Entrar en la industria audiovisual es una tarea ardua para cualquiera. Necesitas que alguien te dé la primera oportunidad, que ese primer trabajo lo vea la mayor cantidad de gente posible y le guste aunque sea solo a uno para que te llamen para otro papel chiquitito… Y en esas está la modelo y actriz hispano-japonesa Almar G. Sato. Comenzó protagonizando el corto ‘Hoissuru’ [Armand Rovira, 2014]. Su participación, un año más tarde, en el videoclip de la canción ‘Hijos del verbo amar’, de Pablo López, la llevó a la serie de Movistar + ‘Félix’. En 2016, obtuvo su primer papel en un largo: la película de terror ‘Maniac Tales’, compuesta por cuatro relatos unidos por una historia troncal (en la que participa Almar y que dirige Rodrigo Sancho) que se estrena el viernes 23 de noviembre. Además, muy pronto podremos verla en otros dos films en los que también ha participado: ‘Miamor perdido’, de Emilio Martínez Lázaro -en cines el 14 de diciembre- y, en febrero del año que viene, ‘Bajo el mismo techo’, de Juana Macías. Mientras tanto, sigue formándose, acudiendo a todos los castings a los que la convocan y, sobre todo, manteniendo la ilusión y creyendo en sí misma.

¿Qué papel interpretas en ‘Bajo el mismo techo’?

El de una asiática, una china, que es ejecutiva y le quita el puesto a Silvia Abril. En realidad es un personaje muy pequeñito… ¡El más pequeño que he hecho hasta ahora! Tenía, unas cuatro frases que, al final, creo que se quedó en una por necesidades del guion, pero la experiencia estuvo muy bien.

¿Te dio tiempo a ver cómo trabajaba Juana Macías?

En lo poquito que estuve, sí que me dio tiempo a ver que era una persona muy cercana. Yo allí era la más novata de todos; estaban Álvaro Cervantes, Silvia Alonso, un montón de gente ya con unas carreras… Y, al principio, me sentía un poco intimidada, pero qué va. Juana fue muy maja, muy natural y me hizo sentir una más. Da bastantes indicaciones y se nota que sabe lo que quiere, es muy concreta a la hora de explicarte qué necesita, así que, como experiencia, me ha servido muchísimo.

Está pendiente de estreno ‘Letters to Paul Morrissey’, de Armand Rovira, que fue la primera película que rodaste, en 2014, y tu primer protagonista. ¿Qué recuerdas del rodaje?

Sí, se va a estrenar este año, aunque todavía no puedo decir exactamente cuándo. Es una película que se ha estado haciendo durante cuatro años. Yo me iba cada cierto tiempo a Mallorca a rodar durante una semana o así. La película está compuesta por cuatro historias. Una de ellas, que es ‘Hoissuru’, es un corto que ya se ha estrenado en el Festival de Sitges y en el de Málaga y es donde yo participo. Interpreto a una chica que tiene un problema auditivo que no le deja escuchar porque siempre está escuchando como un zumbido en la cabeza y eso provoca que sea muy asocial. Y va buscando una solución a este problema y encuentra a una chica, que interpreta Agnès Llobet, y es en la que encuentra la solución a lo que le ocurre. Es una película muy de autor. Fue una experiencia maravillosa, de verdad; ha sido donde más he aprendido.

¿Cómo surgió y cómo fue tu trabajo con el director?

Pues me surgió de casualidad. Yo estaba trabajando como modelo y estudiando mi carrera en la universidad, que no tenía nada que ver con la interpretación, pero Armand estaba buscando a una chica japonesa que hablara español y me encontró por Facebook. Y, durante el proceso de creación del personaje, me ayudó muchísimo. Me orientó para saber cómo abordarlo, hablamos muchísimo. Cada vez que iba, me tiraba como una semana en Mallorca, pero rodábamos unos cuatro días; antes de eso yo estaba con Armand componiendo el personaje, trabajando matices… Y todo fue muy muy natural. Además, es una historia que me toca bastante porque la madre de mi personaje murió, pero ella la tiene muy presente… Bueno, mi madre no se ha muerto –dice con una sonora carcajada-, no lo digo por eso, sino porque las dos tenemos muy presente a nuestra figura materna.

Desde esta primera película hasta hoy, ¿en qué has evolucionado como actriz?

En realidad, en todo, porque ahí estaba súper verde. Había hecho publicidad, pero es otro mundo, no sabía cómo abordar un personaje, cómo moverme… Y ahora, nada que ver. He estudiado un montón desde entonces y ya sé cómo trabajar, ya sé qué tipo de proceso me hace sentir que de verdad estoy conectada con mi personaje. Además de ir a un montón de escuelas, he aprendido un montón en los rodajes y creo que haciendo una combinación de todos los métodos que he ido usando ha sido como he encontrado mi camino para enfocar a cada personaje.

En ‘Mi amor perdido’, que tampoco se ha estrenado aún, y en ‘Félix’, haces personajes chiquititos. ¿Cómo haces para sacarles el mayor partido posible?

