Su primer protagonista en la gran pantalla llegó de la mano de Sergi Pérez con ‘El camino más largo para volver a casa’ [2014], trabajo que le valió una nominación como mejor actor en los premios Gaudí. Antes de esto, ya había participado en películas como ‘Excuses!’ [Joel Joan, 2003] o ‘La Rüina [Elena Trapé, 2009]) y en series como ‘Plats Bruts’ o ‘El cor de la ciutat’, ambas de TV3. Sus últimos trabajos han sido ‘Déjate llevar’, el proyecto más reciente de Leticia Dolera para Movistar +, y ‘Com si fos ahir’, de TV3. Además, ha formado parte del reparto de ‘7 razones para huir’ [Gerard Quinto, Esteve Soler Miralles, David Torras, 2019] y ‘La hija de un ladrón’ [Belén Funes, 2019]. Aunque el medio en el que Borja Espinosa se ha prodigado más ha sido el teatro. Aquí, ha participado en montajes clásicos como la ‘Electra’ de Sófocles que dirigió Oriol Broggi, ‘Calígula’, de Albert Camus, dirigida por Mario Gas o una de las obras maestras de Arthur Miller, ‘Las brujas de Salem’, donde se puso a las órdenes de Andrés Lima. Y también en obras de autores contemporáneos como Marta Buchaca (‘Las niñas no deberían jugar al fútbol’ y ‘Litus’), el francés Frederic Sönntag (‘George Kaplan’) o Josep María Miró (‘Temps Salvatge’). Y es, precisamente, con un texto tan actual que, según su autora (Cristina Clemente), no podría haberse concebido hace diez años ni tendrá sentido dentro de otros diez con el que, tras su paso por Cataluña, llega al Teatro Kamikaze de Madrid, donde se quedará hasta el 12 de mayo. La obra, ‘Andrea pixelada’, cuenta la historia de una booktuber con más de 300.000 seguidores que ve cómo sus ideales se ponen en cuestión el día en el que descubre una novela que habla de su propia vida.

En ‘Andrea pixelada’ interpretas a dos personajes. ¿Los trabajaste individualmente o la construcción de uno se iba alimentando de la del otro?

Tal y como sucede en la obra, al principio era individualmente, pero la gracia es que los cambios de uno a otro son cada vez más rápidos. Lo bonito es ver cómo uno puede sumarle al otro. La verdad es que ambos suman al actor y el actor suma a los dos. Al final ya no sabes bien quién es quién y de eso se trata, también, un poco, de romper la línea entre realidad y ficción. Pero, al principio, están bien diferenciados. Es verdad que el texto, quizá, presentaba un Miguel un poco más clásico y nosotros lo “agamberramos” un poco de entrada, lo que ha resultado ser más divertido aún de lo que leímos al principio.

¿Cómo has hecho para diferenciarlos? Te has centrado en la forma de hablar, de caminar, de relacionarse con el entorno…

Esto es algo en lo que al final dejas de pensar. Al principio sí piensas que tienes que diferenciarlos muchísimo, que se tiene que notar mucho, pero al final es un clic y el espectador pone de su parte, no hace falta que sea una diferencia muy extrema. Sí que Jairo, que es el chico que acude a las clases con Andrea, podría decirse que empieza como alguien introvertido con un tema de por medio que después se medio descubre… Pero también es un tímido extraño porque tiene cosas extrovertidas. Y Miguel, que en principio es descrito como alguien más clásico… Es verdad que Marianella [Morena, la directora] ha añadido una propuesta escénica donde vemos unas partes que no están en el texto literalmente y que ya hace que entre jugando mucho. Son diferentes, sobre todo al principio, es algo que se marca mucho, pero poco después se mezcla.

De todo lo que ofrece ‘Andrea Pixelada’, ¿qué te motivaría a ti, como espectador, para ir a verla?

A mí me gusta… Como actor, lo interesante es hacer estos cambios de un sitio a otro. Cómo, en un segundo y con los elementos que tenemos, vamos cambiando. Esto es algo que en el cine iría por corte; haríamos un flashback y ya lo tendrías. Pero aquí ves a los actores hacerlo y eso, en el teatro… Vamos, es el gustazo que da poder peinarte y hacer uno, despeinarte y hacer otro… Y luego llega un punto en el que dejas de hacerlo y la cosa, como decías antes, se empapa de lo que vienes haciendo. Y esto es chulo para nosotros y, por lo que nos han comentado, es gustoso de ver. Esa aparición de la locura o de pasar de un sitio a otro en un segundo es lo más gustoso de ver.

Has trabajado con textos de autores actuales, como este de Cristina Clemente, pero también con otros clásicos. ¿Cuáles te resultan más difíciles?

Los clásicos son más difíciles. Hablo por mi experiencia, ¿eh? Pero hay que picar piedra para entender muy bien lo que se está contando. Es muy bonito de escuchar, pero hay un trabajo para el actor de empaparse de aquello y de entender un significado en unas palabras que ya no se usan en el contexto en el que fueron escritas… Es otra manera de hablar, otra manera de puntuar y otra manera, también, de narrar. Si te paras a pensar en esa misma escena, lo que que quiere contar el autor, por ejemplo, tendría otro timing, esto nos lo comeríamos así y así y estaría explicado, habría muchas más elipsis… Y el público está acostumbrado a otro tipo de narrativa, aguanta menos según qué cosas. Son más difíciles. Eso no quiere decir que sean igual o más gustosos, eso ya cada uno, pero… A ver, aquí, en ‘Andrea pixelada’, de entrada… Es un texto contemporáneo y se entiende el lenguaje, pero para entenderlo bien hay que leerlo un par de veces o tres Sí, sí, eso no nos lo ha quitado nadie -dice sonriendo-.

