Podríamos decir que una ardilla podría recorrerse España saltando de éxito de Cristóbal Garrido en éxito de Cristóbal Garrido. Su firma está detrás de series como ‘Gran Hotel’, ‘Gran Reserva’, ‘Cuerpo de ‘Elite’, ‘Velvet o ‘Fariña’ y de películas como la reciente ‘Lo dejo cuando quiera’ [Carlos Therón, 2019] (mejor estreno español del año) o ‘Promoción Fantasma’ [Javier Ruiz Caldera, 2012]. Esta última fue el inicio de la colaboración de Garrido con Adolfo Valor, con el que comparte sentido del humor y referentes cinematográficos.

Has trabajado en series como ‘Velvet’, ‘Refugiados’, ‘Bajo sospecha’ o ‘Fariña’. ¿Cuál es la clave para escribir guiones de proyectos tan diferentes entre sí?

Para mí, lo más importante es saber entender el tono, tanto cuando es por encargo como cuando es tu propia serie. Y también hay que saber cuáles son los referentes. Por ejemplo, cuando arrancamos ‘Fariña’, Ramón [Campos, uno de los productores ejecutivos de la serie] nos dijo que su referente era ‘Roma Criminal’. Quería esa verdad. Aunque luego no tuviera nada que ver y los personajes y la historia fueran diferentes, sí quería darle ese tono casi como de documental, que no fuera algo como ‘Velvet’, por ejemplo. Esta serie no buscaba el rigor histórico, era un cuento de hadas. Entonces, creo que lo importante es tener olfato para saber lo que quieren tus jefes y luego saber adaptarte. Yo tengo la suerte de que me muevo relativamente bien entre géneros; hay gente que, probablemente, sea mucho más brillante que yo en thriller, pero solo sabe hacer eso; yo, más o menos, sobrevivo en diferentes géneros.

Te iba a preguntar, precisamente, si esta versatilidad era una virtud tuya o si es una cualidad que deberían tener todos los guionistas.

Hombre, estaría guay que todo el mundo fuera superversátil. A ver, ahora, con la fragmentación de las audiencias, que se pueden hacer series algo más diferentes, no tanto, pero antes no existía el género puro. Estaba la ‘dramedia’, donde, de repente, había una secuencia de chiste y otra de llanto o series como ‘Los hombres de Paco’ donde, además de acción,  tenías que hacer thriller y comedia. Está bien que, como mínimo, manejes los mecanismos de todos los géneros, pero no es imprescindible. No hace falta que seamos todos hombres del Renacimiento y que sepamos hacer de todo; con que haya alguien que sea bueno en algo, ya me parece más que suficiente, vamos.

Otra de las características de tu trabajo es que la mayoría ha funcionado muy bien en términos de audiencia. ¿Podemos afirmar que tienes la clave del éxito?

(Comienza a reírse). ¡No! Si la tuviera estaría cobrando el triple de lo que cobro… Pero, no, tampoco el 100% ha funcionado a tope. Por ejemplo, ‘Refugiados’ no fue el éxito que esperábamos, no sé si tanto de audiencia como de crítica… No sé, era la primera serie que se hacía en coproducción con la BBC, el hype era muy grande y nos quedamos un poco a medio camino. Pero vamos, creo que es suerte y, además, haber dado con buenos productores, que es fundamental. Yo he tenido la suerte de haber currado mucho tiempo en Bambú, donde se hacen muy bien las cosas… Evidentemente, no son perfectos y hay cosas que pueden gustarte más o menos, pero sus series están muy bien producidas. Y en cine también he trabajado con productores muy buenos. Eso también ayuda, estar en manos de gente que sabe lo que hace. Yo, como guionista, puedo dar la talla, pero si luego viene un mal productor o un mal director se va todo al garete.

Has trabajado más en series que en cine, ¿Se te da mejor, te gusta más, hay más oferta…?

