Puede que no la reconozcas por su nombre o su cara, pero seguro que has compartido con ella interminables ratos de ocio, ya sea en el cine o en casa. Es la voz de la doctora Temperance Brennan (‘Bones’), Skyler White (‘Braking Bad’) Lorelai Gilmore, la alocada y entrañable madre de ‘Las chicas Gilmore’, Wonder Woman en ‘La Liga de la Justicia’, la puritana Charlotte York de ‘Sexo en Nueva York’ o la malvada Reina Roja de la ‘Alicia en el País de las Maravillas’ que imaginó Tim Burton. Ana María Marí es una actriz de doblaje para quien lo más satisfactorio de su trabajo es haber cumplido un sueño infantil, el de poder vivir, desde su lugar, la magia del cine en primer persona, además del acceso que le da a papeles con los que “de otro modo, no podría soñar.”

¿Qué es un actor de doblaje?

El doblaje es un truco más del mundo de hacer películas y contar historias. Y, dentro de esto, el actor de doblaje es, sencillamente, una persona que está especializada en pasar a otra lengua la obra audiovisual, para que la vea más gente, con la mayor fidelidad posible al original. Es una especia de copista de otros actores para que la historia que han hecho en una lengua llegue en las lenguas naturales de los países donde se proyecta.

¿Cuáles son los requisitos para ser una buena actriz de doblaje?

Tiene que ver con la capacidad de interpretación y una cierta rapidez mental. Y con la templanza, diría yo, porque para doblar con la rapidez con la que lo hacemos y ajustándonos a lo que estamos viendo, lo que hace falta es que los nervios no te interfieran. Tienes que estar muy sereno para absorber el máximo en el menor tiempo y poder reproducirlo.

¿Cómo consigues que cada personaje tenga una identidad propia?

Por el corazón de los personajes. Ahí hay una especie de alquimia que no puedo explicar. Veo una cara, veo, sobre todo, unos ojos, escucho, tengo un texto que me indica lo que tengo que decir y me sale algo. Lo que quiero es pegarme; es una expresión que usamos mucho, está pegado o está despegado. Yo lo que quiero es pegarme a la cara que tengo delante diciendo lo que está diciendo. No hago nada, no es un ejercicio técnico… De hecho, nosotros tenemos poquísima información de nuestros personajes cuando empezamos a hacerlos, entonces es una cuestión de intuición, de permeabilidad, si quieres, de dejarte impregnar por lo que estás viendo y oyendo.

¿Cuáles son las condiciones reales en las que trabajáis y cuáles serían las ideales?

Es un poco complejo. Las condiciones dependen un poco de los productos, porque no a todos se los trata igual. Básicamente, en lo que se distinguen unas condiciones de otras es en el tiempo en las que las tienes que doblar. El mundo audiovisual ha cambiado tanto y tan profundamente que ha supuesto muchas cosas. Uno de los primeros handicaps con los que tenemos que luchar ahora mismo es el producto medianamente mediático e importante. Viene en unas condiciones de privacidad tales –para evitar cualquier riesgo de piratería- que hemos llegado a doblar películas con las pantallas en negro y un circulito en las bocas de los actores. Como se intenta emitir doblado lo más cerca posible de la emisión en original, doblamos en sala con copias que no son definitivas, por lo que hay veces que hemos tenido que rehacer un tercio de la película, por ejemplo. Estas son cosas que van en nuestro detrimento. Y luego que, al extenderse tanto las plataformas y el tipo de cliente, están exprimiendo los precios al máximo y hay que hacerlo en menos tiempo. El ideal, sería, por ejemplo, en los estrenos de 35mm, donde sí tenemos el tiempo que realmente necesitamos.

¿Cuál es la labor del director en este proceso?

Es el que se ha visto la película, es el que te orienta y te dice qué tipo de personaje vas a hacer y por dónde ir. Lo primero para que el truco de hablar en otra lengua sea bueno, funcione, es el ajuste. Esto es importantísimo porque es lo que hace que las labiales caigan donde tengan que caer, que donde hay un refrán en otro idioma que no se entiende en español se le busque un equivalente… Y a esto te ayuda el director, que, al final, es un director de actores, pero en sala. Juntos tenemos que comprender lo que estamos doblando porque maneras de decir una misma cosa hay millones y hay que escoger una, la que mejor funciona. Y, finalmente, es quien elige el reparto según su conocimiento; sabe a qué tipo de voz y a qué manera de decir le va a ir mejor un personaje, quién va a tener calidad para devolver el máximo de matices hablando en castellano… Un buen director es determinante para que el producto final tenga calidad.

