Este año Craft ha vuelto con una oferta cultural más amplia para llegar a distintos públicos. La idea principal de este festival siempre fue apostar por aquellas películas de autor, óperas primas y de bajo presupuesto que no tienen distribución en España. Este festival busca mostrarle a la gente un prisma del mundo más grande. No nos quedemos en las 7 películas a la semana que hay en cartelera, aprendamos a través de los demás, cómo es vivir en una chabela de Brasil o lo que significa ser mujer en Moldavia. Intentemos ver más allá.

Craft, una apuesta muy arriesgada por un cine muy necesario, ha vuelto este año con 8 películas artesanales. Tungstenio (Heitor Dhalia, Brasil) una trama loca que une a cuatro personajes donde cada cual sigue sus ideales, Resentment (Natalia Saufert, Moldavia) la vida de una mujer joven en Moldavia y sus amores, Try (Angel de Haro, España) la historia de cómo dos amigos de toda la vida se ven distanciados por la misma distancia, Lo que queda (Jesús Serna y Lucas Parnes, España) una atrevida trama que te lleva a cuestionarte si te ves como te ven los demás, Socrates (Alexandre Moratto, Brasil) un joven gay y pobre de Brasil que pierde a su madre, Extreme Numbers (Irina Arms, Alemania) la historia de como una medio alemana medio Rusa ayuda a un refugiado Chechenio a escaparse de la prisión Alemana, H0us3 (Manuel Munguia, España) una película de terror digital y Le vrai film est ailleurs (Mark John Ostrowsk, España) una película íntima sobre un triángulo amoroso. En todas estas películas se nota el hecho de que son auto-producidas, o que no tienen esas imposiciones de televisiones y demás, lo que le da un aire muy fresco.

Las ocho películas, muy distintas las unas de las otras sorprenden por su calidad. No debería prejuzgar de esta manera, pero esta es una de las bellezas de este festival, te ayuda a cambiar la perspectiva de lo que piensas que es el cine hecho con pocos recursos y te muestra que hay mucho cine, muchísimo más de lo que puedas imaginar.

Este año tuve el placer de asistir como jurado y de deliberar un poco con otros miembros del comité, entre otros con directores que hace unos años también hicieron su primera película Craft. Éstos deliberaban desde el prisma de la experiencia de haber realizado la misma gran hazaña que las películas que juzgábamos. Entendían las razones de los fallos y celebraban aún más lo bueno de cada film. Ganen o no mis preferidas de esta edición, me quedo con esa experiencia.

También hay que añadir que este año la Nau Bostik acogió el festival y con eso ofreció un espacio donde poder celebrar conciertos, masterclasses y tener food trucks. Todo esto a más a más de la programación que cada año se va consolidando como cine que necesitamos y deberíamos ver pero que nadie más nos trae.

Por Vibha D.M.