Cristina de Inza ha participado en casi una treintena de series, desde ‘Al salir de clase’ hasta ‘Centro médico’, pasando por ‘Velvet’, ‘El Minsterio del Tiempo’ o ‘Víctor Ros’, aunque los personajes que más huella han dejado son los que ha interpretado en ‘Amar en tiempos revueltos’, ’14 de abril. La República’ y ‘Abducidos’. También ha formado parte de diversos cortos y largometrajes, en los que ha trabajado a las órdenes de directores como Carlos Saura [‘El séptimo día’, 2004] o Antonio Mercero [‘¿Quién eres tú?’, 2006]. Sin embargo, ella se define como “una mujer de teatro”. No solo porque es el medio en el que se siente más plena, sino porque los personajes a los que ha dado vida en este medio le han permitido evolucionar, crecer y ahondar en mujeres complejas e interiormente muy ricas. Además, el teatro le ha permitido trabajar con directores de la talla de Fernando Fernán Gómez, Gerardo Malla, Ernesto Caballero o, de nuevo, con Carlos Saura con el espectáculo que la tiene ahora subida al escenario del Teatro Infanta Isabel de Madrid, ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, y que la llevará de gira por toda España durante el próximo año y medio.

Carlos Saura es un prestigiosísimo director de cine, pero el teatro tiene otros códigos, otro lenguaje narrativo e, incluso, el director tiene otra función. ¿Cómo se ha adaptado?

Eso se lo tienes que preguntar a él, pero es un lujo tenerlo como director. Tiene una visión muy global del espectáculo, te sitúa de una forma muy simple, sin ningún tipo de pretensión, en la acción del texto… Y luego es un hombre que tiene muy claro lo que quiere, la esencia que quiere sacar de la obra, entonces, a nivel actoral, que sería por dónde va la pregunta, ¿no? Pues tiene muy claro lo que no quiere. Te deja transitar, te deja trabajar, te deja ir haciendo y te va encaminando hacia la línea que él quiere.  ¡Además, es maño como yo!

¿Varía mucho el espectáculo respecto a la obra de García Márquez?

 Respecto al cómputo global de la obra… Esta es una adaptación hermosa, con una literatura hermosísima de Natalio Grueso que va a favor de la obra. Hay cosas que no aparecen, claro, porque se tiene que reducir a un espectáculo teatral de hora y veinte, más o menos, pero te sitúa muy bien en la violencia intrínseca que viven los dos protagonistas: la espera angustiante, la muerte del hijo, el hambre… El público va a reconocer todo esto. Y sobre todo va a reconocer el final, que no se ha tocado.

¿Cómo has trabajado tu personaje?

Ha sido una labor de ir muy poco a poco porque esta es una mujer que comienza la obra con un peso muy grande, que es el recuerdo de su hijo muerto. Ella está enferma de asma, que es algo que hay que incorporar también, y luego está la relación de amor y de apoyo incondicional a su coronel. A partir de esos tres presupuestos empecé a forjar, tanto corporalmente, como físicamente, como vocalmente a esta mujer de hierro porque es un poco la que tiene los pies en el suelo y la que hace bajar al coronel porque hay que comer. En esta vida primero están las necesidades básicas.

Empezaste construyendo a tu personaje junto con Juan Diego, pero luego lo sustituyó Imanol Arias. ¿Modificó esto a tu coronela?

Absolutamente. Para empezar, en la versión con Juan Diego teníamos acento colombiano en la obra. Entonces, ya, partiendo de ese trabajo de entonación, la obra cambia cuando viene Imanol porque nos lanzamos a hacerla en castellano. Pensamos que es mucho mejor, más cercana al público que va a venir, tanto aquí como si la hiciéramos en América Latina. Y, ya desde ahí, fue un cambio radical; fue como volver a empezar, pero profundizando más en los personajes y en la relación entre ellos. Pero, vamos, para mí ha sido un sueño y es un sueño haber trabajado este primer ‘Coronel’ con Juan Diego y tener la oportunidad de poder trabajarla de nuevo con ese gran actor que es Imanol Arias.

Entre los momentos más destacados de tu interpretación están tus silencios, que hablan casi más que cuando lanzas el texto. ¿Cómo los trabajaste?

Mira, para mí, siendo mujer de teatro, los silencios hablan lo mismo o más que la palabra. Hay veces que los actores les tenemos miedo a esos silencios, pero si son como en la vida real, que están rellenos de pensamiento, de intenciones, de miradas, de gestos… Dicen muchísimo más, como me estás diciendo. No hay que dejarse llevar… A mí me costaba, ¿eh? Me costaba porque está ese miedo de que no se escucha nada, pero en realidad hay mucho ahí abajo. Y es justamente en esos silencios donde se explica más la relación y ese amor tan grande que tienen estos dos personajes.

¿Cómo haces para que estén repletos de contenido?

