Ronit (Rachel Weisz) vuelve a su lugar natal al enterarse de la muerte de su padre para poder estar en el día del entierro. Tras su inesperado regreso y su reencuentro con sus amigos y familiares, uno puede ver como Ronit no encaja allí, es más, como parece que ese lugar se ha quedado estancado en el pasado y está habitado por personas que no quieren desprenderse de él.

Al llegar a la casa de Dovid (Alessandro Nivola), su amigo de la infancia, Ronit descubre que Esti (Rachel McAdams) y él se han casado. Ronit tendrá que quedarse en esa casa y enfrentarse con su pasado hasta que llegue el día del entierro de su padre.

Esta película basada en el libro de Naomi Alderman refleja claramente los dos conflictos principales a través de los personajes de Ronit y Esti: con la primera, vemos cual puede ser el destino de una persona que decide salirse de lo estipulado y elegir un camino que no ha sido escrito para ella; con la segunda, tenemos el ejemplo de una mujer que deja sus deseos y hasta su dignidad (en este caso por la comunidad judía ortodoxa) para continuar la vida que se le ha impuesto.

¿Qué sucede con Ronit? Que es levemente marginada y duramente críticada al volver a Londres debido a las decisiones que toma: la fuga de su hogar, fumar, su forma de vestir, de hablar, etc. No es capaz de obedecer los cánones impuestos para ellas.

¿Qué sucede con Esti? Que la sumisión y el intentar encajar en un lugar en el que realmente no pertenece, acaba introduciéndola en una espiral depresiva. Al principio del filme, este personaje parece tímido y asustadizo y, a medida que, comienza a desobedecer, se desvela su verdadera naturaleza.

En aspectos artísticos, no sabría si afirmar o no que ambas actrices han realizado los mejores papeles de su carrera. Sumándome a la opinión de la crítica generalizada, tengo que mencionar que la delicadeza a la misma vez que la fuerza con la que está construído el personaje de Esti, es digno de admirar. Tenemos una Rachel McAdams llena de sentimientos que logra sobrecoger al espectador a medida que va creciendo emocionalmente en el filme.

Sin embargo, por otro lado, Ronit, pese a ser un personaje más sencillo (y probablemente con el que muchas mujeres del siglo XIX nos veamos identificadas) aporta una magia que complementa a Rachel McAdams. Su manera de mirar o su indignación ante los comentarios de los otros, la situación es una postura muy natural, por el que cualquier mujer que haya querido salirse de la norma en algún momento, ha pasado.

Siguiendo un punto de vista más técnico, sorprendentemente el lúgubre uso de la fotografía, los decorados y la vestimenta te desubican del tiempo cronológico en el que se encuentran. Acompañando estos aspectos, con la actitud tan encorseta y poco libre de las mujeres que aparecen y el poco uso que se hace de la tecnología, te sitúan completamente en otro siglo.

Utilizando la canción de ‘Lovesong’ de ‘The Cure’ está película consigue situarte aproximadamente en una situación temporal a la vez que utiliza un jarro de agua fría contra ti. Es uno de los primeros momentos de tensión de la película que, junto a una coreografía mínima, te demuestra que esto está pasando en una época contemporánea y que el eje principal de la película no es solo la relación de amor entre ellas.

Pese a que el argumento principal narra una historia de amor lésbica en una sociedad donde los sentimientos de estas personas son gravemente juzgados y en la que deben ocultarse, todo es fruto de algo más: la libertad del individuo (principalmente la de la mujer).

Ninguna de las mujeres que aparece retratada en la obra, independientemente de que se muestren seguras y a gusto con su postura, han tenido la posibilidad de elegir. La única de ellas que es capaz de dar un paso hacia ese rumbo es Ronit, personaje que parece un anticristo ante los ojos de los demás.

La libertad y la dignidad de una persona son los elementos principales para que esta quiera crecer y construirse así misma. Y, por la ausencia de estos factores en la mayoría de los personajes de la película, se nos muestra una lúgubre sociedad religiosa que no posee ningún momento de felicidad. No es una casualidad centrar los hechos en los días posteriores a la muerte de un personaje querido dentro de esa comunidad es, probablemente, una forma para que entiendas esos rostros inexpresivos sin asustarte al entrar al filme.

A medida que avanza, todo continúa igual, ni en los momentos más felices de la historia, protagonizados por estas dos grandes actrices, consigues ver un ápice de esperanza. Quizá, es al final de la película cuando descubres que puede haber algo más allá de la censura y la obligación dentro de dicha comunidad.

Para conseguir introducirse un poco más en tu corazón y terminar de ‘horrorizarte’ (en algunos aspectos), tras la muestra de un final agridulce, ‘Lovesong’ vuelve a sonar con fuerza mientras se proyectan los créditos y tú eres incapaz de levantarte del asiento.

Puntuación: 8,5/10

Por: Andrea Cay