¿Qué es lo más complicado de tu profesión?

Como actriz, la primera dificultad está en pegarte, en atinar en el tono que le tienes que dar a un personaje e intentar exprimirle al máximo todos sus matices. Eso es lo más difícil artísticamente hablando. Luego, es importantísimo no tener nervios para tener las orejas gigantes  para escuchar, además, cualquier cosas que te diga el director y, a veces, el técnico, que también tienen su parcela. Somos un equipo rodando y el técnico es muy importante. Primero, porque es quien le da ritmo al trabajo que estamos haciendo. Pero también porque has hecho un ruido con la boca y eso le molesta o no te ha pillado bien el volumen de un grito… Es un trabajo donde el equipo tiene que fluir porque sin una de las partes, no funciona.

La falta de reconocimiento, ¿frustra o no es algo que esperas?

Yo no necesito el reconocimiento público porque entiendo que mi trabajo sin la cara y la interpretación del que aparece en pantalla no tendría la importancia que tiene. De hecho, las redes, que han acabado con nuestro anonimato, rompen el truco y creo que nuestra profesión se basa en que el truco sea eficaz. Lo que sí que me duele son los ataques, porque conceptualmente creo que son injustos y porque a nivel de industria somos una pieza imprescindible del engranaje cinematográfico en este país. Es más, si seguimos doblando es porque los números cantan. Sé que cada vez crece más el número de personas a las que les gusta la versión original, pero hay mucha otra que, por lo que sea, prefiere la versión doblada. El audio, dentro de un producto audiovisual, no es más que una parte de la sustancia expresiva de esa obra. Una poesía traducida está completamente alterada en su esencia. ¿Por qué lo hacemos? Para que llegue a más gente. ¿Has oído a algún escritor decir que no vende libros porque hay compañeros que traducen las obras de los autores de otros países? Eso solo se dice de los actores de doblaje. Y me sorprende mucho porque, al final, nosotros somos un truco más.

Mito o realidad: En España el doblaje existe gracias al franquismo.

Es un mito completamente, no hay más que ir a las hemerotecas. El doblaje empezó mucho antes de la Guerra Civil. La primera gran empresa cinematográfica que dobló en España fue la Paramount, pero antes habían estado probándolo en París. E hecho, recuerdo haberme leído la biografía de Luis Buñuel y resulta que fue uno de los españoles implicados en Francia de este invento que se les había ocurrido de ponerles voz en español a las películas antes de mandarlas aquí.

Mito o realidad: España es el país que tiene el mejor doblaje del mundo.

Para decir una cosa así, tendría que conocer mejor un par de doblajes que no conozco. Sé que somos uno de los mejores, dicho por los supervisores de doblaje de la gente que viene de fuera, sobre todo de Estados Unidos, que es para quien más trabajamos.

Durante los últimos años, el doblaje ha estado un poco cuestionado y lo que más se ha planteado es que si es realmente necesario.

Afortunadamente, en este país, los chavales cada vez saben más inglés. Pero ¿qué pasa si hablamos de una peli japonesa o de estos thrillers islandeses que nos llegan? La obra audiovisual está hecha para que mires al centro de la pantalla, no a los pies, y cuando se trata de una obra cuyo idioma no entiendes, tienes que estar leyendo todo el rato, por lo que te pierdes lo que ocurre.  Además, yo no hablaría de si es necesario o no, sino de que es una opción más. ¿Es necesario tener quince plataformas de producto audiovisual para ver en casa? Necesarias… No. O sí. Yo no voy a decidir si lo son o no. ¿Qué daño hace que haya tantas? Ninguno. ¿Qué daño hace que exista la opción de ver una película o una serie en versión original o doblada? Ninguno. Entonces, ¿por qué vamos a destrozar una industria que da de comer a mucha gente, desde administrativos hasta técnicos, y que no hace daño a nadie?

Por: Maria Cappa