El relleno del silencio… No se puede rellenar, lo tienes que afrontar con pensamiento. No puedes estar callado, no pensar en nada y no tener ningún tipo de intención. Cuando te encuentras en escena y te recreas con tu compañero, que te está llenando de cosas ese silencio; tú lo recoges, lo introduces en ti y le das tu respuesta. Sin palabras, pero se la das. Y es muy bonito; una de las cosas que más me han gustado trabajar en esta función han sido, precisamente, los silencios.

Y te ha salido bastante bien porque, al menos en Madrid, al terminar la obra el público se vuelca contigo.

Mira, hay días que, durante la obra, el público está totalmente callado y no sabes muy bien si van cabalgando contigo. Los escuchas, ¿eh? Porque sus silencios también los escuchas y los veneras, pero hasta el final no sabes cómo están respirando realmente. Y, efectivamente, en el aplauso final es donde recibimos todo el cariño y todo el entendimiento de ese público que ha estado contigo, a tu lado, sin tú saberlo a priori. Es muy emocionante.

Pero se vuelcan contigo especialmente.

Bueno, pero eso es porque en los saludos, primero salen… Es un equipazo el que tenemos: Jorge Basanta, Marta Molina, Fran Calvo… Son papeles un poco más pequeños, pero igual de importantes. Y, a la hora de saludar, primero salen ellos, luego salgo yo y luego Imanol, entonces va in crescendo. Pero, sí, yo recibo un abrazo generoso del público y de Imanol, que hay veces que me sostiene y no me deja irme hacia atrás.

¿Eso te da más energía para hacerlo mejor al día siguiente o te impone un poco?

¡Da miedo! El miedo siempre está. Para mí, cada día es una función nueva y espero darlo todo. Todos los días voy con nervios, con un nervio de saber que tengo que estar concentrada, ir a tope y estar en el presente… ¿Cómo se llama esto? Mindfulness -empieza a reírse-, pero metido en el teatro. Presente, actual, en este momento.

Has trabajado mucho en televisión, también en el cine… ¿En qué cambia tu forma de trabajar en función del medio en el que estés?

Yo soy mujer de teatro. He tenido pocas posibilidades porque es mucho más difícil acceder a castings de teatro en Madrid. Los directores quieren contar con la gente que ya conoce o lo que sea. Entonces, curiosamente, con lo difícil que es, he trabajado mucho más en televisión, pero me considero mujer de teatro. Y son dos técnicas diferentes. En el teatro tienes que llegar a la fila 25 y, por ejemplo, lo más complicado en esta obra es en la primera escena porque te acabas de despertar y tienes que decir un “buenos días” que, en la vida real, yo lo diría entre dientes y para mí, pero en el teatro tiene que oírte el de la fila 25 sin que aquello cante por peteneras. Y eso requiere una técnica mediante la que tienes que proyectar, tienes que dar la sensibilidad al espectador tanto de la primera fila como de la última. Y luego es un proceso mucho más bonito porque tienes un mes y pico para poder crear al personaje, para poder adecuarlo físicamente, vocalmente, anímicamente… Le puedes dar una profundidad a su espíritu que, en televisión es mucho más complicada porque va muy rápido. Ya no te cuento las series diarias. He estado en ‘Amar’ o en otro tipo de series diarias y, desde que hice la primera, le hago la ola a todos los actores que han pasado por ellas porque es un esfuerzo tremendo, hay una rapidez salvaje. Y te juegas mucho más porque lo que haces ya queda grabado. Una función, no, está viva, hay una cosa distinta… Hoy Imanol me habla de una manera, a mí hoy me sugiere otra cosa y le respondo diferente… Está viva.

¿Cuál consideras que ha sido tu mejor papel en teatro, en tele y en cine?

En teatro tengo dos, porque el de esta obra es uno de ellos. La coronela se va a quedar como uno de los mejores papeles por todo su abanico, por todo lo que tiene y lo que lleva ella en su bagaje. Y luego otro personaje que fue maravilloso fue el de ‘Picasso adora la maar’. En ese caso hacía de Dora Maar, que era la amante de Picasso, y en la obra se veía al pintor a través de los ojos de esta mujer salvaje. No hay muchos papeles para mujeres de mi edad con un interior tan grande y tan productivo.

¿Y en cine y en tele?

Bueno, en tele, por supuesto, mi mala de ‘Amar en tiempos revueltos’, Encarna. Fue mi mayor satisfacción; hacer de mala fue lo que más me divirtió de toda esa temporada, lo pasé pipa. Y en cine tampoco he tenido la posibilidad de hacer papeles muy grandes… No tendría ninguno así… El que está por venir.

Y respecto a tus próximos proyectos, ¿estás centrada en esta obra? ¿Vais a hacer gira?

¡Sí! Tenemos una gira muy rica con ‘El Coronel’, porque estamos recién estrenados, recién paridos, por así decirlo… En el Infanta Isabel terminamos el 30 de junio, aunque puede ser que se prolongue, pero luego ya empezamos en Donosti, Oviedo, Sevilla, Valencia… Tenemos un año y medio de gira por delante. Que no quita para poder… En otra cosa de teatro no me puedo meter, pero si sale alguna otra cosa en televisión, por supuesto que estaré… Estoy disponible para cualquier cosa que salga en tele o en cine.

Por María Cappa