Su primera experiencia en el cine la tuvo cuando, siendo niño, participó en ‘Akelarre’ y ‘La conquista de Albania’. Desde entonces, ha trabajado en más de treinta películas a las órdenes de directores como Vicente Aranda, Montxo Armendáriz, Pilar Miró o Icíar Bollaín. Aunque la experiencia de Aitor Merino no se limita a la gran pantalla. En televisión, ha interpretado papeles en series tan conocidas como ‘Traición’, ‘Pulsaciones’ o ‘El Ministerio del Tiempo’. En teatro, protagonizó la comedia ‘Smiley’, de Guillem Clua, y en 2016, incluso se atrevió con una lectura dramatizada de ‘Hamlet’ en euskera. Como director, su primer trabajo -‘El pan nuestro’ (2007)- obtuvo una nominación a mejor cortometraje de ficción en los Goya y el largo ‘Asier ETA biok’, que dirigió junto a su hermana Amaia, ganó el premio Irizar a la mejor película vasca en el Festival de cine de San Sebastián de 2013. En el último año, ha protagonizado el corto ‘El atraco’ (Alfonso Díaz, 2017) y está a punto de rodar ‘A plena luz del día’. Además, ya está en fase de posproducción su segundo largo, ‘Fantasía’, donde repite como director junto a Amaia.

¿De qué trata ‘El atraco’?

Es una historia muy sencilla (porque, en los cortos, quien mucho abarca, poco aprieta) en la que se da la circunstancia de que dos atracadores se encuentran asaltando el mismo bar al mismo tiempo.

Tú interpretas a uno de los atracadores. ¿Cómo trabajaste el papel?

Para este personaje lo que hice fue trabajar la necesidad. Tuvimos muy en cuenta, porque así lo requería el guion y porque así lo hablamos con Alfonso [Díaz], que este hombre no había hecho esto antes; tenía que ser un nuevo pobre de la crisis. Todo esto no aparece en la película, pero nosotros lo que trabajamos es que esta persona era alguien que hasta hacía poco tenía una casa, un trabajo, una vida normal y que se encuentra en una situación que lo lleva robar un bar. ¿Cómo consigue la pistola? No lo sabemos –dice riendo-, pero la consigue; tampoco sabemos cómo se arma de valor para entrar ahí. Lo que sí vemos es que, cuando entra, hay un gran contraste con el personaje que interpreta Juanma Lara, que es un ladrón profesional.

Desde su estreno, no ha parado de dar vueltas por festivales en todo el mundo. ¿Esto es lo máximo a lo que puede aspirar un cortometraje?

Creo que, a nivel popular, siempre están los Goya. La gente del mundillo solemos decir que es el único premio que conoce hasta tu abuela. En ese sentido, puede parecer que ganar un Goya es lo máximo a lo que se puede aspirar. Después, dentro del mundo del cortometraje, creo que hay otros festivales que se valoran más. ¿Si es lo máximo a lo que puede aspirar? Pues no lo sé, pero sí que es como para que todo el esfuerzo, más allá de lo bien que lo pasamos haciéndolo, esté teniendo una recompensa. Es una gozada saber que esta historia, que es de aquí, se esté viendo en… No sé, creo que hemos estado en los cinco continentes. Eso habla del acierto del guionista, de los productores, del director… De todos los que trabajamos allí.

¿Por qué los cortos no se exhiben en salas?

Me imagino que es una cuestión meramente comercial. De hecho, la pregunta podría ser que por qué tanto cine tampoco se ve en las salas como debería. De la misma manera que hay muchísimos trabajos que no tienen reconocimiento por una carencia de comercialidad, al corto le pasa eso, que no es el formato más comercial y que tampoco sabemos cuánto estaría dispuesta a pagar la gente por verlos. En general, creo que es un género algo maltratado. Si el corto es al cine lo que el cuento a la literatura… Uno no se plantea que Chéjov escribiera sus cuentos cuando era joven para probar cómo le salía, sino que lo hacía porque quería. Y pasa lo mismo con muchos directores de cortos, que eligen ese formato porque es así como quieren contar su historia.

Lo que parece claro es que a ti sí te merece la pena participar en cortometrajes porque ahora estás a punto de rodar el segundo en dos años, ‘A plena luz del día’.

Sí, es verdad… El proyecto lo dirige Isra Calzado y… No quiero desvelar mucho porque juega con las falsas apariencias, pero el tema que aborda es la trata de blancas, la trata de seres humanos con fines de comercio sexuales. Y hasta ahí te puedo contar.

Como director, hasta ahora parece que estás tocado con una varita. El primer trabajo que diriges obtiene una nominación al Goya y tu primer largo, el premio Irizar del Festival de San Sebastián.

En el caso de ‘El pan nuestro’, la nominación al Goya fue totalmente circunstancial. Al jurado de aquel momento le gustó más que los demás, pero probablemente hubo cortos mejores que el mío que ni estuvieron nominados. No se puede usar eso como un medidor de calidad. Y ‘Asier ETA biok’ es verdad que ha ido muy bien. Yo estoy muy contento y muy satisfecho con ambos trabajos, pero diría que estoy tocado por una varita si no hubiéramos tenido tantas trabas, sobre todo con el largo. No solo por el tema del que trata, sino las que tiene el cine documental en general. Y creo que el largo se merecía un recorrido comercial aún mayor. Solo pudimos estrenarlo en cines comerciales del País Vasco, Catalunya y Palma de Mallorca y, excepto ETB, tampoco nos la compró ninguna cadena estatal. Luego es verdad que ha tenido un gran recorrido por festivales de todo el mundo, pero en España es donde más nos ha costado.

El año pasado tu hermana y tú terminasteis de rodar ‘Fantasía’, que será vuestra segunda película. ¿Cómo os está yendo? ¿Cuándo se estrena?

El proyecto va fenomenal, la verdad. Es una de las cosas para las que nos sirvió ‘Asier ETA biok’, que ahora estamos teniendo más facilidad para moverlo. Un punto importantísimo es que estamos repitiendo equipo; es decir, volvemos a trabajar con Doxa Producciones y con Ainhoa Andraka, que ahora es la editora, además de la productora, y eso hace que nos esté siendo más sencillo moverlo. Y respecto al estreno, lo tenemos garantizado para el Festival de San Sebastián de 2019. No es seguro que lo vayamos a estrenar allí, pero es la intención.

¿Nos puedes contar de qué trata?

Toma el nombre de un buque en el que nos juntamos mis padres, mi hermana y yo en el que hicimos un crucero por el Mediterráneo y que fue muy especial porque mi hermana se fue muy joven a vivir a Ecuador y yo me vine a Madrid con 16 años. No tenemos más hermanos, tampoco tenemos hijos y para mis padres encontrarse con nosotros es algo muy dificultoso y que a la vez anhelan mucho. Y en ese viaje, Amaia y yo nos llevamos la cámara y surgió la idea de la película. Pero no va sobre la vida en un crucero, la vida burguesa, la felicidad o lo maravillosa que es la familia, sino que lo que queremos es contrastar ese viaje con la realidad diaria de nuestros padres. Y también con la de nuestra relación, en la que hay una distancia y hay una edad que hace que mirar al horizonte no te permita hacer planes a muy largo plazo porque sabemos que lo que viene es la vejez y, un poco más allá, la muerte. Entonces es la mirada adulta de dos hijos hacia sus padres, que envejecen. Es una lucha imposible contra el paso del tiempo.

Por Maria Cappa