Es que cunde más. Yo siempre he estado trabajando en cine; de hecho, he estrenado bastantes pelis en los últimos años, lo que pasa es que los tiempos en el cine son eternos… En el tiempo en el que hicimos la peli de ‘Cuerpo de Élite’ [Joaquín Mazón, 2016] a lo mejor me hice tres series, entonces da la sensación de que he trabajado más en tele. Tanto Adolfo [Valor] como yo siempre hemos tenido nuestros curros en tele, porque Adolfo empezó en ‘El Intermedio’, pero nunca hemos dejado de escribir para cine. Empezamos con ‘Promoción Fantasma’, luego hicimos ‘Cuerpo de Élite’, ahora, ‘Lo dejo cuando quiera’… Parece que te vuelcas más en la tele, pero no es verdad, nunca hemos dejado de hacer pelis, lo que pasa es que los procesos son eternos. Hemos estado tres años con el desarrollo de ‘Lo dejo cuando quiera’ y en ese tiempo tienes que trabajar en la tele. Ya ni siquiera porque te guste, hay un punto hasta de necesidad… (dice entre risas).

¿Dónde tienes más control sobre lo que escribes, en la tele o en el cine?

A ver, ahora el panorama pinta mucho mejor para le tele, ahora sí que nos dejan decidir mucho más, somos productores ejecutivos… Tenemos mucho más control. Y quiero creer que en cine también nos va a pasar lo mismo. Creo que la figura del guionista se está revalorizando bastante porque los productores estás entendiendo que no somos esos pringaos que están en casa en pijama, sino que tenemos algo de olfato y sabemos leer y entender cuál es nuestro universo y cómo plasmarlo… Pero hoy la situación todavía es muy diferente en la tele y en el cine.

De todos modos, en una entrevista que hiciste para ALMA (el sindicato de guionistas) dijiste que no te considerabas un autor, sino un currante, que no te molestaba tanto que te tocaran los guiones.

A ver… Adolfo siempre me regaña y me dice: “¡No digas lo de que no somos autores!”. Lo que quiero decir con eso es que no soy auteur (dice con acento francés y entre risas) en el sentido de que no considero que hagamos un cine muy personal, que no somos Julio Médem. Pero sí que tenemos un sello, nuestras pelis son mínimamente reconocibles. Ahora, una vez que el dire tiene el guion, partiendo de la base de que tiene que respetarlo, no pasa nada por que haya cambios. Al final, en el rodaje todo crece. Es más, antes de empezar a rodar, siempre hacemos una nueva versión del guion para el director después de haber hecho una lectura con los actores. Otra cosa es que te reescriban el guion entero. Por ahí ya sí que no paso; me ha pasado y no quiero que me vuelva a pasar. Pero si es algo normal, no pasa nada, forma parte del juego. Si en el rodaje un actor dice algo diferente o si el director ve que arrancar con otro punto de vista monta mejor, no es algo que me vuelva loco.

Es curioso porque tus referentes son personas con una profunda visión artística, con una personalidad muy marcada y uno suele tender a querer ser como aquellos a los que admira, pero tú tienes muy claro quién eres, qué se te da bien… Que no pretendes ser Tarantino, vamos.

Claro, es muy sencillo. Creo que tanto Adolfo como yo tenemos una visión muy concreta de las cosas; cuando hablamos de pelis, tenemos los mismos referentes y sabemos lo que queremos. Pero eso no significa que veamos una película de Will Ferrell y la queramos copiar. Nos gusta la libertad que se respira en la nueva comedia americana y eso es lo que querríamos trasladar aquí, aunque a veces es complicado porque estamos más encorsetados. Pero teniendo en cuenta quiénes somos… Es que me voy a meter en un lío, que Adolfo me va a decir: “¡No digas que no somos autores!” (repite entre carcajadas). Sí somos autores de nuestras cosas, pero no tenemos este punto tan de artistilla, de “es mi película y es mi visión”. No. Es mi película, pero es la mejor visión para que salga la mejor película. No nos cerramos en banda a nada, a no ser que haya una falta de respeto o una reescritura completa.

¿Trabajas mejor con Adolfo Valor que solo?

