requería la película y yo tenía claro que tenía que ser una mezcla de electrónica con orquestal, una fusión. Estoy muy contento con el resultado; si a la gente no le interesa la historia, vale la pena que vayan al cine para escuchar la música. Es más, en el Festival de Málaga, fue una de las cosas que la gente destacó, gustó mucho.

¿El agua fue lo más complicado del rodaje?

El agua fue lo más difícil y el acantilado fue lo más peligroso. El agua fue complicada porque es como si estuvieras en una montaña rusa, no tienes control ninguno sobre lo que quieres hacer. Tienes tres actores en una tabla de surf, al cámara y al microfonista en el agua y, de repente, todo se mueve 30 metros y ya no tienes el volcán de fondo que querías tener… Y luego, debajo del agua, con las cámaras subacuáticas pasaba lo mismo. Había planos donde el actor, según en qué momento, tenía que coger oxígeno para seguir rodando y había un buzo al lado y si había corrientes, se los llevaban y era imposible rodar. Fue muy difícil porque es el mar el que te dice cuándo puedes rodar, por eso mucha gente se lo lleva a piscinas, porque es mucho más rápido y más cómodo. Pero teníamos mucha fe en que iba a salir bien, en que iba a ser algo muy de verdad y así fue. Y luego el acantilado era muy peligroso. No solo estaba Alain [Hernández, el protagonista]; también estaban el cámara, el foquista… Y mirabas y pensabas que si caía alguno no es que se fueran a hacer un esguince, es que se mataban.

¿Qué tipo de director de actores eres?

Uno que escucha. Ahora estoy hablando un montón –dice entre risas- porque llevo toda la semana hablando para las entrevistas, pero me gusta mucho escuchar. Y creo que los actores tienen mucho que decir. Si vas con una idea fija y preconcebida te estás perdiendo todo un abanico de posibilidades que te pueden dar, aunque luego de todas ellas cojas tres o ninguna porque no encajan en la visión que tú tienes. Yo la película la pre-visualizo bastante antes, tengo las cosas bastante claras, pero son, digamos, el plan A. Lo que luego hacemos en el rodaje es partir de ahí y jugar a ver qué podemos cambiar con el director de fotografía, los actores… Ver si hay algo que se puede mejorar sin salirnos de las líneas que he marcado. En un momento dado, si nos perdemos, siempre tenemos el plan A. Y a veces pasa que ni el plan A ni el B ni ninguno porque no hay tiempo, tus cinco planos tienen que ser dos y ahí ya tienes que tirar de improvisación y de lo que crees que puede funcionar.

¿Qué crees aprendiste en ‘Anomalous’ que hayas podido aplicar en ‘Solo’?

Creo que de todo se aprende. De esta segunda película he aprendido muchísimo porque ha sido tan difícil de rodar… No es que en ‘Anomalous’ me sintiera inseguro, lo tenía todo muy claro y estuve muy a gusto. Es más, anímicamente, en esta segunda peli me he sentido como en la primera, con la misma ilusión, y que fuera tan complicada me generó un sentimiento de orgullo por el equipo y por todo lo que hemos hecho. Pero es verdad que me he sentido más a gusto en ‘Solo’. Lo que creo que he aprendido es que no hace falta pelear por ciertas batallas si al final quieres ganar la guerra. He aprendido a desprenderme de ciertas cosas en las que, a lo mejor, hace dos años me empeñaba y no podía dormir porque quería un plano determinado y si no era ese no era ninguno… Y ahora sé que tengo facilidad para sacar otras opciones que son igual de válidas e incluso mejores.

Hay algunas similitudes entre las dos películas. Una de ellas, que la trama en ambas está al servicio de los personajes.

Sí, yo creo que sí. Son historias diferentes que, desde puntos de vista diferentes (porque son géneros distintos), tocan lo mismo: la pérdida, el sentimiento de culpa, el amor, el desamor, la familia, la amistad, las segundas oportunidades… De hecho, la tercera película que voy a rodar ya arranca con una pérdida brutal; es un thriller de ciencia ficción, por lo que, de nuevo, es otro envoltorio, pero sigo tocando temas muy similares. Igual que a otros directores les llaman otras cosas, a mí, de momento, el cuerpo me está pidiendo que siga tocando temas como la pérdida o la soledad.

La segunda similitud es que en los dos casos se le genera al espectador una sensación de angustia, desasosiego, inquietud, necesidad de salir a respirar… ¿Hay algún motivo especial por el que te guste torturar al que va a ver tus películas?

No –responde entre risas-, pobres… No, lo que pasa es que a mí también me gusta sentirlo en el cine como espectador. Es verdad que ‘Anomalous’ es más claustrofóbica porque tiene muchos menos decorados exteriores, es mucho de interiores… Pero ‘Solo’, aunque esté rodada en un sitio abierto, se está contando desde un lugar muy chiquitito… Me gustan mucho los personajes pequeños que se hacen grandes. El otro día lo hablaba con un amigo, que yo, por ejemplo, veo un coche fúnebre con mucha gente detrás, pero en quien me fijo es en el conductor de ese coche: qué clase de vida tiene, por qué se dedica a eso… Es lo que hizo Balagueró con ‘Mientras duermes’; nadie se fija en el portero. Aunque está ahí, pasa desapercibido, pero detrás puede tener una historia muy potente. Eso me atrae un montón.

¿Tu tercera película va será, al fin, ‘Broken voices’, la que anunciaste que ibas a hacer mientras promocionabas ‘Anomalous’?

Ojalá, sí. Estoy luchando para que lo sea. Esta iba a ser mi segunda película, lo que pasa es que estaba repasando un poco todo, porque va a ser un poco más grande, con más presupuesto y protagonizada por una estrella internacional cuyo nombre no puedo revelar por ahora… Pero en aquel momento todavía no podía manejar los tiempos y la historia de Álvaro volvió a mí y me pareció más pequeña, -aunque luego resultó mucho más complicada de rodar de lo que pensaba en un inicio- y al final se coló. Y eso también me ha ayudado a coger esta tercera con un poco más de distancia. En cuanto a la temática, es un poco ‘Black Mirror’, por definirla de alguna manera. Habla de un padre que pierde a su hija en un parque y ya el comienzo es un poco frenético, aunque luego todo se complica muuuucho mucho mucho… Pero arranca así desde el minuto uno. También es verdad que soy padre de un niño de tres años y medio –que es maravilloso- y eso me ha hecho cambiar el espectro. Sigo hablando de la pérdida, pero si en ‘Anomalous’ era la de la novia, la de su mujer y en ‘Solo’ es la de la amistad, la del amor, parejas tóxicas… En esta última es la de la niña directamente. Mi vida va cambiando y eso se va reflejando en las películas que hago. Y creo que está bien eso de ir sacando cosas tuyas en las películas…

Por María Cappa