En esta obra, gran parte del equipo artístico y técnico está conformado por mujeres. En cine también has trabajado con varias directoras, de las que las actrices suelen decir que tienen otra mirada sobre la realidad, otra sensibilidad… Tú, como actor, ¿también has notado esta diferencia o tu experiencia ha sido otra?

A mí me gusta trabajar con mujeres, en general, pero las directoras tienen… A ver, hay de todo. También he podido tener ciertos problemas y resulta que eran con una mujer; no es una cuestión estrictamente de género, sino de caracteres. Pero bueno, creo que las mujeres tienen una tolerancia, a veces, más alta, pueden llegar a ser más comprensivas… Pero ya te digo, cada casa es un mundo. Por ejemplo, aquí con Marianella la verdad es que no he tenido ningún problema. Ni con el equipo, vamos. Ha sido siempre muy respetuosa, no ha llegado nunca a ningún terreno personal… Luego hay otros directores que saben lo que quieren desde el primer minuto y si no les haces eso, pues no va la cosa. Pero vamos, que mi experiencia con las mujeres, hasta ahora, ha sido muy buena.

Has pasado por muchas producciones, de cine y teatro, en las que has trabajado con grandísimos actores: Lluís Homar, Josep María Pou, Carmen Elías… ¿Cómo se afronta el trabajo? ¿Cómo convives con la figura hasta que la humanizas?

Pues sí, son cosas que pasan… A mí, cuando me ha pasado, me ha dado una mezcla muy variopinta entre respeto, admiración, ganas de aprender… Más que miedo, respeto, pero también porque detrás hay algo de admiración. Además, por mi experiencia, cuando trabajas con gente muy buena aprendes mucho. Hay equipos que son, por lo que sea, más potentes, con muy buenos actores, muy buenas actrices y grandes directores y la verdad es que aquello, con el esfuerzo de todos… Si se lleva bien, claro, porque las individualidades, si no las gestionas- cosa que es trabajo del director-, tampoco sirven para mucho porque cada uno se salva a sí mismo, pero luego el resultado puede ser un poco pobre. Pero, si el director tiene el buen ojo para coger el material necesario para cada buen papel y saberlo llevar, la verdad es que se aprende mucho y se agradece. También ves trabajar a compañeros muy buenos y ves cómo hacen las cosas, que también es como se aprende.

La oportunidad para aprender es lo que te han aportado estos grandes actores, pero ¿qué crees que les has aportado tú?

Bueno, espero que ellos digan algo parecido de mi trabajo si se les pregunta (comienza a reírse). No lo sé, lo tendrían que responder ellos. Espero que también vean buenos trabajos y me consta que puede haber sido así en algún momento, aunque es algo que se oye menos entre nosotros. Cuando ya te acostumbras al otro y llevas no sé cuántas funciones, a veces ves menos… Pero, bueno, que se sabe cuando uno está muy bien o muy mal, aunque a veces hay que tener confianza y también hay que ser amigo para decir que estás bien o que no. No sé, espero que puedan decir que han tenido un compañero generoso y entregado.

Si tuvieras que destacar un papel o un momento, tanto en teatro como en cine, en el que hayas pensado: “Jo, qué bien lo estoy haciendo”, ¿cuál elegirías?

(Lanza una carcajada). A ver, el momento “qué bien lo estoy haciendo” no lo he tenido nunca, pero sí sé que ha habido papeles más importantes o mejores y que he hecho buenos trabajos. Por ejemplo, en teatro, en ‘Las brujas de Salem’, con Andrés Lima, lo tuve. Era un personaje muy potente, importante para mí, protagonista… La verdad es que ahí aprendí mucho y me sentí muy realizado como actor porque me subieron la valla y coges el toro por los cuernos, como suele decirse. Y, en cine, hice una película hace tres o cuatro años que se llama ‘El camino más largo para volver a casa’ y aquello también fue una oportunidad muy generosa para mí, como actor, para explorar el personaje. La fuimos haciendo como pudimos al principio. Luego fue reconocida, pero al principio tuvimos problemas y, para bien y para mal, había algo de improvisación en todo el montaje que ayudó mucho al resultado final. En cine y en teatro serían dos trabajos que destaco de mí mismo (dice riendo con timidez). Cuesta, pero es así.

Hombre, es que, de vez en cuando, uno también tiene que valorarse y hablar bien de sí mismo.

No, sí, sí, es verdad… Me cuesta, pero es así.

¿Tienes algún proyecto a la vista, además de ‘Andrea pixelada’?

De momento estoy con esto, que no se sabe si va a haber una posible gira en otoño. Pero ahora mismo no tengo un proyecto que pueda decirte que voy a estar en tal sitio… Estoy esperando varias cosas, pero este mundo es un poco así, que tampoco sé si van a pasar.

Por María Cappa