Nunca he escrito nada a solas y con Adolfo… Es que llevo currando con él desde ‘Promoción fantasma’. A ver, se trabaja muy bien con un compañero, eso siempre; y, si es en comedia, más porque necesitas rebotar, necesitas ver que a alguien le hace gracia. Cuando lanzas algo y ves que no hay siquiera una sonrisa en el de enfrente… No me imagino cómo debe ser escribir una comedia tú solo en tu casa y más con lo que te hablaba de los tiempos en el cine. A lo mejor cuando escribes algo ves que tiene gracia, pero dos años después, cuando ya lo has leído treinta veces, es imposible. Hay que tener a alguien que te rebote al lado. Por eso y por una cuestión anímica, porque hay veces que tú estás más bajo y tira del carro el otro… Para mí, tener un compañero es vital.

¿Prefieres comedia? ¿Es tu género favorito?

[Piensa un momento]. Mira, en cine, es verdad que, si me voy a tirar dos años haciendo algo, prefiero que sea comedia. Pero no me importaría hacer en cine un ‘Fariña’, ¿eh? Me molaría mucho. Y luego ya, en tele, lo que me dejen. Me gustaría mucho hacer comedia, pero en tele es más complicado porque les da más miedo, es más problemática la comedia, pero no me cierro a ningún género. También es verdad que en el cine Adolfo y yo ya tenemos un sello que mola y no querríamos perderlo ni desvirtuarlo, pero, vamos, que si mañana nos encargan un thriller que mole lo haríamos encantados.

Has evolucionado hacia productor ejecutivo, un trabajo que te permite tomar decisiones sobre la trama, la producción, el reparto… ¿Cómo equilibras lo que crees que va a vender con lo creativo?

Pues equilibrando (dice riendo)… Esto lo he aprendido mucho en Bambú, lo he mamado de Ramón Campos. Por ejemplo, dices tú del casting. Tienes que decir: “Bueno, aquí me la juego con alguien muy de la tele, alguien que arrastre masas”, pero al mismo tiempo poner a un José Sacristán para darle una patina de prestigio y, además, apostar una pequeña cuota a nuevas caras que de aquí a nada van a ser estrellas por sí mismas. Es lo que dices tú, hay que buscar un equilibrio, en esto y también en las tramas. Es verdad que, sobre todo cuando trabajas en la tele en abierto, no puedes olvidar que vas al gran público; eso es muy importante. No puedes ser muy oscuro ni excesivamente intelectual… Pero no por nada, sino porque, posiblemente, la gente que esté esperando hasta las once menos veinte de la noche, no tiene ganas de meterse en un universo muy complicado. Aunque creo que esto está cambiando, que Netflix, Movistar, HBO, incluso Antena3 están buscando más la serie concreta. Por ejemplo, nos encantó hacer ‘Cuerpo de Élite’ no porque fuera una serie de comedia abierta, sino porque nos dieron la opción de hacer sátira política; eso era algo que no se estaba haciendo y fue la gran baza. Estaba maquillado para que todo pareciera un gran disparate, pero estábamos hablando de las tarjetas ‘black’, de los Pujol… Pero sí que es verdad que hay que tirar de equilibrio en todos los aspectos.

Hablando de las nuevas plataformas, en una entrevista dijiste que este era el momento de la “venganza del guionista”. ¿Te has tomado alguna revancha?

No lo sé, tampoco quiero ir tan de sobrado (lanza una sonora carcajada)… No, es verdad que sienta muy bien que te llamen las plataformas o las televisiones directamente. Eso mola mucho. Las cadenas siguen llamando a las productoras, claro, pero se han dado cuenta de que, además del productor que lo compra, quien tiene los contenidos es el guionista, por lo que se saltan un interlocutor. Evidentemente, hay que seguir contando con los productores; a mí me gusta ser productor ejecutivo, pero no quiero producir, no sé ni abrir un excel; hay cosas que ni sé ni me interesan. Sí quiero tener un control creativo sobre determinadas cuestiones, sobre todo de la historia, que es lo que me importa y lo que me gusta. Y creo que eso sí que se está consiguiendo con lo que hablábamos de la fragmentación y de las nuevas plataformas.