Eso es lo que me planteo siempre, ¿no? De qué forma puedo sacarle provecho a cada oportunidad que tengo, que son grandiosas, aunque aparezca poco en pantalla. Y, al final, lo que hago es que yo llevo mi propuesta, da igual lo pequeño que sea el personaje. Mi escena es mi realidad, así me lo tomo como si fuera el personaje protagonista. La cosa es enfocarlo correctamente, tomártelo como si fuera el personaje más importante de la peli o de la serie. En la peli de Juana Macías, por ejemplo, me monté mi historia sobre lo que le había pasado a mi personaje, qué quería, por qué… Y, cuando llega el momento de decir tu línea o tus líneas, tratas de reflejarlo.

Has protagonizado dos videoclips, uno de Café Quijano y otro de Pablo López. ¿Hay algo de interpretación en este tipo de proyectos?

Pues, depende. En concreto, en el de Pablo López, sí; de hecho, fue lo que me abrió las puertas a ‘Félix’, porque yo aún no tenía representante, pero me vio la directora de casting de la serie y, gracias a eso, entré. Y, ahí, sí que había un montón de interpretación. Con el director, con Gus Carballo, hablé un montón sobre cómo era mi personaje, cómo tenía que interactuar con Pablo… Y como era un poquito más abierto tuve un mucha libertad para proponer ideas… Luego hay otros que no, en función de lo que quiera el cliente, necesitan que se pose más o lo que sea. Aunque yo siempre me lo tomo todo como si fueran papeles de cine mudo para ir probando cosas y que me sirva para otras experiencias.

Al estar empezando, supongo que irás a muchos castings. ¿Qué es lo mejor y lo peor de este tipo de experiencias?

En realidad tampoco tengo tantos, ¿eh? De publicidad sí que tengo todas las semanas, pero es verdad que en ficción todavía… Estoy arrancando y todavía no saben bien dónde ponerme, porque hago pruebas para chicas de 17 años y para mujeres de 35, pero bueno, mientras que pueda dar el perfil, que me prueben para lo que sea. Y tampoco me planteo qué es lo mejor o lo peor; es tan simple como que sin hacer castings no vas a ningún lado. Cuantos más tengas, mejor. Ahora me están saliendo muchos más que antes porque mi repre está trabajando muy bien en el sentido de que le pedí expresamente que no me encasillara como “chica asiática”. Es más, ya tengo comprobado que más de la mitad de la publi que hago es porque quieren una chica de entre 25 a 30 años de aspecto natural, pero no han especificado etnia. Y me está enfocando muy bien y ahora me están saliendo bastantes pruebas que no me encasillan en ese perfil.

¿Crees que te condiciona el hecho de tener rasgos asiáticos?

En el cine español, sí. ¿Cuántos papeles protagonistas hay para una persona negra, una asiática o una latinoamericana? A ver, por una parte lo entiendo, porque si tienen que poner a dos personas para que hagan de mis padres, no pueden poner a dos españoles porque dirán: “¿Y esta de dónde ha salido?”. Dependerá de cada personaje, pero, en general, sí creo que condiciona. Por eso ahora mismo estoy con el inglés a tope, porque en España creo que puedo llegar hasta un tope, si no me encasillan como asiática, pero también tengo un mercado más amplio que puedo explotar más si domino el inglés.

Venir de la moda, un ambiente donde estás expuesta a que te juzguen permanentemente por tu físico, ¿te ha endurecido para afrontar un casting?

Puede ser, aunque yo en moda tampoco he hecho mucho porque soy muy bajita, he hecho más de publicidad tipo anuncios o catálogos. En moda no entré porque me decían que tenía demasiada cadera… Pero sí, es verdad que te juzgan, pero como el mercado es así, o te haces su amiga o trabajas de otra cosa. Supongo que sí, que algo me ha endurecido, porque este trabajo es un constante juicio, tienes que dar en la tecla que quiere el director, el productor, la modista… Y te acostumbras, aunque también es un poco peligroso porque acabas juzgándote tú. Pero creo que ahora he cogido como mi espacio, donde no entra nadie, y, cuando voy a una prueba estoy mentalmente preparada para que me juzguen. Y he aprendido a no tomármelo de manera personal, es simplemente que alguien quiere un tipo de perfil en el que puedo encajar o no. Sin más.

Al margen de las tres películas que están por estrenarse, ¿qué proyectos tienes?

De ficción, tengo pendiente algunos castings, pero no quiero decir para qué porque ni los he hecho y no sé ni si me van a coger, así que hasta que no esté en el set, no digo nada –dice entre risas-. Y mientras, no paro de hacer cursos. La mitad del sueldo que gano haciendo trabajos de publicidad o de moda, lo invierto en cursos, que creo que, además de aprender, te genera la sensación de que no has salido del mundillo. Además, seguir estudiando y formándome y preparándome me da como una cierta tranquilidad. Si me presento a una prueba y no me cogen lo que pienso es: “Bueno, dame un mes más y la próxima vez que me veas voy a ser mejor y ya no te van a quedar dudas”.

Por María Cappa