Guillermo del Toro es uno de los directores del momento.  Un admirador del Cine B que ha conseguido subir hacia lo más alto de la cumbre de la historia del cine. Un mexicano de 54 años pero que en su interior sigue sintiéndose como un niño.  Con su último estreno en taquilla `La forma del agua´, ganadora de 4 Óscars, entre ellos a mejor director, deja claro que su forma de hacer cine funciona.

Con sus películas, este director nos hace un recorrido desde la fragilidad característica del ser humano y sus relaciones personales hasta un mundo de fantasías y seres fantásticos. Este afán por lo fantástico le viene desde pequeño, cuando en casa de su abuela en Jalisco, una noche hizo un pacto de amistad con criaturas que le visitaban por la noche. Así lo cuenta él en entrevistas. Se le considera una figura imprescindible para entender el cine mexicano, un cine que se aleja bastante de lo común.

`La forma del agua´ se llevaba 4 premios de la academia y no es de extrañar pues este largometraje no deja indiferente a nadie de principio a fin. Un drama romántico de fantasía protagonizado por Elisa (Sally Hawkins), Criatura (Doug Jones), Dr Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg), Giles (Richard Jenkins), Coronel Richard Strickland (Michael Sannon) y Zelda (Octavia Spencer).  

Ambientada en los años 60 con un toque futurista-retro, este largometraje mantiene la esencia de las películas de Guillermo del Toro, sus colores, sus textura. Y es que este director ama el cine y nos lo muestra a través de todas sus obras. Mundos de fantasía que viven codo con codo con el mundo real, un cuentacuentos en toda su esencia.

El film arranca con una narración que nos introduce en la historia, Elisa, una chica muda que vive sola y cuyos únicos amigos son un anciano bastante “moderno” y  su “parlanchina” compañera de trabajo, ambas limpiadoras de unos laboratorios secretos del gobierno. La rutina de Elisa (Sally Hawkins) dará un giro de 180 grados cuando conozca y entable algo más que amistad con un hombre-pez.  El desarrollo de la trama nos dejará ver que la protagonista es más feliz en un mundo de fantasía y sueños que en el mundo real. ¿Quién no es feliz en un mundo de sueños y fantasías? Está claro que a Guillermo del Toro le gusta soñar y ser fantasioso, sus películas nos lo dejan claro.  Una paradoja que enseña lo imposible que es describir lo impreciso que es por naturaleza el amor o el deseo. Una metáfora visual. La paleta cromática característica de las películas de este gran director ya nos sumerge en un mundo de cuentos desde el inicio, tonos verdosos y azulados que nos crean una atmósfera acuática en todo su esplendor y una banda sonora compuesta por Alexander Desplat que acompañará a esta obra durante todo su desarrollo.

Una historia que tiene lugar en pleno auge de la Guerra Fría. Una especial conexión entre Elisa y el ser enigmático con cualidades únicas harán que el mundo real quede en un segundo plano para dar, como he puntualizado en párrafos anteriores, una mayor importancia al mundo fantástico. Esta es una de las características principales del cine de Guillermo del Toro, criaturas fantásticas que aparecen en momentos clave cuando lo que ocurre en el mundo real no es del todo “agradable”, cuando los personajes no se sienten realizados del todo.  Con esta película se resume gran parte de las obsesiones que llenan la filmografía del director, cabe destacar, además, que esta película hace una devastadora crítica a la homofobia, racismo y a la intolerancia que existe hacia las personas que son diferentes. En definitiva, un relato en el que lo romántico y lo fantástico se mezclan con un trasfondo bastante adulto.

Por último, no debemos olvidarnos del reparto y escenografía,  donde su puesta en escena es otro eslabón de la historia, un buen ritmo y narrativa durante toda la cinta que nos hará saltar de la butaca en varias ocasiones y unos decorados que le dan a la dirección artística la categoría que se merece, una escenografía con toque steampunk en los laboratorios (tecnología de vapor e invenciones futurísticas…) contrastada con una visión bastante tradicional de las familias estadounidenses o con la riqueza visual los elementos que encontramos en el apartamento del compañero de Elisa , lleno de bocetos, libros y piezas artísticas.

Un viaje hermoso por este género que nos permite soñar.

Calificación: 7/10

MARTA RODRÍGUEZ FLORES