¿La aparición de estas plataformas ha permitido que ALMA haya ganado fuerza o sin el trabajo que venía haciendo hasta ese momento, por más oferta que hubiera, los guionistas no habríais podido adquirir un mayor control?

ALMA lleva treinta años y ahora se está hablando de este sindicato más que nunca. Creo que su boom tiene mucho que ver con la importancia del guionista, porque si el guionista es importante, su sindicato también lo es, pero creo que también ha venido mucho por las redes sociales. Parece una coña, pero antes los guionistas de cine, por ejemplo, trabajaban en su casa y no se conocían todos entre sí; los de tele, se conocían si trabajaban en la misma productora. Y, de repente, las redes sociales, los blogs, en su momento, hicieron que mucha gente se conociera, que se empezaran a seguir la pista, y se dieron cuenta de que los demás tenían los mismos problemas que ellos. Y eso ALMA, que tiene un poder muy tocho en Twitter y en redes sociales, lo supo canalizar muy bien. Mira, cuando vino Greg Daniels dijo que hacer un sindicato de guionistas era como hacer un rebaño de gatos: cada uno está por su lado, les da lo mismo lo que les pase a los demás… Creo conseguir juntar a la gente, hacernos ver que todos tenemos los mismos problemas y concienciarnos ha sido el gran logro de ALMA. Y luego conseguir cosas, un convenio. Hace poco nos decían que ALMA no hacía nada por los guionistas de la tele y, precisamente, este convenio, si es para alguien, es para los guionistas de programas, porque los de series y de cine ya cobraban más que ellos; a los guionistas de programas se les ha subido mucho el sueldo. O sea, que son muchas cosas las que se han conseguido y están guay, pero tenemos que seguir creciendo. Somos ya 640, creo, 300 más que hace dos años. Una barbaridad.

¿El hecho de que haya ahora más oferta elimina el sentido de competencia, ayuda a que sea más rebaño que gatos?

Sí, puede ser, también, que sea un momento bueno y hay mucha gente que está currando. Pero, fíjate que en realidad el boom de ALMA arrancó antes, en años de crisis, que al final es cuando te echan del curro, no encuentras trabajo, cuando tus derechos son vulnerados, cuando te piden que trabajes por cuatro chavos… Creo que ahí fue cuando de verdad nos dimos cuenta de que necesitábamos a alguien que nos… Hay una leyenda negra de un productor que decía que lo de: “Fuera hace mucho frío”. Pues no hace tanto frío como el quería hacer ver, pero es verdad que ante el frío es mejor abrigarse y no hay mejor abrigo que ALMA… Mira, qué bonito eslogan me ha quedado (dice entre risas).

 

¿A qué no renuncias?

¿A qué no renuncio? A ver… Es que son muchos años de renunciar, ¿eh? (Se ríe). Pues mira, creo que, en general, todo se puede conseguir con cariño. Hay algo que no soporto, y que para mí ha sido un antes y un después, que es la falta de respeto. Y fíjate que te decía que no somos estrellas, no vamos de divas, que no vamos diciendo que no toquen nuestros guiones… Pero que venga un director y reescriba todo lo que hemos hecho me parece una falta de respeto. Y esa voluntad, por mi parte y por la de Adolfo, de intentar ascender y hacernos mayores es para tener el control, que no nos pase esto que te acabo de contar. Esto es a lo que sí que no renuncio. Y luego, por supuesto, al respeto. Con cariño, respeto y buen rollo, te puedo negociar cualquier cosa, siempre que no desvirtúes la serie o la película, claro. Si me vas a tratar con mucho cariño, pero me las estás metiendo doblada, tampoco.

¿En qué estás trabajando ahora?

Pues ahora tenemos ‘Lo dejo cuando quiera’ en cartel y tenemos el desarrollo de una serie sobra la que no podemos decir nada, ni qué ni para quién. Pero nos apetece muchísimo. Estamos muy felices con esta serie porque es diferente; cuando se anuncie ya sabréis cuál es. Y luego también tenemos proyectos de pelis, pero, claro, hasta que salen…

Por María Cappa