Su primera experiencia profesional como actriz, en la película ‘Verbo’ [Chapero Jackson, 2009] fue como hacer un cursillo intensivo sobre la industria del cine: trabajar a las órdenes de un gran director y enormes actores como Najwa Nimri, Víctor Clavijo, Verónica Echegui o Macarena Gómez, recibir una nominación al Goya como mejor actriz revelación, la alfombra roja y, después, la incertidumbre. Aunque lo cierto es que, a pesar haber atravesado algunos parones, nunca ha dejado de trabajar. En televisión, ha participado en series de tv (‘Isabel’ o ‘Grupo 2 Homicidios’) en teatro (‘Into my arms’ o ‘Yo te maté’) y en el cine (‘Call TV’ o ‘La pájara’). Además, su interpretación en el cortometraje ‘e-Life’ [2016, Vibha D.M. y Mario Carbajosa], producido por Mango Lassi Productions, le valió una nominación a la mejor actriz en el festival CYLNEMA EN CORTO y dos galardones; uno en el XV Festival Internacional de Cine de Almería y otro en el 12 Months Film Festival de Rumania. Sin embargo, Alba García no se limita a la actuación; la música también forma parte de su esencia, de su identidad, lo que explica su formación como músico, con la especialidad de violín, en el Conservatorio Municipal de Alcorcón y su reciente incorporación al grupo Replicants, cuyo estilo navega entre la neo-psicodelia, el indie y la electrónica.

Cuando empezaste, ¿qué pensabas que suponía ser actriz y qué piensas ahora?

No tenía mucha idea respecto a lo que significaba. Empecé un poco de chiripa y no entraba mucho en mis planes, pero al final acabé aceptándolo y haciendo de la interpretación algo propio. Al principio me dejaba llevar bastante por las cosas que iban surgiendo… Sí que pensaba que iba a tener más continuidad, que iba a ser algo más estable, aunque ni siquiera tenía muy claro si quería ser actriz o no, tardé un poquito en definirlo, pero sí que tenía esa idea de estabilidad. Y con el tiempo vas conociendo un poco el medio y te das cuenta de que tienes etapas en las que tienes más trabajo, otras menos, que tiene sus partes bonitas y sus partes más feas y vas encontrando tu lugar. Sobre todo es muy importante que estés muy contigo todo el tiempo… A medida que avanzas en crecimiento personal, vas colocando todo de una manera más saludable y las vas afrontando desde un sitio mejor.

¿Tuviste la sensación de que la nominación al Goya te iba a asegurar una continuidad laboral?

No… Había rodado ‘Verbo’ y luego alguna cosa más, pero ni siquiera tenía claro si quería ser actriz. Digamos que la interpretación se cruzó en mi camino; habían estado haciendo castings en los institutos y acabaron cogiéndome a mí, pero no me había planteado ser actriz. Quería estudiar Historia o Antropología y era hacia donde me encaminaba. Y también es verdad que, después de ‘Verbo’, al ser una experiencia tan agridulce, al ser un personaje tan complicado y tan dramático y al yo no tener tablas para entrar y salir del personaje… No sabía nada, lo hacía todo de una manera muy orgánica y muy visceral y entraba y no sabía luego cómo salir de él; me llevaba a casa las emociones y sufrí. Cuando terminó, pensé que no quería seguir actuando, aunque seguí haciendo cosas antes de que se estrenara la peli, pero cuando me llegó la nominación… No sé, también por la edad, no estaba muy ubicada en la vida, entonces ni me planteaba eso de decir: “Venga, ahora voy a hacer esto y voy a por todas…”. No, simplemente estaba ahí. Sí tenía esa idea de fondo, pensar que, si finalmente me dedicaba a esto podía salirme bien, pero no lo veía muy claro en ese momento.

¿Cómo has hecho para que no te afecte a la autoestima el hecho de estar primero nominada al Goya, luego pasar una etapa en blanco, luego volver a recibir dos premios y una nominación a mejor actriz por tu papel en ‘e-Life’…?

Ahí está el tema. Bueno, después de que me nominaran no te creas que tuve muchas ofertas. Fue un momento en el que justo las producciones pararon un montón y tampoco es que estuviera muy centrada… Entre unas cosas y otras no surgió mucho trabajo. Lo que aprendes con el tiempo es a amarlo un poco desde… Yo a veces digo que tengo un poco de amodio (dice entre risas)… Lo bonito me gusta mucho y lo malo lo detesto hasta la muerte. A mí me gusta lo profundo de esta profesión, sentir cosas, trabajar con el compañero, explorar personajes… Eso me llena, me hace feliz. Pero luego todo el tema de alfombras rojas, luces, focos, glamour, el postureo… Lo que dentro del medio llamamos “el circo”, no me gusta nada, lo llevo como puedo. Y luego otra cosa que no me gusta es no saber cuándo vas a trabajar. Esto antes sí que me agobiaba más, igual que el tema de la apariencia, la sensación de tener que estar a la altura, pero luego te vas dando cuenta de que el tema tiene que surgir desde otro lado y sin tener expectativas lo que, para mí, es fundamental. Es inevitable tenerlas, hay que tenerlas, pero de manera sana, que no te condicionen tu vida. Hoy en día no pienso que pueda vivir de ser actriz. Hay momentos en los que tengo trabajo y puedo vivir de ello y otros en los que tengo parones y no puedo hacerlo. Ahora tengo proyectos de teatro, de pelis… Pero entiendo que puede que el día de mañana no los tenga, que hay otros que se pueden caer… He aprendido a contar con la interpretación sin que sea el centro de mi vida.

¿Qué te da estabilidad?

Mi familia, mi hijo. Desde que soy madre lo veo todo desde otro punto de vista, ya no le doy tanta importa a cosas que antes sí. Para mí, mi hijo es un tótem que me da esa seguridad, ese aplomo. También mis estudios. Me estoy formando en otras cosas que me interesan; ahora acabo de terminar la formación de coach, estoy estudiando dietoterapia, más adelante haré una formación más específica orientada al coaching personal, empiezo ahora un curso de health coaching, que me interesa mucho… Entonces, paralelamente, tengo un plan de estudios donde, de aquí a tres o cuatro años, me voy a ir formando -sin darle la espalda a la interpretación porque forma parte de mí, yo soy esencialmente actriz- pero teniendo en cuenta que soy muchas otras cosas más. Creo que es importante estudiar cosas que resuenen conmigo, que partan de mí. Al final, todo lo que sea crecer es bueno y, para mí, estudiar es crecer.

¿Cómo aplicas las experiencias que vas acumulando a la interpretación?

Primero, para entender la interpretación desde un punto de vista más sano, aceptando lo que es y lo que hay. Y de cara al personaje, cuantas más experiencias hayas tenido tú, más rico y más completo acaba siendo él. Ahora mi paleta tiene más colores, puedo jugar con más mezclas. Por ejemplo, ya llevo varios personajes de madre… En noviembre rodamos una TV Movie que iba sobre el atentado de ETA en la Casa Cuartel de Zaragoza y mi personaje era una madre que perdía a sus dos mellizas –además, es real, esto pasó de verdad-. Mi experiencia como madre me permitió acercarme a ella y darle realismo. En ‘E-Life’, igual, era una madre que pierde a su hijo… Ahora acabo de rodar ‘Nana’, un cortometraje de Roger Villarroya que está en plena distribución, y mi personaje es una chica que no sabe si quiere ser madre o no… Pero, más allá de la maternidad, son personajes que tienen procesos internos que, gracias a tu propia experiencia, puedes hacerlos más reales y puedes permitirte que el personaje te aporte a ti algo de verdad. La edad, creo, juega siempre a favor. Bueno, esto te lo digo ahora, con mis 26 años, claro, pero creo que siempre es algo que suma.

¿Te apoyas en lo físico para ayudarte en el proceso creativo de un personaje?

Sí. Antes trabajaba menos lo físico, pero cada vez lo estoy haciendo más. Trabajo mucho cómo está y cómo interactúa con el mundo físicamente esa persona, cómo entiende su relación con los objetos, cómo respira… Ahora, por ejemplo, en los ensayos de la obra de teatro, lo estoy haciendo bastante. Es un personaje que no tiene nada que ver conmigo y que es bastante cómico, que a mí me gusta mucho la comedia y creo que no se me da mal. Entonces estoy explorando cómo se sienta, qué tipo de tics puede tener… Y, para esto, me planteo cómo ha sido su juventud, cómo era a sus 16 años. Son preguntas que me ayudan a ubicar a esa persona en la vida.

Dime tres cosas que hayas aprendido en un rodaje.

Bueno (dice entre risas)… Un rodaje es como un campamento con yincanas y todo, aprendes muchas cosas. En ‘Verbo’, por ejemplo, veía a Víctor Clavijo, Verónica Echegui, Miguel, Ángel Silvestre, Macarena Gómez, Najwa Nimri… Y trabajaban mucho con la voz, con ejercicios de calentamiento previos. Al principio no entendía nada, los veía emitiendo sonidos raros, vocalizando sílabas sin sentido en voz alta… Y pensé: “Bueno, pues a lo mejor es que esto es útil” y acabé haciéndolo propio. Más cosas… (reflexiona durante un instante). Pues lo de lavarse los dientes (se ríe). Si hemos parado para comer y, cuando vuelves a rodar, te das cuenta de que se te ha quedado algo entre los dientes hay que parar, así que… Y la tercera, lo importante que es que te den la réplica y darla tú al compañero. Cuando tienes un plano que es tuyo y tienes una conversación con el otro personaje. Esto es algo que en ‘Verbo’ lo hizo Verónica Echegui conmigo en una secuencia. Ella ya había terminado, pero se quedó a darme la réplica en una secuencia en la que tenía que discutir conmigo misma, era mi personaje hablando con mi personaje. Y ella se quedó e hizo de mí y yo se lo agradecí enormemente. Y ese compañerismo trato de mostrarlo siempre; yo no me voy, aunque haya terminado, si puedo ayudar a otro compañero.

¿A qué personaje te ha costado más encontrarle la vuelta?

A ver, yo intento hacerlo fácil, no me como demasiado la cabeza de cara a darle vida a un personaje… Pero por ejemplo, el que estoy haciendo ahora, el de teatro, es posible que sea el que más me esté costando por la lejanía, porque somos totalmente opuestas. Aún estamos más en pleno proceso de memorización de texto que con el de los personajes en sí, que empieza ahora, y ahí sí que voy a encontrar alguna dificultad por las diferencias que te decía. Pero me divierte mucho que surja esa dificultad. Además, me están dirigiendo muy bien, así que va a estar muy bien el proceso.

Además de esta obra, ¿qué proyectos tienes?

Hay varias cosas, aunque no me gusta hablar de lo que hay porque tengo muchas experiencias en las que cuentas con algo que al final no sale, se retrasa muchísimo… Pero esta obra sí que es segura porque ya tenemos fecha; estaremos en octubre en el off del Teatro Lara de Madrid, aunque de momento no puedo decir el título. Tengo otro proyecto teatral, también, con Fernando Ramallo, que nos apetecía muchísimo hacer algo juntos y ahora estamos en pleno proceso de creación. Y luego tengo dos participaciones en dos películas de cara al otoño de las que tampoco quiero descifrar mucho, por si acaso. Digamos que hay varios proyectos en los que cuentan conmigo que están en proceso de pre-producción y que ya veremos qué va pasando con ellas.

Por María Cappa